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Dic 10 2015

Marcar o dejar marca: el sentido del branding

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A punto casi de finalizar este 2015, retomamos de nuevo los momentos de formación en diferentes formatos y ante diferentes personas. Siempre resultan enriquecedores porque la diversidad de personas, sus diferentes procedencias de conocimiento y experiencia profesional y sus expectativas exijan nuevas miradas o modificar algo las ya existentes. Hablar de branding, tratar de transmitir qué es y sobre todo para qué y cómo conviene trabajar sobre ello, es realmente estimulante no ya como proyecto en sí sino sobre todo para fijar las principales ideas. A lo largo de todo el año recojo ideas, ejemplos, lecturas, casos propios trabajados, debates surgidos en los comentarios, para poder transmitir un campo de conocimiento, y una pasión, del que se habla mucho, cada día más, pero sigue siendo un desconocido, o al menos se «manosea» de cualquier manera simplemente por el hecho de hablar de ello.

Los juegos de palabras siempre han tenido ese punto de palabrería que no va más allá, pero encierran muchas veces un significado muy potente y recogen también una idea que subyace y que es preciso reflexionar y trabajar sobre ello. Digo que preparando este nuevo ciclo en formación todo ha surgido de una idea principal:

¿marcar o dejar marca?

Podemos llegar a pensar que es lo mismo. Pero si estrujamos un poco la frase, creo que descubrimos dos enfoques absolutamente diferentes en cómo abordamos el branding en las organizaciones. Posiblemente tenga que ver con una idea de «venga vale, vamos a hacer algo» o bien «qué me puede aportar«.

La etimología del término «brand» es significativa (vía Wikipedia):

Vía Wikipedia: The word «brand» derives from the Old Norse «brandr» meaning «to burn» – recalling the practice of producers burning their mark (or brand) onto their products.[3]

He encontrado también otra definición muy completa, vía Sofoco:

Palabra derivada del indoeuropeo merg, ‘frontera, linde’, que derivó en el vocablo germánico enmark ‘marca, frontera, borde’, y que traspasó al latín tardío como marca. De ahí el concepto de marqués como ‘jefe de territorio fronterizo’. De este sentido etimológico se pasaría más tarde a ‘señal que marca un límite’ y luego ‘señal’. Cercano a este significado, el vocablo inglés mark hace referencia a ‘huella, rastro, impresión profunda’.

La palabra se introduce tardíamente en el castellano, y según Nebrija, el primer diccionario de la lengua española (1495),  marcar es ‘señalar’, y en la actualidad el Diccionario de la Real Academia Española la define, en su primera acepción, como ‘señal hecha en una persona, animal o cosa, para distinguirla de otra, o denotar calidad o pertenencia’.

El vocablo inglés brand, ‘fuego, llama, antorcha’, deriva del noruego arcaico brandr, que derivaría en brand en alemán antiguo, ‘fuego’. La costumbre de marcar productos o animales con una señal hecha con un hierro caliente se remonta a mediados del siglo XVI, originando el significado de ‘una particular marca de bienes’ en 1827.

Posiblemente en todo este tiempo, y en muchos de los ejemplos, sigamos siendo fieles a esta definición clásica del término marca: marcar, distinguir, posesión, señal, límite,… Marca como emisor, marca como algo que me permite ser diferente frente al resto. Y como tal con todas sus estrategias y desarrollos basados en la comunicación, en las relaciones públicas centrados en un único eje: visibilidad y notoriedad. Que se me vea, que se hable de mí, etc.

En cambio, hay algo que para nosotr=s como ciudadanos, como mercado, como personas en definitiva es totalmente claro y patente: aquellas cosas que nos son memorables son las que hacen de nuestra vida algo realmente interesante, donde ponemos además toda nuestra atención. Esos momentos que se graban porque los hemos vivido y sentido, esos espacios que sugieren ideas, esas experiencias que efectivamente nos han dejado marca, son los realmente especiales.

DEJAR MARCA es dejar huella, es dejar un rastro, posiblemente imperfecto pero tremendamente cargado de significado. Dejar marca supone especialmente no ya un interés y voluntad del emisor sino sobre todo un esfuerzo del receptor: vivir, escuchar, interpretar… son aspectos que ponemos en liza para reproducir en realidad algo que pasa en ese momento a pertenecernos: la importancia del momento, la importancia del contexto y sobre todo la interpretación de todo ello en términos personales: «esto, a mí, me sugiere…«.

El sentido común nos debe decir que en realidad uno no es el opuesto del otro. Posiblemente sea necesario «marcar» algunas ideas pero en realidad lo importante, y lo vengo repitiendo en muchas ocasiones, es aquello de «sólo existe marca cuando alguien la interpreta«. Y eso, en realidad es el verdadero significado de DEJAR MARCA: Interpretación, ser pertinente, convertirse en relevante, ser significativo.

Hay además un argumento más en todo ello: dejar marca supone en todo momento ponerte en el lugar del/a otro/a; es pensar en sus necesidades, en su vida, en aquello que realmente le puede dar significado a lo que hace y que contribuye a seguir desarrollándose como persona. Ayudar a la persona. Educar a la persona. Enseñar a comportarse. Dejar marca supone abrir una enorme ventana a lo emocional, a las emociones para que surjan y generen el relato del recuerdo. Este esfuerzo es quizá el más importante en nuestra tarea de constructores de vínculos entre marcas y personas y es estar completamente orientados a las personas para poder crear y desarrollar estos vínculos. Y con el mundo digital ocurre aún con más fuerza: hemos «marcado» nuestra presencia en la red básicamente para «marcar» nuestro territorio. Pero quizá nos quede aún ese rastro, esa huella continua que permita construir una relación estable y duradera. Google posiblemente nos recuerde eso de quién somos o quién dicen qué somos. Por eso hay tanta tarea por realizar aún en el mundo digital.

Éste es el punto de partida de esta temporada. Simplemente quería compartirla. Porque creo que tiene su miga. ¿No crees?

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La foto de inicio es de Flickr, de Hersson Piratoba

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