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Oct 28 2016

El diseño como medio y las nuevas preguntas

Foto vía @migueldeandres

Foto vía @migueldeandres

Behance es una de esas plataformas digitales relacionadas con el mundo del talento, la creatividad y el diseño, que un= no se debe perder. Es conveniente darse una vuelta periódicamente para ver, aprender, observar y disfrutar del talentazo que hay por todo el mundo en diferentes ámbitos de “lo creativo” y servirte la mayor parte de las veces en un extraordinario campo de inspiración para el día a día. Forma parte de ADOBE y su propósito y misión es realmente inspiradora y clara:

“To empower the creative world to make ideas happen”

Desde hace un tiempo, Behance “cede” parte de su marca para realizar eventos locales, llamados BeReviews, donde se comparten ideas, se exponen maneras de hacer y hasta se revisan books y portfolios de hambrient=s diseñadores que quieren abrirse un camino en este mundo. Gente del mundo del DISEÑO con mayúsculas, no sólo gráfico, sino hasta de producto, servicios, copys, …… Diseño esa gran palabra que deberíamos por cierto de empezar a redefinir y comunicarla mucho mejor.

Lander Balza es uno de esos jóvenes–inquietos–aunque–sobradamente–preparados del mundo del diseño en Euskadi, que entre sus virtudes está la de liar a gente para participar en eventos, com este Behance Review Vitoria-Gasteiz, en el cual tuve el honor de participar: “Juanjo, tienes que venir y contar cómo trabajas… pásanos una frase para que montemos las diapositivas de presentación”. No estuve sólo porque nos acompañaron además dos buenos amigos que nos ilustraron también con sus trayectorias profesionales y experiencias en este amplio campo del diseño: Asier Ugarte y Carlos Hermosilla.

“Cuando creíamos que teníamos las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas” [Mario Benedetti]

…Fue el hilo de mis 15 minutos (que fueron algunos más) de dudas, preguntas y alguna que otra experiencia profesional personal. Definirte a ti mismo no es tarea fácil pero esta frase creo que ayuda a comprender el mundo profesional en el que vivimos y precisamente en el que mejor me siento reflejado. Hacerme preguntas describe, creo, muy bien cada día que pasa mi actividad y fue una de las recomendaciones que hice: “hacerse nuevas preguntas cada día, porque al ir buscando respuestas encontramos nuevos retos y nuevas soluciones”.

Para estos 15 minutos decidí no utilizar presentación, ni keynote ni power point. Pensaréis que es una boutade pero en realidad lo hice así porque pienso que no hay nada peor precisamente para “diseñar” una idea, una presentación o un proyecto que comenzar sobre algo ya hecho o mejor dicho re-hecho. El valor del “folio en blanco“, de garabatear y de ir escribiendo ideas que surgen, es una tarea que tod= diseñador/a debería hacer, que tod= profesional ha de hacer. Un mapa mental y mi cuaderno y mi lápiz como guía para hablar de ello. Re-hacer dicen que es otra alternativa para la creatividad; empezar de 0 cada proyecto como si fuera el primero y el último, me parece un mejor ejercicio de diseñar, crear y desarrollar. ¿cuántas veces habéis hemos utilizado un proyecto parecido para copiar-pegar e ir cambiando palabras, ajustar alguna diapositiva y ya está?

Me surgieron varias reflexiones para esta charla, que en realidad, son sensaciones y experiencias que vivo cada día:

  1. Escuchar más al cliente y sentir y hacer sentir su proyecto como propio son dos claves en las relaciones que establecemos con el cliente. En muchas ocasiones el cliente no sabe lo que quiere, pero además de verdad. No sabe. Se hace preguntas. Y posiblemente lo que quiere en realidad no sea lo que desea. Y ahí está nuestro papel para “ayudar” a comprender SU problema y hacerlo nuestro. Tenemos así que escuchar más que contar lo que hacemos. Tenemos que conseguir hablar SU mismo idioma al que le incorporamos nuestra disciplina que nos ayude a solucionar su inquietud.
  2. Tenemos que conseguir que el cliente sepa más, sea más experto en nuestra disciplina. Esto se llama educar, realmente. Algo de esto ya hablamos hace poco pero entiendo que lo importante, como diseñadores o como en cualquier otro ámbito, nuestro cliente y nuestro mercado SEPA más de un tema, nuestro tema. Si queremos que el diseño se valore más, tenemos la responsabilidad de hacer comprender el diseño. Si queremos que el branding se valores más, tenemos la responsabilidad de que el mercado sepa más de branding. Sólo así se valorará mejor lo que hacemos y nuestra propuesta de valor.
  3. El objetivo no es sólo acabar un proyecto sino especialmente el camino que nos lleva a ese proyecto: el PROCESO. Utilicé una frase de Juanma Lillo, entrenador de fútbol, que dice “Lo importante no es jugar ordenados, sino ordenarse jugando”. Resume perfectamente que el proceso es clave en el producto/servicio final porque de cómo se enfoque y se lleve a cabo, el resultado final tendrá un valor u otro.
  4. Evitemos demostrar al cliente/mercado que sabemos mucho sobre un tema y más bien hagamos que lo que sabemos sirva para que el proceso y el resultado sea brillante, eficaz y eficiente. A veces damos demasiadas lecciones sobre nuestros conocimientos. Nos comportamos como papagayos que se aprenden una lección y la sueltan tal cual sin saber a menudo lo que dices y sin saber si la persona que tenemos enfrente nos entiende o no. La clave radica más en identificar y comprender conjuntamente un problema y después, con la metodología adecuada, proponer una solución.
  5. Los proyectos son desarrollados en espacios que generamos formales, informales y en silencio. Parece que los proyectos son un toma-daca de “marrones” que cambian de manos, del cliente al proveedor y viceversa repetidas veces; cuando lo que en realidad hace que el éxito de un proyecto esté más cerca de los espacios generados para tratar el proyecto que simplemente un cruce de papeles, mails y briefing. Generar esos espacios informales, más allá de las típicas reuniones, es clave para precisamente esa labor de responsabilidad que tenemos como profesionales. La confianza ayuda en los proyectos. Las relaciones le dan el punto diferencial a los proyectos.
  6. Hacer, deshacer y desarrollar borradores como parte del proceso. El diseño ha sido siempre bocetos tras bocetos. Ideas que nacen y se van desarrollando, perfeccionándose con el paso del tiempo, con la aportación de nuevas ideas y con la conversación que se produce entre cliente y co-laborador. El mito de la “servilleta en blanco”, el “post-it” en el frigorífico o la fotografía que sacas en la calle que te inspira y que mandas por Whatsapp, son parte de esos pequeños matices que ayudan a que un proyecto sea un lugar lleno de valor.
  7. Preguntarse por “un segundo antes–un segundo después” del problema. El ¿por qué? del inicio del proyecto es fundamental comprenderlo. Qué hay detrás y qué es lo que hace que alguien te llame, alguien te pregunte por un problema. Al igual del ¿qué queremos conseguir que se lleve más allá del propio proyecto? son dos preguntas que le dan al proyecto no sólo la búsqueda de un resultado final sino sobre todo un propósito profesional y una actitud en la relación.
  8. Y, finalmente, entender que el diseño no es el fin sino que el DISEÑO (con mayúsculas) es el MEDIO sobre el que queremos modificar un problema y, especialmente, no sólo encontrar una solución sino que esa solución sea totalmente TRANSFORMADORA de una organización, de un proyecto, de una persona.

Estar muy a gusto y agradecido sea posiblemente el mejor síntoma de haber participado en un evento. Vi muchísimas ganas por cambiar y profundizar en el valor del diseño en Euskadi. Respondí a una pregunta en este sentido que soy muy optimista, que hay mucho que hacer y que hay que hacerlo posible. No sé la receta para ello pero sí intuyo dos claves:

  • eduquemos y compartamos nuestras reflexiones sobre el valor del DISEÑO en nuestras organizaciones, para hacerlo entender y hacerlo posible. Esto es una tarea más de responsabilidad y orgullo con la profesión que no únicamente quejarse y lamentarse con eso de “no nos entienden”.
  • una manera (que no la única) de hacerlo comprender es pensar en proyectos donde el diseño ayude a transformar, y eso solamente es posible si pensamos en el POR QUÉ y el PARA QUÉ, más que en el QUÉ y el CÓMO, que solo aporta valor estético. Pensar en el POR QUÉ y PARA QUÉ siempre comienzan con una habilidad esencial hoy en día: la EMPATÍA

Así que ojalá que este hilo del Behance Review siga su camino en Euskadi y que no sea sólo un espacio para diseñadores sino para personas con ganas de transformar este país desde el diseño. Aquí tenéis a un voluntario que cada día se hace nuevas preguntas.

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Ago 01 2016

Lo que nos cuesta educar al cliente

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En este mundo de lo tangible, tan tangible como aquello de “…Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”, propia de Santo Tomás, cuesta a veces reconocer que más allá de lo tangible lo que deja huella y rastro, precisamente son otro tipo de ideas, otro tipo de cosas que precisamente se sitúan más en el mundo de los intangibles.

Leo a mi amigo Carlos Magro quien una vez tras otra nos viene a recordar aquello de “Educar es informar, formar, transformar…aprender, enseñar a aprender, aprender a enseñar, aprender a aprender”. Toda una declaración de intenciones y realidades.

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¿A dónde quiero llegar con todo esto? Llevo con esta reflexión mucho tiempo: ¿qué huella dejamos en nuestro sector, especialmente, en nuestros clientes tras cada proyecto realizado? ¿Es esa huella únicamente el proyecto finalizado, maquetado, encuadernado y entregado, el output, tras una serie de encuentros, de reuniones, de horas de debate, de reflexión y de transcribir ideas y escenarios? ¿Qué dejamos tras ese paso?

En el mundo de la consultoría, del branding, de la publicidad y el marketing es bastante común escuchar aquello de “hay que educar al cliente”, que “el cliente a veces no nos entiende”, el más grave de “el cliente no sabe comprar, ni siquiera sabe lo que quiere” …  ¿te/os suena? Puede tener su parte de verdad aunque permitidme ponerlo en duda porque tengo esa sensación de que el problema lo colocamos siempre ahí fuera y hay muy poca capacidad de autocrítica (siendo generoso) y poca intención de ir más allá y revertir ese comentario, cuando años tras años sigues escuchando esta frase. Y me pregunto por qué.

Quisiera añadir a esta reflexión dos puntos de vista, personales y profesionales, que me hacen llevar a todo esto. El primero de ellos es qué importancia le otorgamos cada un= de nosotr=s precisamente a esa labor pedagógica de su ámbito de conocimiento de cara al exterior, principalmente hacia el cliente y por qué no, al sector en general.

Está claro que comprender y trabajar en el mundo de los proyectos es precisamente encontrar una solución a un problema planteado. Son muchas las aristas que se pueden trabajar en este sentido: por ejemplo, identificar el problema, acordar un “lenguaje común”, integrar opiniones diversas, desarrollar borradores, aprobarlos-matizarlos, debatirlos, retocar, debatir de nuevo, acordar… Cada cual tiene su propio proceso, su propio método, pero el reto no es tanto las metodologías propuestas sino sobre todo el cómo y el por qué de todas ellas. El reto, como la anterior frase de Carlos, es el sistema, el contexto, las formas, el cómo construir un clima que realmente propicie esa evolución hacia la solución. Posiblemente la primera labor de educación hacia el cliente comience por aquí más que únicamente decir: “…le damos una vuelta y te llamamos en dos días…”. Nuestra labor como consultores en este sentido no ha de mostrar lo que sabes sino cómo hacer que el/la otro/a también “sepa“.

El mundo de los proyectos forma parte de esa realidad tangible. Un proyecto acaba de expresarse en un output, en un soporte, en algo que se convierte más en una justificación, a veces al peso del número de folios rellenados, a veces al número de acciones siguientes a poner en marcha. Pero una cosa es el proyecto (y su correspondiente solución aportada) y otra la construcción de las relaciones con tu cliente. Los proyectos responden a una necesidad (tácita o explícita), a un “aquí y ahora”. El mundo de las relaciones va más allá. Va hacia la construcción en el tiempo de una serie de pautas de comportamiento común, al desarrollo de un lenguaje compartido que surge a medida que van “sucediendo cosas”: encuentros y reuniones, debates conjuntos, reflexiones individuales y colectivas, documentos compartidos, ideas que surgen y se matizan. De todo ello, más que la solución lo que se deriva es una relación que está basada en un aprendizaje mutuo.

En este mundo de la imperfección (sí, porque no todos los proyectos salen como uno quiere) de los proyectos de consultoría y activación, la pregunta que me surge ya no es sólo “qué he aprendido de nuevo” sino sobre todo “qué (creo) ha aprendido el cliente” y sobre todo “qué he hecho yo para que eso sea así”. Llamadme iluso, ingenuo e inocente, pero es una pregunta que debería hacerse tras cada proyecto, o mejor dicho, al inicio de cada proyecto. Porque aunque el “pedido” sea resolver un problema, el reto radica en construir una relación que pueda seguir desarrollándose más adelante. La casuística puede ser dolorosa y poco concreta: si siempre hablas y habláis de precio, está claro que el lenguaje futuro de la relación será el precio. Si siempre hablas y habláis de lo urgente y rapidísimo, está claro que ese idioma estará basado en el tiempo. ¿Cuál es por tanto tu responsabilidad para “educar” al cliente y aprender sobre tu auténtico expertise?.

Son ya 6 años de recorrido en este mundo de la consultoría artesana e independiente en temas de branding y si de algo puedo sentirme satisfecho precisamente es de estar 6 años trabajando y debatiendo cada día de marca con mis clientes, en especial de SU marca. Que piensen en ella, desde ella y para ella. Que sean conscientes de que tienen un activo estratégico que la hace preferente, referente y, ojalá, relevante. Cada proyecto puesto en marcha siempre responde a una necesidad a un problema, pero en muchas ocasiones, en una inquietud que siempre pasa por su marca. Cada proyecto en marcha es un capítulo en esa relación que se construye con un idioma común: mi / tu / nuestra marca.

Que sepan más de marca, para mí, es aún un reto mayor porque te exige precisamente a estar ahí, a seguir planteando retos y a seguir provocando debates. Es un aprender y aprender constante. Que precisamente exista este blog es para que podamos debatir, especialmente, sobre branding y sobre una manera de verlo, que parte de algunas de mis reflexiones y se hace más grande, y lo hacéis más grande, con vuestras respuestas, comentarios, menciones y opiniones.

No sé si esto es educar o no. Intuyo que el foco no alumbra mal pero sé que la reflexión de estos próximos días de verano-vacaciones tiene que ir encaminada en este sentido. ¿Qué más hemos/han aprendido hoy?

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La foto de inicio es de Flickr, de Erika Smith

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May 19 2016

Maneras de vivir

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2684159334_978cecb73b_oJamás en mi vida, media hora se había convertido en un momento tan interminable. Quizá cuando nacieron mis hijos, aunque en esta ocasión fue más por las ganas de tenerlos en brazos cuanto antes. Estar sin cobertura y sin datos en mi móvil durante apenas media hora por haber cambiado de terminal y pedir duplicada mi tarjeta SIM, me puso de nuevo en la vida real, los sudores fríos y dudosos se instalaron en mi cuerpo de inmediato y me obligó fruto del pánico a pensar en qué tipo de vida personal y profesional estamos viviendo hoy en día. Estar “conectado”, o desconectado según cómo se mire, resulta hoy casi un imprescindible y aunque no lo queramos está condicionando nuestras vidas. Y de qué manera.

En noviembre del 2011 me robaron el portátil y mastiqué esta misma situación pero no con la misma virulencia que la semana pasada. En aquel momento fue una situación totalmente profesional. Con mi portátil se llevaron muchas reflexiones e ideas en forma de presentaciones, documentos, fotos y videos. Me “salvó”, por decir algo, que algunas otras cosas como los mails, los contactos y algunos archivos estaban ya guardados en un sitio que alguien denominó “nube”. Así que desde la rabia, miré al cielo, encontré la mía y poco a poco fui recuperando la memoria en forma de archivos. En aquel momento decidí que a partir de ese momento, mi forma de trabajar y en algunos casos, ciertos recuerdos y archivos personales estarían también ubicados en alguna de esas nubes para poder acceder desde cualquier parte desde cualquier dispositivo.

Gmail, iCloud, WordPress, Amazon, Kindle, Mindmeister, Mailchimp, Doodle, Delicious, Evernote, Wikispaces, Twitter, Facebook, Linkedin, Google +, Vimeo, Youtube, Tumblr, Instagram, Perpetuall, Feedly, Flipboard, Pocket, Hootsuite, Skype, Google Drive, Pinterest, Whatsapp, Dropbox, Facile Things, InVision, Slack… y seguro que me dejo alguna. Todas estas son mis herramientas de trabajo en la nube, a las que puedes acceder en cualquier momento desde cualquier lugar y en cualquier dispositivo para poder trabajar y diría que casi para relacionarnos entre personas y profesionales con “proyectos” como medio de conexión.

Miro esta lista y me asusto porque la dependencia es tal que empieza a convertirse en una especie de nuevos brazos y nuevos dedos con los que “manipular” nuestro conocimiento y así quedarnos tranquilos de que en algún lugar y en algún momento podré acceder a él para recuperarlo o de nuevo para poder manipularlo. (¿seguro?) Pienso además en todas las cosas que hago cada día y en todas ellas está alguna o algunas de esas herramientas de trabajo. Porque ¿son herramientas, verdad? ¿o son más que herramientas?

He leído recientemente un fantástico libro, recomendado por mi amigo Carlos Magro, “Knowmad society” que además de ser muy interesante, es muy revelador y muy inspirador sobre la forma en la que trabajamos hoy y, además, sobre cómo esto afecta al mundo educativo. La primera vez que oí el término Knowmad fue a José Miguel Bolívar, que se autodefine como “knowmad” y que dentro de su extraordinaria manera de comprender al “trabajador/a del conocimiento” y la efectividad personal/profesional encaja a la perfección bajo la filosofía GTD (Get Things Done), este término knowmad no tiene tanto que ver con la herramienta como con cómo comprendemos el trabajo de hoy. Es un nuevo hecho cultural.

Lo más “duro” de todo ello (profundizaré sobre este término con la excusa del libro) es que en realidad de lo que somos dependientes es de “estar conectados a la red”. En esa fatídica media hora estaba desconectado de mi conocimiento, de mis proyectos, de mi pasado, de mi presente y de mi futuro. La vida real, ésa de hablar en la calle de persona a persona, esa vida en la que nos acompañaba un cuaderno y un lápiz (que sigo usando y cada día más) volvía a recordarme que lejos de todas estas “ventajas” que nos ofrece la conectividad “profesional”, nunca dejemos de trabajar en la “otra y real conectividad” de antaño. También es verdad que podemos perder un cuaderno (que me ha pasado) o que te lo roben, pero creo que la indefensión que tenemos hoy cuando la conexión no existe es realmente para reflexionar.

Conste que hay ventajas. Reuniones efectivas que las haces por Skype con cualquier parte del mundo (que me está tocando en la actualidad), archivos compartidos y en red que se actualizan a cada instante, un mensaje que sale y una respuesta que llega. Creo que ganamos en rapidez. Lo que no sé es si la rapidez es o debe ser una característica de esta vida que nos está tocando vivir y aprender con ella.

Me surgieron preguntas como “¿ya tenemos tiempo para estar con nosotros mismos?”… porque siempre hay un bip que suena en el móvil, un pantallita que te aparece en el portátil o una notificación en un documento. Otra fue “¿dónde y cómo queda lo que sé si cada día, o mejor dicho, varias veces al día actualizo reflexiones, comparto artículos y envío documentos?”, “¿realmente interpretamos todo lo que creemos saber y que leemos cada día?”.

“El aprendizaje no está limitado por la falta de información sino por la capacidad de convertirla en conocimiento” (Julio Carabaña)

“Aprender hoy es ser capaces de buscar, recopilar y filtrar los datos, ser capaces de trabajar colaborativamente para sacarles el mejor provecho, ser capaces de compartirlos y comunicarlos” (Lafuente, Alonso, Rodriguez; Todos Sabios)

[entresacados del Slideshare de Carlos Magro]

Con muchos proyectos, con algunos clientes, trato de inculcar una forma de trabajar más abierta y más compartida y compartible. Además de las ventajas de que el flujo de información circule, sobre todo, nos acostumbramos a tratar de modificar las conductas de trabajo y de los proyectos, vivirlos más intensamente y que más que un mero feedback se convierta todo en un intercambio continuo y en una mayor fluidez de conocimientos, ideas, opiniones y personas.

Me pregunto si todo esto lo podríamos hacer sin móvil, sin tablet, sin portátil, sin pizarras táctiles, sin redes sociales y sin conexión a internet. Me pregunto si acaso hay algo en nuestras relaciones que no hemos hecho bien. Como dice Carlos: “Necesitamos aprender a aprender”. Quizá lo que necesitemos es re-aprender. Perdón por la reflexión.

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La foto de inicio es de Flickr, de Tu Fragilidad

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Ago 07 2015

Llenar de contenido

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– Porque tengo la impresión de que dentro de mí no hay nada. No tengo personalidad, soy de un color indefinido. No tengo nada que ofrecer a los demás. Ése siempre ha sido mi problema. Me siento como un recipiente vacío. Dentro no hay ni una mísera cosa a lo que se le pueda llamar contenido. (…sigue…)

– (…) De acuerdo, te ves como un recipiente vacío. ¿Y qué? ¿Qué importa eso? –dijo Eri–. Si es así, entonces eres un recipiente maravilloso y muy atractivo. Nadie se comprende de verdad a sí mismo, ¿no crees? Basta con que sigas siendo un bonito recipiente. Un recipiente que cause una buena impresión y en el que a alguien, de pronto, le apetezca meter algo.

“Los años de peregrinación del chico sin color” – Haruki Murakami – Editorial Tusquets (1ª edición octubre 2013)

Las vacaciones comienzan desde el primer instante que pronunciamos su primera sílaba. Al prepararlas vamos construyendo los pilares de ese tiempo que nos sirve no para desconectar, sino en realidad para CONECTAR. Huyendo de la rutina diaria y tomando otros ritmos, nuestra realidad se altera por lo diferente, por lo diverso, por lo nuevo e incluso por lo conocido, pero vivido desde otro punto de vista. Como pasar un tiempo en “nuestra casa de siempre” pero con otros horarios y otras cosas que hacer, más allá del resto de los días del año, para sentir otras maneras de vivir.

Me llevo conmigo estos dos párrafos de Haruki Murakami para tratar de encontrar alguna conexión en estas fechas, sobre una de esas ideas relacionadas con una visión de marca de la cual ya hemos hablado por aquí: la marca no nos pertenece, la marca es creada y desarrollada por l=s usuari=s. Desde su percepción inicial hasta sus vivencias alrededor y con ella, una marca lo es en la medida que se va llenando de actitudes, sensaciones y experiencias vividas… por otros.

Esa idea de “bonito recipiente” me resuena y conecta con ese primer momento en el que alguien quiere proyectar una determinada imagen a su entorno. No es únicamente con el signo estético sino más bien con una manera de “agradar” a quien lo perciba, de comprender su entorno y adaptarse a él para tratar de formar parte de sus vidas y sus momentos. Todos tenemos un primer vínculo emocional que nos facilita ese acceso inicial a las personas y a sus expectativas. Pero el trabajo “complejo” es el que se vaya llenando de contenidos, de ideas, de sensaciones y de experiencias vividas y sentidas. De esas ideas y de esos significados que otros se afanan en llenar nuestro recipiente.

Lo más grande que puede pasarle a una marca es que sea casi percibida individualmente. Que cada un= de nosotr=s tengamos una sola idea de ella. Lo más enorme de todo es que de alguna u otra manera esa idea sea casi común. Eso ya es de nota. Cada día que pasa me voy convenciendo a mí mismo en el equilibrio de las marcas pensadas desde el silencio del emisor y sobre la conversación entre las personas a su alrededor.

Las historias se van construyendo desde el más mínimo impacto. Un jarrón en sí mismo puede decirnos muchas cosas pero ese jarrón no será lo mismo si contiene un ramo de rosas o un ramo de flores cogidas en el jardín del pueblo. Continente y contenido. Tan necesarios uno del otro. El contenido que da sentido al continente. El continente que acoge el contenido. Donde a “alguien le apetezca meter algo”. Da que pensar.

Tengo en mis manos el jarrón de estos días de vacaciones de verano. Sólo espero que se vaya llenando de cosas que le den sentido, de ideas que florezcan con los días, de conversaciones en el silencio de las olas y de silencios con mis hijos, mi familia y mis amigos. Necesarios los unos de los otros. Tan necesaria e importante la serendipia para que buscándome a mi mismo, me encuentre ese jarrón precioso donde quiera depositar estos días de agosto.

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La foto de inicio es de Flickr, de Xavi Llunell

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Jul 29 2015

Lo que queda por cambiar nuestra forma de trabajar

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De vez en cuando me gusta echar la mirada atrás y ver cómo estaba estábamos hace un tiempo y cómo han ido están cambiando las cosas. Hace ya 5 años comencé una nueva etapa de la cual no me puedo quejar (salvo algunas cosas), y en todo este tiempo si algo ha modificado mi trabajo está siendo mi forma de trabajar. Quizá sea por la circunstancia de pasar de una organización con su equipo de personas a estar literalmente “sólo”. El hecho numérico no es lo relevante pero sí que condiciona la manera de trabajar, con sus ventajas y sus inconvenientes, como no puede ser de otra manera.

Tengo la sensación de que nunca nos enseñaron a trabajar, más bien a hacer lo que se nos pide, sólo responder a una exigencia en función de nuestras capacidades, conocimientos y habilidades personales. Te enseñan (no sé si aprendes) unos conocimientos que luego la realidad se encarga de situarlos en su lugar adecuado. Quien más quien menos ha pasado por esos momentos en los que ha tenido que hacer algo que no-le-enseñaron y ha tenido que “buscarse la vida”, que es la otra manera de decir que sigues aprendiendo. Lo bueno de ello, en cambio, es que si te gusta y apasiona lo que haces, no importa no-saber sino el mero hecho de la búsqueda de la solución, de documentarte bien, de explorar posibilidades y escenarios, las inquietudes y la curiosidad y estructurar un discurso en torno a esa necesidad, hace que vayas adquiriendo más experiencia, más experiencias y más conocimiento.

Quería dedicarme y focalizarme en el branding. Seguir ese camino y profundizar sobre él, desde lo teórico pero sobre todo desde lo práctico. Aprender-haciendo eso que leía y veía. Disfrutar del proceso de trabajo más que esperar al resultado final. Y todo ello me obligó a trabajar de forma diferente a lo que hacía en su momento. La consultoría artesana me está ayudando en todo ello. Así básicamente me he encontrado en este tiempo, y mirándome a mí mismo, tres campos de trabajo que ya considero imprescindibles:

  1. Estar sólo, centrado y concentrado en una materia,
  2. Conversar con el/la cliente; y en “casa” del cliente,
  3. Habilitar espacios “mixtos”, para desarrollar nuevas ideas, desde dentro y desde fuera, de forma conjunta.

Doy fe que mi principal cambio y reto fue no tener oficina. Entendiendo oficina como un espacio físico y propio para trabajar ahí, con sus archivadores y muebles, su puerta, su llave y todo eso. Hubo gente que me hizo qué pensar cuando me dijo si la necesitaba realmente. Es como que trabajar estaba íntimamente ligado a un espacio físico. Primer cambio radical. No. No tengo oficina. No la echo de menos. Aunque a veces sí que he tenido “tentaciones”, pero creo que no es estrictamente necesaria para hacer tu trabajo.

Esto me ha hecho reflexionar bastante sobre los “espacios de trabajo“, si en realidad aportan o no valor a lo que profesionalmente se requiere y se busca. No sé si tienen sentido o no, pero no soy el/la único/a que piensa que las empresas siguen y seguirán teniendo sentido con espacio pero también SIN espacio físico. En la actualidad, soy un encantado y privilegiado usuario de bibliotecas públicas, allá donde las hubiere, en cualquier formato. Un espacio, las bibliotecas, que tienen un importante reto en re-definirse ya que no soy el único que la usa en este formato de solitario-freelance-trabajador/a. Espacios amplios, silencio, mesas libres y grandes, tranquilidad. Ideal para ese campo “individual” del trabajo.

Lo que también ha modificado mi forma de trabajar es reconocer que necesitamos tener momentos de “soledad”. Esos en los que necesitas poner todo tu foco en un tema, en una acción. Sólo. Enfrentarte al papel en blanco y/o a la pantalla, con el lápiz y/o el teclado, y producir llamémosle un contenido, una idea, una propuesta, un esquema, un garabato. Un desatascador de la solución en forma de valor que propones. También un momento de soledad para leer un post, anotar una idea y dejarla reposar, ver un video, un corto, leer un capítulo de un libro, darte una vuelta por el RSS, etc. Necesitamos ese estímulo individual que nos puede catapultar hacia algo nuevo, a menudo desconocido y siempre un desafío contigo mismo.

Siguen siendo necesarios los momentos con l=s clientes. Escuchar, preguntar, hablar, conversar, aprender, proponer. Momentos en los que más allá del briefing y/o de la necesidad que te llega, casi que formas parte de “su” proyecto, siendo un/a más y tratando de aprender de “su cultura” para poder interpretar correctamente necesidades, expectativas, historias pasadas y visiones futuras. Es cuando realmente tiene sentido un trabajo como el nuestro. Estamos para aportar valor dentro de una realidad. Y cuanto más cerca la vivas, mejor para ambas partes. No es hablar de problemas, es hacer una total inmersión en una cultura ajena para comprenderla totalmente y aportar valor sobre ella.

Con todo ello, en este tiempo he descubierto que también hemos de generar espacios de frontera entre la soledad y el equipo de trabajo, entre lo individual y lo colectivo, entre lo propio y lo ajeno. Buscar espacios mixtos donde hagamos partícipe a gente ajena al problema pero de alguna forma implicada en él. Empresas con sus públicos externos, directiv=s con sus colaboradores, partners con clientes, … buscar diversidad en la búsqueda de un camino que una a tod=s y que permita encontrar un camino que junte visión con realidad, retos con amenazas, creencias con certezas, lo centralizado con lo descentralizado. Quienes hemos leído y releído “El Artesano” de Richard Sennett, hemos interiorizado el concepto taller. Ése que relaciona personas y sus relaciones, más allá de su condición:

“Los talleres han sido y son un factor de cohesión social mediante rituales de trabajo”

Hablaba hace no mucho con Asier Gallastegi y Arantza Sáenz de Murieta y Asier Amézaga de cómo participa la gente (y cuánto aporta) cuando se le hace corresponsal y corresponsable del valor que quiere aportar.

La pregunta en este caso es ¿cuál es el espacio preciso y necesario para que ello se desarrolle? Lógicamente, una empresa/organización tiene sus espacios y sus salas de reuniones. Están también los espacios co-working que “alquilan” sus habitáculos libres para estos temas. He/hemos trabajado en tiendas, en terrazas de bares, en comedores de restaurantes, en otras oficinas…cada cual te da y te ofrece algo a cambio. Lo importante en este caso es saber que ese encuentro entre personas diversas necesita de espacios diversos, poco formales, que te hagan sentir cómodo y con la libertad suficiente para abordar la situación a resolver.

Más allá del espacio físico, que haberlos haylos, lo que observo viendo lo que ha ocurrido en este tiempo y lo que está ocurriendo hoy, es que uno es en la medida de lo que hace con los demás. En que la soledad no es mala sino necesaria para su trabajo. Necesitamos dar sentido a nuestras ideas … en colaboración con l=s demás.

He valorado muchísimo en este tiempo el trabajo solitario, sólo, en la penumbra y con silencio. Y más aún la necesidad de escuchar y contar al resto. Estas vacaciones de verano van a ser como el momento para pensar sobre ello y cómo hemos de seguir cambiando. No sé dónde acabará todo ello. Sólo sé que hay que seguir avanzando y, espero, mejorando.

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La foto de inicio es de Flickr, de Cristina Valencia

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Jun 09 2015

Branding en red, de lo personal a lo diverso

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El 30 de noviembre del 2000, la UNESCO declaró al Palmeral de Elche como Patrimonio de la Humanidad. Más de 200.000 variados ejemplares perfilan uno de los emblemas más importantes de esta ciudad. Y en especial su “Palmera Imperial“, de 7 brazos, un ejemplar único que se convierte en icono de esta ciudad (sorprendente ciudad, para mí) que se une a este basto palmeral que aporta singularidad a esta ciudad tanto en su entorno como en el espacio urbano.

7 brazos en uno, de forma simbólica, reunidos en un entorno efectivamente muy especial en Elche, en las III Jornadas de Innovación de ÓPTIMA LAB una serie de profesionales artesanos, que trabajan cada día desde la óptica de la productividad personal, un concepto sintetizado en la metodología GTD, y que sinceramente, conviene revisar para saber hasta qué punto somos o no productiv=s. A estas Jornadas, allá que me fui aceptando la invitación de su mentor, el compañero artesano José Miguel Bolivar, para tratar de aportar algo de luz al grupo y hablar sobre branding, red, personas y organizaciones, etc. Y a posteriori, tomando como símbolo de esta Palmera Imperial, la reflexión, las ideas, las dudas y preguntas surgieron en el momento del taller y en el viaje de vuelta.

Decía al inicio de mi taller, que trabajar en branding tiene dos momentos tremendamente interesantes para un profesional como son el momento de la génesis de un proyecto empresarial y cuando un proyecto empresarial ya consolidado tiene ante sí el reto de diversificar su proyecto, adquirir otro o generar uno nuevo, y aparece entonces la pregunta de si seguir con la misma marca y/o crear una nueva. Son dos momentos especialmente excitantes, al menos para mí, porque te das cuenta que la marca puede aportar un valor más allá de la mera idea de negocio, y es poner el foco siempre en el exterior de nuestras organizaciones, en nuestros clientes.

El concepto “branding en red” es un reto especial para debatir sobre cómo deben ser las marcas del futuro. Por un lado estamos asistiendo a una tarea de simplificación del portfolio de marcas que tienen muchas organizaciones hacia crear marcas corporativas únicas y más potentes; surgen por otro nuevas iniciativas de un tamaño más pequeño que se unen, dada por esa tendencia y realidad que existe a ser organizaciones e incluso “profesionales más pequeñ=s”, más flexibles y adaptables para competir en unos mercados cada día más exigentes y líquidos.

Decíamos en estas Jornadas de Optima Lab, reflexionando sobre la realidad y la gestión de marcas-persona y marca-colectiva, que el problema no es tanto la sensación de incompatibilidad de ellas, sino la búsqueda de la complementariedad entre lo individual, lo colectivo y sobre todo lo relacional entre todas ellas. El concepto de arquitectura de marcas establece que lo importante es reconocer cuáles son las relaciones entre las marcas y dónde se producen las sinergias entre todas ellas y dónde hay que poner los recursos para lograr la percepción deseada en la mente del mercado. El reto en todo caso es “comprender” e interpretar al mercado y saber en qué momento una marca-personal aporta más valor en la relación y cuándo una marca-colectiva lo hace. Quizá el problema no sea tanto de jerarquía entre marcas sino pensar más en los momentos de la verdad de las personas-organizaciones cuando tomamos decisiones y saber quién puede aportar más valor en cada momento.

Las marcas son entes vivos y dinámicos que se alimentan cada día y a su vez han de digerir las verdaderas necesidades y expectativas de personas y organizaciones en el mercado. Y si nos encontramos como en la Palmera Imperial con diferentes brazos que entre todos configuran una figura única, el reto ha de ser ése: cómo podemos ser únicos donde tod=s somos igual de importantes pero sobre todo cedamos la importancia a quién aporta el valor necesario para resolver la necesidad concreta en el momento preciso.

Gestionar marcas es gestionar expectativas. Y nuestras expectativas como “consumidores” no son siempre las mismas, son en función de cada momento. El reto como gestores de marcas es saber interpretar qué hacer en cada momento. No es lo mismo el momento inicial de búsqueda de información sobre un producto/servicio concreto que el momento previo de la compra. Establecemos en realidad un protocolo de relación entre personas-marcas en que en cada momento hay que hacer lo pertinente, lo que permita reducir miedos y dudas pero sobre todo, aportar un mayor valor en la relación y una completa significación.

Si hay algo que me interesa especialmente del método GTD (os recomiendo que leais el libro de José Miguel Bolivar) es que más allá de gestionar el stress, los tiempos, las tareas, etc (perdona José Miguel por la simplificación), es que en toda acción la clave es el propósito y el resultado final que queremos obtener. Propósito y resultado final, que aunque parezcan lo mismo no lo es. Las marcas, sean éstas individuales o colectivas, han de tener claro que el resultado final es construir una relación sostenible y de valor en el tiempo y que su propósito es ayudar a encaminar al mercado en esta relación aportando significados cada vez más estables.

Son muchas las reflexiones, y las tareas pendientes que quedan, que han surgido, surgen y seguro que surgirán en torno a este proyecto ÓPTIMA LAB, pero sobre todo en cómo construimos y desarrollamos las relaciones entre marcas individuales y marcas colectivas, entre marca personal y marca “ente”, pero lo que sí queda claro es que del “branding en red” tenemos mucho que aprender sean nuestras marcas del tipo que sean. Gracias a Paz Garde, José Miguel Bolivar, Antonio José Masía, David Sánchez, Cruz Guijarro, Jesús Serrano, Jerónimo Sánchez, Enrique Gonzalo y Silvestre Segarra por hacerme partícipe de este proyecto. Seguiremos trabajando sobre ello.

 

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La foto de inicio es de Flickr, de Francesc

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Feb 17 2015

Gracias lápiz por dar vida a mi blog. Mi post 200

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Querido lápiz. Gracias por darme la posibilidad de hacer posible que una idea se convierta en la sana intención de convertirse en un post en este blog. Coger el gusto de teclear periódicamente es una de esas sensaciones que han ido en aumento con el paso del tiempo. No me gano la vida con ello pero me va la vida en ello (o parte de ella). Disfruto haciéndolo y aunque sufro el “síndrome del papel en blanco” cuando decido teclear las primeras letras, reconozco que esa sensación se disipa a medida que las frases van apareciendo en la pantalla. Lápiz, papel, teclado y pantalla se unen en una sensación difícil de expresar como se merece.

Mayo del 2008 fue el inicio del viaje de este humilde blog, sin saber muy bien el destino final. Sí sabía cuál era su inicio: una inquietud que tendía un puente entre lo personal y lo profesional. También escribía por aquel entonces en el blog de mi anterior empresa, pero quería tener mi propio espacio, ése que originariamente tenía un propósito:

¿Por qué Equiliqua? Porque refleja ese punto al que siempre llegamos después de un momento de reflexión. A ese punto de vista, a veces casual, pero muchas otras veces después de un largo tiempo, y que lo hace de forma certera.

El trayecto ha pasado por varios momentos que representan diferentes momentos de mi vida: lo personal y mi pasión por el baloncesto y el deporte, las ciudades, la cultura, la innovación, en sus inicios; mis reflexiones sobre todo aquello que gira en torno a las marcas y al branding, en la actualidad, aderezado con el mundo de la “artesanía“, las lecturas, la comunicación, las decisiones, las conversaciones, lo digital… sobre las relaciones entre personas y marcas. Todas ellas enriquecedoras no por el resultado en forma de post sino por lo que me han ayudado en el proceso a estructurar ideas, reflexiones, lecturas y debates. Es justo reconocer aquello de que la inspiración te tiene que encontrar mientras estás trabajando, pues se ha cumplido sin lugar a dudas.

Era ese preciso momento en el que me decía: “…al blog…“. Momento mágico que transformaba, primero, una idea inicial en un bosquejo de palabras a lápiz (siempre mi admirado y respetado lápiz) en un papel. Ese momento en el que crees que para entenderse bien, necesitaba escribirlo y sobre todo porque así me ayudaba a entenderme a mí mismo. Una idea, unas palabras y el propósito de compartirlo mediante frases, unidas unas a las otras. Y disfrutar de ese momento en el que dices: “… ya está…“. Y sufrir después con ese otro en el que piensas: “…¿se entenderá?…“.

Son muchas las personas con las que hemos hablado del rol de los blogs, de cómo nos funcionan, de qué sentimos con ellos. Leyendo y escribiendo. Son muchas las personas que tomando un poco de aquí y otro poco de allá, te ayudan a ir dando pasos y no cesar en el empeño. Julen, David, Amalio, Carlos, Manel, María Jesús, Miguel, Guillermo, Asier, AntxonJosé Miguel, Gorka, Álvaro, Iván, … Son muchas las personas que con sus lecturas ayudan a exigirte un poco más cada día. Son muchas las personas que con cada comentario hacen que sientas que la distancia entre las frases y las personas sea más corta de lo normal.

Para mí este blog es a la vez una válvula de escape, una prueba del algodón a reflexiones que surgen en proyectos y trabajos, una forma de probar que la síntesis es comprensible, que menos es más y que a veces es mejor más que menos. Es un archivo virtual, mi biblioteca de ideas. Es la exigencia de encontrar la palabra adecuada y que la misma foto que acompaña a cada post diga algo más de cada momento de escritura. Es un reto semanal. Es esa puerta que nunca te da miedo cruzar aunque a veces todavía no hayas salido de la anterior y que los días no te dejan meterte de lleno. Es ponerte música, mirar el lápiz, las ideas que revolotean y la estructura gramatical para que se entienda algo aunque no sabes muy bien si se va a entender.

Quisiera saber más de todo esto de vuestra parte. Quisiera que me pusierais a prueba y me dijerais, de corazón, si funciona o no. Recuerdo una estupenda frase de Iñaki Gabilondo sobre el mundo de la radio que decía algo así como que él se enfrentaba cada mañana a la prueba de explicarle a una sola persona lo que estaba ocurriendo en la actualidad. A UNA SOLA PERSONA. A veces esa sensación me la extrapolo a mí mismo, cuando leo el post después de escribirlo y casi darle el punto final. Justo antes de darle al “publicar”.

Así las cosas son ya 200 posts. El próximo reto es que mi salud me siga dejando poder escribir el siguiente. Y que mi lápiz me ayude en ello. Sinceramente no me lo creo. Sólo puedo decir GRACIAS. 😉

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La foto de inicio es de Flickr, de Philip Ray

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Mar 12 2014

Sobre moralejas y branding

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La publicidad es un cuento con moraleja. El cuento tiene que ser bueno. Pero lo importante es que te quede la moraleja.

Esta frase de uno de los grandes de la publicidad mundial, Fernando Vega Olmos, allá por el año 2000, quedó marcada para mí por siempre. Era esa frase que cuando la lees te das cuenta de que es la que estabas buscando. 14 años después sigue palpitando como el primer día cada vez que nos enfrentamos ante un desafío de marcas. Sí, desafío. Moraleja es un precioso nombre para definir mi profesión: “constructor de moralejas“. Una historia que ha de permanecer en el tiempo por encima de que los cuentos sirvan para fijarla, para convertirla estable y permeable a la vez y que permita desde la consistencia aportar valor añadido a cada proyecto. Moraleja.

Una moraleja es lo que queda cuando quitas aquello superfluo de lo que te encuentras. Y a su vez, una moraleja no tiene sentido sin nada que lo acompañe, porque perdería fuerza, detalle, matices y personalidad. Una moraleja es lo que da sentido a cada una de las acciones que pones en marcha, a cada frase que redactas, a cada imagen que acompaña. Una moraleja te permite seguir un camino pero a su vez explorar otros para tratar de descubrir nuevos espacios que permitan ampliar aún más lo que hoy somos pero no lo que seremos mañana.

Una moraleja es vida.

Me sigue rondando la cabeza que cuando trabajamos en comunicación tenemos que elevar la distancia de cada situación, donde no sólo es suficiente con la solución a la necesidad planteada, que sí, sino que además ha de servir para generar un nueva actitud, un nuevo estado que permita seguir recorriendo la senda del proceso de trabajo trazado con anterioridad. Es una constante actitud hacia una forma de hacer las cosas que queda inoculada en las organizaciones, donde casi ya ni sería necesario actuar directamente porque ha quedado grabada en su cultura de tal forma, que simplemente es seguir el camino trazado, sin importar si vas rápido o no, simplemente sigues el camino. Sigues la moraleja.

En muchas ocasiones, seguimos viendo las marcas como algo táctico, algo puntual, confundiéndolo con cualquiera de las técnicas de comunicación existentes (publicidad, audiovisual,… ) cuando en realidad la marca existe en la medida que seamos capaces de trazar un puente entre una “promesa” y una “expectativa”. Del proceso de “unión” que se establece quedará la marca, siempre y cuando se establezca correctamente, siempre y cuando al final de ese “punto de contacto” resuelto quede una experiencia única y memorable. Quede una moraleja. No es una solución es una nueva cuestión, es una manera de ser y estar única, donde nadie más sería capaz de realizarlo. Posiblemente otra marca lo realizaría pero sería de otra forma, no importa si mejor o peor, otra forma.

Un trabajo nunca ha de acabar, una moraleja siempre está ahí, moldeándose, no permanece estática, sigue estando presente. No hablamos de posicionamiento sino de una posición. Y esa posición tiene varias formas en función de dónde la mires. Es capaz de presentarse de otra manera. No tiene fin. Es como los artistas cuando realizan una escultura. Siguen explorando las nuevas formas que puede adquirir aunque acabe una de ellas y es capaz de construir una más, y otra, y otra… completando una serie que siendo cada pieza autónoma con total seguridad, responde a unos ideales, a unas inquietudes y a una idea: quiero que esto quede reflejada. Una serie. Una moraleja.

Soy un poco iluso, lo sé, pero tenemos la responsabilidad y el compromiso de que las ideas puedan perdurar, aunque un proyecto pueda tener principio y final.  Tengo la inquietud de lograr que cada vez que se pulsa una tecla del “off” inmediatamente busquemos otra que ponga “ON” y sigamos descubriendo nuevos caminos que apuntalen y aporten nuevo valor a la marca, sin cesar en el empeño de que esa experiencia se cumpla en cada momento. Estamos hablando de instalar en cada proceso un poco más de cultura de la marca en cada organización, en ser conscientes de que ahí tenemos una moraleja que tiene que permanecer y mueve a la acción, por pequeña que ésta sea. Dinámico como los tiempos que estamos viviendo, con la inmediatez como valor de actuación pero al mismo tiempo enfocado hacia una nueva dirección. Hacia esa moraleja. La que ha de permanecer.

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La foto de inicio es de Flickr, de Ayacata7

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Feb 26 2014

La práctica artesana: #redca7

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Sobrevaloramos el hecho de ganar. Nos ciega tanto el resultado final que perdemos de perspectiva el camino y las formas que nos lleva a ello. Casi diría lo mismo del hecho de perder, en el sentido de quedarnos con un gusto final que posiblemente no sitúe en su justa medida las razones, el esfuerzo requerido y el aprendizaje llevado.

Salir de unas reuniones con la sensación de que quizá no has encontrado respuestas pero sí lleno de nuevas preguntas, es siempre reconfortante. Compartir y reconocer ante el resto, el contexto profesional de cada un=, el por qué de las cosas y los caminos que has llevado en cada acción, es también aprender de sí mism= y de las opiniones del resto. Escuchar aciertos pero sobre todo escuchar errores, miedos y dudas es el mejor de los bagajes que alguien puede sacar tras dos días de compartir experiencias profesionales y personales reales. Estas son mis tres grandes reflexiones tras una nueva reunión del grupo #redca de Consultoría Artesana, que hemos realizado este pasado fin de semana en Bilbo, en la sede de Bilbao Berrikuntza Faktoria. Cada encuentro de este grupo de compañer=s y amig=s, es una lección y un soplo de energía para afrontar cada reto que se nos presenta, y no sólo desde lo profesional. Y es que pasar horas de distendida y profunda charla con AlbertoJulenAnaMaria JesúsAsierNaiaraManel, Mikel y la increíble Maddi es todo un placer.

Buen rollo. Es una expresión quizá tan poco seria que se sitúa a un lado de muchas de nuestras acciones sin cobrar excesiva importancia. A veces se pone en primer lugar por delante del conocimiento y de lo profesional, situándolo en un espacio inútil. Pero lo que queda claro es que para desarrollar nuestro trabajo, para acompañar en muchas de nuestras organizaciones, para avanzar además de tener claro el camino es fundamental un clima de confianza, de empatía y de que todo el mundo se sienta igual que el resto, igual de importante. Mucho de este buen rollo se ha dado también en este encuentro, confianza, simpatía, respeto, escuchar y opinar. Mucho de esta actitud se tiene que trasladar a cada proyecto. Hay una frase que para mí resume esta nueva pregunta, que la comentó Manel:

“Cada vez que hay un yo hay un tú, que elimina el nosotros”

Lo “artesano” se caracteriza no sólo por el gusto y el reto del trabajo bien hecho sino sobre todo por reconocer con qué se trabaja e intentar que todo ello emerja y juegue un papel esencial. Adios por tanto al “ctrl & C” que tanto abunda por nuestros lares y más a decidir qué hacer con “lo que te piden”. Eso de tener respuestas inmediatas para cualquier pregunta, no es el camino. Más bien saber qué construir y sobre todo con quién construir. Aquí se pone en primer lugar a cuál es nuestro lugar ante cada problema. Con qué nos conectamos, como dice Asier. Y es que cuanta más intervención por nuestra parte, peor. No se pone en valor el rol de cada actor ante una situación. No se pone en valor la “energía” y el conocimiento que tienen las personas para poner en común y generar de ahí los caminos y las soluciones propias. Proponer desafíos para encontrar respuestas. Un/a artesana/o en realidad  es aquél/lla que tiene una filosofía detrás y se va construyendo, construye su propósito y no la técnica.

“Nuestro trabajo no tiene nada que ver con lo que hacemos sino con lo que perseguimos“, se comentó.

Tanto Julen, como Manel y Mikel, ya han dado su visión del encuentro. Complementaria una con la otra; es lo bueno que tiene el sentirnos en un entorno donde cada un/a es capaz de ofrecer su punto de vista, que siempre suma. Lo mejor de todo, lo aprendido de verdad, es que reflexionamos sobre la manera de hacer, sobre la propia filosofía desde la práctica. Y a su vez la práctica se alimenta basada en esta filosofía y modo de actuar. Reflexionamos desde la práctica. Reflexionamos desde lo concreto para precisamente construir lo intangible. Necesitamos tangibilizar proyectos para comprender y profundizar en los que se desea. Necesitamos pensar en qué y cómo hacer para comprender el qué sabemos y qué necesitamos saber. La forma y la función, todo en uno. Realmente apasionante y estimulante.

Y acabo con una tremenda duda. ¿Partimos cliente y nosotr=s siempre del mismo lugar? Llegamos a debatir sobre la importancia de la Fase 0, ese momento inicial para equilibrar expectativas con resultados. Ese momento básico para determinar desde posiblemente la inseguridad del cliente hasta lograr que un equipo “vaya haciendo”, vaya generando desde el método y la participación, el contenido final. Es para mí el principal reto. Cada una de las exposiciones mostró precisamente el éxito y fracaso del método, del trabajo, de cómo han ido sucediendo cosas, precisamente para que sucedan estas cosas.  ¿Cuál es el final? “¡renuncio a la memoria final!” sentenciaba Asier…y se matizaba al mismo tiempo en la necesidad de documentar cada paso, de dar visibilidad a cada intangible desarrollado:

“somos editores en el sentido que con las ideas, acciones y cosas que salen, vamos montando una historia”.

En fin. Mi paradoja es que al mismo tiempo que esbozo una sonrisa por los recuerdos y el buen tiempo pasado juntos, se forma una cierta sensación de duda y preocupación por todas esas nuevas preguntas que se han ido formulando  y a las que aún no tengo respuesta. Será entonces cuestión de compartirlas por aquí y seguro que “juntos”, encontramos una luz que nos ayude a tod=s. Sólo me queda decir de nuevo, gracias. 😉

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Oct 31 2013

Hoy es el primer día de tu nueva vida

De la misma forma que cuando apruebas el examen práctico y te dan el carnet de conducir no quiere decir que sepas realmente a conducir, cuando haces un curso de formación en un tema especializado, no quiere decir que tu vida profesional cambie radicalmente desde ese momento. No es tan fácil. No obstante, es un paso, un gran paso para afrontar los nuevos retos que nos depara el futuro presente. Esto fue lo que se nos propuso Izaskun Merodio (eskerrik asko Izas) desde Inguralde, Centro para la promoción, formación y empleo perteneciente al Ayuntamiento de Barakaldo, con el encuentro de cierre del Plan de Empleo Sarelan, bajo el título “Construye tu red profesional para el Empleo“. En él, junto a las 84 personas que han participado en los diferentes programas formativos durante estos últimos meses, participamos Silvia Muriel y el que suscribe, para relatar la experiencia personal – profesional de cada un= de nosotr=s en este contexto, el de iniciar una nueva etapa profesional. Como el propio folleto del evento aclara, se trata de comprender que…:

El mercado laboral actual aconseja nuevas formas de enfrentar la búsqueda de empleo y la calidad del mismo. El desarrollo profesional, la estabilidad laboral y la calidad del empleo en el futuro parecen estar vinculados a la capacidad personal para desarrollar roles diversos como profesional por cuenta ajena, freelance, colaborando en proyectos grupales o iniciando una actividad empresarial. En cualquiera de estas situaciones, resulta aconsejable la construcción de redes profesionales que permitan el desarrollo de proyectos colaborativos, que faciliten el flujo de información sobre el mercado y que complementen las competencias técnicas personales en redes multidisciplinares.

El caso es que ha sido para mí un ejercicio interesante de auto-reflexión para compartir mi propia experiencia en este ámbito y mis reflexiones y ánimos para quienes empiezan un nuevo capítulo en su vida. Porque así le he llamado a la charla “Hoy es el primer día de mi nueva vida”. Y me he puesto en el contexto de hace casi ya 4 años (¡cómo pasa el tiempo!) cuando comenzaba una nueva etapa en mi vida, el capítulo 4 de la misma, que he titulado “En busca de Juanjo Brizuela”. Un nuevo ciclo personal y profesional que sabía cómo empezaba y no sabía siquiera dónde iba a llegar. Comenzaba una etapa en “solitario”, tratando de reencontrar a esa persona que quería disfrutar del por qué de la publicidad y sobre todo el por qué de las marcas, y que quería sobre todo profundizar y centrarse en una única visión: situar a la marca en el epicentro de las organizacionesy cómo se pueden tomar decisiones en las organizaciones desde la marca. ¿Cómo? Dando pasos. Uno tras otro. Vértigo mucho, pero también ser fiel a esa idea. Han sido 4 las grandes ideas que he transmitido:

  1. “Saber cuál es tu valor añadido”: Reconocer, identificar, descubrir, preguntarte qué es lo que pretendes aportar con tu conocimiento, tus capacidades y tus habilidades. Sí, es un ejercicio durísimo el de autoconocerte, o como perfectamente explicó Silvia Muriel, reconocer tanto tu Autoconcepto como tu Autoestima. Este ejercicio es básico. Quizá reconocer qué sabes hacer bien, qué puede llegar a tener sentido para otr= es algo que deberíamos realizar en una nueva etapa que se inicia pero sobre todo recomendable hacerlo cada cierto tiempo, para no perder perspectiva o para recorrer un nuevo camino que permite sentirnos mejores consigo mismo. Y en este ejercicio no vale sólo el QUÉ sino en especial el CÓMO. Aquí, puedo decir personalmente que el concepto de la artesanía que tanto hemos hablado aquí, me ha abierto una perspectiva esencial en mi vida profesional y personal.
  2. “No estás sólo, rodéate, acompáñate, RELACIÓNATE”: aun cuando da vértigo “lanzarte” al mundo laboral de manera solitaria, lo cierto es que somos en la medida que compartimos y colaboramos. Reconozco que hay momentos de “soledad” duros, en los que no tienes a tu lado a alguien a quien puedas decirle “¿qué te parece esto que estoy haciendo?” pero en cambio, hoy, es posible poder conectar con personas que generosamente te ceden parte de su tiempo para escucharte, comentarte, simplemente charlar para volver a situarte en un espacio real. Recordaba que una de las primeras cosas que hice cuando comenzó mi personal “capítulo 4” fue realizar un mapa mental con aquellas personas (sí, personas) con las que quería tener relación y sobre las que quería contar…y si fuera posible que pudieran contar conmigo. Fue un ejercicio interesante sobre todo por reconocer aquellos campos en los que “no aportas valor” y en los que es mejor ir “junto a” que no “solito por el mundo”. Ese ejercicio lo repito periódicamente, sumo, reviso… como en un equipo de baloncesto, lo importante es tener el equilibrio suficiente, no hace falta tener a los mejores sino rodearte de aquella gente que realmente aporta al común, donde está clara la sintonía y la empatía, o como dijo en su momento Alberto Barbero, “conectar la wifi emocional”.
  3. “Dices lo que eres, eres lo que haces”: en un mundo lleno de ruido, donde bien es cierto que la tecnología socializada nos ayuda a “contar” nuestra experiencia, no basta sólo con decir y contar nuestras ideas y reflexiones (como este blog) sino sobre todo lo importante es “hacer” eso que dices. Hoy es importante aportar valor a las organizaciones más que decir que hay que aportar valor. Si dices que eres innovador, innova. Si dices que haces branding, ayuda a tomar decisiones desde la marca. Es el ying y el yang, son dos caras de las misma manera. De una etapa de mensajes pasamos directamente a una etapa de experiencias. Lo decía Woody Allen: “Las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”Vaya reto tenemos por delante desde la comunicación porque esto cambia el paradigma… y vaya si lo cambia. La coherencia se coloca en primer plano de nuestras decisiones y acciones.
  4. “No es un proyecto, es EL proyecto”: recuerdo con especial atención una entrevista que oí en su día a Manolo García, de El Último de la Fila. En ella le preguntaban cómo era posible que en una gira por todo el país, día sí día también, estuviera siempre al máximo en cada concierto. A lo que él respondió que “…esa persona que llevaba tiempo esperando en verlos en directo, que había pagado un dinerito por verles actuar, se merecía todo su respeto y todo su esfuerzo para no defraudarle…”. Tenemos que cambiar el chip de nuestra forma de actuar ante los proyectos. Hemos de desterrar el copy-paste de nuestro día porque nos limita, nos impide progresar pero lo peor de todo es que así no entenderemos jamás las verdaderas necesidades de nuestro cliente ante un problema, SU problema. De esto, volvemos a aprender de nuestros artesanos: un único oficio pero cada tarea, cada proyecto era diferente y único. Entenderlo como SU proyecto como EL proyecto, cambiará la forma de relacionarnos en el mercado, de implicarnos y comprometernos en su solución y sobre todo nos hará crecer profesional y personalmente, sin duda. Probad un día a plantear un proyecto no sin buscar “algo parecido” que hayamos hecho antes, sino realmente tratar de entender e interpretar el problema e ir buscando una solución, casi desde 0. Seremos honestos con el cliente y sobre todo con nosotr=s mism=s, nos exigirá dar el máximo y, ésta, es la mejor manera de fidelizar no un cliente, sino una relación.

Ésta ha sido la base de la charla. Lo cierto es que da vértigo iniciar una nueva etapa en tu vida. Era curioso cómo en el debate posterior, surgían preguntas con dudas, que reflejaban miedos, que se preguntaban por cómo rodearte de compañer=s de viaje, con cómo afrontar cada proyecto. La vida misma. No hay solución científicamente probada sino la experiencia vivida y aprendida. Lejos de esos discursos institucionales de “hala, ya os hemos formado; buena suerte“, la realidad del día a día es otra y sí, merece la pena vivirla. Os dejo la presentación para que la podáis ojearla. Siento una pequeña contradicción no obstante. Creo que una de las armas más peligrosas que existe y ha existido son los Curriculum Vitae. Páginas y páginas de cosas que lo único que hacen es dificultar la ventaja, empatar las personas y donde explotan más las amenazas del “otro curriculum” que apostar por tus fortalezas y tus oportunidades. No me gustan los CV, lo siento. Pero por otro lado, parece que ahora la moda es que hay que emprender sí o sí, y no es fácil. Hay su momento, hay que saber lo que requiere y cualquiera no vale. Lo siento pero me corroe esta duda en forma de paradoja. O curriculum o emprender. Me encantó una frase que comentaba Silvia en la que expresaba eso de que “…le encantaría saber qué se diría y cómo prescribiría un cliente actual con un posible futuro cliente, recomendándole su trabajo y su experiencia…”. Creo que esa pregunta enlaza con el primer punto: el valor añadido de cada uno, el famoso “qué vendes” y “por qué yo y no el/la otr=“. Actitudes y aptitudes. Profesión y pasión. Pero sobre todo, dar un paso cada día. Espero que haya servido y ayudado. De momento, he aprendido bastante de esta reflexión. ¿Y tú?

Hoy es el primer día de tu nueva vida / Inguralde / Equiliqua 30oct13 from Juanjo Brizuela

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P.D.: Utilizo un conocido video, ¿Bailamos?, que enseño Silvia en su presentación. Es sencillamente genial.

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