Archive for diciembre, 2020

Dic 31 2020

Más SER; adiós 2020, hola 2021

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Me gusta tomar café solo, dejar que se enfríe a su ritmo, como queriendo contagiarme de su tempo, sin prisas, invitando a que las palabras surjan cuando les dé la gana, de la misma manera que decido el momento de dar el primer sorbo. Son momentos de respeto mutuo diría yo, donde a veces interfiere el sobre de azúcar que acompaña al plato que sostiene la taza. «El buen café no necesita azúcar y el malo no se la merece» me enseñó un buen amigo mío y comprendí en esa frase el sentido de muchas cosas que suceden en nuestra vida. El sobre está ahí pero a veces se echa sin necesidad, algunas por mera costumbre, otras porque total ya que está, y las menos lo dejas donde está, en su sitio, si es que ése debe ser el suyo. De vez en cuando le da por iniciar la conversación con una de esas frases que lleva incrustada que apenas caben en unos pocos centímetros, los suficientes para decidir si le sigues la corriente.

El año que cumplí cincuenta años llegó con un propósito firme, VOLVER, como queriendo retomar una conversación pendiente o regresar a esa página del cuaderno de mi vida que empecé a trazar y lo dejé para otro día. Tenía sentido, los ciclos vitales se manifiestan especialmente en momentos redondos como homenajeándolos, y cuando entras en una nueva decena, parece que tienes que repasar los puntos importantes que aparecen en los índices de tu vida, para saber bien qué sí o qué no o simplemente ahora qué. Mirar atrás sigue siendo un ejercicio de los que merece la pena dedicarle cierta atención, recomendable con un café recién hecho sobre la mesa, haciendo de intermediario entre el repaso que das y las ideas que van surgiendo durante ese momento. A esas conexiones le llaman sinapsis y se producen cuando menos te lo imaginas, y derivan en acciones, ideas, encuentros, palabras, llamadas, gestos, silencios, abrazos. Silencios. Abrazos.

No quisiera darle mucho protagonismo a la #Covid19 en estas líneas; se ha escrito tanto que uno siente el peso de la infoxicación sobre este tema desde hace unos meses. No quiero alejarme de la prudencia, de la preocupación por nuestr=s mayores; me conecta básicamente con reconocer que todo empieza en la responsabilidad de un= mism=, al mismo tiempo que veo posiciones de muchas personas que se han manifestado de tal manera ante este tema que no vislumbro claridad en los escenarios futuros, en muchos ámbitos. Probablemente sea lo que más estoy aprendiendo en todo este tiempo. Esa gente.

Tomo un nuevo sorbo de café al mismo tiempo que se dibuja ese gesto de quien mira al frente dejando que la vista se pierda, precisamente, hasta un café compartido que me transportó a mediados de los 90, cuando la profesión y el oficio de la publicidad estaba en mis inicios profesionales. Ese cosquilleo de los nervios del principiante, de sueños por cumplir en cada frase «tenemos un brief», de sentir que la publicidad era una mezcla de arte, emociones, racionalidad, argumentos y rienda suelta. Este cosquilleo llegó este año, quizá provocado por las casualidades tras sentir maravillosas sensaciones en ese lugar que debería ser de peregrinaje obligado que es el Centro de Documentación Publicitaria, meses atrás. Este café más actual iluminó ilusiones renovadas, a propuestas con el sí y el acuerdo de entrada sin saber más detalles, a VOLVER A CONECTAR, a renovar creencias y principios, a descubrir nuevos equipos compuestos por nuevas personas, a conocer otras maneras de pensar, a adaptarte a nuevas circunstancias y sobre todo a dar lo mejor de uno mismo, precisamente porque ése fue el motivo de este café inolvidable. Todo un año con un proyecto en ciernes donde redescubrí como los posos de un buen café, que las buenas cosas se cocinan con calma, con muchísimas conversaciones y sobre todo con una extraordinaria capacidad de escucha mutua que cuando te quedas a solas quieres recuperarla por cualquier rincón de tu casa, como si te hablaran las paredes, como si cualquier objeto te expusiera una nueva idea que aparecía en escena.

Me pongo un segundo café para seguir con esta complicidad que estamos construyendo con este fruto en forma de deliciosa bebida y descubro que son esos matices los que hacen que las cosas, las ideas, las personas, los sentimientos, los motivos, las dudas, preguntas, las frases, las soluciones y los por qués, se conviertan en nuevos modos de acción. Matices es acción, de la misma manera que no dar nada por supuesto y desenmascarar primeras impresiones para poder profundizar en la búsqueda de esos mínimos detalles que lo son todo. Nos hemos obligado a adaptarnos sin preguntar por qué, y es donde hemos tratado que esos matices que pasábamos por alto, tengan ahora su protagonismo real. Conversaciones más frecuentes, pantallas mediante; recuperar llamadas, recuperar aquel libro que empezaste pero lo dejaste de lado, o simplemente hacer que tus manos recobren una nueva vida ya que los abrazos y el roce se vieron castigados al rincón, y descubran escribir de puño y letra o simplemente mancharte de pintura, de harina o cualquier otra materia. Reconocer la caricia, el abrazo, las palabras no dichas, las sonrisas al darte la vuelta, etc. La suficiente para darte cuenta de que hay cosas que merece la pena sentir para entender mejor la vida propia y sobre todo las ajenas, en especial, aquellas que te importan de verdad y no te diste cuenta. Este nuevo sorbo de este segundo café tiene aún un sabor más profundo.

Dejo la taza de café fuera del plato para obligarla a decidir si quiere salir de su espacio impuesto y vivir otras sensaciones. Lo hago porque en estos momentos que cierran un año sin un calificativo claro, aunque los demonios nos lleven a ello, prefiero pensar en lo que está por venir. Escuché en una maravilla de canción por mi mes de febrero eso de «Los recuerdos no saben regresar porque mi memoria los quiere apagar…» porque quisiera que los recuerdos nos lleguen precisamente para actuar en lo que está por venir. Nos han demostrado que los planes en realidad son efímeros, que mirar muchísimo más allá quizá nos produzca esa mezcla de ilusión y de frustración, y que hemos de saber convivir de una vez con lo que tenemos aquí y ahora, con eso que tenemos que ya es mucho aunque nos sepa a poco.

Así que a 2021 le quiero únicamente pedir que nos permita SER, que nos permita SENTIR, porque solamente de esta manera reconoceremos lo que podemos aportar para el resto. Y este SER-SENTIR nos debe obligar a dar lo mejor que tengamos en cada momento. Solo de esta manera podremos ser un poco mejores que ayer, un poco mejores profesionales y un poco mejores personas, que quizá es lo que necesitemos más como sociedad.

No queda nada ya en mi taza de café. No es momento de pedir otra, lo dejo para poder compartir un café contigo que estás en estas líneas, cuando desees. Solo hay que hacer «toc, toc». He descubierto que lo mejor del café no es su sabor, ni su olor, ni su color, ni su toque adecuado de acidez dulce; lo mejor del café son las conversaciones que se producen con él como excusa perfecta. Si al 2021 tuviera que pedirle algo sería que me permitiera seguir recuperando esos momentos y compartirlos. Hemos aprendido tanto de compartir en el 2020 que el camino está abierto, abonado, sembrado y solo queda que lo cuidemos más aún.

Gracias por estar ahí.

Gracias por cada segundo que pasáis entre estas líneas del blog. 

Gracias por SER. 

Gracias.

Sed felices.

¡FELIZ 2021!

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La foto de inicio es de Pixabay, de IsraelBest

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Dic 09 2020

Las fronteras de la marca personal

Published by under branding personal

Deberíamos reinterpretar el término tiempos revueltos y dirigirlo hacia aquellos momentos en los que se desordenan nuestros principios, entre lo que soy, lo que parece que soy y lo que quisiera ser. En esta marejada hemos navegado recientemente al impartir un curso sobre «La importancia de la marca personal: el marketing digital en el sector del turismo». Durante su preparación comprobamos lo difusas que son estas fronteras al diseñar los contenidos, tratar de explicarlos y reflexionar, durante y después, sobre ellos, que dan para someterlos a las opiniones y comentarios por estos lares. Les ruego que tomen este espacio como lugar de encuentro de sus opiniones sobre estas fronteras personales-profesionales.

En este mundo digital y tan conectado como el que vivimos, síncrono, multiplataforma y multidispositivo, la proyección de nuestra imagen personal ha pasado de ser una manera de expresar nuestras opiniones (como cuando nació la web 2.0.) a un desparrame de exposición pública en un puñado cada vez más creciente de plataformas y redes sociales. Lo que nació para dar un punto de vista desde el «otro lado», tan enriquecedor entonces para las marcas y para cada persona, se ha convertido en una desenfrenada carrera por conseguir captar la atención de los algoritmos como simple y único objetivo y fin en sí mismo. No preocupa ya la mera expresión u opinión personal sobre «algo-alguien» para lograr la asociación de una idea, de un concepto, de un atributo en una persona, como «no perder tu silla» en un escenario cada vez más repleto de personas, marcas, trolls, algoritmos disparatados e intromisiones publicitarias digitales. Una locura aderezada además con un cada vez más alocado deseo de convertirse en eso que parece ser el sueño profesional de muchas personas: «ser influencer«. Éste fue mi primer objetivo en esta charla: «No hablaremos de influencers«.

En este panorama entran en escena otros aspectos que corren el riesgo de confundir el espacio personal-profesional para convertirse en personajes, en una especie de caricatura de eso que se llama «marca personal», y sinceramente donde también sobreactúan determinadas ¿marcas personales?. El «buen rollismo», la «sonrisa permanente» fijada con laca y una realidad edulcorada con selfies, #hastags, poses, cascos con micro y hasta frases dignas de ser pasto de estanterías de libros en los Duty Free de muchos aeropuertos, hacen que la realidad actual de las marcas personales se estén convirtiendo en una acumulación de ruido que viene de demasiadas partes en vez de construir personalidades firmes con interés y con capacidad de interacción y conversación. Algo por lo que realmente merezca la pena prestar atención.

Les propongo hacer un ejercicio: observen con detenimiento su propio timeline en cualquier red social y hagamos algunas preguntas: ¿es interesante todo lo que estoy compartiendo? ¿merece la pena … y por qué? ¿le está aportando algo de utilidad? ¿qué crees qué está ganando la comunidad construida, y por construir, con estas aportaciones? ¿…?

¿Por qué una persona o una marca debería «seguir» mi «marca personal»? sería la gran pregunta que deberíamos hacernos cada mañana al levantarnos. Al respondernos, encontraríamos algunos argumentos y respuestas que en algún caso confirmarían nuestra actividad y, puede que incluso, evitaríamos algunas respuestas que nos sonrojarían, cuando menos. Es más que necesaria, imprescindible. De ella dependerá efectivamente si estamos o no gestionando nuestra propia marca.

Malgastamos la palabra «marca» asociada a «lo personal», porque una marca es aquello que percibe e interpreta una persona cuanto tiene una interacción con la misma. Una marca es esa idea que [nos] conecta y nos dirige a la acción. En realidad, de todo lo que vemos cada día en muchas redes lo que se está consiguiendo es «manchar» marcas con algo que no va más allá y que sube a esos peldaños repletos de otras marcas insulsas que pasan de largo sin capturar ni atención ni interés. Es información, que no comunicación, que no consigue sino convertirse en un monólogo en un entorno o equivocado o con demasiado ruido en una misma dirección sin capacidad de distinción. Al hablar de gestión de marca lo que nos referimos es a construir y generar contenidos hacia las percepciones a conseguir y sobre todo en lograr comprender mejor el entorno al cual te quieres orientar. Sea una marca comercial, una marca B2B, una marca territorio, una marca educativa, una marca personal, el objetivo es saber qué posición tomas al respecto de ese entorno y cómo aportas valor en el mismo para generar atención y sobre todo para capturar el interés, constante, de valor, de conversaciones presentes y futuras.

No sé si es porque se ha unido, demasiado para mí, la «marca personal» con el mundo digital, si es porque nos confunden las herramientas, si es por la vorágine del «hay que estar o se olvidan» o del ser de l=s primer=s en abrazar cualquier novedad que salga, sea cual sea, lo que hace que este término adquiera algunos sentidos que están deformando este concepto. Me gustaba la idea de «Identidad Digital» pero se me quedaba pequeña al relacionarla con la «Marca personal». Me sigue «chirriando» esa parte que tiene que ver con delimitar la frontera entre lo personal y lo profesional, cuando en realidad habría que matizarlo sobre «lo privado» y «lo público» en una matriz aún más completa. Me importa más trabajar sobre nuestro propio relato, sobre aquellas partes de nuestra historia que nos hicieron llegar hasta donde nos encontramos hoy y que probablemente sean el camino a emprender para el próximo futuro. Me interesan aquellos pilares de nuestra marca personal que tienen que ver con valores asociadas sobre los que construimos nuestro día a día y también aquellas palabras que no queremos que sean protagonistas en ser asociad=s por terceras personas. Y sobre todo me interesa mucho más que se profundice en cuál es nuestra personalidad, nuestro «tono», nuestro estilo, ese mismo que hace ponernos cada mañana la ropa adecuada para ir a trabajar, para dar un paseo o simplemente para demostrarnos a nosotr=s mism=s quiénes somos, o en ese tono de voz que mostramos en los momentos de verdad, que son los que nos definen en última instancia.

Después de estos días que han pasado desde aquellas sesiones (muchas gracias a Susana, Ane, Aitor, Jean Jacques, Mauricio, Bamou y Txaro) he tratado de responderme a estas cuestiones a nivel personal-profesional. Y hay preguntas con respuestas y surgen otras nuevas que cabalgan en busca de respuestas. Miré mi timeline, en algún caso me sonrojé, otros me reafirmaron y algunos he incorporado como tarea frecuente en el tiempo. Tengo claro además que el tono de marca será siempre mi mayor fuente de preocupación y desempeño. Encontrar el adecuado en cada contenido pero sobre todo en cada interacción y en cada conversación que mantengo. Me veo lejos de estar pendiente en todo momento de lo que sucede en cada minuto en nuestros entornos, digitales especialmente. Hay vida más allá de la pantalla de un móvil o de un portátil, y esto de la marca personal nos consume en estos espacios digitales. Y sobre todo tengo claro cuál es el entorno deseado, ése en el que adquieres el compromiso de co_construir junto al resto, a su lado y sin dotes protagonistas ni poses estéticas. Quiero entender, lo comprobaremos en unos meses, que sé dónde se encuentran estas fronteras, a pesar de ser difusas en muchos momentos, pero que espero me ayuden a trazar una línea coherente entre lo que soy, lo que parece que soy y lo que me gustaría ser. Espero que sea así, si no, avisadme por favor.

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La foto de inicio es de Flickr, de JR_Paris

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