Archive for agosto, 2021

Ago 31 2021

Verano’21 a la 1: Ibai, apocalípticos e integrados

Tiempos de descanso, conexión y reconexión que se retuercen convulsamente en ocasiones. Esto nos suele entregar el verano, de vez en cuando. Probablemente necesario para que podamos poner las cosas en su sitio a la vuelta, ahora que las observamos un poco a distancia, y pensando en cómo irlas cambiando, que si no, nos volvemos cómod=s y eso no es del todo bueno.

En estas estábamos hasta que Ibai Llanos provocó con su enorme salto –en realidad siguió a lo suyo– una pequeña revolución. En su día eligió un camino diferente y está resultando que ese camino tiene visos de ser transitable excepto para quien no quiere reconocer ni el camino ni siquiera es consciente de que con sus vehículos le será imposible transitarlo. Ibai no lo quiso pero desde luego lo que está revolviendo a su alrededor pone patas arribas muchas convenciones en nuestro mundo de la comunicación, del periodismo, y de manera colateral al marketing y las marcas. El paradigma está cambiando y hay quien sigue empeñad= en no querer reconocerlo… hasta cuando ha comprobado que «su» espacio ha modificado su configuración, su aspecto y hasta su naturaleza.

Lo hizo en su día con Évole, lo repitió con Piqué, lo hace diariamente con algunas de sus marcas, lo impulsó con sus retransmisiones de Tokyo 2020 en Eurosport y lo remató con el affaire Messi. Quiero pensar que no todo es buscado sino que más bien hay una mezcla entre lo que quiere proyectarlo que le llega, porque le llega o simplemente porque tiene esa virtud de estar donde tiene que estar en el momento en el que hay que estar.

Quiero ir un poco más allá porque Ibai ejemplifica una situación que está replanteando el convencional paradigma de la comunicación: el tradicional un emisor > un canal > un lenguaje > un receptor «salta por los aires» cuando aparece el mundo digital, las nuevas audiencias, los nuevos contextos de uso de la comunicación y el ocio, y con Ibai un modelo donde el «tono» y la repercusión de la marca personal adquieren nuevos tintes. Quisiera compartir – por si sugiere cierto debate – una serie de claves que para mí deberían hacernos reflexionar:

  • Ruptura de la intermediación: con la llegada de lo digital, y en especial del social media, la tradicional figura de los «intermediarios» –léase los medios de comunicación de masas– se va resquebrajando porque ya no controlan ese poder de intermediación e incluso de opinión que aportan en la actualidad determinadas «figuras» individuales-personajes. Los medios de comunicación eran clave para trasladar a la opinión pública informaciones, análisis, reflexiones, tendencias, puntos de vista diversos sobre la actualidad por un lado y sobre la cultura y los comportamientos sociales por otro. Ahora, una «persona–marca personal» se convierte en una referencia de tal calibre que no necesita de estos medios para hacer llegar su mensaje o su reflexión. En este caso, son otros intereses de actualidad quienes buscan a estas «personas-referentes» (no utilizo lo de influencer a posta) para que a través de ellos se establezca una relación y una conversación sobre un aspecto determinado. Lo hemos visto con Messi seleccionando a Ibai Llanos para lanzar su mensaje.
  • Replanteamiento de las cabeceras de los medios: La credibilidad y la confianza de la sociedad con los medios de comunicación estaba asociada a la cabecera a la que perteneciera. Simplemente mencionar la SER, Antena 3, BBC, COPE, New York Times, EITB, Vocento, etc, reflejaban el grado de credibilidad y confianza que de por sí aportaban meramente al mencionarlos. Hoy esta credibilidad y confianza se está trasladando directamente a los propios periodistas-comunicadores, algunos pertenecientes a dichos medios. Incluso algun=s de ell=s colaboran a su vez con diferentes cabeceras y en diferentes plataformas. Acudir hoy a estas cabeceras ya no aporta tanto como la propia persona-referente-comunicadora en sí. Esto es un cambio esencial. Quiero leer, escuchar, oír a determinada persona concreta que YA tiene presencia digital que además va aumentando en visibilidad y en credibilidad y confianza. No tengo que esperar a que «su» medio incorpore un punto de vista sino simplemente saber qué opina y qué dice esta persona en particular. Quiero leer a Ramón Besa, a Mikel Ayestarán o a quien fuera, sin importarme su medio de referencia. Un posible reto a futuro es que después estas personas-referentes-comunicadoras vinculen su marca personal a su medio (que analizaremos en otro momento).
  • Contenidos multiplataforma coordinados entre sí: Esto es algo que lo comprobamos cada vez más. Webs de cadenas de radio con miles de visitas, podcasts o videonoticias de diarios de prensa emitidos en plataformas de socialmedia, etc. El seguimiento de la actualidad y la inmediatez, se traslada directamente a los socialmedia y no «esperan» a su medio original en sí. Por tanto, el mismo contenido puede distribuirse en diferentes plataformas a las del propio medio en sí. Un tweet de un medio, un directo de un «periodista» adquiere mayor relevancia que esperar a su cabecera en sí. Esto afecta lógicamente al trabajo ingente para un/a comunicador/a en el sentido de adquirir nuevas habilidades profesionales que se suman a su contexto concreto. El mismo contenido adquiere diferentes formatos que la lógica dice deberían ser complementarios unos con otros para ir aportando más valor en cada uno de ellos.
  • La actualidad vs. la interpretación de la actualidad: Si bien es cierto que de siempre los medios han diferenciado sus espacios de actualidad de los de opinión, en esta vertiginosidad de la información, el rol de muchos medios debe ir orientándose a un análisis e interpretación –aquí deberíamos hablar de la diversidad de puntos de vista– más que la mera inmediatez de la información. Es aquí precisamente donde se evidenciará el rol editorial de las cabeceras frente a las marcas personales-referentes-comunicadores que emergen en este mundo de la comunicación. La actualidad puede ser objetiva pero su interpretación es subjetiva y aquí estas marcas personales deben coordinarse junto a las «marcas cabeceras» para convertirse en referentes en ambos espacios: en la inmediatez y en su análisis.

Más allá del «fenómeno Ibai», que creo que ejemplifica un cambio de modelo, lo importante a reflexionar y a actuar de cara al futuro deberá ser cómo se producen estas relaciones entre medios de comunicación–marcas–periodistas–comunicadores–marcas personales–audiencias. Umberto Eco en su libro de «Apocalípticos e integrados» ya lo planteó ni más ni menos que en 1964 (si no lo has leído, deberías hacerlo). Precisamente establecía esa diferenciación que hoy en día tiene muchísima vigencia. Este nuevo paradigma, que deberíamos revisar pero también debatir y avanzar – donde me posiciono un poco más hacia su visión integrada  – tiene para mí una clara direccion:

… los integrados argumentan que los mass media (incluyendo los actuales medios digitales) introducen nuevas formas de hablar y esquemas de percepción que son característicos de una nueva sociedad. (vía Lateralia)

Si hasta ahora veíamos la marca personal como un ámbito de visibilidad de nuestra actividad, quizá más orientada al ocio, lo banal, las conversaciones inmediatas, ahora adquiere una nueva órbita porque su desarrollo vendrá precisamente en cómo construyen la credibilidad y confianza de cada una de ellas más allá de la mera presencia e identidad digital y por otro cómo los «medios de comunicación» gestionarán interna y externamente esta credibilidad desde una óptica colectiva pero también incorporada con una óptica individual. Digamos que las audiencias de hoy pero también las audiencias de «mañana» consumirán este nuevo tipo de relaciones de información, comunicación y marcas para saber e interpretar la nueva realidad a la que nos enfrentamos. 


La foto de inicio es de Pixabay, de GDJ

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Ago 04 2021

Lo natural de las despedidas

Published by under deporte

No nos han enseñado a las despedidas. Quizá por eso sean tan duras. Las lágrimas escapan de los ojos, no encontramos respuestas a preguntas inexistentes y el vacío se llena de una sustancia irreconocible, pesada, inmaterialmente cruel. Lo único real es que las despedidas siempre han existido pero no sé si la sociedad, o nosotr=s mism=s, nos empeñamos en extender sobre ella un telón para hacerla desaparecer como si fuera un truco de magia. Y no desaparece.

Las despedidas llegan siempre. Tienen por costumbre aparecer por sorpresa, sobre todo para quienes las recibimos. ¿Ahora? Sí, ahora. Sin vuelta atrás en muchos casos. Un adiós que no se parece en nada a su primo «hasta luego». Rotundo, sin espejo retrovisor, ni retraso en su reloj. Llega.

Mira que la pandemia desplazó un año más la celebración de Tokyo 2020. Por obligación, por necesidad y por responsabilidad. Un año más de tiempo para prepararnos a un tiempo que llegaría pero que no quisimos ver. Ni el momento, ni el legado, ni sus preparativos. Un año después se celebra el evento por antonomasia mundial, los Juegos Olímpicos, una especie de olimpo de sueños, de esfuerzo, de podiums, donde las intenciones de l=s profesionales del deporte ponen su mirada fija a modo de objetivo profesional y vital. No es una competición más, no. Es LA competición. Quizá sean más cosas, lo fueron, no sé si lo serán, pero decir que eres deportista olímpico lleva consigo más significados que cualquier otra participación en cualquier otra competición.

Intuíamos que en Tokyo 2020-2021 se daría la situación. Una generación excelsa, unida, «loca», irreverente, llena de talento y de ambición, estaba llegando a su etapa final. Quizá este sea su momento definitivo final, pero aún sobrevive un estandarte que todavía se levanta por encima de las cabezas del resto, junto a sus 2.15m de altura, que iba camino de plegarse. Era esa corta edad del deporte profesional, la que marcaba el camino final, peleándose cada semana que pasaba con el deseo de conseguir su último gran logro personal y profesional. Otros ya habían dado un paso a un lado, Raül, Navarro, Reyes, etc, pero quedaba Pau. Un hombre movido por sus retos, por sus desafíos y su áurea emocional a su alrededor. Ésa que contagia a quien está a su lado, que hace moverse al resto, ésa que sirve de pequeña lección para superarse un poco más, para discutir principios que se creen intocables hasta que se desmoronan. Pau Gasol quiso seguir un poco más hasta cerrar esta puerta de su vida en un momento único, en estos Juegos Olímpicos que por definición son únicos, como experiencia, como vivencia, como desafío.

No fue explícito su adiós, nunca dijo «Tokyo y se acabó», pero tod=s intuíamos que este sería el momento. Con el acompañamiento de sus 41 años recién cumplidos, con sus últimos dos años de preparación con dirección Tokyo y con una carrera a cuestas que pesa más que todas las pesas del gimnasio que visitaría día sí, día también. Pau Gasol quería tratar de llegar al último día, a su final en LA Final, quería incitar al resto a acompañarle, a sabiendas que él solo ya no podría, pero acompañado podría ser posible. El resto aceptó, incluso con sus dudas iniciales, algunos con necesidades de descanso, de familia, de desconexión del balón, del sonido del parquet, de las últimas burbujas protectoras, de las rutinas de los horarios, con la veteranía de unos, la bisoñez de otros y la ambición de todos.

Pero la competición siempre existe como las despedidas. Quizá por eso se llevan tan bien. Competición y despedidas cabalgan juntas, donde quien toma la ventaja final es el triunfo. Hay rivales que luchan por el mismo motivo. Incluso si compites contra ti mismo. Luchas con el «y si», o luchas con el «creo que», luchas con el condicional siempre de acompañante. A veces dominas la competición, la mantienes firme, a tu lado, con tu ventaja, acariciándola para que no te empuje fuera. Otras veces, la competición es desleal a ti mismo porque se alía con quien más le coquetea y te deja de lado. Es así. Te enseñan, deberían (deberíamos), a aceptar esa «despedida» competitiva, esa derrota que se disfraza de dolor y de aprendizaje, si es que realmente se aprende. El caso es que enfrente tienes a rivales que quieren tocar con su yema de los dedos el triunfo, a pesar de que en el otro lado esté quien también haya imaginado su final feliz, soñando con el mismo premio.

Quienes sentimos el baloncesto, y el deporte, como una manera de sentir la vida, de vivirla, en su práctica, en su análisis y siempre en su disfrute, tenemos que agradecer a Pau su carrera, sus logros y sus desafíos convertidos en nuestras alegrías, en nuestros «no me fastidies, chico» o en esos «¡ buah !» que salían en nuestro boquiabierto silencio. Estos meses de julio, agosto y septiembre de estos últimos veinte años se han visto coloreados y subrayados por el protagonismo de Pau, y de sus compañeros. Y eso independientemente de su final, es de merecer. No solo por el medallero, bárbaro, sino por lo representado con todo ello. Apretar los puños de alegría, agradecer al resto, estar cuando y donde debía estar, unir y sumar, no esconderse, estar presente, ser único.

Así que necesitaba, yo al menos, dejar un espacio a la despedida para que no tratara de escabullirse en silencio entre el ruido constante del día a día. Quería una despedida que estuviera presente, una despedida que hablase en mi nombre, como otras muchas que existirán. Quería también una despedida que abrazase, en su nombre, otras que se darán al mismo tiempo, a su lado, de su mano, como la de su hermano Marc, o la de Scola, e incluso quienes estén en ese momento de dar también un paso a un lado, que es en definitiva un paso al frente. Seguramente así veamos la despedida de una manera más natural, cuando ambas partes estamos de acuerdo en sus condiciones, en su adiós y en su recuerdo. GRACIAS PAU.

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