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mar 05 2014

Patrocinio, lejos del marketing, más cerca de la gente

 

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Ahora que una de esas estrellas que tanto han brillado en la NBA, Lamar Odom, llega a Vitoria-Gasteiz, y con tanto revuelo generado alrededor de su llegada, y menos en su desarrollo diario como era de esperar, es un momento oportuno para repensar el tema del patrocinio, mecenazgo y esas cosas. Esas acciones que por un lado suponen un ingreso atípico en la capacidad financiera de las entidades y organizaciones que lo reciben y por el otro un apoyo cualitativo en forma de visibilidad y proyección de las marcas que interactúan conjuntamente. Y es que aquí también los tiempos cambian y de qué manera.

Tienes un billete de 5 euros en el bolsillo, debes elegir entre comprar pan, huevos, algo de verdura para cenar en casa, o bien invitar a un/a conocid= un café con un pintxo de tortilla o bien comprarte un lápiz porque se te ha acabado el que ya tenías y tienes que acabar el informe para dentro de 1 hora. El caso es que tienes que elegir a qué destinar ese recurso escaso: necesidad por un lado, detalle por otro, urgencia por otro… Si además de distribuir esos 5 euros entre diferentes posibilidades tienes, por si acaso, que dejar algo por lo que pueda pasar, el tema se complica.

Con esto de la crisis implantado en todos los niveles, tanto de consumo personal como empresarial, el recurso, escaso más que nunca, se ha destinado a lo esencial. Y con toda probabilidad, muchos de esos patrocinios en sus diferentes versiones han caído hasta prácticamente su desaparición. ¿Qué he hecho yo? puede suplicar el beneficiario… ¿qué he de hacer yo? reflexiona el patrocinador.

En épocas de “supuesta abundancia”, el patrocinio ha sido todo un afortunado, en especial el patrocinado. Se han movido cantidades económicas con facilidad, bajo un supuesto beneficio cualitativo cuando en realidad era meramente un beneficio medido en términos cuantitativos. Salvo algunas excepciones, vender calidad bajo criterios económicos ha sido valorado desde una óptica “alejada” a la eficacia y eficiencia de la acción y sí como una “pequeña recompensa” en términos de imagen. Ahora a toro pasado, es fácil opinar de ello pero en realidad, si la inversión hubiera merecido realmente la pena tanto económica como en términos de valores cualitativos, esta inversión se hubiera mantenido, quizá no al mismo nivel, pero no está siendo así. El deporte lo está sufriendo especialmente, flotando en un mar donde antes se nadaba en la abundancia y en las supuestas excelentes gestiones. La cultura, también. Desgraciadamente.

Entendamos el patrocinio como un intercambio de valores y comportamientos: tú me das visibilidad y a cambio yo pago una cantidad de dinero por ello. En realidad, no se diferencia mucho de la publicidad tradicional: me das segundos de televisión, módulos de prensa o segundos de radio a cambio de dinero. A más visibilidad, entendida como repetición y repetición y repetición, más valor económico. Objetivamente, es simple recuerdo y recuerdo, recuerdo de un nombre de una marca y nada más. Simplificándolo mucho es como gritar a cada paso que das para ver si “alguien te está escuchando“. ¿Seguro que esto ha sido interesante para muchas marcas? ¿Hoy lo sigue siendo? Me temo que no.

Estoy cada día más convencido de que este tipo de acciones desde la comunicación y el marketing, así como en otros ámbitos, deberían tener claro una idea: cuando se acabe la relación, ¿qué queda de todo ello? Cuando acabo un proyecto, me gustaría no solamente encontrar una solución a la necesidad sino sobre todo poder inocular una manera de hacer, una metodología de trabajo y sobre todo una actitud abierta y positiva no tanto hacia el resultado final como al proceso conjunto de trabajo que nos ha llevado. Y que ese camino permita seguir caminando en la dirección creada y en las formas empleadas. Mirándolo de este lado, entiendo que hoy muchísimos patrocinios se estructuran únicamente en la visibilidad y no tanto en la construcción conjunta de actitudes y comportamientos, de forma que vaya más hacia el campo de generar más valor añadido y no tanto, mero relleno de centímetros cuadrados.

Dos marcas se unen por varios motivos:

  • porque comparten determinados significados que refuerzan su posicionamiento en el mercado
  • porque una de ellas accede a un mercado que por sus características de cualquier tipo (geográfico, sociodemográfico, servicios añadidos, etc) le interesa para seguir desarrollándose o
    para entrar en dicho espacio
  • porque de la simbiosis de ambas marcas pueden surgir nuevas oportunidades que individualmente no sean capaces de lograr
  • porque comparten y les unen un mismo tipo de perfil de público al cual quieren llegar ganando cuota de cliente.

En un patrocinio, es importante definir muy bien cuáles de estos motivos son los que nos unen y qué proyecto conjunto se construye para lograr los objetivos planteados. Está claro que en este sentido, hablamos de un patrocinio con alto valor cualitatitvo mucho más allá que meramente cuantitativo. Si entendemos un patrocinio únicamente desde el aspecto cuantitativo posiblemente nunca se entenderán estos motivos que unen a las marcas.

BBVA tiene en su mirada internacional y global una de sus características esenciales como proyecto corporativo. No es casualidad que la NBA represente el MEJOR compañero de viaje posible, por su trascendencia global y por su total implantación norteamericana. Posiblemente TURKISH AIRLINES quiera conectar su proyecto hacia un entorno más occidental y europeo, pero sobre todo global. Unirse a la EUROLIGA le permite acceder a este campo europeo pero sobre todo a una marca con una clara vocación global, de ahí su posterior unión con Messi y Bryant. No hace falta irnos tan lejos, a nivel local también suceden cosas. Iván Fernández, atleta vitoriano y su relación con organizaciones locales para unir proyectos comunes y mi cercana K35 con su relación con Alex Txikón y sus proyectos #nosgustanlosretos

Posiblemente estemos viviendo también un replanteamiento de los patrocinios, un replanteamiento en el que quizá lo importante no sea tanto la “mancha” sino la capacidad de crear juntos actividades, acciones, desarrollos que comuniquen en sí mismo. Acciones que logren eso de que “… las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas…” como dijo Woody Allen. Construir juntos y ser partícipes de ese éxito. Y no tanto el pensar quién sale el 1º en la foto, el “empujarse” el uno al otro por el “minuto de gloria”, etc.

Quizá debamos alejarnos de temas meramente económicos, de manchas, vallas y publicidad. Quizá debamos tomarnos más en serio que no es simplemente un beneficio fiscal y sí más un beneficio corporativo y un beneficio social. Comportamientos, actitudes, valores, acciones conjuntas, co-branding… deberían de ser las palabras que debamos emplear más cuando nos refiramos al “nuevo patrocinio”. Quizá debamos dejar de hablar de marketing en el patrocinio y hacerlo en su lugar del beneficio en y para las personas, donde uno más uno no son dos, es más.

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La foto de inicio es de Flickr, de Jimmy Alvarez

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feb 14 2013

Uno más uno es más que dos

Presenté hace un par de semanas un post en el que relacionábamos personas con marcas y con tecnología: Solomo, planning, marcas y personas. Y comenté que había más trocitos personales-profesionales. Éste es otro de ellos. Lo cierto es que visto unos días después me doy cuenta de que la charla que tuvimos Julen Iturbe y yo bajo la atenta “mirada” y la edición posterior de Josi Sierra cundió bastante. Ya sabes, te pones a hablar, una cosa te lleva a otra. Así se pasó el tiempo sin apenas darnos cuenta. Es lo grande que tiene el proyecto Conocity.

Cuanto más profundizo en el mundo de las marcas, más me doy cuenta de que el branding en realidad va de personas. Las marcas relacionan personas. Pero además en la medida que somos capaces de comprender la vida y unas expectativas determinadas en un momento concreto de dichas personas, las marcas adquieren un sentido para ellas. Si no, no sirven de nada. Utilidad le llamo con total crudeza. Sentirte útil para satisfacer una necesidad. ¡¡Ojo!! que ésta puede ser funcional y/o emocional. Se produce entonces la conexión y el vínculo entre una expectativa en un contexto determinado y una propuesta siempre en forma de valor. Ese puente que une es la marca, una idea que conecta. Sin más. Porque si no hay conexión, no hay marca. Recordad eso de:

Sólo existe una marca cuando alguien la interpreta

Si esto es así, las marcas están más cerca de las personas que simplemente de quien la tiene registrada ante el registro y bien protegidita. Por tanto, el potencial que tenemos, el desarrollo futuro, el nivel de credibilidad y utilidad e incluso el nivel de innovación que está ante las marcas radica en gran medida en esas personas con las que tenemos una relación. Y ahí comienzan todas esas ideas que surgen en eso que vamos denominando “branding abierto“. Y de lo que estamos hablando en este tiempo, en lo que Jon Saez está investigando y trabajando y en lo que iremos relacionando (espero) en un futuro presente cercano alrededor de eso que vamos llamando también empresa abierta.

Conocer, interpretar, dar la voz, desarrollar, marcas, branding… pero sobre todo personas. Por segunda vez, vuelvo a insistir, PERSONAS. Tenemos tela que cortar. Así que ahí tenéis el video. Apenas 8 minutitos de conversación. Qué grande Josi. Qué grande Julen.

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dic 14 2011

¿Y si vamos juntos? Sobre co-branding abierto

Lo cierto es que dedicándole tiempo, pausa y reflexión a cómo desarrollar marcas día a día, caes en la cuenta de que a veces lo mejor es no respetar la norma. Y más en estos tiempos en que lo líquido, lo dinámico, lo co-laborativo y sobre todo la coherencia entre discurso-acción parece que es la tónica más acertada. ¿Romper la norma? Sí, porque para desarrollar marcas NO hay recetas. Cada receta es para cada diagnóstico y situación y no vale la misma medicina para todos.

Por otro lado, seguimos dándole a la cabeza sobre eso de la “empresa abierta“. Más te adentras en sus profundidades, más te gusta bucear en ello porque descubres grandes cosas. De momento, tesoros no he visto pero sí un mar amplio, abierto y con unas entrañas profundas pero preciosas. Llevamos oxígeno por si acaso.

Algunas de las teorías y metodologías del branding establecen que la decisión de gestionar un portfolio de marcas vía arquitectura de marcas, es un proceso que va después de tener una marca notoria, asentada, con significados profundos y con un carácter cultural muy vinculado con un grupo de relación. La decisión de introducirnos en un nuevo mercado hace que nos preguntemos si somos coherentes y especialmente creíbles en ese mercado. Ahí es donde aparece uno de los atractivos más hermosos del branding: ¿qué hacemos ahora?

En este mundo actual no estamos para dar pasos consecutivos y sí pasos alternativos con la coherencia como principio de actuación. Esta reflexión me surge de observar cómo podemos hacer que una marca que está comenzando pueda asumir nuevos significados y/o acceder a un nuevo universo cultural desconocido a priori pero en cambio con un potencial enorme, pero desde ya. Esta observación te muestra precisamente que en ese universo convive una marca con su comunidad. La pregunta es “¿y si vamos juntos?”.

La idea de co-branding en el mundo de la empresa abierta adquiere una importancia, desde mi punto de vista, vital. Co-branding es un espacio más del complejo mundo de la arquitectura de marcas: Dos marcas diferentes, con productos/servicios diferentes, en mercados diferentes llegan a un acuerdo. Lo interesante es que se relacionan dos marcas, en un momento temporal “X” pero (aquí está lo realmente interesante) que al compartir significados iguales, permiten llevar la relación con más o menos profundidad. Baileys & Haagen Dazs, Moritz & Munich, …

Lo que me planteo es ¿y si son realmente diferentes pero complementarios? ¿y si no tienen nada que ver el uno con el otro pero en realidad la unión da como resultado una “acción” novedosa más allá de la suma de ambas partes? Aquí se nos abre un tremendo mundo de oportunidades. Hemos visto experiencias relacionadas con la innovación como unir empresa con arte. Resultado: una nueva dinámica de trabajo con un resultado final. Muy Bien. ¿Podríamos pensar qué haría una marca financiera con una marca de alimentación? ¿una marca de higiene con una marca de tecnología informática?

Pensemos una cosa en realidad. A lo largo de las 24 horas del día, nosotros como “personas-usuarios-consumidores” pasamos por diferentes momentos, expectativas, usos y experiencias. Pero el universo alrededor de cada uno de nosotros gira siempre en torno a una serie de valores más o menos similares. Podemos tener contradicciones en cuanto a compras dentro del mismo sector pero en sectores diferentes actuamos con una lógica similar. Si en esas 24 horas, con una lógica similar, actúan diferentes marcas… ¿podrían éstas a ponerse a trabajar juntas para estar más tiempo junto al consumidor? ¿Y si involucramos a éste en que decida cómo podemos interactuar? ¿y si nos ponemos de acuerdo en qué podemos hacer para estar más cerca?

Por facilitar el mensaje, hemos de pensar en:

  • valores comunes
  • universos simbólicos similares
  • personalidades comunes
  • consumidores activos
  • comunidades participativas

Creo (espero) que haya alguien del mundo de la empresa/institución que lea esto. ¿Os imagináis relacionaros con una marca de otro sector diferente al vuestro para transmitir esos valores que necesitamos para fijar nuestra percepción en nuestra gente? ¿no os parece interesante?

Ahí lo dejo.

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La foto es de Flickr, de Monte Biju by Simony Carvalho

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mar 10 2011

El remedio contra la “miopía”, tener visión…de branding

Ciertamente gestionar tu marca resulta no fácil. No quiero decir difícil pero sí que tomar decisiones de hacia dónde dirigirla resulta cuando menos “complicado”. Creo que la poca (o casi nula) explicación de qué es realmente el branding hace que solamente se vea éste como el nombre que le ponemos cuando se cambia una identidad visual o se realiza una campaña corporativa. Y esto no tiene nada que ver con una buena dirección de marca.

La identidad de una organización es muy importante. El Ser. Pero estar muy pendientes de nuestra identidad, de no perder nuestros valores, de ser fieles a nuestras formas de hacer, de yo-mi-me-conmigo-yomismo, hace que por no perder este control dejemos pasar oportunidades por delante de nuestra puerta. Si lo viera un oftalmólogo, lo denominaría miopía. Sí. MIOPÍA. Vemos muy bien lo de cerca pero somos incapaces de ver más allá y de observar y explorr el camino ante el que nos encontramos un poco más lejos y que nos podremos encontrar en el futuro.

La propia planificación estratégica ya diferencia entre misión y visión. Ser y querer ser. Filosofía y estrategia de futuro. Sí. Futuro. ¿Pensamos realmente dónde queremos llegar? Porque sigo con la sensación de que una vez más lo “urgente” no deja ver lo “importante”. Donde la pieza juega más fuerte que la acción. Donde la cuenta de resultados oculta a la apuesta por innovar. Y eso, ya no vale. ExploTAR y ExploRAR. Ambos.

Tener visión supone cuestionarte a veces hasta tu propia identidad. Y de la respuesta, reconocer que quizá tengas que desprenderte de alguna idea que hoy sirve pero en las tendencias de futuro y en los movimientos de la sociedad pierden y perderán valor en el tiempo. Conocer EL mercado. No tu mercado. EL mercado. Comprender AL consumidor. No TU target. SÍ LA SOCIEDAD. Hay quien lo denomina como “insight“. Creo que es efectivamente ir más allá. Hay que ponerse lentes, mirar más allá, diseñar posibles escenarios, adaptarte a lo que la sociedad valora… ¿no hablamos de ello hace poco acaso? No oír, sino escuchar. Y actuar en consecuencia. Y ser adaptable.

Las consecuencias de la miopía están claras. Muy cómodo en lo cercano, en lo que controlas, en lo que te “retorna” hoy. Pero en cambio no sabes lo que tienes delante, ni en el futuro, ni observas ni escuchas. Claro, es lo desconocido. Y en lo desconocido, no hay control. ¡¡Ja!! Pero en cambio hay otras experiencias que quizá no sean de tu mercado y que te pueden “ayudar” a descubrirlo y a “explorar” un nuevo camino. Hace poco leí interesantísimas ideas provenientes de Amalio Rey sobre el concepto de #hibridación. Sí, unir cosas aparentemente diferentes pero terriblemente enriquecedoras. Y ahí la marca puede jugar en un nuevo terreno, quizá incómodo al inicio pero lo suficientemente atractivo como para aprovecharlo y aportar valor, que es de lo que se trata.

Un ejemplo reciente: IKEA-muebles-casa… ¿qué pinta IKEA en un entorno de hardware? ¿Inimaginable? No, real: “ordena tu escritorio del ordenador tal y como lo harías con tus productos en tu casa”… ¿vende muebles? NO. Vende otra cosa. Y ahí descubre su concepto que lo traslada a otra categoría. ¿Locura de IKEA? No sé. Pero es una idea genial. ¿Dónde queda el logo, la publi y todo eso? NO IMPORTA.

El caso es que a nuestro alrededor están sucediendo tantas cosas, aparecen tantas oportunidades que da pena-rabia-no-sé-qué, que sigamos apoyándonos en unas anclas que no te dejan mover. O no sabes mover. En vez de “Morir con las botas puestas”, prefiero vivir.

Elevemos anclas, alineemos las velas al viento, miremos hacia el horizonte y naveguemos.

Sólo así descubriremos nuevos territorios para nuestra marca.

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La foto es de Flickr, de blugia_pablo

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