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Sep 23 2010

Sin dudar

Que tener objetivos es muy importante en los días de hoy está absolutamente claro. En lo personal y en lo profesional. Aunque también es cierto que en un mundo tan «líquido» como el actual, con verdaderas dudas sobre las propias organizaciones, muchas veces hay que poner más en práctica la frase de «muévete, aunque no sepas hacia dónde». Pero lo que aún es más evidente y más claro es que hay oportunidades que no se pueden dejar escapar. Sí, oportunidades. Eso que aparece no-se-sabe-muy-bien-de-dónde y que intuímos que puede ser un camino viable de futuro. Hay también quien habla de tendencias, de coolhunting, etc, que también es una forma de «evidenciar» estas oportunidades pero desde lo externo.

Yo me refiero en especial a las «oportunidades internas», como organización. Iniciar un proceso de branding, una nueva estrategia de comunicación o bien lanzar un producto/servicio al mercado, son momentos especialmente «intensos» a nivel organizativo ya que la empresa se juega mucho. Navega en un entorno turbulento y quiere lanzarse a la piscina para «contar-presentar» algo que aporta un «supuesto» nuevo valor al mercado. Pero además aflora la sensación de estar en lo «desconocido», o al menos, en lo inseguro: «qué pasará si…». Las miradas que se dirigen hacia «nosotros» (quienes nos toca plantear un camino, una idea, un concepto…) son a menudo de incredulidad y con cierto toque de «qué me está diciendo» o «qué me va a decir». Lo entiendo.

Pero independientemente de cuál sea el resultado final de la «recomendación», siempre está la oportunidad de poder aprovecar este contexto para dar un paso más en la «construcción interna de la organización». Desde luego, que la cultura organizacional marca cada decisión que se da en la empresa pero comprender que desde la comunicación e incluso desde la construcción de la marca se puede asentar e incluso modificar ciertos valores y comportamientos de la organización, es una oportunidad que no se debe dejar escapar. De alguna manera, más que de comunicación, en este caso, hablamos de compromiso y de coherencia. Sí:

  • compromiso, porque la idea de que todos somos organización, que todos construimos la organización y que todos podemos contribuir a que el proyecto avance, es algo que se ha de tener muy en cuenta. Y a todos se ha de preguntar, consultar y sobre todo dialogar para obtener ese conocimiento preciso que hay que poner en valor en cada propuesta que se lance.
  • coherencia, porque el verdadero valor de cada paso que se da comunica es mantener la relación entre «lo que se dice» y «lo que se hace», incluso entre «lo que se piensa». Si el mercado rechaza a quien le engaña, pensemos qué pasaría a nivel interno. Cuando este sutil hilo se rompe, es cuando comienzan a aflorar dudas, temores, miedos, pasotismo,… hasta el «funcionariado laboral».

De ahí que sea especialmente importante reconocer que cualquier momento que se presente desde la comunicación, sea considerado como una oportunidad para seguir construyendo organización y sobre todo para seguir construyendo «comunidad de marca interna«, tan necesaria en las organizaciones en la actualidad. No se trata de dar una «mano de pintura» sino de ir «modificando» comportamientos que sirvan de apalancamiento para seguir evolucionando como organización. Sin dudarlo.

¿O no es necesario?

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La foto es de Flickr, de Ignacio Sanz

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