Archive for Mayo, 2013

May 31 2013

No me cuentes cuentos, simplemente escucha

Ya sabéis que ahí andamos “enredando” un poco con el proyecto Foxize School. Me gusta el proyecto y creo en él. Es posible un nuevo modelo de enseñanza postgrado basada exclusivamente en profesionales. Ésta es mi aportación en el documento colaborativo sobre branded content que podéis conseguir vía el Blog de Foxize.

Quien más quien menos, hemos disfrutado de las series de televisión. Algunas de ellas célebres como “Falcon Crest”, “Farmacia de guardia” o “Médico de familia”; otras han marcado un carácter propio como “7 vidas”, “Cuéntame”, “Los Serrano” y recientemente “Águila Roja”, por poner algunos ejemplos. Son programas de televisión donde sus capítulos “constituyen una unidad narrativa independiente en sí mismos, lográndose la continuidad entre uno y otro a través de los personajes, los escenarios o los temas” (según la Wikipedia). Básicamente cuentan historias relacionadas entre un conjunto de personajes, manteniendo cada una de ellas una cierta unidad argumental en sí misma pero con continuidad, logrando mantener la atención y la expectativa de quienes nos sentamos ante la pantalla de una televisión.

Lo cierto es que cuando pensamos en marcas nos preocupamos tanto en pensar en sí mismas que nos olvidamos de quien realmente nos ha de ocupar: el/la consumidor/a. Nos hemos preocupado tanto de colocar un producto, de insistir e insistir en que lo use, de entrometernos en su espacio vital, seguramente cuando menos nos necesita, que ha llegado a dejarnos apartados, a prácticamente tomarnos como irrelevantes y literalmente a desconsiderarnos de su existencia, perdiendo así esa cuota de credibilidad que hace un tiempo teníamos. Y ante esta situación, nos revolvemos en nosotros mismos para volver a captar su atención, su consideración y su espacio, descubriendo un nuevo mundo: el “branded content”.

Pero seguimos cayendo en el mismo error por un doble motivo. Primero, porque hablamos de contenidos sin descubrir cuáles son los verdaderos valores y atributos que definen a nuestra marca y que conectan con las expectativas de nuestros públicos, sean o no, compradores, usuarios o meramente prescriptores o “compartidores”, y en vez de generar contenidos de interés, tratamos de colocar el producto cual patrocinio puro y duro o bien “product placement”. Y en segundo lugar, porque seguimos pensando en nosotros mismos sin pensar en la verdadera clave del “content”: la persona. Y es ella la que articula, estructura y genera un propio discurso sobre las marcas que es capaz de expresar y compartir en sus entornos de actuación, sean éstos personales, de ocio y/o profesionales.

Luego en vez de hablar tanto de “branded content” deberíamos referirnos más al “people’s content”. O como diría Avi Savar, una de las referencias en branded content, “it’s not about your brand, it’s about their brand”. La clave en todo esto es ser capaces de generar relatos que estén basados en lo que la gente hace día tras día y cómo y dónde nuestra marca pueda formar parte de esos momentos. Siempre, en un segundo plano, sin interferencias, dejando que la gente se agrupe en torno a unas ideas y unos relatos que les pertenecen, y que de forma activa relacionan dicha actitud con los propios valores que la marca quiere representar. Nosotros como personas generamos complicidades dentro de la comunidad, una comunidad por cierto donde las marcas simplemente son una parte de ella, no el actor principal.

Por eso creo que las estructuras de las series de televisión son un reflejo de lo que podríamos entender como generar contenidos de marca. Historias y vivencias de personas, que interrelacionadas entre ellas y con su entorno, representan unos valores que ¡touché! coinciden y pueden coincidir con los valores que nuestra marca quiere representar. Pero para eso, cedamos el protagonismo y pensemos más en personas y sus historias y menos en las marcas.

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May 23 2013

Lo siguiente de aprender en KFE07

El tamaño de la sonrisa tiene un tamaño directamente proporcional a la superación de las expectativas creadas por el resultado final logrado. Esta sencilla fórmula matemática (hecha por uno de letras puras) es el resumen del evento celebrado el pasado viernes del que ya hablamos aquí: el KFE INNOVACIÓN de VITORIA-GASTEIZ. En el Restaurante El Clarete y rodeado de 19 osad=s amig=s que se reunieron para “no se sabe muy bien qué, pero que tiene buena pinta“. El caso que entre que había gente confirmada y que hubo gente que se sumó porque sí (hasta un comensal que había en el restaurante y que preguntó que a ver qué pasaba y si podía pasar de oyente participante), pasamos un rato más que agradable a la par que muy pero que muy interesante hablando de emprendizaje, tema central de la jornada a nivel nacional, y que aquí lo enfocamos bajo el lema “Conectar, aprender y emprender”.

Tenéis publicado un Storify del evento. En él hemos querido reflejar el relato, lo emocional del evento y que pudiéramos recoger algo que nos preocupaba y ocupaba: Cómo se generan y desarrollan las ideas con una pequeña hipótesis de partida: “Una idea se va haciendo grande cuanta más gente se sume a ella”. Y creo que lo conseguimos. Echadle una ojeada y espero que os guste.

El caso es que el emprendizaje da mucho juego y mucho contenido que tratar. Como nos imaginábamos, y ya reflejé en el anterior post, hay como 3 grandes ideas que sobrevuelan el concepto de emprendizaje: in-seguridad, red y actitud. Y sobre la relación entre estas palabras se da el contexto preciso para poder, o no, emprender que me gustaría compartir como reflexión personal habiendo pasado unos días:

  • Hay un cambio significativo en el hecho de emprender y es pasar de la idea e intención “solitaria” de una persona a ser una idea “colectiva”. Surgió en el debate la idea de hasta qué punto podríamos dejar de hablar de MI proyecto para hablar de NUESTRO proyecto. Así, y quizá por el uso continuado de la palabra “colaboración“, parecía indicar que hablamos más de un proyecto en plural que no en singular. El cambio es significativo porque sin duda alguna somos en la medida que somos-compartidos o que somos-sumados. Es más fácil que nuestra idea inicial pueda elevarse por encima de un individuo para poder ser algo más grupal. El resultado de todo ello será posiblemente una idea con más matices, con más aporte de valor, con más desarrollo, algo más completo. Y eso siempre es positivo. Reconozcamos que no sabemos de todo, y que posiblemente ni sea necesario que sepamos de todo. El conocimiento existe, lo únicamente esencial es identificar dónde, tratar de llegar a él y, con la suficiente humildad, hacerlo atractivo e interesante para que puedan sumarse nuevos puntos de vista, nuevo valor.
  • Me surge de inmediato la idea de PROPIEDAD. Porque claro, si la idea es de un= está más o menos claro quién la posee y quién la debería de gestionar. Pero si la idea se comparte, ¿de quién es? ¿compartimos también su propiedad? ¿cómo lo gestionamos? Mientras se produce este debate, la palabra que protagoniza el debate en todo caso es COLABORAR. Es magnífica, da mucho positivismo… colaborar, sinergias, juntos… ya… ¿pero cómo gestionamos esta colaboración? ¿en qué medida somos generosos en el aporte y por tanto debiéramos ser generosos también al recibir? ¿cómo lo medimos? ¿quién empieza y cómo empieza? Este problema no es únicamente explícito en el emprendizaje sino que se da en cualquier tipología de proyectos, nuevos o ya asentados. La diversidad es un valor que lejos de presentarse como negativo cada vez más recoge un sentimiento positivo y de construcción. Y eso que nosotros no tenemos, si lo tiene otra persona es nuevo valor que ha de ser percibido en el mercado. ¿Quién se beneficia de ello? es una de las preguntas. “En caso de duda, abre” oí decir una vez a Julen Iturbe. Si quieres ganar también, necesitas comprometerte y “jugar la partida”. Y si no es así, ¿qué hacemos?
  • FALLONDIZAJE” fue uno de esos palabros que se me quedaron más grabadas de toda la sesión. Sí, el fracaso como eje del aprendizaje y no como resultado final. El emprendizaje como proceso y el aprendizaje como actitud. Lo cierto es que, como bien indicó Miguel de Andrés, a nadie le gusta fracasar. Da mucha rabia. Pero lo que sí es cierto es que debemos desterrar definitivamente determinadas expresiones pero sobre todo actitudes sobre el “posible” fracaso. Esto posiblemente sea consecuencia de los valores aprendidos y aprehendidos desde la escuela. Y junto a estos valores, otros que parece se van quedando por el camino como ESFUERZO, TENACIDAD, PASIÓN,… Todos ellos se enmarcan dentro de ese gran campo que es el de la ACTITUD, con C, y también con C de Conocimiento y de Colaboración y Compromiso. Valores que reflejan un continuo caminar en el proceso de hacer llegar la idea hasta donde sea posible. Y eso sí que va con espíritu crítico del aprender, que no es lo mismo que el aprendizaje, más cercano a la actitud y al propio proceso.
  • Finalmente no es lo mismo tener una idea que llegar a un negocio. Y este “pequeño” detalle es algo que debe ser considerado desde el inicio como algo esencial. Seguramente tener, lo que es tener ideas, es algo común a tod=s nosotr=s. El reto es qué y cómo hacer para que éstas se conviertan en un posible negocio. A quiénes les va a interesar y por qué han de confiar en algo que supuestamente es nuevo, diferente e importante. Este giro me provoca una pequeña duda que es dónde colocarlo en dicho proceso. Quiero decir: si lo ponemos desde un inicio, puede ocurrir que quizá desterremos una idea inicial porque no vemos (aún) su retorno económico sin “abrir” la idea y compartirla. Puede ser que también lo dejemos para el final del proceso de generación y maduración y entonces veamos que no tiene salida. Es un plano, en paralelo, que ha de aparecer en todo caso. Y hay que prestarle todo el crédito si de verdad queremos generar un proyecto sostenible personal y profesional de futuro. ¿Tod=s valemos para esto? Éste fue un tema de debate interesante: ¡¡emprende!! que parece es una obligación donde quizá no todo el mundo pueda valer para ello… (individualmente, añado).

Son tres nuevas reflexiones que me surgen tras la sesión que matizan algo que ya hemos comentado aquí. En cualquier caso, todo empieza por el inicio: la IDEA. Aunque me gustaría también matizar eso porque parece que es algo que ¡zas! surge de forma espontánea y casi brillante, y hay quien piensa que es incapaz. Así que prefiero utilizar esto que comentó Risto Mejide precisamente hace muy pocos días:

No busques trabajo. Mejor busca un mercado. O dicho de otra forma, una necesidad insatisfecha en un grupo de gente dispuesta a gastar, sea en la moneda que sea. Aprende a hablar en su idioma. Y no me refiero sólo a la lengua vehicular, que también.

Y uno, con esto vuelve a esbozar una nueva sonrisa que va a ayudar a seguir en el camino. Porque fue la pregunta que surgió cuando dijimos eso de “gracias por venir”: ¿Cuándo es la siguiente? La siguiente es ya hoy y posiblemente cada mañana, cada vez que seamos capaces de conversar y compartir nuestras ideas con otras personas. Ésa es la actitud y ése es el premio.

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La foto de inicio es de Flickr, de esr1000

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May 16 2013

KFE07 en Vitoria-Gasteiz sobre emprendizaje

Este viernes 17 de mayo se celebra el Día de Internet. Estas cosas de las efemérides que tanto nos gustan para recordarnos que hay en esa fecha algo importante que celebrar. Internet ha entrado en nuestras vidas y no tiene pinta de que se vaya a ir. Para conmemorar dicho día, hay eventos y actos por todo el mundo que “…pretende dar a conocer las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para mejorar el nivel de vida de los pueblos y de sus ciudadanos…”, según reza la definición en la Wikipedia.

Uno no deja de sorprenderse a sí mismo aceptando retos solamente por saber quién te los propone y con poca información más. Una llamada, unas risas, un “te cuento rápido y hablamos” y una respuesta afirmativa: ¡sí, por qué no!. Hace unos días, mi colega Asier Gallastegui me llama para comentarme que existe, al hilo de este día, un evento denominado KFÉ INNOVACIÓN que se define como:

Kfé Innovación es una metodología de participación ciudadana que ha conseguido reunir a más de 80 sedes alrededor del mundo, a través de sus convocatorias #kfe03, #kfe04 #kfe05 y #kfe06.

Promueve la creación colectiva basándose en los conceptos de igualdad, horizontalidad, sencillez e independencia.

La característica diferencial es que cualquier persona, en cualquier lugar del mundo, puede ser organizador de un kfé, y apuntarse a los encuentros simultáneos que organizamos.

Para ser organizador/a de Kfé Innovación sólo se necesita una cafetería con wifi, una cuenta de twitter y reunir a un máximo de 20 personas. Las conversaciones, con un objetivo común, se mezclan vía redes sociales entre todos/as los/as participantes de las distintas sedes.

Y en esto, la propuesta es bien sencilla: “yo ando en el de Bilbo, hay amiguetes que organizan también en Donosti y necesitamos alguien en Vitoria-Gasteiz… y hemos pensado en ti“. Agradecido es poco pero por otro lado, vértigo, mucho vértigo. Pero ¿por qué no decir que no y aceptar el reto? Allá que nos vamos Ana Vitorica y el que suscribe en organizar algo en el que sobre todo, entre amig=s, podamos charlar sobre internet, digital, personas, organizaciones, educación… y emprendizaje. Porque “Emprendizaje: 360º de apoyo” es el tema elegido para este año.

En estos días que han pasado, hemos logrado tener unas 20 personas amig=s de diferentes ámbitos, mujeres y hombres, casi todos con presencia digital y en especial con inquietudes y experiencias cercanas relacionadas con las empresas, las organizaciones, tecnología, etc, dispuest=s a charlar sobre el emprendizaje y todo lo que le rodea. Hemos dado con una especie de claim que quiere ayudar a debatir:

Conectar, aprender y emprender

Nos hemos hecho unas cuantas preguntas sobre ello: qué se necesita, qué es prioritario, el valor del compartir en red, cómo desde la educación se está fomentando una mayor cultura innovadora, recoger las inquietudes de las personas por encima de las organizaciones para trasladar sus pasiones e ideas, cómo el entorno favorece la actitud innovadora y emprendedora, hasta qué punto las ideas son nuestras o son mejoradas y abiertos por y para la comunidad para sacar adelante un nuevo proyecto, etc.

En estos días preparándome para dicho KFÉ, me he preguntado mucho sobre ello y he mirado al exterior para tratar de encontrar respuestas. Aún no las he encontrado, quizá es que no haya sido capaz aún de hacer la pregunta adecuada pero hay algo que sí me da algún argumento para compartir y que se resume en tres palabras que me parecen claves en esta reflexión:

  1. La primera es SEGURIDAD. Creo que este concepto ha cambiado radicalmente cuando nos referimos al trabajo. Para mucha gente, la SEGURIDAD es algo que da estabilidad, calma quizá hasta despreocupación por tu entorno cercano laboral. Seguridad es un concepto que aplicado a los contratos se ha traducido en un contrato fijo. Y precisamente esta misma semana, lo quieren “tocar”. Seguridad es saber que cada día nos encontraremos la silla y la mesa en el mismo sitio y que se repita rutina tras rutina todos los días. Seguridad es saber que el día 1 ó 2 de cada mes nos ingresarán una cantidad por lo general fija en nuestra cuenta corriente por nuestro trabajo. Y creo que SEGURIDAD hoy en día es el concepto que más “tocado” está. Ya nada es seguro porque las condiciones han cambiado muchísmo y se cambian todos los días. Nos estamos mudando hacia el concepto líquido de lo “imprevisible”, de lo improbable pero sobre todo (y es el que más me apasiona) al de que algo es seguro cuando lo has conseguido. Si no, es improbable o impredicible. Un= tiene las herramientas y las actitudes para poder generar su contexto, su marco de referencia sobre el que actuar. Toda la energía que ponga en él, hará que pueda conseguir algo que a veces el contexto manosea y modifica. En la medida que pueda ser ágil quizá pueda adaptarse a esa realidad, que de por sí, ya no es segura.
  2. La segunda es RED. En un mundo tan conectado como el de hoy, ¿de veras nuestra idea puede quedarse escondida en un lugar secreto? ¿de quién es la propiedad de la idea? Quizá sea por la creencia personal de lo “abierto”, como vimos hace unos meses en el Curso de Emprendizaje y Empresa Abierta, cuanto más abramos nuestra idea, mejor. ¿Es posible emprender desde el compartir? Me temo que sí. Una mejora, un punto de vista, un mentor (bonita palabra y bonitas ideas las que recogen tanto Iván Marcos como Alvaro Andoin) siempre es necesario y bueno para construir esa red tan necesaria para expandir y poner en valor una posible idea que queremos transformar en negocio. Una idea se construye al mismo tiempo que se desarrolla la red. Una idea es algo orgánico, tiene que ser algo que vea, escuche y actúe. Y aprenda, sobre todo aprenda de esa gente que está alrededor y que aporta algo tanto positivo como negativo. Cuanta más diversa sea la red mejor. En ocasiones eso de pensar en “out of the box” es mejor que simplemente quedarte en tu espacio conocido y de comodidad.
  3. La última idea es ACTITUD. Tiene que ver más con pasión que con conocimiento. Tiene que ver con comportamientos más que con palabras. ¿recordáis eso de “cae 7 veces, levántate ocho“? Pues creo que emprender tiene que ver con esa actitud positiva de enfrentarse a algo, desde el respeto, pero también desde la convicción. Y esa convicción es individual pero también del contexto, de la compañía, del marco de referencia. Se habla mucho de la educación como facilitadora y potenciadora de esta actitud, no le quito importancia, pero también de los entornos y contextos positivos para poner algo en marcha, para actuar. Creo que la palabra inquietud es algo que deberíamos potenciar desde siempre. Al igual que la palabra curiosidad, ingenuidad y serendipia, que me gusta especialmente. Pero todo se agrupa en torno a mirar las cosas de frente, sabiendo que podemos encontrarnos ante momentos duros pero superables.

No me considero experto en emprendizaje pero éstas son mis dudas y mis reflexiones que llevo al KFÉ de este viernes. No sé si son acertadas o no, si pensáis lo mismo o diferente. Sea lo que sea, me encantaría que pudiérais darme vuestro punto de vista para plantearlo a la mesa, al resto de amig=s que acudirán al evento. Os lo agradecería profundamente.

En cualquier caso sí que me gustaría invitaros a quienes estáis por aquí a participar desde Twitter con el hastag #kfe07 y en concreto para nuestro sarao en Vitoria-Gasteiz, el hastag #VIT01 sería precioso que pudieramos debatir desde dentro, en el Restaurante El Clarete (eskerrik asko Unai y Patxi) y desde fuera. Sería el mejor regalo para mostrar al resto de gente que internet sobre todo une y que emprender es algo que nos motiva y que necesitamos. Quedáis invitados.

 

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May 09 2013

La in-satisfacción del cliente

Satisfacción del cliente: esa palabra que desde que el Marketing ocupó lugares de privilegio en nuestras librerías y en nuestra profesión, ha estado tan y tan presente que me da que va perdiendo, otra más, su valor y signficado. Tomó una definición reciente de El Blog Salmón:

Con el paso del tiempo, el marketing deja de ser una herramienta cuyo único fin era gestionar las operaciones de venta de la empresa y en el que su carácter era únicamente administrativo. El fin del departamento de marketing no es otro que satisfacer la demanda, ya que en un mundo cada vez más globalizado como el actual, la única vía que tienen las empresas para no perder la batalla ante sus competidores es ofrecer a sus demandantes un producto que satisfaga en mayor medida sus necesidades.

Personalmente percibo la palabra satisfacción con un significado muy básico, muy del momento, muy táctico y tan íntimamente ligado a una necesidad expresa, que en estos tiempos que ahora vivimos y con la sensación de que tenemos de casi-todo, de que nuestras necesidades vitales están cubiertas (no me queda muy claro por los dramas personales en la actualidad), la satisfacción se nos queda en un mero barniz, en una palabra archcionocida y en una mera respuesta sencilla, con poco compromiso y poca interacción por parte de los usuarios. “Sí, estoy satisfecho”. Perdona pero no lo veo.

Tenemos claro que cuando el término de “satisfacción” nace allá con Levitt y Kotler, la situación de las marcas, de la oferta y la demanda y los mercados en general es bien diferente a la actual. Había necesidades por cubrir, la oferta crecía y en consecuencia la palabra satisfacción adquiría todo el sentido del mundo. Dime qué me ofreces y te elijo. Decisión sencilla, basada en una información básica ajustada a resolver dichas necesidades y aderezado con ciertas dosis “emocionantes”, podíamos lograr la preferencia del consumidor.

Hoy no hay más que mirar los lineales y lineales que recorremos en los hipermercados, las metros y metros de calles peatonales comerciales, las webs y webs con posibilidad de compra on-line, las ofertas y ofertas, chollos y descuentos que nos llegan cada día, para darnos cuenta, sinceramente, que eso de satisfacer la demanda se convierte en un vocablo fácil más que un compromiso con el consumidor para facilitar su decisión de compra. ¿Qué entendemos por satisfacer en este sentido? ¿que cumpla mi función básica? ¿que sacie mi ansia simbólica frente al resto de ciudadan=s y vecin=s? ¿que llene un espacio de mi casa sin necesidad alguna? Por algo, ahora mismo estamos tan hartos del marketing, de los productos y servicios iguales, de las marcas. Por algo también nos mostramos reacios a tanta oferta “me too”, por algo las “marcas blancas” toman un lugar preferente en muchas decisiones de compra y en muchas categorías de producto. Por algo el precio se ha convertido en un factor discriminatorio por encima del valor que la marca te ofrece. No es un problema de las marcas, solamente, sino que es un problema en especial del cambio de comportamiento y actitudes de nosotr=s como consumidores.

Luego la palabra satisfacer hoy ya no satisface. A mí al menos no. Uno recibe encuestas de satisfacción para rellenar y cual quiniela de fútbol marcas cruces muchas veces sin aportar nada de valor. ¿Estás satisfecho? Sí, habrá que decir… y en ese nivel de respuesta, ¿nos es suficiente para establecer un vínculo con l=s consumidores? Me temo que no.

Ojo que nadie está diciendo que el concepto “cliente” no pierda senido, todo lo contrario. Adquiere más que nunca un protagonismo relevante. O estás en su onda o no tienes nada que hacer. Pero como consumidores nos hemos vuelto más exigentes, tenemos y accedemos a más información sobre los productos/servicios y además al relacionarnos en nuevo espacio, el digital, con nuestr=s similares, con nuestra comunidad, tenemos cierto sentido crítico hacia determinadas marcas y sus propuestas de valor. Luego, ¿debemos hablar de satisfacción? Quizá se nos quede bastante pequeño.

  • Primero, porque nuestras necesidades están digámoslo sinceramente, cubiertas. Salvo en aquellos casos en los que exista una verdadera necesidad, podríamos hablar de cierta satisfacción, ¿pero ésta, dónde la situaríamos? ¿sólo en el momento de compra y de uso?
  • Segundo, porque las relaciones que establecemos en la actualidad con las marcas no vienen únicamente del momento crucial de “abrir” la propuesta de valor. Se habla a menudo de la experiencia de marca, que va desde el primer contacto que establecemos con ella. Luego seguramente los niveles de exigencia con la marca, y en consecuencia, la satisfacción juega en diferentes planos y seguramente poco comparables entre sí.
  • Tercero, porque las actitudes que estamos tomando como consumidores, precisamente por la consolidación de la tecnología como modelo de relación entre las personas, es de querer participar desde las decisiones de diseño de productos y servicios, para conseguir adaptarse aún más a mi experiencia personal. Customización y personalización son dos términos que hoy en día están en boga, primero, en cualquier departamento de desarrollo y de marketing de cualquier organización (¿a que aún no? pues ya estáis tardando) y en segundo lugar, como consumidores queremos MI propuesta, para mostrarnos únicos, diferentes y relevantes.

Así que quizá debamos replantearnos el término satisfacción del cliente. Personalmente me inclino por el término INTERACCIÓN con el cliente porque adquiere dos espacios referentes clave:

  1. Existe un vínculo inicial con la marca, bien por ser usuario, bien por ser meramente prescriptor, bien por empatía con la misma. Puede ser un sentimiento positivo (sería lo lógico) pero incluso porque hay sintonía en la mejora de la relación
  2. Existe compromiso: es decir, va más allá del consumo y se adquiere una actitud de aportar valor en ambas direcciones para estrechar el vínculo anterior, para explorar nuevos territorios y para poder crecer no sólo cuantitativa sino en especial cualitativamente.

En todo esto hay un planteamiento base esencial: es preciso interiorizar y tener muy claro que la marca NO pertenece a las organizaciones sino que pertenece a L=S USUARI=S. Con lo cual, esta actitud abierta hacia el entorno es básica. No es fácil pero si queremos lograr la satisfacción interacción junto al cliente es la única manera de conseguirlo. Luego no nos relajemos, no es buscar la satisfacción sino su compromiso. EL compromiso.

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La foto de inicio es de Flickr, de RPenalozan

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May 02 2013

Qué no hemos hecho bien

La vida es una historia que se va llenando de decisiones acertadas y erróneas. Las unas, nos hacen sentirnos bien con nosotros mismos y casi repetimos las mismas dinámicas para convertirlas en algo rutinario. Las otras, nos preocupan y nos llenan de miedo y dudas. Por lo general aprendemos más de los errores porque no queremos que se repitan. Pero el análisis deberíamos hacerlo en ambas direcciones. ¿Por qué no ha salido bien? ¿Por qué ha funcionado? Quizá sea esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, la que nos ha mostrado el error como un fracaso y no como un aprendizaje, como en la sociedad anglosajona y oriental. “Cae siete veces, levántate ocho” reza una célebre frase japonesa que invita a intentarlo una y otra vez.

Esta reflexión viene a cuento porque observo que con esto de las redes sociales, lo socialmedia, parece que todos encontramos un santo grial en el que agarrarnos para adaptarnos a un nuevo tiempo que estamos viviendo cada día. Y que después de meterse de lleno en el uso de estas herramientas, hay quien se pregunta ¿pero esto sirve de verdad? ¿para qué? No es casualidad que en estos pasados días, podemos leer opiniones vertidas en el sentido de que sin saber muy bien responder a las clásicas preguntas de “para qué”, “por qué”, “qué”, “cómo” y “para quién”, seguimos sin tenerlo claro.

¿Qué estaría pasando si no existieran las redes sociales? ¿Qué pasaría si la tecnología no hubiera provocado semejante cambio social y cultural? ¿Cómo reaccionarían las marcas y las personas a una situación de sobreoferta, ruido, interrupciones constantes, etc? Lo cierto es que me planteo volver a los inicios de la publicidad, a esos momentos que vemos en Mad Men y que nos parecen tan novedosos, pero que en cambio estaban en la génesis de la publicidad en su término más clásico.

Llevamos tanto tiempo mirándonos al espejo que hemos olvidado abrir la ventana, salirnos del encuadre y observar lo que hace la gente. Claro que ahora que hay que ver cómo reaccionan las personas y cómo se comportan, no entendemos nada. ¡Están locos!. No, no estamos locos, simplemente nos hemos olvidado de las personas. Llevamos tanto tiempo pensando en las herramientas que somos incapaces de valorar el hecho del encuentro personal, del cara a cara, y de escuchar realmente las opiniones y las dudas de las personas para resolver un problema, SU problema. Llevamos tanto tiempo sin preocuparnos de salir a la calle y observar cómo nos comportamos, por dónde caminamos, a qué hora nos preocupan determinadas cosas, que ahora no somos capaces de responder a la pregunta de si somos relevantes, necesarios o si simplemente pasamos desapercibidos por no ser pertinentes. Llevamos tanto tiempo sin interesarnos por lo que pasa después de un encuentro personal (o de consumo) que ahora somos incapaces de responder cortesmente a una queja e incluso nos sientan horrorosamente mal. Llevamos tanto tiempo buceando entre los buscadores de internet que ni siquiera hemos encontrado aún nuestros valores más significativos y relevantes. Llevamos tanto tiempo sin preocuparnos simplemente de nuestras personas, de nuestr=s colaboradores, de sus percepciones personales y sensaciones más allá de su función y su aporte de valor, que ahora nos indignamos cuando vemos opiniones negativas de nuestros propios equipos. Llevamos tiempo pensando en crear un storytelling y contar historias y aún no tenemos ni claro ni compartido el origen de nuestro proyecto, el por qué del mismo y su pretención e intención inicial.

Lo cierto es que el aprendizaje es más una actitud que simplemente unas notas que apuntamos en un cuaderno y que nunca releemos. Y esa actitud parte también de ser conscientes de que quizá debamos empezar por el principio: QUÉ VALOR APORTO Y POR QUÉ. Quizá debamos efectivamente volver a releer las bases del marketing, como bien he debatido con Jon: identificar necesidades para ser resueltas. Y a partir de ahí, centrado en y basado desde la persona, volver a trabajar en un sentido claro y objetivo: ayudar a resolver necesidades.

Escuchar y observar, preguntar y hacer partícipe tanto desde dentro como desde fuera, encontrar el momento adecuado en el que podemos ser parte importante en la toma de decisión, saber cómo actuar y cómo resolver la duda y/o la necesidad, preocuparnos por saber cómo se llama, quién es y qué le motiva, facilitar al máximo su contacto con nosotros, considerarle como una parte importante de nuestro proyecto y no meramente un número que suma en la cuenta de resultados, preguntarle charlar sobre en qué más le podemos ayudar en qué cree que le podemos ser útil, … La duda que me corroe es si todas estas obviedades tan naturales y normales, las estamos resolviendo hoy en día, sin necesidad de la tecnología. Y por añadidura y por evolución de la sociedad, de la cultura y (ahora sí) de la tecnología, podemos seguir alimentando esta “nueva” relación gracias al avance tecnológico y de un renovado contacto personal. Me temo que aún hay muchas respuestas que no tenemos, tecnología aparte. Y quizá de ahí, el escepticismo en los datos de credibilidad y valoración actual de las marcas en las redes sociales. ¿Por qué? ¿Qué hemos hecho mal? Porque a tenor de estas dudas, algo hemos estamos haciendo mal. Yo, el primero.  La idea principal que hemos de tener clara es que la COMUNICACIÓN, el MARKETING ha de servir para ALGO.

Sólo considerándolo de esta sencilla y simple manera podremos ser capaces de articular cualquier estrategia, cualquier acción, cualquier idea para resolver una necesidad del mercado. O únicamente establecer una conversación con nuestra gente para conocernos mejor y sentirnos sencillamente útiles. Observar y escuchar para poder proponer. No son aspectos únicamente formales, aun siendo éstos importantes, sino ayudar a que la relación entre marcas y usuarios sea fluida, que aporte valor y donde se den las circunstancias y las condiciones necesarias para establecer un vínculo sólido, fiable y de confianza. Donde ahora la tecnología ayude a estrechar este vínculo, a seguir aportando valor, sin perder la conexión bis a bis, y teniendo en cuenta que debe de aportar al “negocio”. Si no, serán meros fuegos artificiales. Y ya hay suficiente colorido y ruido en nuestras calles como para seguir elevando el sonido.

Pienso en deberes que hay que hacer más que en actualizarnos y adaptarnos. Quizá como algunos animales, el adaptarse a la situación puede llevarnos a la superviviencia pero si no lo hacemos, nos ocurrirá como a los dinosaurios. Desapareceremos. Así, que lo mejor será que pensamos realmente en cada modelo, miremos con visión crítica lo realizado hasta ahora, volvamos la mirada hacia el exterior y al comportamiento de nuestra gente, reconozcamos los aciertos y los errores y vayamos rehabilitando nuestro edificio, sobre sólidos cimientos: QUÉ, A QUIÉN, PARA QUÉ y POR QUÉ.

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La foto de inicio es de Flickr, de TonioMora

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