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Nov 23 2017

Transformar las marcas

Published by under Reflexiones

Son ya unos cuantos recientes años los que hemos pasado oyendo y leyendo que la irrupción de la vida digital en nuestras vidas ha modificado nuestro día a día y no precisamente porque tengamos una web o tengamos un perfil en una red social. Lo digital no sólo llegó para quedarse sino que además está cambiando factores esenciales de nuestra personalidad individual y colectiva: estamos cambiando actitudes, estamos cambiando costumbres, estamos cambiando hábitos. Estamos cambiando.

En la capa de nuestras organizaciones lo digital también está influyendo en muchas de las decisiones que se están tomando tanto hacia fuera como hacia dentro de las empresas e instituciones. Tener una web hoy suena tanto a chiste como lo de mandar un fax. Lo digital ha ido ocupando sigilosamente todos los aspectos de nuestras organizaciones para conquistar un terreno que primero sonó a “hagámoslo porque lo hace mi competencia” y hoy ya se ha convertido en cómo lo digital afecta a mi negocio en todas sus dimensiones. Es lo que se está llamando Transformación digital(recomiendo además leer todo lo que se pueda sobre ello) Fijémonos bien que ya ni siquiera estamos refiriéndonos a tener una identidad y una presencia digital sino más bien a transformar. Y esto ya no es de chiste; son palabras mayores.

Afectó a la comunicación porque tuvimos que situarnos en un nuevo canal desconocido y de consecuencias también distintas. El comercio electrónico cambio no sólo el hecho de disponer de nuestros productos en la red sino en cambiar todos y cada uno de los procesos que van desde colocar al producto en una plataforma web hasta abrir la caja en el salón de casa de quien lo compro. Afectó a la manera de comunicarnos entre departamentos, sin levantarnos de la silla del despacho, usando el mail, el whatsapp escritorio, Dropbox o Slack. Cambiaron los pagos y las compras. Cambió la manera de documentar y archivar documentos hasta el punto de cambiar de inicio hasta la manera de elaborarlos… colaborativamente, de manera síncrona y en puntos de distancia distantes. Se habla que la transformación digital afecta directamente a cada proceso, a cada punto de contacto, a cada producto/servicio, a cada modelo de negocio, a cada cultura organizativa, a cada visión de las empresas.

¿Está la marca preparada para ello en este contexto de transformación digital? Es evidente que fruto de este proceso de cambio brusco de la manera de ver, hacer e incluso crear, la marca ha visto cómo sus posibilidades de expansión y visibilidad ha crecido de tal manera que se encuentra expuesta en muchos niveles, siendo un posible riesgo en muchos casos pero también una enorme oportunidad. Las marcas no se expresan únicamente desde la óptica de la comunicación sino que llega a situarse en cada uno de los pasos de la cadena de valor, en cada uno de los procesos digitales, en cada una de las posibilidades de la cultura interna de cada organización, en cada uno de los posibles impactos que tiene cuando una persona hace click en una parte de la propuesta de valor, con todo lo que ello implica.

¿Se han están transformando las organizaciones en lo digital pero se está transformando la marca y con ella su gestión en cada una de estas manifestaciones? Situamos de nuevo el branding en una dimensión que va mucho más allá en la comunicación externa. Situamos el branding en cada una de las arterias de gestión que tiene una empresa. No hablamos únicamente de que la marca se acerca al interesante campo de los contenidos (más allá de las proposiciones de venta diferenciales) sino que puede y debe ajustarse a cada capa organizacional y más si la transformación digital supone una auténtico desafío para el futuro de cada organización.

“La marca es la suma de las experiencias que producen en cada punto de contacto”, leí hace tiempo a Franco Martino, y más allá del significado expreso de la frase lo que realmente supuso una reflexión en este sentido, es la idea de “suma”, la idea de “experiencias”, la idea de “cada punto de contacto”.

Suma” porque uno de los verdaderos objetivos del branding es aportar en todo momento valor al negocio. Nuestro propósito diario es cómo la marca ha de evolucionar y ha de ponerse a funcionar para que el mercado acepte un plus más a la hora de tomar una decisión de compra. Si la marca no aporta al negocio, no es marca. Se debe hacer desde diferentes ópticas pero ha de sumar al negocio. Y si no suma, aunque quizá pueda sonar a muy mercantilista, resta. No necesariamente en términos económicos sino también en términos cualitativos de pérdida de oportunidad y de posición en el mercado.

Experiencias” porque en un mundo donde percepciones, expectativas y necesidades se unen para conseguir una relación con un balance totalmente favorable, memorable y compartible a otras personas. Recordamos las experiencias, vividas o bien contadas por alguien que las ha vivido previamente. Las experiencias unen diferentes campos que lo hacen único: productos que se extienden hasta los servicios, servicios que llevan asociado un nuevo producto, entornos que facilitan la interacción entre personas, experiencias que relacionan lo tangible con lo digital, etc. Cada oportunidad de generar una experiencia es un recurso más que la marca tiene a su disposición.

Punto de contacto” porque el reto ya no es pensar en “rodear” a la persona con comunicaciones 360º sino en conocer cada interacción que se produce en las tomas de decisiones, en su “customer journey” y poner en ese punto la acción y/o soportes que mejor amplíe la decisión y facilite cada toma de decisión en una única dirección: elegirme a mí frente a otro. Colocar al cliente en el centro de cada proceso y hacer que cada punto de contacto trabaje en una línea global. Hablamos de personas y de sus interacciones:

The pendulum is, thankfully, swinging back to the human, social and cultural consequences of digital progress.This is a good thing. Putting people first and thinking about the impact on culture is positive.(Dino Demopoulos – Paper Strategy)

La marca es intangible, no lo olvidemos nunca. Pero de cada interacción lo que se logra realmente es que ese intangible se vaya convirtiendo en tangible, completando así todo un nuevo mundo de significados, de nuevos aspectos, de nuevos relatos y puede preverlo de futuras evoluciones de la marca que en un principio jamás hubiéramos previsto con antelación.

En este contexto de transformación digital quizá debamos dedicarle un tiempo a que nuestras marcas también ayuden en esta transformación y quizá requiera que ellas mismas se transformen al mismo tiempo:

And we’ll have to answer questions regarding the actual role that brands play in people’s lives. In short, brands will need to become better agents of culture, rather than just striving to be better at “digital”. (Dino Demopoulos – Paper Strategy)

… convirtiéndose en agentes del cambio y además reorientando su actividad hacia otro aspecto diferente: formar parte “de otra manera” de la vida de las personas y comprender por qué han de tomar decisiones donde la marca ayuda a lograrlo:

“You’ve probably heard Simon Sinek say that people don’t buy what you sell, they buy why you sell it. But it goes further: people also buy how you sell it, what you believe, and how you operate as a corporate citizen of this country…”  (Tara-Nicholle Nelson).

Hablamos de una nueva etapa donde posiblemente aún estemos a mucha distancia. Pero lo que sí es cierto es que si queremos transformar nuestras organizaciones, quizá debamos también comenzar a transformar nuestras marcas.

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La foto de inicio es de Flickr, de Ninz Medienprofi

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Nov 03 2017

Que me ha dado tanto

Conversación tras conversación, clase tras clase, palabra tras palabra, para interiorizar y al mismo tiempo expresar que el objetivo de las marcas de hoy en día es dejar marca. La frase de “las grandes marcas son aquellas de las que hablas cuando no estén presentes” se volvió como una especie de mantra que me viene atrapando cada día que inicio mi jornada. Y que las marcas son las experiencias que producen y que sienten, o mejor dicho que nos hacen sentir. Experiencias y emociones se juntan para caminar de la mano en cada relación.

Hace un año os comenté que volvía a retomar mi otra actividad relacionada con lo personal: volvía a mi faceta de entrenador de baloncesto. Tras aquella enorme re-experiencia, he seguido una temporada más junto a posiblemente una de las cosas que más me hace sentirme vivo y que me hace llevar en vena otra pasión: el baloncesto. Han sido 7 meses de intensidad, de trabajo y esfuerzo cada domingo, con un grupo de chicos de 14 y 15 años, con quienes he tenido el inmenso orgullo y también la gran responsabilidad de tratar de ayudarles en mejorar como jugadores de baloncesto, construir un equipo (la Selección de Álava) y, también un poco, como personas. Quienes decidimos en su momento que el deporte de cantera era una de nuestras pasiones, sabíamos que además de enseñar un juego debíamos utilizar el deporte como medio para formar personas.

Te preguntarás qué hace de nuevo el baloncesto aquí en este blog y no te falta razón. Pero también expliqué que quería, además de volver a una actividad que dejé de la mano por temas familiares, poner en práctica ese tipo de facetas, esas reflexiones, esas situaciones que en todo ese tiempo parado quería recuperarlas para aprovechar un entorno no-profesional para llevarlo a lo profesional y de lo “profesional-oficio” llevarlo a la faceta del aprendizaje personal. Era un ejercicio quizá complejo pero tremendamente desafiante: esto no va solo de jugar (bien) a baloncesto sino de trabajar otras capas de nuestra personalidad que une pasión, hobbie, sueño y actividad.

En nuestra primera cita de esta temporada, un domingo 5 de marzo, les decía a los chicos que nuestra intención era tratar de ayudarles a mejorar, que ellos llegaban donde nosotros porque en sus equipos ya destacaban y que el objetivo final era progresar para avanzar y sobre todo retomar las ganas de volver al domingo siguiente. En mi cuaderno de notas el punto número uno era “¿Por qué tienen que venir a ENTRENAR un DOMINGO?”. En sí misma era una cuestión que trascendía más allá del mero juego y llegaba a un meollo que resultaba complejo: convencer con la acción, incidir sobre el propio proceso sin visualizar el resultado y sobre todo trabajar en el deseo de volver.

Permitidme ahora hacer la traslación a nuestro trabajo de branding en nuestra profesión. Nada nuevo que no supiéramos antes pero después de estas semanas queda aún más fijado: ¿por qué tengo que comprar tu producto una vez más? ¿por qué y para qué hemos de progresar como marca en el mercado? ¿son los mercados dinámicos y para ello tenemos que movernos más y mejor? ¿Qué he de hacer hoy para seguir construyendo esta relación entre marca y persona?. 

El pasado fin de semana se disputó el esperado torneo: Campeonato de Euskadi y Navarra de selecciones provinciales: Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra. Las semanas previas eran una mezcla entre decidir qué 12 jugadores completarían el equipo y por otro lado qué argumentos esgrimiríamos para jugar los dos partidos y competir, sí, competir. Y todo ello con una capa esencial, la más importante: hacer que de un momento de “stress” lo convirtamos en una experiencia lo más agradable posible: divertirse jugando con esfuerzo a baloncesto. ¿A que parece fácil? Pues desde ahora os puedo decir que ha sido lo más complejo de este tema: Disfrutar. Disfrutar del proceso y del momento.

Nos cuesta identificar emociones por un lado y por otro cuesta aún más canalizarlas para que vayan alineadas y en la dirección correcta. La actitud es siempre un motivo que ponemos encima de la mesa para justificar decisiones y acciones pero la terca realidad nos demuestra, o al menos a mí sí que lo ha hecho, que la actitud no se está entrenando y que es imperativo trabajarla y entrenarla. La capacidad de mostrar la cara más positiva posible, el hecho de afrontar las dificultades con el ánimo de tratar de combatirlas, el apoyo al compañero de al lado, la paciencia ante la euforia y la perseverancia en el momento del decaimiento.

Con las marcas a veces nos pasa algo parecido. Nos lanzamos únicamente a los mensajes y a las acciones comunicativas cuando en realidad, las auténticas marcas son aquellas que consiguen comportarse en cada momento de manera coherente con su propuesta de valor. Sí, comportarse. Hemos comentado aquí en diferentes ocasiones que las expresiones de marca son variadas, que no debemos quedarnos exclusivamente con la comunicación sino que hay otras que debemos trabajar tanto o más: producto/servicio (el qué hacemos), comportamiento (por qué y cómo lo hacemos) y entorno (dónde lo hacemos).

A todo el mundo le gusta ganar. Sí, ganar. Pero me parece más importante aún plantearnos dos cosas previas: el camino para ganar y por otro lado convertirte en una alternativa fiable y real para la victoria. No hablamos del resultado final, hablamos del proceso y del top of mind, de estar en la terna final. En el vestuario en uno de los dos partidos comenté sin dudarlo:

“Sea el resultado que sea lo importante es que seamos capaces de transmitir a nosotros mismos y transmitir al resto nuestro deseo por conseguir el objetivo”.

La importancia del CÓMO para lograr el PARA QUÉ y confirmar el POR QUÉ. Nos olvidamos tanto de cada paso que damos que pasamos por alto la concentración necesaria para ello y en consecuencia el proceso de trabajo y el aprendizaje que tomamos con cada acción realizada. El reto no es únicamente que nos compren un producto / servicio; el verdadero reto es el proceso que esa persona lleva para comprar al final. Todo ese recorrido de reflexión, de aprendizaje, de conocerse a sí mismo y de tomar la decisión final de decir SÍ. 

Quedamos segundos. 

Pero ganamos. Aunque parezca mentira. Conseguimos que los chicos volvieran a disfrutar de cada esfuerzo. Conseguimos que los chicos, algunos de ellos, sintieran que este deporte te da más de lo que te quita. Conseguimos que ellos sintieran que la confianza comienza en uno mismo. Conseguimos que la fuerza del grupo es mayor que el mayor de los talentos. Conseguimos comprender que “los que ganan nunca se rinden y que los que se rinden nunca ganan”. Conseguimos entender que el juego, el cómo, tiene mucho que ver con el resultado final y que para que el resultado final, ganar, sea posible es muy importante el cómo lograrlo (y ahí fallamos 3 minutos). Conseguimos TRANSMITIR a la grada. Sí, unos chicos de 14 y 15 años lograron ellos solitos que la grada jugara cada posesión a veces con nosotros. Conseguimos que el rival sintiera que éramos una verdadera alternativa a su capacidad y que así lo transmitiera expresamente: qué gustazo veros jugar.

Conseguimos que las emociones se unieran a las experiencias. Conseguimos “dejar marca”.

Permitidme reservarme para mí muchas de esas emociones y esas experiencias y sobre todo muchos comentarios de jugadores, familias, entorno, público. Mensajes y mensajes llenos de palabras pero sobre todo de emociones de gratitud, de alegría, de esfuerzo, de ilusión y de afecto.

En el autobús de vuelta a casa después de la final, con la rabia contenida por no haber logrado el broche final y tras los comentarios de mis compañeros de cuerpo técnico, pensé en branding, como no podía ser de otra manera. Y me decía que lo más complicado de una marca no es decir lo que hace sino expresar lo que siente y sobre todo hacer sentir a las personas. Las experiencias, ese término tan polisémico hoy en día, lo son porque van cargadas de emociones y porque te hacen sentir. Las grandes marcas lo son porque llevan consigo una carga emocional enorme y construye relaciones desde lo emocional. Luego el reto es trabajar (entrenar) esa capa emocional y ser capaces de transmitirla en cada punto de relación con la persona.

Enhorabuena a Bizkaia por su triunfo, a Navarra y Gipuzkoa por competir cada día. Enhorabuena y gracias también a la Federación Vasca de Baloncesto por el trabajo de este fin de semana y lo que está haciendo cada día por el basket. Queda aún mucho por hacer. Y en especial a Javi Zurbano por su enorme trabajo y al equipo de comunicación. Zorionak!

Gracias a todos los colegios y clubs por esa labor tan silenciosa de cada semana, a sus entrenadores y a la Federación Alavesa. Necesitamos un giro de tuerca más para seguir mejorando. Gracias por vuestro esfuerzo.

Gracias a las amas y los aitas: por hacer que sus hijos crean en este deporte como medio para formarse como personas. Por convencerles de que tienen que entrenar. Por estar ahí cuando ríen y sobre todo cuando lloran. Por apoyarles cada día.

Gracias a mi equipazo técnico: Iñigo que no pudo seguir, a Tito, a Markel y a Alvaro. Gracias por creer. Gracias por creer en mí y en esta manera de ver el baloncesto y seguirlo a pie juntillas. Sólo espero que también os ayude en vuestro camino como entrenadores.

Y sobre todo GRACIAS a Carni, Gorka, Joseba, Marco, Iñigo, Plaza, Peio, Unai, Hugo, López, Kerman e Imanol. Y también a quienes estuvieron en el proceso y son parte de esto tanto o más: Jon, Sergio, Juan, Markel, Samuel, Adrián, Alex, Mikel, Zuga, Yeray, Iker, Terreros, Aitor, Gorka, Ekaitz, Beñat, Mikel, Autillo, Martín. Gracias por cada gota de sudor. Gracias por confiar. Gracias por mirarnos a los ojos. Gracias por sonreír. Gracias por CREER.

“He vuelto a creer en el baloncesto, Juanjo” me dijeron.

“He vuelto a creer en las marcas”, me dije. No hay mayor trofeo, creedme.

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Las fotos de inicio son de Flickr, de Federación Vasca de Baloncesto

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