Sep 16 2019

El trabajo gana al talento si el talento no trabaja suficiente

(Foto vía El País)

La tarde de ayer domingo 15 de septiembre de 2019 fue probablemente uno de los momentos más complicados desde que calzo las zapatillas y el block de notas de entrenador de baloncesto. Un poco antes vi con pena cómo un tren se alejaba a la misma velocidad con la que un montón de preguntas se me acercaban con idéntica potencia. Dudé entre respirar hondo, bajar la cabeza o marcharme de allí, pero decidí quedarme un momento parado en ese arcén de estación a que la mirada perdida se encontrará a sí misma buscando una respuesta allá a lo lejos. Había que ir a entrenar y tenía que lograr que durante unos 90 minutos sintiera e hiciera sentir que estamos ante algo que va más allá de un mero juego llamado baloncesto.

España es Campeona del Mundo de Baloncesto. No lo pongo conscientemente en tiempo verbal pasado porque durante los próximos cuatro años una nueva estrella, la segunda, lucirá en el palmarés de todo el baloncesto nacional gracias al compromiso, esfuerzo, trabajo, confianza y juego de un grupo de jugadores y staff técnico que ha conseguido lo más complicado que existe cuando unes a más de 12 personas de diferentes condiciones: competir juntos para tratar de conseguir la siguiente victoria, aun siendo de diferentes equipos y protagonismos.

No he ocultado mi sentimiento ni mi pasión por el baloncesto, lo sabéis. En este humilde #rincondepensar que es este blog, he hablado mucho de basket desde hace 11 años. El basket me ha dado y me da tanto que lo menos que puedo hacer es devolver pizca a pizca el respeto que me merece y se merece. Lejos del hecho de vencer o caer derrotado, el deporte nos ayuda a comprender y al mismo tiempo vivir de una determinada manera nuestro día a día. A mí me sirve para comprobar desde cada mañana temprano eso de “El trabajo gana al talento, si el talento no trabaja suficiente” (frase de Ricky Rubio, atribuida a su vez a Kevin Durant… escuchadla en el video). A veces con mayor o menor fortuna, que también se viste de deportista, pero si algo me enseña el deporte, el baloncesto, es que los resultados son siempre una consecuencia, no la causa.

Nos hemos dejado llevar por la ola extraordinaria de la generación dorada de los 80, que ganó un Oro en el Mundial Junior, sin reconocer también que muchos de los entonces y ahora jugadores que han logrado este enorme paso, no estuvieron allí sino que desde entonces han estado preparándose para llegar a lo más alto. Aquel grupo liderado por Pau Gasol, Navarro, Raül López, Reyes y Calderón entre otros son los que llegaron a “romper” un techo de cristal que en aquel entonces impedía traspasar una frontera que defendían los tradicionales países referentes de este deporte: Italia, la antigua Yugoslavia, Rusia, etc. Desde entonces, un grupo talentoso con firmes pilares sostenidos en la mentalidad, ha mostrado que llegar a lo más alto requiere de mucho más que condiciones técnicas y en especial de otra serie de aspectos que ayudan a explotarlas del todo: lo físico, lo mental, la planificación, los cuidados médicos, …, y la concentración, la ambición, el esfuerzo, la confianza, la consistencia, la disciplina individual, la generosidad, etc.

Este Mundial 2019 podrá ser recordado por muchas cosas: A China no le interesa demasiado el basket, a la vista de la asistencia a los partidos; ha irrumpido una nueva cadena de televisión en streaming, DAZN, en el panorama audiovisual y digital actual, la sensatez de los entrenadores de verdad ante la victoria y sobre todo en las derrotas y las conversaciones en socialmedia, especialmente en Twitter, han sido de lo más enriquecedor; y alguna que otra razón que dejo a vuestra interacción.

Si con algo más deberíamos quedarnos, más allá de la parte técnica-táctica del juego que ha sido brilantísima sobre todo en el equipo de España, y también Australia, Argentina y a ratos Francia y Serbia, de la exhibición de compromiso, inteligencia, liderazgo y esfuerzo de Ricky Rubio, Marc Gasol, Rudy Fernández, Sergi Lllull, Víctor Claver, especialmente, y un Sergio Scariolo extraordinario; es que en cada proyecto que formamos parte de él siempre los conocimientos y las capacidades técnicas nunca viajan solas si quieres llevarlas a la máxima expresión. Necesitan sin lugar a dudas de un convencimiento máximo, un POR QUÉ potente, firme y sólido, un conjunto de recursos que se planifican y se trabajan mucho antes para que puedan ayudar a apalancar ese conocimiento, un esfuerzo y tesón diario, una capacidad de compartir, de generar complicidades, de aceptar espacios personales y profesionales, un confiar en “el/la de al lado” extraordinario y finalmente que liderar no es cuestión de mandar sino de demostrarlo con el ejemplo propio y el compromiso en cada instante.

No quisiera extenderme mucho más allá en este post. Quería dejar por escrito mis emociones en esta última pasada semana y en especial en estos últimos 3 días, desde la semifinal contra Australia y la final de ayer domingo contra una Argentina también memorable y de la que aprender y mucho. Lo técnico lo dejo para otros lares. Pero sabéis que en este mi particular rincón, trato de aprender de lo que veo, siento y experimento para llevarlo a mi día-a-día profesional y personal para tratar de aportar allá donde pueda y allá donde confíen en uno y en la gente que me rodea, que es mucha.

He formado parte en estos últimos 4 meses de un proyecto extraordinario que requería un trabajo de publicidad y marketing digital con unos retos importantes para conseguir. Pocas horas después de que el viernes España ganara brillantemente a Australia, conseguíamos y superamos el objetivo propuesto. De nuevo fue una muestra de que el trabajo en equipo, del objetivo común, de la constante consistencia diaria y semanal en nuestras reuniones de trabajo y de la responsabilidad y compromiso individual como esencia del liderazgo, digo que cualquier proyecto puede cumplir sus objetivos si trabaja de esta manera. No sé si es coincidencia o casualidad, pero sucedió y la alegría compartida es como el oro de China.

Así que ayer a las 18.15h de este domingo 15 de septiembre de 2019, después de irme de la estación de tren, cuando reuní a mi staff técnico y a nuestros 16 chicos de la preselección de Álava Cadete Masculino (15 y 16 años de edad) para comenzar el entrenamiento previsto, solo les pude decir una cosa: “no vamos a hablar de nada del Mundial de Basket que ha ganado España; solo os digo que ese premio es fruto de muchos y de cada entrenamiento que han tenido desde hace bastantes meses, del esfuerzo en cada uno de ellos y de su ambición individual y colectiva por intentar competir al máximo para lograr el premio que se quiere. Si alguien no cree en ello y piensa que no es posible lograrlo, puede decirlo con toda tranquilidad e irse a su casa; si en cambio pensáis que lo podemos lograr y que para ello todos, yo el primero, ponemos el máximo y un poco más de generosidad y trabajo, empezamos a entrenar desde ya”. Nadie se fue. Todos nos quedamos. El de ayer domingo a la tarde fue el mejor entrenamiento del año que hicimos.

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Sep 05 2019

Tanto por aprender

“A Gabi, las maletas le traían al pairo”. Así comienza el primer párrafo de mi último cuento del libro de notas que ha viajado conmigo en cada periodo de vacaciones durante estos últimos 5 años, que por fin puse su punto final. Intenso ejercicio e interesante, una especie de pretemporada personal antes de comenzar un nuevo ciclo en septiembre, porque los cursos comienzan en este noveno mes del año, en enero comienza un nuevo año.

Cada verano, algunos más relajados, otros ajetreados como éste, levantas el vuelo para tomar esas bocanadas de aire que necesitas para irlas expirando a lo largo del curso. Cada pequeño detalle se convierte, al menos en mi caso, en una pequeña pregunta, una puerta abierta a la inspiración y/o una reflexión sobre lo que haces, cómo lo haces y por qué haces lo que haces. Desde lo personal, aprovechando el relax y los tiempos apartados de la rutina del día a día, pero también desde lo profesional. No existe la palabra desconectar sino la de “conectar con otras cosas” (ya hablamos de ello alguna vez), que son las que producen eso que se llama serendipia y que vamos apuntando en cualquier soporte: el cuaderno de trabajo que también se viene de vacaciones, el móvil, en una servilleta de una terraza de un bar a la sombra, o en ese esbozo de libro lleno de garabatos, dibujos y mis relatos.

2019 camina sobre proyectos interesantes, en algunos casos hasta demasiado intensos, pero el aprendizaje en todos ellos está siendo el postgrado de mayor nivel que conozco: el día a día y su exigencia, la intensidad de cada decisión, la mirada directa al #VamosAIntentarlo, los aciertos y los errores y algún que otro fracaso. Así que este periodo de des-conexión ha venido de perlas para conectar precisamente con aquellos principios de nuestro trabajo. Es también verdad que otros contextos ayudan a que esto suceda: encontrarte en otros lugares, desconocidos, por descubrir, ayuda a que tus reflexiones e ideas naveguen sin pasar vergüenza.

Lo bueno de viajar “fuera-de” es que nuevas ciudades, pueblos o países ayudan a comprendernos mejor. Asumir otras costumbres, otras rutinas, comprobar cómo se comportan las personas lugareñas e incluso ver cómo se ordenan y estructuran estas ciudades, nos permite aprender y quizá también desaprender de lo que vivimos en nuestra ciudad habitual. Pensar y trabajar sobre #MarcaCiudad está en la lista de “to-Do” desde hace tiempo y en cada ciudad, o pueblo, florecen ese tipo de argumentos que leemos una vez tras otra y que nos emergen cuando nos enfrentamos a un nuevo reto sea del sector que fuere: ciudades orientadas a una visión estratégica y sectores tractores de la ciudad, equilibrio trabajo-vida personal y participación de la comunidad. Observar para poder comparar se torna en un ejercicio cada vez que descubres una nueva ciudad e incluso cuando repites en la misma después de unos años. Y te das cuenta de que en muchos casos, el ladrillo sigue “ganando” a las personas y que hay proyectos que más que dejar huella simplemente recondicionan la vida de la ciudad. Esta idea, que las personas ganen espacio en la ciudad, es la que me llevo para desarrollar en el futuro presente.

Hay pequeños proyectos que nacen de grandes pasiones que se convierten en auténticos referentes, muy especialistas pero al mismo tiempo, tienen tanta personalidad que impregnan, hacia dentro y hacia fuera, un áurea especial. Me ha pasado al conocer y visitar varios días seguidos El Náutico de San Vicente, un modesto y pequeño garito en primera línea de playa en la localidad de San Vicente do Mar, que en Agosto se convierte en un lugar de culto a la música y la cultura. Una ilusión convertida en visión, una persona que convence al entorno de la música a tocar y cantar ahí, una referencia para cada músico que acude, un lugar para la inspiración sin duda. Sí, en un recóndito lugar de Galizia, un proyecto camina entre los referentes nacionales llamando la atención de muchísima gente, como yo, por ver que sigue habiendo esperanza cuando te encuentras tanta pasión alrededor de algo tan bello, y personal, como la música. Me lo he llevado a muchas marcas y la gran mayoría sale perdiendo. Lo bueno de todo es que 5 visitas después y alguna que otra pregunta y conversación en ese mágico lugar, ha conseguido reconocer que seguimos teniendo camino que recorrer, muy diferente al convencional, y que esta decisión tomada es en la que creo. Por eso de El Náutico debemos aprender. La música por cierto, se ha convertido es una de mis fuentes vitales.

Los relatos, los textos, las frases. No descubro nada. Una historia bien contada es probablemente inolvidable. Quizá por eso el gusto por leer se ha convertido en una necesidad constante. Manuel Jabois, Santi Balmés, Santiago Lorenzo y Ursula K. Le Guin me han acompañado desde julio. Huyo del absurdo debate de si papel u otro entorno; lo importante es leer. “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído” sentenciaba Borges. Pero lo importante no es solo la historia contada, los relatos, el storytelling sino el territorio al que te lleva. No vale con tratar de que la forma y la belleza de las palabras unidas una tras otra, te atrape y no quieras escaparte de ellas, sino penetrar en un espacio en el que imaginas nuevas historias que crees, piensas y sueñas. Ese espacio, ese territorio imaginario que construyes, se convierte en el plácido colchón en el que se depositan los párrafos y los capítulos de cada libro. Pienso de nuevo en marcas, observo en ese preciso momento las que veo, busco y exploro en las referentes y en otras que me asaltan en las redes sociales, reviso a las que me enfrento cada semana y en muchos casos, no en todos, me cuesta reconocer territorios. Eso sí, sloganes, juegos de palabras, frases para cautivarte, relatos audiovisuales hay por todos lados; territorios que sitúen a la persona en él y que inspiren un futuro, pocas. Tenemos de nuevo trabajo por desarrollar. Apunto en mi FacileThings personal en el apartado de “Material de referencia”, en mayúsculas: TERRITORIOS.

Abro la puerta de casa al llegar y me da pena que estos recuerdos, estos momentos en forma de ideas y reflexiones surjan en especial en agosto. Deshacemos las maletas y entre la ropa, me acuerdo de Gabi cuando me decía, sentados los dos en la terraza de su bareto de playa, “Juanjo, las maletas no llevan lo importante”. Ahora entiendo su frase. Bendito Mar. Me das la vida.

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Jul 24 2019

Fracaso, aprender y marcas

En la pista de aterrizaje de junio tomó suelo la palabra fracaso. Puedes pensar que tenía aspecto real pero sin embargo fue como esa lente que ayuda a mirar allá donde nuestra vista no está en las mejores condiciones. Algo así como mirarte con esas gafas para dentro y alzar la vista hacia fuera y conocerte un poco más. Me invitaron a una nueva edición, la undécima, de Fuck Up Nights en Donosti, de la mano del equipo de En Clave de Sol. Y puedo confirmaros rotundamente que el ejercicio de preparar una exposición de apenas 10 minutos ha sido un durísimo ejercicio de conciencia personal y autoconocimiento. No he conocido mejor libro de autoayuda ni tratado de psicología para reconocerse a sí mismo, desnudar mis dudas, mis miedos, mis preguntas, mis éxitos, mis fracasos pero sobre todo mis aprendizajes. Que en este tiempo han sido bastantes.

FUCK UP NIGHTS Vol. XI from En Clave de Sol on Vimeo.

Una vez más ese triángulo virtuoso que une mi profesión, planner en branding y comunicación, mi hobby, el baloncesto y mi inquietud personal, esas palabreras llenas de frases de cualquier fuente que me ayudan a formular preguntas para encontrar las respuestas, hicieron el resto. Varios días de escribir y esquematizar, de preguntar y consultar, de buscar 10 fotos que hablaran con mis ojos sobre mi argumento para ayudarme a mirar hacia dentro para únicamente 10 minutos que fueron un poco más, como no podía ser de otra manera.

 

Las cosas no suceden por casualidad. Así que gracias a este ejercicio personal-profesional lo pasé por mi faceta del trabajo diario para reconocer que cuando tenemos en nuestras manos ese diamante que es nuestra marca, hemos de reconocer que tenemos que tratarla de otra manera. Y deberíamos también de listar ese número de fracasos que hemos tenido con ella de por medio y saber bien a qué es debido su éxito, si lo tiene, claro.

Hay dos campos que en este tiempo han chillado en mis oídos cuando hablamos de marca:

  • la digitalización y la repercusión de los social media
  • la capacidad de liderazgo en torno a la marca

Como ya estamos bastante avanzados en este siglo XXI, no hay que repetir más de la cuenta que “lo digital” está transformado todo: Productos, servicios, mercados, comportamientos, actitudes, comunicación y marcas. La capacidad en especial de acortar tiempos en los procesos y la posibilidad de tener tu propio altavoz en los medios digitales ha hecho que cambiemos nuestro modo de actuar. Así que entre la presencia en todos los soportes digitales y la búsqueda de la actualidad, el clickbait y todo eso, estamos consiguiendo que la atención se pierda, se esfume y sobre todo la capacidad de comprender qué beneficioso es la marca para cada persona, entre en serias dudas. Recomiendo leer estos dos post, éste de Calvo con Barba y éste de Retina El País. En ambos se pone la mirada en algo que tiene que ver efectivamente con cómo las personas interactuamos con y en las redes y en especial en cómo enfocamos todo ello. Como explica perfectamente Lucas:

…la gran duda es, con el alcance orgánico bajo mínimos, y el de pago en duda ¿están las marcas preparadas para despertar del espejismo de las redes? ¿están preparadas para asumir de nuevo que quizás lo de pretender una audiencia planetaria era un absurdo en sí mismo? ¿sabrán reajustarse a SU realidad, entorno, capacidades y posibilidades? ¿comprenderán, por fin, que no por gritar más te escuchan más? ¿se darán cuenta de que las relaciones son MUCHO más valiosas que las campañas? ¿que la reputación es mucho más importante que la visibilidad? ¿que enamorar es mucho más rentable que viralizar? ¿que es mucho mejor ser propietario (de las relaciones) que inquilino (de las plataformas)?

El segundo campo en el que buceamos en este tiempo tiene que ver más con la capacidad de liderar la marca y no únicamente gestionarla. Es jugar a corto y a largo plazo. Es pensar en táctica o en estrategia. Es actuar desde la publicidad y los soportes o desde la cultura de la marca. Nada nuevo que no hayas leído por aquí. En una realidad tan interconectada entre soportes y momentos del día, se necesita más capacidad de liderar que no exclusivamente de gestionar. Al final, todo depende de hacia dónde queramos llevar la marca más allá de pensar qué acción concreta poner en marcha. Nos centramos más en hacer y el qué, que no únicamente en el por-qué-hacer para no perder el norte. Cosa que a muchas marcas les está pasando. Por un lado, la acción se mide por la reacción y, si como hemos visto en el punto anterior, se pierde capacidad de atención y peor aún, de interacción, se necesita más construir relaciones con las personas y para ello comprender qué nos une y por qué nos debe unir a una persona concreta. Y por otro esta capacidad de interacción desde luego no viene por la repetición y repetición, sino por esas partes de la marca que realmente son las que la gente “comparte”. Comentamos en su momento el concepto “Brand Share Proposition“. Quizá debamos profundizar sobre ello. (Os [nos] sorprendería observar con distancia y detenimiento qué parte de la marca comparte vuestra comunidad).

Con mi amigo y colega Jordi Vilagut compartíamos recientemente el feo decoro que es esa capa de epidermis de la comunicación en la actualidad, la inmediatez, el mensaje corto, ese whatsapp breve, los 250 caracteres, el meme y ya. En esta vorágine de lo breve, las marcas deben tener más claro cuál es la base sobre la que se construye su propuesta y su propósito para ya no encontrar un hueco entre tanto ruido sino para que las personas estén atentas a lo que suceda con ella. La innovación es un camino ineludible para que las marcas sigan el camino de su propuesta. La conversación es otro, más allá del mero intercambio de mensajes, conversar para innovar sería la clave. Ceder el protagonismo a las personas para que construyan la marca desde su visión y desde su realidad. En un reciente artículo, Microsoft afirma que el marketing actual debe abandonar las 4 P’s tradicionales (no es la primera vez que este concepto queda absolutamente desfasado) y emprender un camino hacia las nuevas 3 P’s: pithy (conciso), precious (precioso) and prudent (prudente). Este valor es clave pero sobre todo la capacidad de liderar la marca desde aquí se antoja como necesario. Una cosa: y me van alineando lo externo con lo interno. Que se nos están abriendo demasiadas brechas en las organizaciones en este sentido.

Ahora que agosto está a punto de aterrizar, quizá convendría pensar sobre ello. Mirarnos hacia dentro, reconocer si estamos en ese duro momento de que las cosas funcionan, o no, como deberían y darle la vuelta. Aprender para actuar. Antes de que el fracaso bloquee nuestra realidad.

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La foto de inicio es de Flickr, de Joaquín Lorente

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May 28 2019

F4Glory y marca ciudad Vitoria-Gasteiz

262 post después resucito uno de los primeros post de este blog: “Vitoria-Gasteiz, capital del basket europeo”. Escribía en este mismo blog, entonces más personal, sobre la presentación de temporada de la también “joven” Euroliga en nuestra ciudad. 11 años después Vitoria-Gasteiz se ha convertido durante la semana pasada en un referente europeo y mundial del basket europeo y con ello un impresionante foco de atención de su #marcaciudad Vitoria-Gasteiz. Más allá de los 3 días de competición deportiva, en la retina de muchas personas, Vitoria-Gasteiz ha aparecido con una fuerza inusitada, algo inimaginable en aquel entonces: vista por más de 200 millones de espectadores, emitida en 193 países, ocupación hotelera del 98%, etc.

No voy a caer en la tentación de hablar del juego, colaboro en otros espacios para hacerlo. Eso sí dejadme decir que ha sido de una calidad maravillosa, de una intensidad con muchísimo músculo del ansia de ganar y sobre todo con la fiereza suficiente para que l=s espectadores y los jugadores disfrutásemos al mismo nivel de cada partido. En los 4 encuentros al menos un equipo ha superado los 90 puntos, y puedo aseguraros que defender, se ha defendido y mucho. ¡Que no me dejéis irme por las ramas del juego, he dicho!. Pues quiero hablar de marca ciudad, de atributos y relatos de marca, de eventos de deporte, de realidades, compromisos actuales y futuros deseables y alcanzables. Y quiero hablar de marca ciudad ahora que ya ha pasado la vorágine electoral de este último mes.

 

 

La lucha por la posición en el mercado es encarnecida en muchos sectores, en el de marcas ciudad y/o marcas territorio también. Cada ciudad, cada país, pelea por ocupar un espacio en el que quiere ser protagonista. Un espacio competitivo, diferencial, relevante y sobre todo transversal para la ciudad, hacia dentro y hacia fuera. Los territorios son espacios competitivos porque más allá de quien habite en ellos, las ciudades las hacen las personas y los proyectos que surgen de ellas e implican a todos los agentes que ahí se encuentren. No se puede entender una marca ciudad si no afecta a sus diferentes estamentos, como no podemos entender una marca “comercial”, si no incide desde dentro y hacia fuera, y si va más allá de la mera comunicación para reconfigurar productos, servicios y comportamientos. Experiencias de marca complementarias que se suman una a una precisamente para construir un poso que perdure como valor competitivo de tu ciudad. Experiencias de marca que serán exitosas en la medida que la propia marca es potente y fuerte. Digamos por tanto que para ello hay que tener ciudades preparadas, diseñadas y empujadas hacia ese objetivo de la misma manera que hay ciudades que aún no están en la onda, aunque lo deseen.

A mi compañero y amigo Juanma Murua debería cederle este espacio para que lo protagonizara porque hemos hablado y hablamos mucho de estas cosas: unir deporte, ciudades, ciudadanos, marcas. Hablamos esta semana, al hilo de esta Final Four, de que hay ciudades que tienen claro que han de jugar un papel proactivo en esta línea pero no lo son tantas las que lo hacen como deben. Son ciudades que tienen claro su objetivo en la búsqueda de esa posición y a partir de ahí es cuando los eventos, los actos, sean en el campo que sean se convierten en herramientas para tratar de llegar a ese objetivo. Esto requiere de una indudable capacidad de reflexión, de una evaluación previa y sobre todo de tener claro aquellos recursos que dispones para lograr que ese espacio a alcanzar, se va llegando a él. En este mundo, en el del posicionamiento de las marcas ciudad, es donde mejor se comprende el verdadero valor de la “marca”, porque afecta en tantos ámbitos que o se tienen una visión global, abierta, holística y sistémica de la marca o si no nos quedamos en la mera epidermis de una promesa cortoplacista y estrecha de miras.

Probablemente Vitoria-Gasteiz jamás se hubiera planteado de forma estratégica y planificada albergar una Final Four, si no fuera porque tiene una instalación adecuada para ello: el Buesa Arena. Ha sido más un “qué hago con ello”, que un “necesitamos posicionarnos globalmente”. Quizá ahora no importe tanto, pero se buscó y surgió una oportunidad y se aprovechó. Una infraestructura-tractor que ha “arrastrado” a la ciudad a una efeméride tan importante que ocupará un lugar de privilegio en el libro de la historia de la ciudad.

(foto via www.baskonia.com)

Vitoria-Gasteiz es una ciudad marca que entre sus atributos reconocidos está el “deporte”, en su globalidad. Su apuesta política y de infraestructuras de interés público como los archiconocidos centros cívicos en sus barrios, y también la proliferación de deportistas y entidades deportivas de renombre, hacen que la ciudad adquiera un tinte deportivo. El baloncesto es uno de sus estandartes en los últimos años y éste ha sido el principal argumento para que la Euroliga confirmara a Vitoria-Gasteiz como sede del mayor evento de baloncesto internacional que existe al margen de la NBA. Entendámoslo una vez más: por la percepción de la ciudad, por la asociación al deporte y en concreto al baloncesto, Vitoria-Gasteiz ha sido candidata, no al revés.

El evento de la Final Four ha implicado mucho más que la celebración de 4 partidos, de un torneo de categorías inferiores extraordinario y diferentes espacios en la ciudad para trasladar la imagen de “baloncesto social” en una ciudad que ya respira baloncesto. La Final Four ha exigido una actuación transversal de toda la ciudad y sus agentes para poder ya no solo albergar, con las deficiencias de capacidad hotelera de la ciudad, sino sobre todo acoger y extender sus principales argumentos en una proyección que va más allá de la imagen televisiva y sobre todo en la experiencia vivida por quienes acudieron a nuestra ciudad durante toda la semana. Un enorme esfuerzo para que esta oportunidad no solo se vea premiada durante estos 4 días sino sobre todo, y siento que es así, un aprendizaje que ha venido para quedarse en el futuro de la ciudad. Un evento como la Final Four no debería ser un acto puntual sino sobre todo reconocer y aprender para mejorar de cara al futuro que para conseguir ese espacio simbólico en la mente de determinadas personas y públicos internacionales, hemos de estructurarnos de una manera bien diferente a lo que hemos venido haciendo hasta ahora.

Con mi compañero y amigo Miguel de Andrés he compartido reflexiones y proyectos en este sentido: no podemos centrarnos exclusivamente en mirar una efeméride así desde la comunicación en el “momento de-“ sino sobre todo que se aproveche todo ello para generar riqueza, para desarrollar nuevos ámbitos que puedan tener un recorrido posterior más allá de la propia celebración del evento. Éste es el camino que recorren las grandes marcas con sus decisiones estratégicas: que desde la experiencia de marca y su repercusión comunicativa se pueda generar en el proceso un sentimiento y una capacidad de desarrollar nuevos espacios estratégicos que apuntalen estas percepciones inmediatas: lo que se viene a llamar “generar industria” alrededor de la percepción para que sea coherente, consistente y especialmente competitiva.

La Final Four ha colocado a Vitoria-Gasteiz en su auténtica realidad: somos una ciudad “pequeña” que quiere competir en un espacio de “grandes” ciudades. Y la dimensión es un factor a tener en cuenta pero lo es más la diferenciación y la relevancia estratégica de lo que aquí se realice. Eso sí, a diferencia de las grandes ciudades, en Vitoria-Gasteiz para conseguir este espacio competitivo a nivel internacional toda la ciudad ha de mirar en una única dirección, en todos los sectores y agentes que vivan en ella. No vale “quejarse” a posteriori ni esperar que las hordas de personas acudan a tu establecimiento porque esto en el siglo XXI ya no ocurre. Hay que ser proactivo, hay que “salir” a por las personas, hay que “pensar en grande” (aunque seas pequeño) y sobre todo hay que apostar y arriesgar, sabiendo especialmente que “las oportunidades hay que ir a buscarlas, no esperarlas”.

(foto vía Radio Vitoria)

¿Y ahora qué? debería ser la pregunta. Primero, entiendo que la apuesta por la “posición” de mercado en Vitoria-Gasteiz en torno al mundo del deporte debe ser estratégica de verdad y no quedarse exclusivamente en la acción deportiva. Debemos ser capaces de reflexionar y poner en marcha una ciudad del deporte y sobre todo generar y alinear toda una “industria” que genere valor añadido a partir del deporte, que vaya más allá insisto, del mero evento deportivo. Y generar una industria requiere de una alineación del resto de sectores de la ciudad que miren hacia ello: gastronomía, hostelería, infraestructuras, educación, innovación, ocio, cultura, etc. Solo de esta manera nos ganaremos la “confianza” (uno de los valores más esenciales en el mundo de las marcas a día de hoy) y la “credibilidad” de aquellos agentes que quieren extender sus proyectos a nivel global y que Vitoria-Gasteiz sea EL referente para ello.

Vitoria-Gasteiz debe pensar qué tipo de públicos y mercados le interesa para proyectar su imagen. En este caso no es un problema de infraestructuras sí o infraestructuras no. Primero es saber muy bien a quién, cómo y para qué dirigirse y después decidir qué acciones, qué eventos y qué infraestructuras son necesarias para llevarlo a cabo. Hay 5 capas sobre las que construir después esta percepción y la experiencia de marca consecuente en ello (según Place Brand Observer):

  1. Singularidad
  2. Autenticidad
  3. Memorable
  4. Co-creación
  5. Place “making”

Y en todo ello, esta decisión ha de ser estratégica de manera que se convierta en transversal a todas las capas que generan, insisto, riqueza en el entorno para hacer de la ciudad mucho más competitiva. Hemos aprendido qué hacer para sacar adelante un evento. Lo que ahora se ha de hacer es poner en marcha las decisiones estratégicas adecuadas para que la ciudad pueda ocupar ese espacio internacional competitivo al que se quiera llegar.

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Abr 09 2019

Elecciones, marca-ciudad y votar

No he hecho la cuenta pero de aquí al 28 de abril y en especial al 27 de mayo quedan un montón de días en los que reviviremos unos cuantos debates, arsenales de mensajes con bala y metralla, montonazos de caramelos, globos, abanicos de merchandising, despiporre de fotos, videos, stories, llenos de sonrisas, hola’s al aire, apretones de manos, etc, ante la nueva llamada a las urnas, dos en concreto, que nuestra clase política ha tenido a bien convocarnos. Una de ellas, la municipal, ya era esperada y conocida; la otra, la nacional, ha aterrizado entre nosotros con “cierta sorpresa”. Todas las citas electorales se marcan en rojo en nuestro calendario sin avisar aun sabiendo que se van a sentar a nuestra mesa durante un tiempo. Quien más quien menos, hemos aprendido a convivir con ello, con lo cual deberíamos tomarlo en consideración porque tiene su parte de importancia aunque a veces nos demuestren lo contrario.

No es este espacio el ideal para hacer apología de ideas, corrientes, posicionamientos de los partidos que quieran concurrir a estas elecciones sino tratar de mirar con las lentes de un ciudadano normal, como creo ser, y al mismo tiempo con la mirada de mi trabajo diario, la creación de vínculos entre personas y marcas, a través de ideas “culturales” que compartimos y las que nos lleven a interaccionar con la misma visión conjunta. No es novedad hablar de ello por estos lares porque es un asunto que me interesa, no sólo por lo que me implica en mi vida personal y profesional, sino por tratar de interpretar desde el branding y la comunicación lo que sucede en el marco de la política.

No deberíamos fijarnos únicamente en estos momentos que ahora comienzan como esa oportunidad que tienen los partidos de “fidelizar” a sus fieles seguidores y de “captar” a nuevos públicos, sino también como la evaluación del proceso y recorrido de cada uno de ellos de unos años atrás. Ambos adquieren un tinte fluorescente entre los discursos que aparecerán; unos, buscando debilitar en todo momento al contrario; otros, prometiendo y prometiendo de nuevo desde su particular punto de vista para atraer a quienes hacen de la duda, la incredulidad y el hartazgo sus motivos de fuga de su corriente habitual. Como toda batalla, la estrategia es capital para estar por encima del rival (ojo, el rival, no el enemigo como estamos asistiendo en estos últimos años en este país) e identificar cuál es el camino final fijado, el reto para conseguir obtener nuevos réditos.

Hay muchos aspectos que se valoran entre las diferentes opciones políticas. Sus puntos de vista acerca de los “grandes temas”, los macro-problemas que nos afectan como personas aunque estén ahí a lo lejos, y también, aunque menos tratados, las soluciones concretas para los “pequeños temas”, lo micro, que eso sí incide especialmente en nuestro día a día. Con ese porte de contradicción, parece que importa más las “grandes cuestiones” donde enroscar y enroscar al oponente como una serpiente pitón a sus víctimas, que lo que le afecta a cada persona, cada día, en su vida. Las elecciones en este sentido deberían tener este “matiz” que nos debería hacer pensar nuestro comportamiento como ciudadanos-electores, porque a menudo se mezclan campos y son los propios partidos quienes juegan a sabiendas en el terreno de esta confusión, de esta pobre simplificación, para oponerse al contrario y que su rival, o sus rivales, salgan especialmente dañados. El ámbito de “mercado” en este caso debería ser un argumento lo suficientemente relevante para que nuestra elección pueda orientarse en la correcta decisión. Pero son los grandes partidos, los que juegan en una capa superior y, me temo que intencionadamente, quieren reducir los ámbitos de decisión a algo demasiado simple: o conmigo o contra mí.

En quien ostenta el poder deberíamos medir si aquello que prometieron en su momento se ha cumplido o no, básicamente. Las promesas no son hojas de un frondoso árbol que se vuelan ante cualquier pequeño soplido de aire. No. Las promesas deben estar bien sujetas y ancladas a las raíces de cada ciudad, de cada territorio. Quizá este sea el mayor problema de la política: discursos vacíos, palabras huecas y altisonantes, discursos dirigidos más a la contradicción del otro que no a la propuesta de cada cual pero sobre todo la falta de coherencia entre “lo que dices” y “lo que haces“. Y no es únicamente el problema de la “clase” política sino también de nosotr=s, ciudadan=s, quienes más incoherentes somos a menudo en estas situaciones.

En términos de las marcas, suelo insistir con toda la vehemencia y buenos modales que puedo, que al mercado, a cada persona, es muy complicado “engañarle” hoy en día. Hay tanta información a nuestro alrededor que deberíamos tener ciertas nociones para aprender a tomar decisiones. Y si no, ahí están las marcas para “enseñarnos a comprar”. El objetivo no es tanto decir lo que bueno que eres, lo simpático y esas tantas bondades y perfecciones, porque hay cientos de marcas desparramadas en los cementerios del olvido. El verdadero reto es tratar, como suelo explicar a menudo, “decir lo que eres, y ser lo que haces”. Las marcas respetadas son aquellas que su coherencia y consistencia están fijadas en la cultura de la organización y comprendidas por sus mercados. Y éste debería ser un criterio que también como ciudadan=s deberíamos tener en consideración para evaluar nuestra próxima “decisión de compra electoral”.

Pero aún hay más. No son muchos los casos pero sí que hay ejemplos donde podemos ver que algunas marcas han conseguido que la categoría en la que compiten cada día, aprende, se desarrolla y mejora con el tiempo. El mundo de las cervezas lo está consiguiendo, en la alimentación hay productos que también están avanzando mucho, el pan por ejemplo (que conozco bastante por cierto), en el mundo industrial en general comprende que más allá de cada producto especializado, hay una parte de sus marcas esenciales que se expresan en otros términos, el servicio y los entornos por ejemplo, para hacer que la propia categoría mejora, aumente la competitividad incluso con otras marcas pero sobre todo que sea la propia imagen de la categoría en general la que mejore. En términos de lo que estamos hablando en este post, esta analogía sería si tu pueblo, si tu ciudad, si tu territorio, si tu país ha mejorado su imagen pública en global. Hemos asistido a verdaderos ridículos en muchos casos, a encontronazos públicos expresos, a actuaciones que han llevado a degradar la [percepción] y la imagen de una territorio hasta límites irrespirables. Esto debería ser penalizable, por irresponsable pero sobre todo por no “hacer sentir” a sus ciudadan=s ese sentimiento de pertenencia, orgullo e identidad que muchas veces hacemos gala cuando visitamos otras ciudades y explicamos “de dónde venimos”.

Esta parte de la responsabilidad de hacer mejorar la imagen de tu territorio, que la marca-ciudad mejora con el paso de tiempo, debería ser un motivo importante para poder añadir en nuestros criterios a la hora de tomar la decisión de elegir una u otra opción. Todo aquello que lleve o haya llevado a la crispación y negatividad debería ser penalizado, aquellos esfuerzos para mejorar esta percepción global e identitaria deberían premiarse pero sobre todo que todo ello entre dentro de esa palabra tan temida y tan necesaria como la de “cumplir lo que se promete”. La marca-ciudad también debería entrar en juego en estos momentos. Veremos si se cumple o no.

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Ene 31 2019

La marca personal es sobre lo auténtico

Qué curioso. En esta vida profesional por la que uno transita, trabajamos en proyectos en los que buscamos “humanizar” marcas, hacerlas amables, atractivas, personalizarlas, acercando sus rudas manos para acariciar a las personas, llamarlas por su nombre y que éstas, las personas, nos hablasen como si lo hicieran a alguien cercano. De un tiempo a esta parte nos encontramos que hemos que aprender a recorrer el camino inverso: desarrollar marcas personales que tenemos que transformarlas en un producto, que a su vez deba parecer y “ser” de nuevo atractivas, amables, cercanas, diferentes, relevantes e interesantes. No me atrevería a describirlo como paradoja, o no, pero el caso es que en esta andadura estamos aprendiendo a recorrer sobre conceptos bien diferentes y a la vez muy estimulantes.

Con la irrupción de la web 2.0. (mira que parece viejuno hablar ahora del dospuntocerismo) un término que ha emergido hasta convertirse en vaya-usted-saber-qué, la marca personal está ocupando párrafos y párrafos (asusta un poco, la verdad) en esta etapa de la identidad y transformación digital. La simple acción de abrir un perfil social en cualquiera de las redes sociales existentes, hacen que nuestro nombre y apellidos, ocupen un lugar en la estantería de la exposición pública que es hoy internet. Y como tal presencia explícita conviene no abandonarla y sí encauzarla en la dirección que más interese a cada cual, a poder ser la más coherente con cada un= de nosotr=s. La “Ventana de Johari” nos enseña (al menos a mí) que hay diferentes espacios de la vida de cada cual que conviene identificar para ser después conscientes de qué, dónde, cómo, cuándo y de qué manera nos sometemos a la exposición pública consciente (si no lo has hecho ya, recomiendo hacer el ejercicio).

Entre la inmediatez de perfiles sociales como Twitter, Instagram, los nuevos Stories, los “directos“; entre la construcción de relaciones virtuales, como Facebook, Linkedin, etc… o la dependencia de la mensajería instantánea como Whatsapp, Telegram o Messenger, el caso es que nuestra exposición es permanente, si lo quieres, claro está. Como suelo decir en algunas clase o cuando me siento con Lucía y Martín para comentarles cómo es esto de la identidad digital que dejamos en internet como la mucosa de un caracol, recalco que nosotr=s tenemos siempre la última decisión a la hora de darle al “enviar”, “marcar”, y que hay que ser consciente de todo ello. Repito, SER CONSCIENTE.

Me parece importante que no tratemos de sacrificar a la herramienta en sí porque tiene su espacio de privilegio en este nuevo tiempo porque no es lo mismo utilizar una u otra, pero en este caso, volviendo a McLuhan con aquello de “El medio es el mensaje”, sí que es más destacable el contenido que proyectamos sobre nosotros mismos y cómo el propio medio condiciona el contenido del mensaje. Aquí cabe ese conocimiento que tenemos de nosotros mismos junto a la intencionada proyección de uno que queramos lanzar con nuestra “marca personal”. Ni que decir tiene que no soy quién para juzgar lo que cada quien haga con esta proyección e incluso con quienes no lo hacen (aunque sean después esclavos del whatsapp o te envíen links de twitter, por ejemplo), pero sí pongo el acento en el momento de “decidir” qué parte de mi “producto” es la que quiero compartir.

Permitidme continuar con otra idea que me surgió tras leer este tweet:

Hay una gran diferencia entre lo que el resto del personal percibe de uno mismo que lo que queremos que perciban. Percepción vs. intención. Aquí es donde comienzan los debates que si marca, si estrategia, si estas cosas. La verdad es que si hablamos de marca en realidad estamos refiriéndonos a la estrategia. Si no, no sería marca, sería imagen (añado). La tan cacareada “marca personal” parece que tiene recorrido principalmente desde el punto de vista profesional, en posicionarnos como “candidatos profesionales solventes” y todo lo que se ha de preparar para ello. Detrás de esta percepción a proyectar hay toda una serie de aspectos de reflexión personal para identificar aquello único, diferente, relevante. También es verdad que a veces lo que vemos y percibimos tiene más de artificial y rebuscado que no de natural y auténtico. Pero quizá lo que más relevancia le de, lo que más nos haga acercarnos a “la” persona, sea especialmente su realidad, su autenticidad.

¡Vaya! salió la palabra que quería que apareciera un poco más tarde: AUTENTICIDAD. Quizá los matices sean muchos porque dentro de nuestra propia diversidad, lograr que nuestra marca personal realmente nos identifique y nos acerque al resto de personas sea esa percepción no de manual, no exclusivamente de discursos “competitivos” sino en especialmente del cómo somos, más del qué somos y hacemos: como las marcas comerciales, como las marcas corporativas, como las marcas de consumo. Lo realmente curioso es que en esta proyección de marca personal veamos “personas” que realmente se convierten más en un producto que no en el mero hecho de ser precisamente eso, personas, únicas y realmente auténticas.

A COMMON STORY from m ss ng p eces on Vimeo.

Si en las marcas producto/servicio/consumo insistimos permanentemente en explorar la personalidad, que es la que nos permite diferenciarnos y acercarnos al “mercado”, en desarrollar ese “tono de marca” con el que conectar desde la empatía y en poner el foco en el estilo que sujete fuertemente la propuesta de valor, ¿por qué no en las marcas personales se hace lo mismo?. En un mundo de cabezas ladeadas, camisas con corbata, miradas al horizonte sujetadas por la barbilla, se pierde el valor de una persona para entrar precisamente en el de un producto más, como tantos otros.

Mi vuelta a casa | Ibai Gómez. from Hache Group on Vimeo.

En esta búsqueda de referencias para “des-aprender”, ejemplos hay que muestran cierto camino en todo ello. Por muchas razones me han parecido importantes porque además de considerar que una vez más, cada un= podemos ser nuestro propio medio, lo es más esa parte realmente más personal que recorre de la mano de la profesional. Aquella que intenta mostrar la persona de verdad y no la proyección de la deseada exclusivamente, que también tiene sus sueños, sus puntos fuertes y sobre todo su diferencial.

Con la autenticidad camina de la mano la coherencia y en ese desarrollo de “dices lo que eres, y eres lo que haces”, la clave está precisamente en ese CÓMO más que en el QUÉ y es ahí donde radica esta idea de lo auténtico, porque marca una línea interesante para desarrollar entre la identidad, lo que perciben de mí y sobre todo la realidad tal y como es. Probablemente sea el ejercicio más complicado de realizar, mostrar y demostrar tu autenticidad, a sabiendas que precisamente por eso puede convertirse en algo que a alguien no le convenza. Pero lo es más aún que la coherencia que queremos mostrar entre lo que somos, lo que hacemos y cómo hacemos lo que hacemos y cómo somos, esté la clave de encontrar la autenticidad en nuestra marca personal. Si con los productos/servicios lo hacemos y les exigimos que hagan el esfuerzo de tener un propósito y una personalidad, con nosotros como “marca personal”, también deberíamos hacerlo.

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La foto de inicio es de Flickr, de Tom Waterhouse

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Dic 31 2018

Emocionar y transformar: gracias 2018, hola 2019

Published by under branding,Reflexiones

A Friedrich Nietzsche no le faltaba razón: “Sin música la vida sería un error”. Mirad que ha habido veces y veces en las que hemos escuchado “son cosas de filósofos“, como considerar que sus reflexiones y sus frases son vacuas, aunque en realidad nos enseñan mucho de la vida y de las personas. No reconocerlo además de injusto sería una bofetada a la inteligencia humana aunque evidentemente cada cual debería colocarlo en el lugar que considere. Para mí, al menos, es una de mis prioridades en el desarrollo de “este tal yo”.

Estas últimas horas de 2018 nos llevan a mirar hacia atrás para revisar lo acontecido durante estos casi 365 días y al mismo tiempo intentar alumbrar lo que nos gustaría que fuera el 2019. Son muchas las cosas que se amontonan cuando piensas en lo que ha sido el año pero lo bueno que tiene semejante barullo de ideas, reflexiones, conversaciones, debates, miradas, cafés y cervezas, preguntas, lloros, sueños e ilusiones es que se van situando entre lo vivido y lo aprendido. Porque aquellas cosas que aprendemos no son porque nos las cuenten, las aceptemos e interioricemos como tal, sino porque en realidad las ponemos en acción, y es entonces cuando aprendemos de verdad. Como escuchar el son de los primeros compases de la música y empezar a bailar.

2018 apareció con la intención en plural, es decir, con la capacidad de “estar juntos, ser juntos y hacer juntos”, reconociendo que somos en la medida con los demás, tanto con aquella gente con quien coincides como con la que diverges. Más que nunca reconozco que quienes te acompañan construyen y desarrollan una parte de ti, y también nosotr=s mismos, quienes tratando de ayudar (o no) a construir y desarrollar en “el otro lado”, también nos desarrollamos igualmente. Me ha pasado en los proyectos, me ha pasado en lo personal, me ha pasado en el ocio. Más que nunca esa mano que apretaba la mía, la nuestra, ha estado presente… aunque también a veces no ha apretado lo suficiente o bien no he apretado lo que debía.

Quienes jugamos con las palabras tratamos de condensar ilusiones, realidades y razones en pocas palabras, en una sola a veces; quienes intentamos reproducir y construir espacios y momentos para el disfrute de otras personas, tratamos de simplificar todo ello en un único concepto, en una única palabra. En branding es muy habitual, y recomendable, buscar un concepto, esa idea, LA palabra que te moviliza porque a partir de ella es más sencillo complementarla con otra serie de aspectos que la rellena, la muestra atractiva, confortable y sobre todo importante para las personas.

De este 2018 me quedo con dos palabras: emociones y transformar. Aunque pueda sorprender, redescubro que lo que realmente nos moviliza es la sensación de emocionar, emocionarte y emocionarnos. Los días pasan tan rápido, las acciones son tan inmediatas, lo urgente, el “ya mismo” y “vas tarde”, el dedo que pasa rápido por la pantalla, pulsar el “R” de actualizar en la pantalla, todo es tan inmediato que nos hace perder el sentido y, en más ocasiones, evaluamos cada momento como el anterior sin pararnos a pensar si realmente merece la pena o hemos hecho el esfuerzo suficiente para que merezca la pena. Es entonces cuando reconoces que si te esfuerzas en que ese momento sea especialmente memorable, que cada momento por muy pequeño que sea cuenta, es lo que realmente, perdón por la reiteración, de verdad merece la pena. Puede ser una frase de un libro, una mirada, una explicación de una parte del proyecto donde quieres dar en el clavo, una pregunta adecuada, un post it en una mesa, un regalo por-que-me-apetece, una mirada fija, un mensaje por_que_sí en el whatsapp, un corazón en una frase de otro, una palmada en la espalda, ese guiño cómplice, una melodía de una canción. Pasamos tan rápido por tantas cosas, prestamos tan poca atención, que hacemos de la vida como algo que pasa sin más, y en cambio (y mira que tengamos que recordarlo) tratar de emocionar en el otro lado, a otra persona, es algo que no deberíamos dejar escapar jamás. ¡Psist! hay también emociones negativas, también hay golpes que duelen, hay también ignorancia, silencios durísimos y hay “no” disfrazados que hacen su trabajo emocional. De esos, también hay. Pero es la vida, amig=s.

Y por último, transformar. La palabra “cambio” parece que da vértigo con solo nombrarla, porque ¿para qué cambiar?. Y no le falta razón salvo que necesites dar un giro radical en cualquier aspecto de tu vida. Quizá por eso me parece que la palabra transformar es más amable pero a la par igual de rotunda. Transformación significa que un estado cualquiera adquiere una nueva dimensión, no la contraria ni la opuesta, sino un proceso que te va llevando hacia algo diferente. La palabra transformar la aplico especialmente en la parcela profesional, en mi trabajo diario de tratar de conectar marcas con personas. Las marcas deben ser capaces de ser transformadoras de comportamientos, de mensajes que activen, de personas que modifiquen pensamientos o simplemente de transformadoras a nivel interno, que tanta falta hace. Marcas que van más allá del mero mensaje, marcas que quieren tomar partido y que quieren tener una posición clara desde la que enfocar sus relaciones con las personas y convertirse en importantes y relevantes para ellas. Branding y transformación este año han caminado muy juntas.

Y transformar también en lo personal. Si nos miramos a nosotros mismos nos daremos cuenta de que no somos exactamente igual que hace 3 años, que no pensamos lo mismo que hace unos meses y probablemente que no pongamos en nuestro orden de prioridades las mismas cosas que hace mucho tiempo. Nos transformamos y esto es algo muy positivo.

Así que cogimos de la mano a Nietzsche y lo pusimos en este 2018 a hacer que la vida, mi vida, adquiriera un poco más de sentido a través de la música. El 1 de enero comencé un reto: #UnDíaUnaCanción, una canción cada día del año que intentara reflejar o mi estado de ánimo, o un momento preferido para alguien importante para mí, una petición o simplemente una melodía que en algún momento de vida ocupó un lugar importante. De este proyecto personal he aprendido mucho: descubrí a mi Poeta Halley, ése que me susurra cada día y me hace qué pensar, he aprendido que la emoción por supuesto de la música es extrema, grupos y cantantes que no conocía tanto y sobre todo cómo interiorizar que nuestra vida pasa por circunstancias que nos hacen mejorar cada día. Sí, la música. Ha sido como emprender un camino personal, una exigencia propia y trabajarla y reflexionar y aprender de ella. Os lo recomiendo.

Y así ha sido como entre todo lo que ha pasado en este año, la música, mi vida personal (con cambios muy importantes), mi vida profesional (un año más, increíble, y con infinitas gracias a quienes me ayudan día tras día, proyecto a proyecto, cliente a cliente), el ocio (mi gente que me rodea, que me emociona y de quienes aprendo cada día), las lecturas (mi refugio), las carreras de madrugada (el balcón de la inspiración y las soluciones al crucigrama de la vida), el basket (en especial valoro el ingente trabajo fuera de pista), mis hojas del cuaderno llenas de escritos (el entrenamiento en busca de palabras que emocionen, de sueños que cobran vida y de ejercicios emocionales de pelo en punta y lágrimas profundas) ha pasado un nuevo año en el que puedo afirmar que estas dos mágicas palabras, EMOCIONES y TRANSFORMAR, no se van a quedar refugiadas en el cajón del 2018 para siempre sino que espero que durante el 2019, estén más presentes que nunca. Os dejo la canción que probablemente diga TODO de mi 2018:

Una vez más:

Gracias por estar ahí.

Gracias por cada segundo que pasáis entre estas líneas del blog. 

Gracias por emocionar. 

Gracias.

Sed felices.

FELIZ 2019.

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La foto de inicio es de Flickr, de Ian D. Keating

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Nov 12 2018

Gestionar el recuerdo

Vuelve a reunirse de nuevo la frontera que separaba la parte profesional de la personal, la del ocio y el hobby. Algo que nos empeñamos en separar pero que en cambio quizá interese unir más que diferenciar. Hay quien le llama serendipia, quien habla de casualidades o simplemente que en esta vida deberíamos transitar por nuestros caminos amarrados a nuestros valores y principios en todos nuestros espacios de vida. Me ha pasado y pasa en el mundo profesional cada vez que hablo de branding y me está pasando en este ciclo que tiene que ver con mi otra pasión personal: el basket. Ya lo sabéis.

“Gestionar el recuerdo” es esa frase que ha emergido en este tiempo. En muchos proyectos trabajamos sobre la diferencia entre “marcar”, “hacer marca” y/o “DEJAR MARCA”. Y es que si nuestra vida se llena de recuerdos que se instalan en nosotros tras haber vivido una experiencia, es a partir de ella, de la experiencia vivida, recordada, contada y compartida, desde donde deberíamos comenzar a trabajar, más que seguir el camino ortodoxo desde la identidad. “¿Y cómo lo podemos probar-desarrollar?” me dije… “llevémoslo al baloncesto”, otra de esas ocurrencias que surgen cuando necesito encontrar ideas “out of the box”.

Ha sido éste mi 3º año con los chicos cadetes de la Selección de Álava. 12 que se quedaron en el grupo final, 34 en total que han pasado por nuestra cancha desde primeros de febrero y algunos desde la temporada anterior. Chicos que por sus cualidades físicas, su talento y su imaginado futuro, pueden disfrutar más de este deporte. En total, 22 sesiones de trabajo, domingos a las tardes, hubiera sol, lluvia, apartando a otros planes de un fin de semana para dedicar hora y media a este deporte, en otro entorno, en otro contexto, con otras personas.

El año pasado ya comentamos que recuperamos aquella idea de “creer en lo que hacemos” y sobre todo en tratar que la experiencia vivida estuviera llena de experiencias, “dejar huella”, “hacer sentir”. A todos los niveles.

Conseguimos que las emociones se unieran a las experiencias. Conseguimos “dejar marca”.

El camino estaba marcado. Pero cada año no sé si hay que reinventarse pero sí que debemos dar un paso más. El cuaderno de notas donde apuntaba cada entrenamiento y cada idea a desarrollar era un hervidero de ideas, aquellas que funcionaron y aquellas que queríamos probar. En realidad cada “impacto” dominguero era en sí mismo el medio para seguir en el camino que queríamos emprender y para que en sí fuera un “fin”: debía impactar por sí mismo.

Cada lunes a la mañana apuntaba una nueva lección. Porque en realidad el esfuerzo por hacer de cada impacto algo memorable estaba lleno de riesgo, de intención y también de desconocimiento. No queríamos llegar hasta el final del camino sino queríamos que en el camino sucedieran cosas. Para que os hagáis una idea, cada domingo teníamos a nuestra disposición a 16 chavales, que se iban rotando; alguno de ellos volvería la semana siguiente y otro/s quizá no volvería de nuevo. Éste era el principal reto al que nos enfrentábamos. Ese chico, esa persona, ese impacto que quizá no volvería de nuevo. Era algo lógico ya que formaba parte del proceso, era algo traumático porque podría ser algo doloroso y a la vez era algo estimulante porque en ese momento, ÉSE ERA EL MOMENTO y quizá no otro más.

Para el mundo del branding me llevo esta idea básica:

Cada experiencia y cada momento de contacto es una oportunidad, y como tal, la debemos considerar y desarrollar.

Por lo general tendemos a separar drásticamente el corto del medio-largo plazo. Son como dos mundos que no sólo separamos sino que enfrentamos y que, por otro lado, apelamos a la defensa de uno para precisamente fijarnos en el otro. Algo así como “deja de mirar al futuro y piensa en ahora” y/o “vamos como pollo sin cabeza, sin rumbo, ni orientación”.

¿Y si los unimos definitivamente? Podríamos incluso decir que ya lo hacemos, pero en realidad, nos encontramos que no es así. Se hace porque hay que hacer. O se piensa que hay que hacer. Pero desde luego se piensa haciendo, que debería ser un camino normal. Las marcas de hoy, aquellas que realmente “hacen cosas” son las que el planning y la ejecución van de la mano. Y son aquellas que además recorren caminos diferentes y en especial complementarios. No transitan un único camino. Recorren varios, la marca se muta en diferentes espacios y es capaz de comportarse y mantenerse relevante en cada uno de ellos. Cada acción suma…en perfecta armonía: producto que ofertan, momento de consumo escogido, experiencia en nuevos públicos, interacción y respuesta a lo que se propone desde fuera…planning y oportunidades. Ambas en la misma dirección.

Diseñar y preparar un equipo no deja de ser una tarea de planificación donde, insisto, cada sesión tiene esa parte de la idea con la que quieres llegar hasta el momento del torneo, pero en sí mismo debe tener esa particularidad que “extramotive” a quienes ahí están presentes. “¿Qué queremos que se lleven?” era la pregunta que lanzábamos entre nuestro equipo técnico. Aquella que le sirviera por si al domingo siguiente volvería o bien si no viniera, le serviría para él mismo en su entorno.

En muchas organizaciones aún se preguntan: “¿nuestros clientes por qué nos pagan?”, “¿por qué motivo nos compran?”. Curioso. Quizá tenga que ver con esa pregunta que se hacen muchas empresas de “Qué valor ofrezco”, y que no es de fácil respuesta. Solemos decir en muchos talleres con organizaciones que debemos trasladar el “valor aportado”, a otras dos dimensiones más:

  • que ese valor aportado sea PERCIBIDO como tal
  • que ese valor PERCIBIDO sea RECORDADO,
  • y que ese valor RECORDADO sea finalmente COMPARTIDO.

Son tres niveles que se superponen porque sin el anterior no es posible y además, a medida que profundizamos más en ello, nos permite especialmente conocer mejor a nuestro público. Todo un reto. Porque las marcas progresan y se mueven precisamente porque van/vamos conociendo mejor a estas personas. Sabemos (deberíamos saber, vaya) qué interesa, cómo es su estilo de vida, qué valora, etc. Una vez más volvemos al inicio de este post: “gestionar el recuerdo”.

No nos fue fácil en este caso llevarlo al basket. Porque el recuerdo podía ser condicionado por el resultado. Al resultado le hemos colocado la luz del foco de la atención, sin importar el cómo se llega a él o cuáles son las condiciones que le afectan. En este caso, queríamos que el recuerdo no estuviera tan influido por el resultado, ganar o perder durante dos días seguidos. El ejercicio es complejo. La mentalidad debe ser la adecuada pero lo importante en este momento era cada acción en estas semanas de preparación, en especial a corto, es decir que el concepto trabajado funcionará domingo tras domingo, y por otro lado, que fuera encaminado a ser más y más competitivo, y no tan resultadista. Teníamos claro el VALOR APORTADO, porque era lo trabajado pero a veces la percepción, y desgraciadamente la realidad, nos hizo ver que aquello no salió como pensábamos: el resultado, quería decir. Una rabia.

¿Cuál es el objetivo de una marca? ¿Vender, vender y vender más y más, cada día, cada semana? ¿O en cambio lograr, lograr y lograr que el vínculo entre la marca y la persona sea cada vez más estrecho? Ése es el reto. Que el “grupo” se mantuviera unido a pesar de lo que el resultado nos dijera. Insisto, no fue fácil porque sí, perdimos, un día de 1 punto y el siguiente, apenas 15 horas después por 12 puntos. Pero pasados los días, nos vamos dado cuenta de que el VALOR RECORDADO es otro. El “gracias por todo”, el “ha sido una experiencia maravillosa”, el “qué pena que sea acabe” o el “estuvimos a una sola canasta pero el resto mereció la pena”.

¿Hemos perdido o hemos ganado, realmente?

No quiero responder a esta pregunta aún porque necesito más “tiempo de luto”. El esfuerzo ha sido grande, importante pero muy muy estimulante. Solo sé que todas las respuestas van hacia “qué más podemos hacer para estar en ese límite donde el resultado se equilibre con lo recordado”. Llegarán las respuestas. De momento, llevemos el aprendizaje a ese otro cajón de la profesión.

De nuevo me repito porque he de hacerlo:

Enhorabuena a Bizkaia por su triunfo, a Navarra y Gipuzkoa por competir cada día. Enhorabuena y gracias también a la Federación Vasca de Baloncesto por el trabajo de este fin de semana y lo que está haciendo cada día por el basket. Queda aún mucho por hacer. Y en especial al equipo de comunicación. Zorionak!

Gracias a todos los colegios y clubs por esa labor tan silenciosa de cada semana, a sus entrenadores y a la Federación Alavesa. De nuevo, tenemos que dar una pensada a lo que hacemos y cómo lo hacemos. Hay que mejorar mucho más. Todos. Aún y todo gracias por vuestro esfuerzo.

Gracias a las amas y los aitas: por hacer que sus hijos crean en este deporte como medio para formarse como personas. Por convencerles de que tienen que entrenar cada domingo, haga lo que haga y pase lo que pase. Por estar ahí cuando ríen y sobre todo cuando lloran. Por apoyarles cada día. Y sobre todo por vuestros ánimos hacia nosotros. A mí en especial. GRACIAS.

Gracias a mi equipazo técnico: a Markel, a Alvaro y al recién llegado Julen. Gracias por creer en una idea, un estilo y un método. Cada vez es más vuestro que mío. Sólo espero que también os ayude en vuestro camino como entrenadores.

Y sobre todo GRACIAS a Adrián, Aitor, Jon, Imanol, Joseba, Mikel, Ander, Iker, Manu, Aritz, Hugo e Iker. Y también a quienes estuvieron en el proceso y son parte de esto tanto o más. Gracias por cada gota de sudor. Gracias por confiar. Gracias por mirarnos a los ojos. Gracias por sonreír. Gracias por CREER. Seguid creciendo.

Que nadie nos arrebate el recuerdo.

P.D.: Y para hablar de recuerdos que no quiero que JAMÁS se me olviden, a mí al menos, y probablemente al resto de nuestras 15 personas restantes del grupo, no hay palabras de agradecimiento, honor, generosidad y apoyo sin comparación para 3 de mis “faros” que me ayudaron en este viaje al mar de la competición. Gracias por escuchar, por alentar, por recomendar, por sacar un momento de su vida profesional y personal para dedicar 1 minuto a esta gente maravillosa que gracias a vosotros, sí a vosotros tres, seguro jamás olvidarán y les hará continuar con más fuerza su camino por este deporte. Por esa boca abierta que les dejasteis, por esa humildad y claridad de ideas que me transmitisteis, por ser como sois y no únicamente quienes sois: GRACIAS Ibón, Pablo y Pedro.

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Oct 02 2018

La razón por la que haces todo lo que haces: Nike, propósito y branding

Desde que Felix Baumgartner se convirtiera en octubre de 2012 en el primer humano en saltar desde la estratosfera y se llevase la atención de las pantallas de televisión de todo el mundo, no hemos asistido a demostración alguna de la visión de una marca en su logro y en su convencimiento. En aquel momento la historia que co-protagonizaba Red Bull fue de tal calibre que consiguió ir más allá de una simple lata de un bebercio y de un contexto de uso y un territorio de marca desconocido hasta ese momento. Red Bull demostró, casi desde la invisibilidad de su marca logotipo, que una marca es mucho más allá que exponer una serie de mensajes, muchísimo más que un logo y probablemente muchísimo más que sus productos y servicios.

6 años después, en este reciente septiembre Nike decide que en este complejo, raro pero maravilloso mundo, digitalizado hasta no se sabe dónde aunque cada vez más necesitado de roce físico, y donde el triunfo no es ponerse solamente la medalla de oro cada vez que compites, decía que Nike puntualiza que es necesario tomar parte, incrementar su dosis de personalidad y autenticidad, enfrentarse valientemente de cara a un agujero desde donde los valores se están escapando y ponerse al frente de una pancarta que hay que sacar a la calle, en ocasiones con mensaje en blanco y en otras sin apenas gente que te acompañe portándola. Nike da EL paso.

Un primer plano de los ojos de Colin Kaepernickun jugador de fútbol americano que dos años atrás se arrodilló para protestar contra el racismo, durante la interpretación del himno previo a la celebración de un partido de fútbol americano, nos mira de frente y lleva impresa una frase [brillante] “Believe in something. Even if it means sacrificing everything” que directamente penetra no en nuestros ojos sino en nuestro yo más profundo, donde aunque quites la mirada se queda grabado y lo llevas contigo. El caso es que ni el reto es venderte un producto, ni convencerte de un momento de consumo ni situarte en un territorio simbólico que transforme tu actitud y comportamiento. No. Directamente te dice: ¡¡eh, tú, no te quedes parado. Haz algo también!!.

Miles de frases han recorrido en estas semanas esta nueva “¿campaña?” de Nike, que han explicado uno y decenas de puntos de vista. A favor y en contra. Eficacia y resultados económicos, opiniones de un lado y otro. Pero entre quienes convivimos con las marcas cada día y tratamos de encontrar explicación a las relaciones que se construyen y se pueden construir, esta campaña nos ha calado como la lluvia de este otoño.

¿Cuál es el rol de las marcas en el mundo actual? 

Reflexionemos sobre ello. Probablemente aparecerán acciones que se sumen a la pancarta de Nike y pretendan también ofrecer su punto de vista ante la realidad, no “su” realidad sino lo que sucede hoy en la actualidad, no únicamente esa supuesta realidad que miramos con nuestras propias lentes. Dice Alex Pallete que “… el derecho a opinar hay que ganárselo… no basta con tener un punto de vista coherente sino también que ese punto de vista sea consistente en el tiempo”. Quizá lo que nos falte como marcas es dejar de hablar de posicionamiento en el mercado y comenzar a pensar y a hacer en función de nuestra posición y nuestro punto de vista. No del mercado, sino de y en la sociedad. 

Me ha venido a mi recuerdo decenas y decenas de esos documentos de empresas-compañías-organizaciones con su famosa “misión-visión-valores” esculpida en letras de pan de oro, expuestas y bien colgadas en sus flamantes oficinas. Me ha venido a la memoria frases del estilo de “nuestra empresa tiene interiorizado firmemente sus valores y principios” como quien se sube a un púlpito a lanzar su speech ensayado y repetido veces y veces como un padrenuestro. Me ha venido a la memoria algunas conversaciones donde te hablan de filosofía de empresa y de cultura de empresa, sí, ésa que aparece cuando no está el jefe, y que cuesta ver en directo. Me han venido a la cabeza tantas y tantas incongruencias que se quedan impresas en hojas de papel y que a la hora de la verdad, cuesta comprobarlo en vivo allá donde estés.

Venga, sí, decidlo: “¡claro, es que es Nike…!”. Engañémonos un poco, son los mismos que sabemos que en algunos países no cumplen las condiciones laborales adecuadas, los mismos que con un diseño de camiseta consiguen simplemente cambiando los colores estar presente en decenas y decenas de equipos por todo el mundo, los mismos que descubren que tu día favorito para salir a correr es el domingo y te avisa ese mismo día a las 7.30 am, tu hora habitual, de que “tu reto de hoy, Juanjo”. Esos mismos son quienes reconocen también que no todo es fácil, que no todo es de color rosa y que no todo es epidermis, buenas palabras y planos que flipas para decir de nuevo: ¡¡eh, tú, no te quedes parado. Haz algo también!!. Con tus errores y con tus aciertos. Pero tienen la valentía de plantearlo, reflexionar sobre ello y sobre todo, HA-CER-LO.

Todos los días del año veo publicidad y/o leo y veo casos de marcas, y siempre me digo de-esto-qué-he-aprendido. Y tras esta nueva lección creo que estamos no ante un camino nuevo a explorar sino más bien EL (con mayúsculas) camino que las marcas deben trazar si quieres ser importantes y relevantes para una persona. Esta acción no viene sino a confirmar que creo más en las marcas que en la publicidad, y eso que la publicidad nos ayuda a visibilizar y a posicionar marcas. Las marcas son mucho más. El resto son logotipos. Y eso no me interesa. Me confirma también que las marcas no son únicamente mensajes sino son aquellos “constructos” (¿verdad Jon?), esas ideas que hacen posible en muchísimas ocasiones el buen desarrollo de los negocios. Donde marca y negocio están relacionados hasta las entrañas. Me confirma también que las marcas no es que sean emociones es que son actitudes y sobre todo son comportamientos. Que no es cuestión de decir, que sí hay que contar cosas, sino sobre todo es “hacer cosas” consecuente y coherentemente con lo que dices ser. Me confirma también que las marcas son ideas que se comparten, que abren y desarrollan conversaciones. Me confirma que las marcas serán cada vez más potentes no porque sean más conocidas sino especialmente porque son las más compartidas, las que más y mejor sentimiento generan y las que más se sienten y se viven, que son marcas que construyen cultura de marca y cuando hablamos cultura precisamente nos referimos a comportamientos, nuevos hábitos. Me confirma también que pensar en marca significa no encontrar huecos en el mercado sino crear tu propia posición desde la cual vas construyendo tu propio territorio y, ojalá, tu propio mercado, tus propias normas.

Toni Segarra en una de sus últimas entrevistas también ha forzado nuestra mirada hacia “otro lado”, claramente rotundo:

Ser una marca es elegir un punto de vista, una personalidad, determinado tipo de lenguaje. Es renunciar y posicionarse; elegir y renunciar…

Y es que quizá nos hemos tumbado en un terreno donde es más cómodo agradar que tomar partido. Quizá como las personas actuamos así, estar cómodos, no meterte en líos [sic] y ser “lo correcto”, puede provocar que las marcas tomen ese lugar más personal. No por oportunidad sino por dejadez como personas. Mi “colega” Albert García Pujadas también lo cita de manera clara y contundente:

Las marcas no solo tienen que ser capaces de comprender qué es lo que los consumidores buscan y quieren, sino también cuáles son las cuestiones que impactan en su día a día, aunque -aparentemente- no tengan que ver con su producto.

No es casualidad tampoco que aquellas marcas más valientes son las que tienen detrás a “personas valientes”, con visión, con un POR QUÉ y con esa visión de explicar la razón por la que hacen las cosas que hacen. Lo explica extraordinariamente bien Simon Mainwaring:

…in consumers’ minds today (and especially with younger demographics), you are either part of the solution or part of the problem and this scrutiny will only increase as environmental, social and cultural issues increasingly compromise our daily lives

Decir si esta acción de Nike ha tenido o no éxito, quizá sea tan absurdo como pensar si han vendido más o menos zapatillas en estas semanas. Si has pensado en ello, creo que no me he explicado bien del todo (¡Lo siento!). Se irá viendo con el paso del tiempo. Deberemos seguir los nuevos pasos que dé Nike, u otras compañías, y veremos si es verdad o no lo que dice y sobre todo hace. Lo que sí tengo claro es que en este mundo donde el ruido nos invade en cada rincón de nuestra vida, tener voces que sean claras y nítidas, nos ayuda también a comprendernos como personas y probablemente a actuar mejor como consumidores. Al menos a tener más conciencia. Si esto fuera así, entonces sí que deberíamos de calificarla como un éxito.

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La foto de inicio es de Flickr, de Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla

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Jul 18 2018

La llama de la consultoría artesana: REDCA

De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves. Que te enseñen a mirar con otros ojos. (Mario Benedetti)

Cuando las palabras se agolpan ante la puerta y se cuelan entre sí para ver quién aparecerá la primera quiere decir que la expectativa ha sido más que cubierta. Y reconozcamos que eso no es nada nada fácil. Cuando esto ocurre, la sonrisa adquiere un tamaño tan grande como el número de ideas e ilusiones que se agolpan tras la despedida. Algo de esto ha ocurrido tras un nuevo encuentro, el octavo ya, de la Red de Consultoría Artesana #redca, un encuentro de consultores/as que nos unen los principios de la consultoría artesana, que comenzó hace ya 8 años; y dado el interés y las ganas, sobre todo, de reunirnos y compartir experiencias, reflexiones, neuras y risas, sigue estando más vigente que nunca.

En ocasiones resulta complicado explicar a otras personas qué tipo de trabajo realizas, el de “consultor de…” sobre todo cuando el enfoque de cada uno tiene que ver más con el “cómo” que con el “qué”, y en el de “con personas y para personas” que simplemente un montón de hojas rellenas, encuadernadas y entregadas a veces al peso ante el cliente. La consultoría artesana supone sobre todo con “vivir” cada proyecto de una manera intensa, demasiado en muchas ocasiones, sin descanso, con el proyecto todo el día revoloteando a tu alrededor y pensando en “cómo resolver problemas” de forma práctica. Definitivamente la mayor parte de las ocasiones la frontera entre nuestro trabajo, nuestro oficio y nuestro resultado es más un estilo de vida que no únicamente un proyecto profesional más en cada cuenta de resultados. Vivir y sentir el proyecto, vivir y sentir las relaciones durante el proyecto, vivir y sentir las colaboraciones en el proyecto, vivir y sentir los silencios, lo invisible, la “magia”, lo “no supuesto”, “vivir, sentir, pensar y hacer” convierte esta bendita profesión en una maravilla aunque a veces suframos como bellacos con ella. De esto hemos hablado y mucho en este #redca8 y quizá haya sido la edición, la 4ª en mi caso, más emotiva de todas. Hablamos de proyectos pero sobre todo de lo que sentíamos cada un= de nosotr=s, de lo que sentíamos en lo más profundo de nuestro trabajo y queríamos soltarlo como quien cuenta una confidencia a su mejor/a amig=. Cada una y cada uno presentó su sincera emocionalidad a raudales. Y eso la hizo mágica, inspiradora, ilusionante y sobre todo emotiva. Difícil de olvidarla.

Nos reunimos Ana, Naiara, Paz, Julen, Asier, Manel, Amalio, José Miguel y el que suscribe. Cada cual con su punto de vista. En estos encuentros, con cierto guión previo, aflora lo que a cada un= nos aprieta más por compartir. Cómo nos va, qué sentimos, a veces en forma de grito de ayuda, otras en forma de expulsar esas ideas sinceras que recogen l=s compis de clase para ayudar y para tratar de situar en su lado correcto, que muchas veces nosotros mismos no lo colocamos en lugar que corresponde. Otros ojos, otros razonamientos, otras reflexiones, otros silencios ayudan mucho a realizarlo.

La sesión comenzó con un estimulante “Vini, vidi, vinci” que Ana lanzó a la mesa alineándose en la época romana, no en vano, estábamos encerrados en una sala en la Calle César Augusto, de Zaragoza. Pero fue lo suficientemente estimulante como para reconocer que lo que allí íbamos a sentir y expresar tenía más que ver con el “vinci” en forma de futuro que no solo con el “vidi”, el presente, que es el que nos identifica y el que con cada experiencia vivida, plasmamos nuestra actividad.

En mi caso, la propuesta iba más por compartir este momento concreto y tratar de buscar en el catalejo de mi proyecto, un foco, una luz que ayude a seguir caminando. Han pasado ya 8 años desde este nuevo ciclo y el diagnóstico actual tiene la mirada suficientemente alejada del “no me creo haber llegado hasta aquí” al “hay que darle una nueva vuelta más a mi proyecto” y traté de exponerlo. Lo llamé “revoltijo interior”. Algo que tiene que ver con mariposas, contradicciones, miedos, ilusiones, dudas, triunfos, derrotas e ideas, bastantes ideas. Recibí como siempre, y como nunca, más ilusiones, reflexiones, miradas y más ventanas y puertas abiertas que nunca, recibí clarividencias, recibí complicidades y sobre todo esas manos que de pronto te aparecen delante diciéndote de frente: “mira allí” y “toma mi mano”. Así es #redca.

Tenéis tres estupendos posts ya escritos sobre este 8ª edición de AmalioJulen y Paz, además podéis seguir el hilo de lo que compartimos vía Twitter. Difícil añadir algo más porque recogen estupendamente lo que sucedió y apuntan ideas para el futuro, pero seguro que aparecerán otros puntos de vista. Los iremos sumando aquí. Pero permitidme añadir algunas ideas que se me quedaron bien grabadas.

Una de ellas es ese barco que navega entre un oleaje bárbaro y a sus marineros caminando por la cubierta. El barco navega, nosotr=s andamos de lado a lado, con cada persona a bordo, oteando juntos el horizonte para no perder el rumbo pero también reconociendo aquí delante aquellas maniobras oportunas para llevarlo de la mejor manera posible, izando esta vela, moviendo el timón donde más interese en cada momento, sabiendo cuándo amarrar o cuándo echar el ancla para parar. El “caminar de los marineros” haciendo que las cosas sucedan, tirando de remo cuando sea necesario o simplemente enseñando a otr=s a hacerlo. A veces dudamos de si es el barco adecuado en el que subirse o si en realidad deberíamos subirnos a ese barco. Lo que sí es cierto es que el compromiso, la humildad, la practicidad, las relaciones e interacciones de las personas, la búsqueda de ese pequeño matiz, descubrir esos momentos mágicos donde suceden y por qué suceden las cosas, el MA consciente, son rasgos que definen nuestro trabajo y que permiten diferenciarnos de otros modelos, llegándolo a denominar la “consultoría de autor“.

Sigo, y así lo compartí, preocupado y ocupado por el CÓMO. Ya lo he comentado hasta en la faceta de coach en el basketla idea, la palabra y el cómo. Ver cómo el proceso es tan importante o más que el resultado, que éste sea realmente significativo y provoque un cambio en el cliente, aunque a veces éste te sopapee fuertemente y retumben tus principios. Aquí es donde quizá quede mucho por trabajar…y aprender de este grupo, y de sus extraordinarias experiencias.

El rol que jugamos, la exigencia y la autoexigencia, la necesidad de hacer simple lo complejo, la diferencia entre lo que se hace, lo que no se hace, y lo que tiene que hacer el cliente; proyectos que sobre todo nos hagan pensar, ir más allá, buscar inspiración allí donde los libros de management no llegan y sí otras disciplinas, no dar nada por sabido, desabrocharnos presentaciones y escuchar con lápiz y papel para recoger la verdadera inquietud y construir y desarrollar un vocabulario común, nuevo y que nos permita precisamente empatizar con cada proyecto, con cada cliente, con cada persona, “trabajar más que con enfermedades que tiene la gente, con gente que tiene enfermedades”,…se habló de lo mágico, del Magical Thinking Officer, sí tal cual… Que “la gente hable porque sabe, porque cuando habla dice cosas que no sabía que sabía”.

Es difícil destacar algo… quizá la relación de ideas e ideas, expresiones tras expresiones, frases tras frases, sea tan extensa que a veces resulte complicado poner el fosforito azul sobre estas ideas. Pero hay dos realidades:

  1. La sensación y conclusión que hemos sacado es tan positiva que ha generado y regenerado una renovada ilusión, y no lo digo por mí mismo sino creo que por el resto. Esto ya es seguir con ese “camino del marinero” firme y con convicción
  2. Vamos a retomar entre todos el sitio www.consultoriaartesana.net para actualizarlo y ponerlo al día. Es el paso que debía darse y al que nos afanaremos a partir de ahora.

Lo mejor de todo es que quizá haya que recuperar en algún momento a Richard Sennett y su “El Artesano” y por otro lado que esperamos ya la próxima cita. El próximo puerto donde embarcaremos y en la actividad y el descanso, volveremos a compartir reflexiones, ideas y sensaciones. Y seguro que en el camino que recorramos nos iremos encontrando más ocasiones. Es como esa llama que nunca se apaga y que solamente al añadir unos pequeñitos trocitos de madera y el oxígeno de cada persona, prende de nuevo con fuerza. Bendita #redca. Bendita consultoría artesana. Benditos compañeras/os artesanos.

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