Lo que queda por cambiar nuestra forma de trabajar

Publicado por Juanjo Brizuela en

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De vez en cuando me gusta echar la mirada atrás y ver cómo estaba estábamos hace un tiempo y cómo han ido están cambiando las cosas. Hace ya 5 años comencé una nueva etapa de la cual no me puedo quejar (salvo algunas cosas), y en todo este tiempo si algo ha modificado mi trabajo está siendo mi forma de trabajar. Quizá sea por la circunstancia de pasar de una organización con su equipo de personas a estar literalmente «sólo». El hecho numérico no es lo relevante pero sí que condiciona la manera de trabajar, con sus ventajas y sus inconvenientes, como no puede ser de otra manera.

Tengo la sensación de que nunca nos enseñaron a trabajar, más bien a hacer lo que se nos pide, sólo responder a una exigencia en función de nuestras capacidades, conocimientos y habilidades personales. Te enseñan (no sé si aprendes) unos conocimientos que luego la realidad se encarga de situarlos en su lugar adecuado. Quien más quien menos ha pasado por esos momentos en los que ha tenido que hacer algo que no-le-enseñaron y ha tenido que «buscarse la vida», que es la otra manera de decir que sigues aprendiendo. Lo bueno de ello, en cambio, es que si te gusta y apasiona lo que haces, no importa no-saber sino el mero hecho de la búsqueda de la solución, de documentarte bien, de explorar posibilidades y escenarios, las inquietudes y la curiosidad y estructurar un discurso en torno a esa necesidad, hace que vayas adquiriendo más experiencia, más experiencias y más conocimiento.

Quería dedicarme y focalizarme en el branding. Seguir ese camino y profundizar sobre él, desde lo teórico pero sobre todo desde lo práctico. Aprender-haciendo eso que leía y veía. Disfrutar del proceso de trabajo más que esperar al resultado final. Y todo ello me obligó a trabajar de forma diferente a lo que hacía en su momento. La consultoría artesana me está ayudando en todo ello. Así básicamente me he encontrado en este tiempo, y mirándome a mí mismo, tres campos de trabajo que ya considero imprescindibles:

  1. Estar sólo, centrado y concentrado en una materia,
  2. Conversar con el/la cliente; y en «casa» del cliente,
  3. Habilitar espacios «mixtos», para desarrollar nuevas ideas, desde dentro y desde fuera, de forma conjunta.

Doy fe que mi principal cambio y reto fue no tener oficina. Entendiendo oficina como un espacio físico y propio para trabajar ahí, con sus archivadores y muebles, su puerta, su llave y todo eso. Hubo gente que me hizo qué pensar cuando me dijo si la necesitaba realmente. Es como que trabajar estaba íntimamente ligado a un espacio físico. Primer cambio radical. No. No tengo oficina. No la echo de menos. Aunque a veces sí que he tenido «tentaciones», pero creo que no es estrictamente necesaria para hacer tu trabajo.

Esto me ha hecho reflexionar bastante sobre los «espacios de trabajo«, si en realidad aportan o no valor a lo que profesionalmente se requiere y se busca. No sé si tienen sentido o no, pero no soy el/la único/a que piensa que las empresas siguen y seguirán teniendo sentido con espacio pero también SIN espacio físico. En la actualidad, soy un encantado y privilegiado usuario de bibliotecas públicas, allá donde las hubiere, en cualquier formato. Un espacio, las bibliotecas, que tienen un importante reto en re-definirse ya que no soy el único que la usa en este formato de solitario-freelance-trabajador/a. Espacios amplios, silencio, mesas libres y grandes, tranquilidad. Ideal para ese campo «individual» del trabajo.

Lo que también ha modificado mi forma de trabajar es reconocer que necesitamos tener momentos de «soledad». Esos en los que necesitas poner todo tu foco en un tema, en una acción. Sólo. Enfrentarte al papel en blanco y/o a la pantalla, con el lápiz y/o el teclado, y producir llamémosle un contenido, una idea, una propuesta, un esquema, un garabato. Un desatascador de la solución en forma de valor que propones. También un momento de soledad para leer un post, anotar una idea y dejarla reposar, ver un video, un corto, leer un capítulo de un libro, darte una vuelta por el RSS, etc. Necesitamos ese estímulo individual que nos puede catapultar hacia algo nuevo, a menudo desconocido y siempre un desafío contigo mismo.

Siguen siendo necesarios los momentos con l=s clientes. Escuchar, preguntar, hablar, conversar, aprender, proponer. Momentos en los que más allá del briefing y/o de la necesidad que te llega, casi que formas parte de «su» proyecto, siendo un/a más y tratando de aprender de «su cultura» para poder interpretar correctamente necesidades, expectativas, historias pasadas y visiones futuras. Es cuando realmente tiene sentido un trabajo como el nuestro. Estamos para aportar valor dentro de una realidad. Y cuanto más cerca la vivas, mejor para ambas partes. No es hablar de problemas, es hacer una total inmersión en una cultura ajena para comprenderla totalmente y aportar valor sobre ella.

Con todo ello, en este tiempo he descubierto que también hemos de generar espacios de frontera entre la soledad y el equipo de trabajo, entre lo individual y lo colectivo, entre lo propio y lo ajeno. Buscar espacios mixtos donde hagamos partícipe a gente ajena al problema pero de alguna forma implicada en él. Empresas con sus públicos externos, directiv=s con sus colaboradores, partners con clientes, … buscar diversidad en la búsqueda de un camino que una a tod=s y que permita encontrar un camino que junte visión con realidad, retos con amenazas, creencias con certezas, lo centralizado con lo descentralizado. Quienes hemos leído y releído «El Artesano» de Richard Sennett, hemos interiorizado el concepto taller. Ése que relaciona personas y sus relaciones, más allá de su condición:

«Los talleres han sido y son un factor de cohesión social mediante rituales de trabajo»

Hablaba hace no mucho con Asier Gallastegi y Arantza Sáenz de Murieta y Asier Amézaga de cómo participa la gente (y cuánto aporta) cuando se le hace corresponsal y corresponsable del valor que quiere aportar.

La pregunta en este caso es ¿cuál es el espacio preciso y necesario para que ello se desarrolle? Lógicamente, una empresa/organización tiene sus espacios y sus salas de reuniones. Están también los espacios co-working que «alquilan» sus habitáculos libres para estos temas. He/hemos trabajado en tiendas, en terrazas de bares, en comedores de restaurantes, en otras oficinas…cada cual te da y te ofrece algo a cambio. Lo importante en este caso es saber que ese encuentro entre personas diversas necesita de espacios diversos, poco formales, que te hagan sentir cómodo y con la libertad suficiente para abordar la situación a resolver.

Más allá del espacio físico, que haberlos haylos, lo que observo viendo lo que ha ocurrido en este tiempo y lo que está ocurriendo hoy, es que uno es en la medida de lo que hace con los demás. En que la soledad no es mala sino necesaria para su trabajo. Necesitamos dar sentido a nuestras ideas … en colaboración con l=s demás.

He valorado muchísimo en este tiempo el trabajo solitario, sólo, en la penumbra y con silencio. Y más aún la necesidad de escuchar y contar al resto. Estas vacaciones de verano van a ser como el momento para pensar sobre ello y cómo hemos de seguir cambiando. No sé dónde acabará todo ello. Sólo sé que hay que seguir avanzando y, espero, mejorando.

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La foto de inicio es de Flickr, de Cristina Valencia


21 commentarios

Amalio Rey · 29 julio, 2015 a las 10:13 am

Hola, Juanjo:
Muy bueno el post. Estoy de acuerdo con la mayoría de tus ideas. Lo de la soledad es esencial. Yo la necesito para regenerar mis ideas y encontrarme. Creo que solo por eso no volvería a trabajar en una empresa, en unas oficinas permanentemente conectadas a un sistema, donde no puedes «controlar» los flujos de interferencias. Lo de las bibliotecas suena muy bien. Hasta ahora no he practicado eso. Igual lo intento, aunque creo que me puede distraer. Lo de los «espacios mixtos» es una gozada, y hay mucho por descubrir ahi. Un abrazo, colega. Buen veranito 🙂

Copyloto · 29 julio, 2015 a las 12:23 pm

Grande Juanjo! En soledad y al mismo tiempo acompañado. You will never Walk alone!

Kepa · 29 julio, 2015 a las 4:35 pm

Hace poco estuvimos hablando de ello Juanjo. Muy buen post!!! Los tiempos cambian y hay que evolucionar y adaptarse. Chapeau!!!

Juanjo Brizuela · 30 julio, 2015 a las 9:54 am

@Amalio: gracias compadre.
He aprendido a necesitar esos momentos de soledad y de uno-mismo para poder idear y desarrollar cosas. Pero jamás tendrán sentido si no lo hacemos después junto a otras personas. Creo que esa mezcla me parece hoy en día absolutamente imprescindible.
Las bibliotecas son un espacio genial para ello, porque te «exigen» estar sólo y a lo que tienes que estar. Si además consigues después buscar esos momentos de «bucear» entre sus estanterías, te aseguro que es algo muy muy interesante.
Ahora mismo, me llaman mucho la atención los «espacios mixtos», que de eso tú sabes muchísimo más de la «inteligencia colectiva». Y es que cuando trabajas con diversidad, los resultados son increíbles, ¿verdad?
Abrazo maestro y disfruta (si puedes) 😉

Juanjo Brizuela · 30 julio, 2015 a las 9:55 am

@Copyloto: 😉 … la fuerza de uno mismo se junta con la de los demás… es así y así es. Y así será.

Juanjo Brizuela · 30 julio, 2015 a las 9:56 am

@Kepa: compañero: hemos hablado de ello, sí… y no dejaremos de hacerlo. Creo que son otros tiempos que permiten afortunadamente realizar todo esto. Y hay mucho por hacer y por descubrir. LO que más valoro hoy en día es la necesidad de estar conmigo y trabajarlo, y sobre todo después «mezclarlo» y conjugarlo con mucha gente. Resultados increíbles…
Abrazo jefe!!

Alberto · 30 julio, 2015 a las 9:58 am

Juanjo, ni soledad ni compañía. Lo suyo es soledad y compañía, de ambas podemos carecer y ambas necesitamos. Malo es quedarnos sólo con una de ellas, cualquiera que fuera…Disfruta del veraneo.

    Juanjo Brizuela · 2 septiembre, 2015 a las 12:40 pm

    @Alberto: gracias por pasarte por aquí. Tienes toda la razón. Una sin la otra no tiene sentido, aunque a menudo las valoremos individualmente, cuando no tiene lógica. Quizá sea lo que más he aprendido en esta etapa. Y lo que quiero reconstruir más aún en el tiempo que está por llegar. Abrazote… discutiremos sobre ello… 😉

Cristián Saracco · 30 julio, 2015 a las 11:01 am

Juanjooooooooo!

El mayor espacio y mejor amoblado que tienes lo lleva encima de tus hombros…

Incluso, en muchos casos, se convierte en tu mejor compañía… esa que intuitivamente te permite conectar con el resto y hacer que las cosas pasen! 🙂

    Juanjo Brizuela · 2 septiembre, 2015 a las 12:42 pm

    @Cristian: la cabeza…y lo que lleva dentro. Olvidamos de su potencial y en cambio nos ofrece un montón de posibilidades. Si encima lo aúnas con el corazón es cuando emoción y razón se juntan. Igual que cuando se unen soledad y compañía, reflexión y compartir, y producen cosas inimaginables.
    Abrazo

Josi Sierra · 30 julio, 2015 a las 11:31 am

Muy buena reflexión sobre el trabajo y la/s manera/s de hacerlo: la tuya nos da que pensar, tambien a quienes en las organizaciones trabajamos bastante «solos» y con tareas poco compartidas.
Es que en tiempos liquidos, casi gaseosos, tenemos tanto por aprender: cada un= para si mism=, y tod=s para la comunidad 😉
Y es que como tu dices «uno es en la medida de lo que hace con los demás»
Mucha y buena suerte para las vacaciones y para lo que venga despues Juanjo 🙂
Josi

    Juanjo Brizuela · 2 septiembre, 2015 a las 12:45 pm

    @Josi: disculpa el retraso por responder 😉 cosas de no estar atento.
    Creo que hemos sobrevalorado el hecho de compartir porque a veces para hacerlo, necesitamos de momentos «sólos» para poder amueblar mejor las ideas, para desarrollarlas según nuestras convicciones y conocimientos. Creo que dar y recibir, pensar y desarrollar, para compartir después es la opción más saludables y aconsejable.
    Eso sí, una sin la otra no sirve de nada. Se necesitan ambas.
    Ha sido buen verano, sí. Espero que el tuyo / vuestro también.
    Abrazote grandote

David Sánchez · 30 julio, 2015 a las 4:06 pm

Qué buen post Juanjo. Inquietante e inspirador… Lo guardo… porque hará falta en un futuro 😉

Un abrazo

    Juanjo Brizuela · 2 septiembre, 2015 a las 12:46 pm

    @David: me alegro que te haya gustado. Simplemente es una reflexión mirándose a sí mismo… y compartiéndola es cuando adquiere más sentido. Espero que te pueda ayudar, aunque sea un poquito.
    Nos vemos pronto, por cierto. Abrazotes

m'angel manovell · 31 julio, 2015 a las 12:29 am

Juanjo, que bueno es esto de mirarme en tú espejo que refleja magnificamente la transformación personal-laboral a la que también estoy dando vueltas; me estoy inclinando más por la congregación…una que me permita esos espacios de silencio en territorios mezclados inspiradores y sorprendentes.
Un abrazo

    Juanjo Brizuela · 2 septiembre, 2015 a las 12:48 pm

    @M’angel: Gracias por el comentario, compi.
    Congregación. Me gusta. Me suena a silencios, muchos, para mirarse muy dentro. Eso sí, necesitarás de vez en cuando salir y «pregonar» 😉
    Besotes

Ana Aranda · 31 julio, 2015 a las 4:45 pm

Kaixo Juanjo

Como te comente, como aprendiz a Consultora Artesana os sigo y aprendo de vosotr=s los Maestros #redca .

Gestionar bien la soledad, disfrutar de los momentos y espacios de las bibliotecas municipales (la de Zarautz, biblioteca San Enea, es todo un lujo) y adaptarnos a todos estos cambios después de 25 años haciendo «lo otro», como es mi caso, es un gran aprendizaje y un periodo de gran transición.

Eskerrik asko, Juanjo, por compartir tu «camino» que nos aporta mucho a los que andamos empezando esta maravillosa aventura.

Juanjo ahora toca disfrutar de las vacaciones y en septiembre seguir adelante .

AURRERA!

GO!

    Juanjo Brizuela · 2 septiembre, 2015 a las 12:51 pm

    @Ana: gracias por pasarte por esta reflexión Ana.
    Tod=s somos aprendices. Tod=s.
    Con el tiempo vamos aprendiendo y adaptándonos a la manera donde nos vemos más cómodos y retadores, al mismo tiempo. Quizá el hecho de la biblioteca sea simplemente una anécdota pero me sirve como espacio donde estás sólo pero también encuentras al lado montón de referencias que se suman a lo que estás haciendo. Eso sí. No cabe duda que en cualquier momento necesitamos «sacar» lo que tenemos, extender la idea y contrastar, principalmente.
    Espero que hayas disfrutado del verano.
    Besotes

Álvaro Andoin · 18 agosto, 2015 a las 11:42 am

Muy sugerente el post Juanjo.

¿Cuáles son nuestras necesidades de aprendizaje? ¿Lo sabemos? ¿Qué queremos aprender? Igual tenemos que empezar por ahí.

Pongamos por ejemplo uno de los temas que dices que te interesan, la inteligencia colectiva.

¿Hasta qué punto los eventos, las bibliotecas, etc maximizan la utilización de la inteligencia colectiva de los presentes? ¿Cómo lo hacen? ¿Convirtiéndonos en meros observadores o también en actores?

¿Cuál sería la mejor forma de satisfacer las necesidades de aprendizaje de inteligencia colectiva en un contexto dado?

En muchos eventos, talleres, etc seguimos anclados al modo broadcast. Uno habla y los demás escuchamos (o hablamos en las redes desde nuestros asientos). Se habla de inteligencia colectiva pero no se actúa y «se mete en el cuerpo», la inteligencia colectiva.

Igual tenemos que empezar a cuestionar nuestros formas de aprender y probar, experimentar, cómo tú estás haciendo, a aprender de otras maneras, de una forma más entretenida y al mismo tiempo, significativa.

Un abrazo y gracias por tu post.

Buen verano.

Álvaro

    Juanjo Brizuela · 2 septiembre, 2015 a las 1:01 pm

    @Alvaro: compa … gracias de nuevo por sumarte al debate.
    Interesante lectura la que haces, refiriéndote a lo del aprendizaje.
    Hay una gran frase de Confucio que quizá nos ayude:
    «Me lo contarón y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí».
    Quizá la mayor virtud de lo que comentas es ser conscientes que hemos de experimentar y probar, de forma activa, sabiendo que no sabemos dónde llegaremos pero sí que lo podemos probar.
    Quizá en lo de los eventos, radica la pasividad aceptada del receptor. A veces ha de ser así. Pero también las grandes lecciones es como los viejos talleres de los artesanos que viendo hacer y haciendo al mismo tiempo, somos capaces de aprender. Y sobre todo, la idea principal es que queramos aprender. Parece obvio pero no lo es.
    En cualquier caso, el reto es grande. Y lo que nos queda por aprender, mucho más
    Abrazote… espero que hayas disfrutado de estos días

Álvaro Andoin · 2 septiembre, 2015 a las 10:07 pm

Lo mismo Juanjo. Un abrazo.

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