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Ago 07 2015

Llenar de contenido

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– Porque tengo la impresión de que dentro de mí no hay nada. No tengo personalidad, soy de un color indefinido. No tengo nada que ofrecer a los demás. Ése siempre ha sido mi problema. Me siento como un recipiente vacío. Dentro no hay ni una mísera cosa a lo que se le pueda llamar contenido. (…sigue…)

– (…) De acuerdo, te ves como un recipiente vacío. ¿Y qué? ¿Qué importa eso? –dijo Eri–. Si es así, entonces eres un recipiente maravilloso y muy atractivo. Nadie se comprende de verdad a sí mismo, ¿no crees? Basta con que sigas siendo un bonito recipiente. Un recipiente que cause una buena impresión y en el que a alguien, de pronto, le apetezca meter algo.

“Los años de peregrinación del chico sin color” – Haruki Murakami – Editorial Tusquets (1ª edición octubre 2013)

Las vacaciones comienzan desde el primer instante que pronunciamos su primera sílaba. Al prepararlas vamos construyendo los pilares de ese tiempo que nos sirve no para desconectar, sino en realidad para CONECTAR. Huyendo de la rutina diaria y tomando otros ritmos, nuestra realidad se altera por lo diferente, por lo diverso, por lo nuevo e incluso por lo conocido, pero vivido desde otro punto de vista. Como pasar un tiempo en “nuestra casa de siempre” pero con otros horarios y otras cosas que hacer, más allá del resto de los días del año, para sentir otras maneras de vivir.

Me llevo conmigo estos dos párrafos de Haruki Murakami para tratar de encontrar alguna conexión en estas fechas, sobre una de esas ideas relacionadas con una visión de marca de la cual ya hemos hablado por aquí: la marca no nos pertenece, la marca es creada y desarrollada por l=s usuari=s. Desde su percepción inicial hasta sus vivencias alrededor y con ella, una marca lo es en la medida que se va llenando de actitudes, sensaciones y experiencias vividas… por otros.

Esa idea de “bonito recipiente” me resuena y conecta con ese primer momento en el que alguien quiere proyectar una determinada imagen a su entorno. No es únicamente con el signo estético sino más bien con una manera de “agradar” a quien lo perciba, de comprender su entorno y adaptarse a él para tratar de formar parte de sus vidas y sus momentos. Todos tenemos un primer vínculo emocional que nos facilita ese acceso inicial a las personas y a sus expectativas. Pero el trabajo “complejo” es el que se vaya llenando de contenidos, de ideas, de sensaciones y de experiencias vividas y sentidas. De esas ideas y de esos significados que otros se afanan en llenar nuestro recipiente.

Lo más grande que puede pasarle a una marca es que sea casi percibida individualmente. Que cada un= de nosotr=s tengamos una sola idea de ella. Lo más enorme de todo es que de alguna u otra manera esa idea sea casi común. Eso ya es de nota. Cada día que pasa me voy convenciendo a mí mismo en el equilibrio de las marcas pensadas desde el silencio del emisor y sobre la conversación entre las personas a su alrededor.

Las historias se van construyendo desde el más mínimo impacto. Un jarrón en sí mismo puede decirnos muchas cosas pero ese jarrón no será lo mismo si contiene un ramo de rosas o un ramo de flores cogidas en el jardín del pueblo. Continente y contenido. Tan necesarios uno del otro. El contenido que da sentido al continente. El continente que acoge el contenido. Donde a “alguien le apetezca meter algo”. Da que pensar.

Tengo en mis manos el jarrón de estos días de vacaciones de verano. Sólo espero que se vaya llenando de cosas que le den sentido, de ideas que florezcan con los días, de conversaciones en el silencio de las olas y de silencios con mis hijos, mi familia y mis amigos. Necesarios los unos de los otros. Tan necesaria e importante la serendipia para que buscándome a mi mismo, me encuentre ese jarrón precioso donde quiera depositar estos días de agosto.

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La foto de inicio es de Flickr, de Xavi Llunell

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