Archive for julio 29th, 2015

Jul 29 2015

Lo que queda por cambiar nuestra forma de trabajar

Published by under artesanía

6864642751_733b86121e_o

De vez en cuando me gusta echar la mirada atrás y ver cómo estaba estábamos hace un tiempo y cómo han ido están cambiando las cosas. Hace ya 5 años comencé una nueva etapa de la cual no me puedo quejar (salvo algunas cosas), y en todo este tiempo si algo ha modificado mi trabajo está siendo mi forma de trabajar. Quizá sea por la circunstancia de pasar de una organización con su equipo de personas a estar literalmente «sólo». El hecho numérico no es lo relevante pero sí que condiciona la manera de trabajar, con sus ventajas y sus inconvenientes, como no puede ser de otra manera.

Tengo la sensación de que nunca nos enseñaron a trabajar, más bien a hacer lo que se nos pide, sólo responder a una exigencia en función de nuestras capacidades, conocimientos y habilidades personales. Te enseñan (no sé si aprendes) unos conocimientos que luego la realidad se encarga de situarlos en su lugar adecuado. Quien más quien menos ha pasado por esos momentos en los que ha tenido que hacer algo que no-le-enseñaron y ha tenido que «buscarse la vida», que es la otra manera de decir que sigues aprendiendo. Lo bueno de ello, en cambio, es que si te gusta y apasiona lo que haces, no importa no-saber sino el mero hecho de la búsqueda de la solución, de documentarte bien, de explorar posibilidades y escenarios, las inquietudes y la curiosidad y estructurar un discurso en torno a esa necesidad, hace que vayas adquiriendo más experiencia, más experiencias y más conocimiento.

Quería dedicarme y focalizarme en el branding. Seguir ese camino y profundizar sobre él, desde lo teórico pero sobre todo desde lo práctico. Aprender-haciendo eso que leía y veía. Disfrutar del proceso de trabajo más que esperar al resultado final. Y todo ello me obligó a trabajar de forma diferente a lo que hacía en su momento. La consultoría artesana me está ayudando en todo ello. Así básicamente me he encontrado en este tiempo, y mirándome a mí mismo, tres campos de trabajo que ya considero imprescindibles:

  1. Estar sólo, centrado y concentrado en una materia,
  2. Conversar con el/la cliente; y en «casa» del cliente,
  3. Habilitar espacios «mixtos», para desarrollar nuevas ideas, desde dentro y desde fuera, de forma conjunta.

Doy fe que mi principal cambio y reto fue no tener oficina. Entendiendo oficina como un espacio físico y propio para trabajar ahí, con sus archivadores y muebles, su puerta, su llave y todo eso. Hubo gente que me hizo qué pensar cuando me dijo si la necesitaba realmente. Es como que trabajar estaba íntimamente ligado a un espacio físico. Primer cambio radical. No. No tengo oficina. No la echo de menos. Aunque a veces sí que he tenido «tentaciones», pero creo que no es estrictamente necesaria para hacer tu trabajo.

Esto me ha hecho reflexionar bastante sobre los «espacios de trabajo«, si en realidad aportan o no valor a lo que profesionalmente se requiere y se busca. No sé si tienen sentido o no, pero no soy el/la único/a que piensa que las empresas siguen y seguirán teniendo sentido con espacio pero también SIN espacio físico. En la actualidad, soy un encantado y privilegiado usuario de bibliotecas públicas, allá donde las hubiere, en cualquier formato. Un espacio, las bibliotecas, que tienen un importante reto en re-definirse ya que no soy el único que la usa en este formato de solitario-freelance-trabajador/a. Espacios amplios, silencio, mesas libres y grandes, tranquilidad. Ideal para ese campo «individual» del trabajo.

Lo que también ha modificado mi forma de trabajar es reconocer que necesitamos tener momentos de «soledad». Esos en los que necesitas poner todo tu foco en un tema, en una acción. Sólo. Enfrentarte al papel en blanco y/o a la pantalla, con el lápiz y/o el teclado, y producir llamémosle un contenido, una idea, una propuesta, un esquema, un garabato. Un desatascador de la solución en forma de valor que propones. También un momento de soledad para leer un post, anotar una idea y dejarla reposar, ver un video, un corto, leer un capítulo de un libro, darte una vuelta por el RSS, etc. Necesitamos ese estímulo individual que nos puede catapultar hacia algo nuevo, a menudo desconocido y siempre un desafío contigo mismo.

Siguen siendo necesarios los momentos con l=s clientes. Escuchar, preguntar, hablar, conversar, aprender, proponer. Momentos en los que más allá del briefing y/o de la necesidad que te llega, casi que formas parte de «su» proyecto, siendo un/a más y tratando de aprender de «su cultura» para poder interpretar correctamente necesidades, expectativas, historias pasadas y visiones futuras. Es cuando realmente tiene sentido un trabajo como el nuestro. Estamos para aportar valor dentro de una realidad. Y cuanto más cerca la vivas, mejor para ambas partes. No es hablar de problemas, es hacer una total inmersión en una cultura ajena para comprenderla totalmente y aportar valor sobre ella.

Con todo ello, en este tiempo he descubierto que también hemos de generar espacios de frontera entre la soledad y el equipo de trabajo, entre lo individual y lo colectivo, entre lo propio y lo ajeno. Buscar espacios mixtos donde hagamos partícipe a gente ajena al problema pero de alguna forma implicada en él. Empresas con sus públicos externos, directiv=s con sus colaboradores, partners con clientes, … buscar diversidad en la búsqueda de un camino que una a tod=s y que permita encontrar un camino que junte visión con realidad, retos con amenazas, creencias con certezas, lo centralizado con lo descentralizado. Quienes hemos leído y releído «El Artesano» de Richard Sennett, hemos interiorizado el concepto taller. Ése que relaciona personas y sus relaciones, más allá de su condición:

«Los talleres han sido y son un factor de cohesión social mediante rituales de trabajo»

Hablaba hace no mucho con Asier Gallastegi y Arantza Sáenz de Murieta y Asier Amézaga de cómo participa la gente (y cuánto aporta) cuando se le hace corresponsal y corresponsable del valor que quiere aportar.

La pregunta en este caso es ¿cuál es el espacio preciso y necesario para que ello se desarrolle? Lógicamente, una empresa/organización tiene sus espacios y sus salas de reuniones. Están también los espacios co-working que «alquilan» sus habitáculos libres para estos temas. He/hemos trabajado en tiendas, en terrazas de bares, en comedores de restaurantes, en otras oficinas…cada cual te da y te ofrece algo a cambio. Lo importante en este caso es saber que ese encuentro entre personas diversas necesita de espacios diversos, poco formales, que te hagan sentir cómodo y con la libertad suficiente para abordar la situación a resolver.

Más allá del espacio físico, que haberlos haylos, lo que observo viendo lo que ha ocurrido en este tiempo y lo que está ocurriendo hoy, es que uno es en la medida de lo que hace con los demás. En que la soledad no es mala sino necesaria para su trabajo. Necesitamos dar sentido a nuestras ideas … en colaboración con l=s demás.

He valorado muchísimo en este tiempo el trabajo solitario, sólo, en la penumbra y con silencio. Y más aún la necesidad de escuchar y contar al resto. Estas vacaciones de verano van a ser como el momento para pensar sobre ello y cómo hemos de seguir cambiando. No sé dónde acabará todo ello. Sólo sé que hay que seguir avanzando y, espero, mejorando.

____________________________________________________________

La foto de inicio es de Flickr, de Cristina Valencia

21 responses so far