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Oct 23 2014

Cuando los productos industriales te hablan de marca

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Estar involucrado en proyectos del mundo industrial es todo un desafío  y más si hablamos en ellos de marcas, de mercados, de procesos de compra, etc. Tenemos interiorizado el tópico de que el vínculo entre el mundo industrial y el mundo del consumo suele ser muy escaso, que no tienen nada en común, que la realidad de uno frente al otro es tan diversa, que no se deben comparar ni siquiera relacionar. Pero la realidad nos enseña que hay ocasiones en las que aprender de un mundo para “llevarlo” al otro es una tarea que debemos ejercitar porque en definitiva, cuando se toman decisiones de compra, funcionamos de igual manera aunque pueda haber matices, que son sólo eso, matices.

Posiblemente unos de los puntos más “sensibles” es el de considerar que lo esencial es el producto y no la marca, en el mundo industrial; y en el de consumo justamente al revés, que lo importante es la marca y no el producto. Cuando profundizas en ello, te encuentras justamente lo contrario, que marca y producto van inexorablemente unidos y que únicamente el reto es pensar en el producto en términos de marca y no exclusivamente en el ámbito de las materias primas, de los beneficios tangibles y del QUÉ HACE. Y precisamente ése sea el reto: dejar de pensar en QUÉ HACE para pensar en términos de FUNCIÓN asociado a una nueva necesidad.

Definir correctamente un producto/servicio es una tarea primordial. Y hacerlo desde la óptica de la marca aún más, ya que el producto responde sí o sí a los atributos que queremos que conecten la marca con los públicos a los que nos hemos de dirigir. Cuando alguien es capaz de tangibilizar unos valores, es capaz de comprender, interiorizar e interpretar lo que esa marca significa en su globalidad. La experiencia que transmite la marca se expresa en determinados ámbitos y uno especialmente crítico, por su importancia es el producto/servicio.

Más que reflexionar sobre QUÉ hace nuestro producto/servicio, la clave es pensar PARA QUÉ te sirve. En realidad un producto ha de servir para algo, cumplir una función y dar respuesta a una cierta necesidad no-cubierta hasta entonces o insatisfecha con productos similares o análogos. En el mundo industrial cada pieza, cada centímetro cúbico de una materia tiene su por qué pero sobre todo su para qué. Lo mismo podemos pensar de los servicios ofertados, que no solamente son un soporte complementario alrededor del producto sino que en sí mismos otorgan al producto una nueva dimensión. Los servicios post-venta, el mantenimiento, la atención al cliente o la formación alrededor de una función concreta, por ejemplo, otorgan no sólo un valor en sí mismo sino que dotan de un áurea especial al propio producto. No es lo que haces, es lo que significas para el usuario. Y aquí me parece que radica una clave para el futuro.

Aprendemos especialmente del mundo industrial que las decisiones a la hora de decidirte por un producto marca frente a otra son complejas porque se sitúan al mismo tiempo en diferentes canales. No es lo mismo que la decisión la tome la dirección de la empresa, o bien su responsable de compras o la/el responsable-usuario de ese producto/servicio o el departamento de calidad. Todos ellos SUMAN en la decisión final con lo que el argumentario de la marca, su relato, está unido a diferentes espacios que deben responder a diferentes expectativas aunque en muchos de los casos, la necesidad sea la misma. En el mercado de consumo parece que sólo hay UNA persona receptora de los mensajes y quien toma la decisión, pero en realidad no es así. No es lo mismo quién compra, que quién decide, que quién usa… e incluso hoy en día quién prescribe.

Desde mi punto de vista hay 3 dimensiones que afectan directamente en la definición de un producto/servicio desde la óptica de la marca:

  1. su función
  2. sus argumentos racionales
  3. su valor simbólico

Entendemos el significado “seguridad”como atributo de media-alta gama en un coche, cuando nos hablan de lo que significa nuestra familia para madres-padres, pero sobre todo lo comprendemos y lo interiorizamos como propio cuando este valor se manifiesta en dónde están situados los airbag, cuántos puntos de seguridad tiene el cinturón y el material del que están fabricados. Significados, argumentos racionales y funcionalidad al mismo momento contribuyen a que la marca-producto se asocien y vayan en sintonía.

¿Cómo articulamos este ejercicio especialmente en el mundo B2B como en el consumo? En breve 😉 Ahora de momento, vayamos interiorizando que cuando miremos un producto/servicio dejemos de verlo como tal y miremos en él una marca y lo que está representando.

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La foto de inicio es de Flickr, de Pulpolux

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