Huevos
Escribí este post antes de la final entre Argentina – España del Mundial de fútbol 2026, porque quería evitar el oportunismo –lógico por otra parte– de la embaucadora influencia del «sesgo del resultado». Aunque en mi caso me vinculo más con el baloncesto, me sitúo mejor con el Deporte, pero este Mundial de fútbol visto desde una distancia deseada, nos ha regalado muchas perlas sobre estos tiempos de hoy.
La paranomasia es el recurso lingüístico que explica que el simple cambio de unas letras de una palabra adquiere otro significado diferente. Como pasar de «huevos» a «juegos«. Una «h» por una «j», una «v» por una «g». Espero lo entiendas.
Y es que mi relación con el deporte cada vez se estrecha más. De practicar un juego a aprender del juego pasando a comprender un juego y a enseñar un juego, son pasos que me enorgullecen como persona y profesional. El basket, y otros deportes, me han enseñado a comprender las dinámicas, las razones, las rutinas, las mentalidades, las inquietudes, las complicidades, los miedos y las soluciones. Un deporte es la representación misma de la vida, en individual y en colectivo. Diría que la vida se comporta más como un deporte cualquiera. Te enfrentas a retos constantes que exigen prepararte y competir muchas veces contra ti, otras en colectivo frente a otros colectivos, te lleva a superar circunstancias desconocidas o a sobrevivir al cambio de planes.
Se pierde muchas más veces que las que se gana. Y en esas situaciones, como decía mi admirado Borges:
Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria.
Jorge Luis Borges
Me hace daño escuchar a mi alrededor expresiones como «hay que echarle huevos«, u otras como «hasta la muerte«, lindezas varias como «es una guerra» y ese temible «hay que sufrir» o el «hay que machacarlos«. Esta influencia de lo bélico, de la sonrojante testiculina y lo militar en la competición desde siglos atrás, y este vocabulario militar obsceno, de la honra, la patria y las banderas y el honor como principales argumentos para motivar a cada persona, se convierte en un ejercicio jerárquico y humillante para el/la otro/a.
Tanto reduccionismo me sonroja y preocupa, de la misma manera que el «hay que disfrutar» y el «sí, se puede«. Uno no sabe bien a qué atenerse cuando se enfrenta a una situación así. Me parece más complejo aún, mucho más, como la vida misma. Controlar situaciones no es tan sencillo como gestionar las propias emociones, las de cada quien y las del colectivo, que esas sí que son complicadas. La vida es compleja, el deporte es complejo, reducirlo a «echarle huevos» es una pantomima y una falta de respeto.
A la final llegaron dos selecciones que se convirtieron en sendos equipos conforme pasaban los días. Sin llegar a semejante nivel he tenido la suerte de participar en diferentes selecciones de categorías inferiores, y con la tremenda distancia que existe con tal élite, lo que cada día nos preocupaba era unir al colectivo, consensuar una idea y unos objetivos comunes, alinearlo todo con los objetivos y las expectativas individuales que por supuesto existen y deben existir y generar una cultura, una serie de rutinas y hábitos que unieran al colectivo de manera personal, donde lo que realmente importaban eran las conexiones y las relaciones porque si eso era así, teníamos altas probabilidades de que se trasladaran en resultados positivos en el campo.
Si llegas a la final es porque anteriormente has hecho muchas cosas bien, muchas. Si llegas a la final no es solo por el carácter porque nadie sale a competir en su día a día pensando y queriendo perder, nadie. El listón de la vida lo situamos cada día y el objetivo es subir la base de nuestro rendimiento como también elevar su techo para que sea un reto más alto, poco a poco, allá donde cada quien considere oportuno. Hay que gente que quiere solo ganar dinero, acumular riqueza, otras personas quieren progresar y mejorar profesionalmente, reconocimiento y prestigio, otras quieren estabilidad futura, otras valoran más el equilibrio vital, much=s buscamos la felicidad en el proceso del camino, un camino con baches pero un camino con metas volantes que nos dan la vida si las cruzamos como imaginamos.
Enseñar los argumentos que tienes a tu disposición para jugar mejor cada día, para solucionar situaciones conocidas y desconocidas y ser capaces de resolverlas, con las herramientas que tienes a tu mano, es la verdadera tarea del entrenador/a. Dotar de criterio, darle sentido a ello y que sean quienes jueguen quienes en muchas ocasiones encuentran la propia solución en función de sus características. Enseñar a asociarse, a vincularse, a encontrar apoyos para poder llegar en mejores condiciones al resultado final. Merecer el resultado, provocar cada momento y comprender qué se necesita hacer en cada situación. Los planes siempre existen de inicio pero pocas veces se ejecutan al 100% en su totalidad. Ahí radica la virtud: ser capaces de adaptarnos a las nuevas situaciones que se den de una manera colectiva, entrenada y alineada con la manera de entender no sólo a qué jugamos sino a cómo jugamos, la auténtica virtud, la única y verdadera virtud.
El resultado nos apremia en la vida, parece que todo está encaminado y enfocado a que sea así. Lo que la vida nos enseña en cambio es que el resultado es la consecuencia de todos los procesos anteriores, dirigidos en el tiempo, en muchos casos mucho tiempo. El resultado es la consecuencia, sabiendo también que en el deporte, como en la vida, causa-efecto no suele darse habitualmente.
De la misma manera, el «qué», la victoria, satisface, pero lo que realmente eleva esa satisfacción para convertirse con el tiempo en leyenda, en legado, en una cultura y una manera de hacer es siempre el «cómo». Lo que da sentido a lo que hacemos tiene que ver con esos procesos, esas interacciones y esas relaciones que construimos en base a una idea, a un concepto, a un estilo. Lo decía Thierry Henry, días atrás:
Cultura, narrativa, estilo y sistema.
https://x.com/esdotge/status/2078071782959976839
Cultura / Narrativa / Estilo / Sistema
¿Dónde quedan entonces los «huevos»? ¿dónde queda esa testiculina trasnochada de tiempos inmemorables? ¿acaso alguien quiere exclusivamente centrarse en ese argumento? ¿a dónde te lleva cuando estás enfrente del éxito, o de la derrota?.
Afortunadamente la paranomasia nos enseña que solamente con un sutil cambio de letras, el fútbol, el basket, el deporte, la vida, se convierten en un juego donde suceden cosas en las que proyectamos nuestra identidad y la hacemos moverse a la par que el contrario, dentro de un estilo en el que nos sentimos reconocidos, reconocibles e identificados; dentro de un sistema que tiene diferentes ámbitos que nos ayudan a resolver situaciones previstas e imprevistas bajo una manera de afrontarlas en común fruto de esa cultura generada día a día, y manifestándonos desde una narrativa que nos haga partícipes y coherentes con esa propia cultura que atraiga adeptos a la causa de la que formamos parte.
No he cambiado una coma de este post mientras se celebraba el partido. Me sentía cómodo con ambas selecciones, con ambos equipos, con ambos entrenadores, porque cada uno tenía perfectamente construida esta relación cultura > narrativa > estilo > sistema, y eso me hizo una vez más dejar de lado a los «huevos» para entender de verdad lo que es un «juego» y lo que supone, nos une y nos representa.
Enhorabuena a los dos, al ganador y al subcampeón. Gracias al deporte por darnos una nueva enseñanza.