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Dic 14 2016

Innovar en deporte sin pensar en deporte

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“¡Hoy, voy a innovar!”

Seguramente nadie de nosotr=s al levantarnos pronto a la mañana y en nuestros primeros balbuceos del día en forma de objetivos, sueños, despertares y la mente puesta en las tareas a partir de ese momento, exclame eso de “¡hoy toca innovar!”. No lo creo. Además, nos han/hemos inoculado de tal manera la palabra innovación que cuando se pone encima de la mesa, aparece a continuación la pregunta: “¿y cómo se innova? ¿qué hay que hacer ahora?.

Sin profundizar en teorías de y sobre la innovación (hay personas mucho más expertas que quien suscribe), lo que sí queda claro es que las fuentes de inspiración trabajo para innovar deberían comenzar por tratar de hacer las cosas de otra manera. Y tiene más que ver con una cultura sobre la innovación y una filosofía para la innovación, de ir más allá que no meramente un momento concreto de la jornada. Así en esa cultura y filosofía innovadora buscamos fuentes, procesos e incluso métodos que nos ayuden precisamente a ese trabajo: hacer las cosas de otra manera. Al menos, preguntarnos si hay otra manera posible de hacer las cosas, que dicho sea de paso, siempre la hay.

Una de ellas, que personalmente uso con cierta frecuencia, es forzarnos a pensar en nuestra organización marca como si fuera de otro sector totalmente diferente al nuestro. Por ejemplo, somos una consultora; pensemos como si fuéramos un puesto de productos frescos del día (frutería, pescadería…). Somos un restaurante; pensemos en un equipo de ciclismo. Somos una industrial auxiliar; pensemos en un estudio de diseño 3D. Quizá el ejercicio resulte lejano pero nos ayuda a pensar en otro espacio teniendo siempre como referencia nuestro propio modelo. El asunto no es tanto lo que sale de todo ello sino lo que nos obliga a repensar nuestro propio modelo desde otro punto de vista. Personalmente (y no he inventado la rueda, precisamente), el método ayuda y funciona, ME ayuda y ME funciona.

Como muchos otros sectores, el mundo del deporte está pasando también por cierta transformación. Al factor emocional de nuestro sentido de pertenencia y nuestra pasión por la victoria competición, se le añaden ahora otras dosis de visión y gestión empresarial que apoya y sostiene lo emocional para dotarle de cierta sostenibilidad no sólo a corto sino a medio plazo. Al reto semanal de competir y “ganar” se le une además que la solidez de un proyecto se sostenga en el tiempo, que asuma riesgos no mucho más allá de los necesarios (a pesar de que hay realidades deportivas llenas de deudas y agujeros de difícil solución) y que pueda seguir creciendo paulatinamente con el paso de los años, siempre y cuando también, cierto porcentaje de éxito en forma de triunfos te acompañe en el trayecto. Se trata de gestionar un proyecto y proyectar una marca más allá de la mera competición. Sinceramente, esta visión del mundo del deporte es tan fascinante o más que el propio ejercicio deportivo competitivo. Algo me/nos está tocando vivir y trabajar en estos momentos.

Bien, como he descrito al inicio, hagamos la reflexión y el “juego”. Estamos relacionándolo con otros ámbitos para descubrir nuevos aspectos que ayuden a darle solidez al trabajo. El ejercicio está siendo intenso porque hemos elegido el mundo del retail, otro campo de enorme transformación en estos momentos y con mayor incidencia en el día a día. Deporte y retail. No encaja a priori pero sí: ambos tienen una parte en común que resulta esencial: tu CLIENTE. Una PERSONA.

Los nuevos comportamientos de compra, el acceso a la información vía digital en la actualidad, las propuestas diarias de marcas competidoras, hacen del retail un sector en plena efervescencia. Donde antes las tiendas de antaño eran expertas en las tendencias, en novedades, en disponibilidad y en servicio se están convirtiendo en espacios de experiencias donde la/el cliente está expuesto ante una serie de impactos y relaciones que pretende activar su motivo de compra. Hoy, el mundo digital, las referencias de información, la generación de contenidos desde otros ámbitos están obligando a adaptar la experiencia en las tiendas en otro tipo de espacios. En cambio, la preocupación por, la definición y la atención al cliente se están convirtiendo en el principal campo de actuación en el concepto del retail. Pensar por, desde y para el/la cliente.

Pensemos en el deporte. El deporte pasa de ser un momento puntual de la semana, el partido, la competición, a querer estar presente en nuestro día a día de manera muy activa. El deporte se convierte más que en una actividad en una vasto campo de atributos que relacionan dicha actividad con una relación con la persona que se extiende durante la semana. El problema no es tanto en sí el propio momento del encuentro como que “tu equipo-deportista-club” esté presente en tu día a día. El reto no es ya exclusivamente “ir a la tienda” sino que tengas motivos y argumentos para ir a la tienda.

Las marcas de retail inciden especialmente en identificar su perfil de cliente. Ése que ya no únicamente “hace la compra” sino que además puede ayudarte a generar contenidos relacionados con tu perfil, contenidos que además comparte y contenidos que además son los que prescriben y muestran su lealtad hacia tu tienda. “Si necesitas un abrigo, vete a esta tienda, porque tienes para elegir entre una variedad que además es novedosa, está de moda, es asequible y seguro que te ayudan a encontrar lo que buscas”. Vayamos al deporte: “si quieres disfrutar de un partido, ven a verlo, porque tienes además un montón de acciones que están muy bien, el ambiente que se genera es extraordinario y además después tienes opciones antes y después para que pases un rato muy divertido… y últimamente están jugando muy bien así que…”. No difiere mucho.

¿Se puede ir de tiendas sin ir a la tienda? Diríamos que hoy en día sí. Las relaciones entre retail-cliente se están construyendo mediante un flujo de información que permite dar información, recoger información, personalizar información e incluso compartir información. La experiencia va más allá del mero espacio sino que trata de extender lo que pasa en la tienda durante el resto de días de la semana. En el deporte está empezando a ser así. ¿Se puede ir al encuentro sin tener que ir al encuentro? Sí. Preparar el camino de la competición, más allá de las meras noticias, desarrollar otros contenidos que completan la experiencia previa y posterior a la propia competición: Estadísticas, videos históricos, highlights, deporte base, charlas sobre aspectos de entrenamiento, recomendaciones para tu actividad, acciones de tus sponsors en tu ámbito de actuación,… Digamos que la competición se extiende más allá del momento concreto del encuentro para que la relación sea cada vez más intensa y extensa. Estamos pasando de un producto (encuentro, partido, competición) a una marca (club, equipo, deportista…). Y todo ello en una relación que se construye desde la propia generación de contenidos asociados.

¿Cuál es la clave de todo ello?:

  • Primero de todo, ir más allá del propio producto. Sin desmerecerlo pero el producto se debe convertir en una experiencia de uso y disfrute que supera el momento de compra. Es como un movimiento “slow”, despacio, que trata de que lo que ocurre alrededor de ese momento clave, se torne especial, lleno de detalles y lleno de pequeños momentos que ayudan a activar tu momento especial: tu producto/tu encuentro.
  • Segundo, todo comienza por y para el cliente. “Haz un cliente y no una venta”, es una frase de Katherine Barchetti que me quedó marcada. La frase tiene su miga porque en realidad, una vez más, de lo que se trata es de construir relaciones. Si estás relaciones están basadas en lo tangible es positiva pero si además lo están en la base de lo “intangible”, aún mejor. Conocer no a tu cliente sino a todos los perfiles posibles de clientes (porque no lo olvidemos tenemos muchos clientes, no sólo uno, por eso el concepto “target” se nos queda corto…) y tratar de identificar sus expectativas y aquellos contextos donde nuestra marca puede ser relevante, es clave para desarrollar dichas relaciones.
  • Tercero, identificar todos los puntos de contacto donde la relación se establezca. TODOS. Este reto está relacionado con el anterior. No basta con ser diferentes sino sobre todo de cómo podemos llegar a ser relevantes. En esa relevancia el ejercicio radica en saber en qué momento tenemos que hablar de qué. Hablar de un partido el martes no tiene sentido. Pero sí que podemos ir enseñando contenidos de la historia del rival, e incluso reforzar un atributo clave para el momento del encuentro. Y en esos puntos de contacto, lo importante es saber qué aporta a la expectativa de la persona. Conocer a la persona, cuanto más mejor y dónde podemos relacionarnos con ella se antoja la labor diaria del los equipos de gestión, y no sólo de marketing.
  • Cuarto, lo digital como capa base de relación. Y tengamos en cuenta que no todo el mundo está digitalizado. Pero en aquella gente que sí lo está, hemos de construir una nueva relación basada en esta cultura que se instala en nuestras vidas. Como dice Genis Roca: “… Una tecnología es relevante en la medida que esa tecnología es capaz de influir en tu capacidad de sobrevivir…”. Sin ir más lejos, donde la tecnología se convierte en más que una herramienta desde la que nos informamos, compramos, compartimos y nos comunicamos. Una alteración básica en nuestro día a día, que en esa relación debemos aprovechar. Paulatinamente, poco a poco, pero no debemos dejarla de lado.
  • Cinco, la experiencia es clave. Pero no es UNA experiencia sino que son LAS experiencias. Y en cada una de ellas deberemos trabajar como si fuera LA única. La tienda-El partido es básica y debe ser el culmen de una relación que se construye experiencia tras experiencia. Tan importante es el envío de información, como una landing específica, como un envío a casa, como el aperitivo que te tomas después del producto. TODO construye marca.

¿Y qué tiene que ver todo esto con INNOVAR? Que seguramente el problema de afrontar un proyecto no sea únicamente el de ir construyendo sino el de salirnos del guión, por filosofía, confrontarlo con otro contexto y aprender de él para poderlo llevar a cabo de forma diferenciada y relevante. El mundo del deporte despierta pasiones per se, pero lo que despierta la innovación es que no se parezca al deporte sino a otros campos.

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La foto de inicio es de Flickr, de Dr_Kelly

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Oct 20 2016

Volver a entrenar para

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Fue nacer Lucía en mayo del 2000 y decidir que había que tomarse un respiro y dedicarse a lo que había que dedicarse a partir de entonces: la familia. Ya en 2006 con el nacimiento de Martín, descubrimos en casa aquello de “1+1 no son 2 sino 11”. Así que la vida era aquello que sucedía entre mi familia y todos esos momentos diarios que había que vivir juntos y, por supuesto, la vida profesional. Vale, también es verdad que uno sigue teniendo sus hobbies y de vez en cuando va buscando esos momentos entre las 24 horas del día, para sentirse persona tal y como es.

El caso es, como bien sabéis, que el baloncesto forma parte de mi identidad personal, que aquí quien suscribe tiene también su trozo de vida personal que conjuga con el mundo del branding, principalmente, el trabajar junto a personas y organizaciones para desarrollar ideas que conecten unas (personas) con otras (marcas). Pero el basket es otra de mis pasiones. Me dio mucho: amistad, conocimientos, sueños e ilusiones, trofeos, segundos puestos, aprendizajes … hasta gracias al baloncesto conocí a mi mujer. En todo este tiempo siempre he pensado que más que un deporte, el baloncesto me ha llevado a reflexionar sobre esas conexiones entre lo que sucede en el juego, la vida, las personas, las ideas. Algo de esto también hemos hablado por aquí.

El presente es que he vuelto a entrenar. Como dije, me tomé un respiro porque las obligaciones y las responsabilidades me hicieron tomar esa decisión y ahora que parece que ya nos sabemos la partitura por casa y en la vida, creo que es un buen momento. En estos ya 16 años que han pasado, prácticamente cada día en mis horas “libres” había un pedacito de baloncesto: un trozo de un partido, una charla de un entrenador, revisar apuntes, participar en programas de radio y tele, escribir análisis, preguntar y ver a quienes están en el día a día, ver, ver y ver… y pensar sobre ello. Dejé de entrenar pero no dejé el baloncesto.

Pero es que además no lo hago por ese “mono” que tiene quien vive partes de su vida con mucha pasión, sino porque creo que tiene que servirme para algo más que simplemente quitarme el gusanillo personal. Y lo relaciono además con mi vida profesional porque sigo pensando que cada día que pasa a quienes nos consideramos un poco knowmads, trabajadores del conocimiento y de las relaciones, éste se encuentra en muchos espacios y entornos, y además cualquier input puede servirte de inspiración y aprendizaje para cualquiera de tus ámbitos: el profesional, el familiar y el personal. Lo hago porque quiero seguir aprendiendo cada día y creo que con algo “externo” a mi día a día habitual, quizá pueda seguir dando pasos.

Busco ahora en el basket ser capaz de proponer una idea, un estilo, una identidad, ser fiel a ella misma, desarrollarla con toda la pasión, alma y emoción que cada uno le pueda poner e irla construyendo a lo largo de cada entrenamiento y partido. Convencer a mis chicos de que desde esa idea se puede progresar más y, si salen bien las circunstancias, podremos tener opciones de llevarnos un partido. Este trabajo lo vengo/venimos desarrollando en muchos proyectos de branding y comunicación en los que estoy involucrado. Proyectar una identidad, trabajar para que desde el convencimiento, el propósito y las formas de cada cultura organizacional, podamos ser más importantes en el mercado, estar entre las alternativas a escoger y ser finalmente la elegida.

Busco ahora en el basket transmitir que lo importante no es simplemente el QUÉ sino sobre todo el CÓMO, no es jugar por jugar, sino entender y comprender mejor el juego, para que cada jugador interprete a su manera lo que sucede y que tome así SU mejor decisión junto al resto de compañeros y rivales. El basket no es un deporte individual aunque las decisiones y lo importante ocurre siempre alrededor del jugador. Los entrenadores somos simples mediadores de lo que sucede. En el branding ocurre parecido. Lo importante no es que estemos hablando todo el día de “qué importante es la marca“, de “yo hago branding“, de “nosotros conocemos a nuestro cliente“, y todas esas cosas sino que los “gestores de marca” sientan que más que ser gestores han de ser EMBAJADORES Y DISCÍPULOS de su marca para que, posiblemente cada un= a su manera, pueda hacer que la percepción de la otra persona, vaya en la dirección que queremos tomar. Comprender el mercado, entenderlo, saber cuáles son sus criterios es básico; comprender cómo es y cómo se desarrolla el juego, es esencial para saber qué es lo que tienes que hacer pero sobre todo CÓMO lo tienes que hacer.

Busco ahora en el basket escuchar más y dialogar más con mis jugadores, más que simplemente ser una persona que les dice lo que tienen que hacer y éstos lo repiten como autómatas (que por desgracia cada vez sucede más en los campos). La identidad y el estilo son los pilares del grupo pero sobre todo saber qué siente el jugador cuando lo pone en práctica y qué propone para que podamos mejorar todavía más. Obviamos demasiado que observar y escuchar son dos facetas mucho más importantes que ver y oír. Decir se convirtió en ordenar pero hablar conversar es intercambiar opiniones para buscar un propósito y un beneficio común.

Busco ahora en el basket, de manera práctica, aceptar una nueva responsabilidad que debemos tomar, en el sentido de que compartir tus ideas es sobre todo llevarlas a la práctica y tratar de que puedan ir calando con el paso del tiempo. De lo que más orgulloso me siento de mi’s etapa’s de entrenador (comencé con 14 años a entrenar) es que hoy muchos, muchísimos de mis jugadores sigan jugando a este deporte, les encante ir a ver partidos, hablar de ello y especialmente recordar lo bien que se lo pasaron en aquel tiempo jugando a este deporte.

16 años después me he dado cuenta que se han producido algunas que otras telarañas en la práctica. Lo siento cada día que entrenamos y en estos primeros partidos que estamos jugando. No le pongo prisas al tiempo, ni mi/nuestro objetivo es la victoria, simplemente quiero seguir aprendiendo y buscando otras influencias externas que me/nos alimentan en lo que hacemos antes y después del día del entrenamiento. Soy consciente además de que este momento alimenta a mi actividad profesional y no la sustituye. Y así lo he tomado y así me lo he propuesto. Decía Antonio Conte, el seleccionador de Italia y actual entrenador del Chelsea, aquello de “Ellos tenían el talento y nosotros teníamos las ideas. Y las ideas vencieron al talento” cuando Italia ganó a España. Yo/nosotros ahora tengo/tenemos mucho por hacer con el trabajo de las ideas. Porque seguro que con ellas, además, desarrollaremos el talento.

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Ago 29 2016

El día después

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Han pasado ya unos cuantos días y, con toda probabilidad, la MEJOR MARCA del mundo, OLYMPIC, ha cerrado un nuevo capítulo en su larga historia con la celebración de los Juegos Olímpicos de Río 2016. 124 años después esta extraordinaria marca vuelve a copar un protagonismo que cada 4 años reluce y brilla como ninguna otra. Dicen que “unos 5.000 millones de personas vieron al menos una prueba o 30 minutos de transmisión de Rio 2016, según datos de la AFP” y se estima que ha habido “una inversión publicitaria en TV de unos 159 millones de dólares” (vía MERCA 2.0.).

Edición tras edición el producto es extraordinario y no falla. Las competiciones y cada un= de sus deportistas siguen siendo la expresión de marca que más brillo aporta a la marca Olympic. El deporte y sus deportistas siguen marcando la cita olímpica con rotulador rojo en sus calendarios y en sus retos. Para much=s de ell=s son 4 años de preparación dura, constante, exigente para un “momento” donde se refleja el trabajo realizado. A pesar de todo ello, y vistas muchas de las competiciones, la suma de medallas y diplomas, alegrías y lloros, sigo pensando que necesitamos redefinir tanto el éxito como el fracaso. La competición deportiva es tan exigente que creo que hemos de valorar más el hecho de llegar y ser capaz de competir que no únicamente alzar la alegría si obtienes el premio, de ahí la necesidad de esta redefinición. ¿Dónde está la frontera entre éxito y fracaso? ¿Valoramos más las nuevas medallas de Phelps o su esfuerzo por competir en cada prueba 4 juegos olímpicos después? ¿valoramos más el esfuerzo de Nadal día tras día, incluso el trabajo de Calderón,… las atletas que se tropezaron en plena prueba y que siguieron? ¿Qué es éxito? Es una lección de constancia, de esfuerzo y trabajo. Aquí valores deportivos y humanos se enfrentan al premio, reconstruyéndolo todo y relacionándolo de otra manera, desde mi punto de vista. El día después del “producto”, es seguir apostando por él cada día. Un nuevo entrenamiento. Un nuevo objetivo. Una nueva competición. Definitivamente, el producto sigue siendo la “estrella” de la marca Olympics.

El día después de la “marca-ciudad-territorio” Río 2016 es ya más dudoso .Rio 2016 generó una enorme ilusión en el momento de ser elegida. La fuerza del entonces presidente Lula da Silva, las noticias de que Brasil encabezaba un crecimiento importante a nivel geo-político-económico mundial (BRIC) y que el continente americano del sur jamás albergó unos juegos olímpicos, hicieron que Rio de Janeiro y Brasil encabezaran una nueva etapa en el desarrollo de esta marca. 7 años de camino para preparar una nueva cita donde se juega mucho más que el deporte y sus deportistas…parece. Meses y semanas antes del encendido oficial, las dudas y recelos surgían sobre la ilusión. La capacidad de infraestructura por un lado pero en especial el valor “social” de regeneración, de transformación con el que muchas ciudades apuestan en semejantes eventos, situaban esta cita con una prudencia más presente que en otras ocasiones. El “miedo” social, la inseguridad, “tapar” la realidad al mundo y sobre todo esa cohesión social que se da en unas semanas entre ciudadan=s locales y todas las expediciones nacionales, corrían el riesgo más evidente. ¿Qué pasará ahora en Río? Quizá ésta sea una de las mayores dudas que generan estos proyectos. Posiblemente Barcelona’92 y Sydney’00 fueran de los pocos casos donde se produjo una transformación antes-durante-después de la celebración de los juegos olímpicos. Más allá de los edificios e infraestructuras, el reto es cómo continuar con el proceso más allá de la celebración de un evento. Esta cuestión debería afectarnos siempre que se enfoque un proyecto, sea cual sea su dimensión. En este caso, por la extraordinaria dimensión que aporta el concepto “olímpico” y su dimensión global, quien apuesta por presentarse como candidata tiene tras de sí una idea “global” de transformación. Río lo hizo así. Madrid quería que fuera así (quizá más desde una lógica geopolítica y económica) y posiblemente Tokyo lo haga. La duda está más en qué quedará en Río. De momento sólo he visto una marca, Nike, que apuesta por llevar el deporte “local” a una nueva dimensión. El legado no son las medallas ni los edificios. El legado es el futuro anclado sobre el recuerdo del trayecto.

El día después comienza también para Tokyo, próxima ciudad que albergará la edición de 2020. Un país y un continente, un mensaje diferente para el mundo, innovación, tecnología, otra cultura que se une a un mundo global donde, según ellos, diversidad es la palabra. Unir. Río 2016 trajo el debate de “lo verde” y la “sostenibilidad”… Tokyo suma una nueva intención: “Infinite Excitement“. Pero, ¿es ello lo que necesita la marca Olympic?.

El día después de la marca Olympic es reconocer cuál es el camino que ha de seguir de cara al futuro y sobre todo cuál es su propuesta de valor de cara al mundo. En Brasil apoyó el esfuerzo de la deportividad, aunque teñido de nieblas que tienen que ver con otra serie de comportamientos menos sociales y responsables. La pregunta que me surge además es…

¿Quién gestiona la marca Olympic y cómo la gestiona?

La responsabilidad aquí del COI es evidente porque resulta el “dueño” de la marca. Aunque la influencia de la gestión de la misma tanto de cada ciudad-país como de sus deportistas es evidente. La pregunta es qué significa por tanto Olympic:

  • ¿deporte? ¿esfuerzo? ¿valores? … la actitud deportiva tiene más que ver con cada día y no sólo por el espectáculo de cada prueba competitiva. Aquí lo esencial radica en que todos los deportes sean tratados de igual forma no sólo en las fechas de competición sino durante el resto del tiempo. Ahora pensemos en cuántos hemos visto competiciones como badminton, gimnasia, atletismo, deporte femenino durante el resto del año. Aquí es donde el COI y los comités nacionales deberán promover y actuar más en consecuencia, más planificación, más visión y sobre todo más trabajo colectivo. En España especialmente, con reducción de presupuesto, e incluso con dudas en muchas de las ayudas. Tarea importantísima.

 

  • ¿transformación a través del deporte? ¿competición o igualdad de condiciones para cualquier país? El deporte ayuda a valorar al contrario. No sólo en competiciones de equipo sino también individuales. El deporte además ayuda a acercar culturas y personas. Transformar una sociedad tiene cada vez menos que ver con infraestructuras y ladrillos y más con la relación entre personas. El deporte ayuda y debe de ser un eje transformador, más allá de los premios obtenidos en forma de medallas. Aquí, co-branding con marcas y con organismos deben actuar de otra manera, más responsable, más social y más transformadora.
  • ¿territorios-banderas y/o personas-culturas?. Son muchas las imágenes que se nos quedan grabadas en nuestras retinas pero la salida de cada país, de cada participante en la ceremonia de apertura es realmente emocionante. El ejemplo de este año en Río del “equipo de refugiados” tiene más importancia de lo que creemos y tengo la sensación de que ha quedado con poca presencia. ¿Necesitamos banderas para unir o para desunir? Aquí la responsabilidad de la marca Olympic debería de ser patente y firme.
  • ¿Inversión en futuro vs inversión en medallas? Tiene que ver con lo comentado anteriormente sobre éxito vs fracaso. hay casos y casos. Parece que la salud del deporte tiene que ver con el número de medallas y aunque no es exactamente así 100% se “vende” de esta manera. Y no. Quejas de deportistas, nivel de inversión recortado, deportes minoritarios con éxito patente, el deporte femenino… son muchos los campos que se debe abordar. El retorno no se debe medir por el número de medallas sino por el incremento de la actividad deportiva en un país, a todos los niveles. Y eso sí es inversión. En España se vio que la inversión previa a Barcelona’92 obtuvo su recompensa pero fue descendiendo paulatinamente. Australia sigue invirtiendo con la misma intensidad que en su día para preparar Sydney’00 y hoy es un país puntero deportivamente. El sistema se debe de redefinir pero no con el objetivo único de las medallas sino por comprender el deporte de otra manera. Aquí habría que seguir al pie de la letra uno de los valores de la marca Olympic: “Sport for all” aunque parece de momento que no será así, lamentablemente al menos en España.

El día después comienza cada día, nada más levantarte. Y ser fiel a la promesa que te has hecho previamente. El día después es además pensar en dar no sólo un paso más sino un nuevo paso. El día después es pensar cómo quieres que sea tu marca hoy…y mañana.

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La foto de inicio es de Flickr, de Simon Bleasdale

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Feb 18 2016

Diseñar y extender tu producto desde la marca

Permitidme de nuevo un momento de reflexión relacionado con el deporte y el baloncesto, en particular. Comienza una nueva edición de la Copa del Rey ACB. Un evento que reúne pasado el ecuador de la temporada baloncestística profesional a los 7 mejores equipos de la primera fase más un club organizador. Posiblemente este torneo sea el estandarte de la competición profesional, la Liga Endesa ACB, ya que solamente con las cifras de medios registrados que atienden estos 4 días de baloncesto, muestra el interés sobre el mismo. Quizá porque sea en un periodo del año que faltan alicientes deportivos más allá de cada jornada semanal, la Copa ACB es un momento del año que despierta interés …y pasiones.

En muchas organizaciones uno de los debates más interesantes sea la definición y desarrollo de un nuevo producto. Liguémoslo o no al ámbito de la innovación organizacional, generar un nuevo producto tiene su componente estratégico, su componente de diseño, su componente de servicio y su componente emocional. Dichos espacios son inherentes al mismo, no puedes pensar en generar algo nuevo si no aporta a la organización una nueva ventaja competitiva en el mercado, si no resulta útil y muestra un beneficio y una solución prácticamente inmediata y si no despierta un vínculo extra, formal, que haga que esa relación sea más estrecha aún. Diseñar un producto hoy en día es uno de los retos más estratégicos y apasionantes que existe.

Cuando en muchas de las charlas y seminarios hablo de la experiencia de marca y de las diferentes expresiones de marca, hago especial referencia a este hecho: el producto. Y es que analizando diferentes casos de sectores absolutamente dispares, demostramos que el producto responde siempre a lo que la marca es pero sobre todo es el eslabón perfecto e ideal entre una marca y una persona. Si hablamos de un restaurante, el menú responde perfectamente a los valores y significados que la marca posee y expresa. Si hablamos del sector industrial, un producto más allá de su innegable beneficio funcional aporta un beneficio simbólico que estrecha las relaciones. Si hablamos de un producto digital permite que la interacción constante forme parte de estas relaciones. En cualquier caso, el producto es una extensión real y tangible de la marca. Y a veces no nos damos cuenta de ello.

Tomo el ejemplo de la Copa ACB porque además de ser un producto baloncestístico oportuno, diferente y relevante para l=s aficionad=s a este deporte, vemos cómo además se rodea de una capa que extiende al máximo las potencialidades de la marca (ACB) más allá que los meros partidos que se celebran cada día. La Copa alberga además actividades para todos los públicos, como la Minicopa, un formato reducido de la Copa para jugadores infantiles; alberga espacios de ocio y diversión relacionados con el basket y sus patrocinadores, la Fan Zone, y otros aspectos. De alguna manera, se diseñan nuevas capas que permitan extender ese producto principal a otros espacios que aportan nuevos significados y valores no sólo al producto en sí sino a la marca en general, en este caso, ACB.

¿Tiene/n tu/s producto/s estos servicios añadidos que añaden valor no sólo al producto sino a tu experiencia de marca en sí? Parémonos a reflexionar sobre ello.

Posiblemente la gran diferencia entre tiempos pasados y tiempos modernos, es que estamos pasando de trabajar por y para la mera transacción económica (compra-venta) de productos frente a un nuevo tiempo de construir una relación duradera, una relación que te permita comprender necesidades y expectativas y responder a todas ellas. A veces en forma de producto. A veces en forma de servicios. A veces en una mera conversación.

Mi buen amigo y compañero David Sánchez Bote lleva tiempo reflexionando y trabajando sobre la servitización (vaya palabro) en el mundo de la industria, aunque gran parte de sus reflexiones pueden servir para diversos sectores. Aquí la reflexión real es que no estamos hablando de ventas sino estamos construyendo relaciones duraderas que permitan interactuar en diferentes niveles con el cliente generando en todo ello una experiencia de cliente, una experiencia de marca única, diferente y relevante.

La Copa ACB es para mí uno de estos ejemplos. Como también podría ser la SuperBowl, la final de la Champions League o cualquier otro evento de cualquier evento. Los eventos en sí mismos son toda una experiencia en este sentido aunque en realidad se han convertido exclusivamente en un “fuego artificial” puntual y ya.

En definitiva, más allá de lo que podremos disfrutar estos 4 días con la Copa ACB (donde espero que mi Laboral Kutxa Baskonia se alce con el título), creo que deberemos pensar más en qué hemos de hacer con nuestros productos “extendidos”, con la capa de servicio que les hemos de dar a los mismos y, en definitiva, cómo queremos potenciar nuestra experiencia de cliente y nuestras experiencias de marca.

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Sep 08 2014

Sobre Branding y basket: ¿a qué jugamos?

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El inicio de este nuevo curso ha unido dos de mis pasiones: el branding y el basket. Este maridaje unión se ha producido debido a la invitación de la gente de Move Branding (eskerrik asko PatxiMarisol y el resto del equipazo) para dar una charla en su oficina dentro de un “tinglado” que han llamado Connective Branding Talks, que como explican en su blog son “reflexiones sobre innovación, diseño, tecnología y marcas”, con gente externa que da su visión particular.

Hablar de branding a gente que sabe (mucho) de ello, impone respeto y se convierte en todo un reto. Así que propuse fusionar mis dos pasiones porque seguramente dar una visión de la gestión de marcas desde el enfoque de gestionar, confeccionar y dirigir un equipo de basket era algo que resultaría novedoso. Todo un “experimento” que me sedujo desde el momento en el que empecé a trazar los primeros esbozos.

Dejé de entrenar desde que inauguré mi faceta de padre. Empecé allá por el año 83, aprendiendo de mi entorno familiar y de mucha gente a la que tuve el honor de ver en primera persona, charlar, preguntar, debatir durante muchas horas en un campo de basket, con una libreta o una pizarra. Para eso Vitoria-Gasteiz fue, es y (espero) siga siendo un lugar excelente para el basket. Ahora he retomado un poco el “mono” colaborando en un colegio tratando de ayudar a aquell=s jóvenes que quieren empezar en eso de entrenar baloncesto.

De todo ello lo que más aprendí y traté de poner en práctica era que los equipos supieran y comprendieran desde el primer momento “a qué jugábamos”. A medida que ganaba en experiencia, era más consciente de lo importante del trabajo en cancha y en los partidos pero en especial el desarrollo de un equipo en torno a una idea. ¿A QUÉ JUGAMOS?. Una idea de colectivo donde cada jugador, con su personalidad y habilidad propia y única, debía desarrollarse individualmente en relación con el colectivo. La idea no era fija desde el primer bote, paso o tiro pero sí los primeros esbozos y a medida que pasaban las semanas se iba perfeccionando, retocando, matizando. Cada mejora en cada jugador suponía una mejora de esa idea global. ¿Queremos ser un equipo que “corra”? pues todo el desarrollo individual y grupal iba dirigido en esa dirección. La formación individual se garantizaba desde lo básico pero siempre con una orientación. Con el paso del tiempo el equipo ganaba en “interpretar” cada fin de semana lo que podía ocurrir en el campo, con el contrario y con las condiciones: no es lo mismo jugar en noviembre que en febrero, ni tampoco jugar mientras ganas o si vas perdiendo. Leer el juego, entender el juego para que siempre el jugador pudiera responder bajo la idea global a la situación del momento.

El basket en particular pero el deporte en general, sigue siendo un excelente entorno de aprendizaje para la gestión. Liderazgo, tomas de decisiones inmediatas, gestión de equipos, roles, teoría del caos, gestionar espacios y tiempos, etc. Este campo me apasiona y leo, mucho, sobre ello. Aprendo mucho de otros deportes, leo a gente realmente brillante como Martí PerarnauIgnacio BenedettiDiego TorresGuille OrtizAndrés Monje, etc; escucho atentamente cada frase de BielsaDel BosqueGuardiola, Sito Alonso, LilloPopovich, Obradovic, Nikolic, leo recortes del recordado Josean Gasca y a gente muy cercana como Gorka NúñezPepe Laso, mi propio hermano Txus… gente que interpreta lo que sucede en un campo, en un espacio donde se relacionan ambiciones, habilidades, horas y horas sacrificio y soluciones que en algún momento se han visualizado.

¿A qué juegan las marcas? Éste era la pregunta. Porque muchas veces seguimos viendo marcas que van y vienen, que se encuentran en la rutina diaria, aquellas que son prisioneras del corto plazo pero que en la pelea de mercado, van ciegas con su discurso sin entender en realidad lo que pasa con las personas que lo componen (esto va de personas, no lo olvidemos) y lo que el resto de marcas están haciendo en ese momento, ¿a qué juegan?

Es fácil de entender que en basket hay que ganar. El problema es saber cómo. Igual que es simple comprender que una marca quiere ser líder pero también el problema está en el cómo: “no importa el QUÉ sino el CÓMO LLEGAR AL QUÉ”. Como en un partido. ¿Qué idea de juego vamos a llevar a cabo para ganar el partido (a corto) o la liga (a largo)? Tan sencillo como comprender que si entendemos las marcas en términos de mercado o trabajamos con las marcas como “ideas culturales”, más cercanas a las personas y no a la mera transacción. Ideas que conectan con personas y viajan juntas en el tiempo, aprendiendo y mejorando cada día. como un equipo que aprende de la victoria y de la derrota pero sobre todo de cómo se ha producido y cuán fiel se ha sido a la idea.

En el mercado tampoco estás sólo. Como en un partido. No juegas al baloncesto 5×0 sino que tienes 5 rivales esperándote y mirándote fijamente a los ojos para decirte “¡véte de aquí!“. Y otros esperando en el banquillo la oportunidad para salir y atacarte por donde más te duele y tú no te habías dado cuenta: ¡vaya, han bajado los precios!. Además tienes a 25 o a 14.843 espectadores en el campo que te aplauden, te silban, protestan, te “dicen lo que tienes que hacer” y hasta te avisan del peligro: “mira la competencia con un producto más pequeño”. Curioso: gestionar marcas se parece a gestionar un equipo.

Pasamos casi 2 horas (disculpadme a l=s asistentes, el pacto era sólo de 1 hora 😉 hablando de ello, para concluir que esto es una batalla larga, que tiene que estar condicionada por una idea, por un “significado que conecta” hacia fuera y hacia dentro y hoy y mañana, por saber que esa idea tiene que evolucionar, por tener Planes A, B, C y …, por escuchar mucho y callar más, como dice Bielsa eso de

los líderes necesitan que cuando hablen se les escuche; la mejor manera de conseguir eso es hablando poco

y como decía Juanma Lillo eso de

el reto no es jugar ordenados sino ordenarnos mientras jugamos.

Marcas dinámicas. Sociedad líquida. Personas. Ideas. Entornos. Experiencias. Jugar en definitiva. Prepararse para ello. Jamás pensé que el basket estuviera tan cerca del branding. Eskerrik asko Move!

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La foto de inicio es de Twitter, de Andoni Tebar

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Jul 17 2014

El mundial de las marcas

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Con el paso de los años se hace más evidente que el deporte profesional tiene mucho más de negocio que de deporte. Esto no quiere decir que el esfuerzo, la preparación y la ambición por el resultado y por la carrera profesional de un= haya perdido vigencia pero sí que se habla más de lo que rodea al deporte que al propio deporte en sí, salvo para el auténtico fan y forofo de dicho deporte.

Alemania se ha alzado con el triunfo en la Copa del Mundo 2014 en Brasil. Reemplaza en el pódium a la España triunfadora en Sudáfrica 2010 y con toda seguridad Alemania pasará a la historia no sólo por la 4ª estrella que va a lucir desde ahora en el pecho de sus resplandecientes camisetas, sino por el 1-7 a Brasil en el partido de semifinales, el “soberbio” (entiéndase el doble significado de dicha palabra) anfitrión del torneo.

En este Mundial se han librado dos batallas: la deportiva, en las sedes y sus estadios y la de las marcas, en el mundo alrededor del juego y en sus aficionados. En la primera, salvo escasas sorpresas deportivas, donde no ha habido ni unanimidad entre los jugadores destacados, selecciones excelentes o novedades en el juego, queda claro que quien tenía una identidad propia y mayor equilibrio físico-mental-táctico ganaría. Ésa ha sido Alemania.

En la segunda, la de las MARCAS, el torneo ha sido apasionante y largo en el tiempo porque empezó mucho antes de que rodara el primer balón y acabó más tarde de alzarse el trofeo de ganador. Ese torneo lo jugaron las grandes marcas mundiales de consumo, especialmente Adidas vs Nike. Dos gigantes de la categoría de ropa deportiva, sportware o vaya usted a saber qué más. Había más marcas, pero se apartaron de la pelea al primer órdago, como Puma. Justo algunos jugadores se mostraban diferentes en el campo porque llevaban una bota de fútbol de cada color, y decidió que mejor dejar esa pelea y centrarse en su nuevo y atractivo equipo de fútbol: el Arsenal. Así que dada la lucha fraticida entre Adidas y Nike, exclamó un respetuoso “a otra cosa mariposa”.

Risk everything” vs. “All in or nothing”. Nike vs Adidas. La marca líder global del deporte vs la marca por excelencia en el fútbol. Dos personalidades completamente diferentes, complementarias y necesarias. Nike vs Adidas. Cristiano Ronaldo, Rooney, Iniesta y Neymar vs. Messi, Neuer, Robben y Gonzalez. Francia, EEUU, Holanda y Brasil vs. Alemania, Argentina, España y Colombia. Nike vs. Adidas. Cada día, cada minuto había un impacto que recordaba que el mundial se jugaba también en otros campos y no sólo el de hierba natural recién regada y cortada. El partido se jugaba en las mentes de los miles de personas que se reunían en las gradas y sobre todo en todas esas personas que interactuaban con la actualidad desde la televisión, por internet, en las redes sociales, en su móvil. 815 millones de interacciones en Facebook, más de 300 millones de tweets, 1.200 millones de minutos de anuncios en Youtube relacionados con el mundial. Eres de un jugador, incluso de un país, pero algo te hacía pensar que tu marca estaba ahí presente y que debía ganar al otro. Algo absolutamente inédito hasta ahora.

Nike comenzó con una campaña publicitaria con uno de los spots con más visualizaciones en un día: una película en formato dibujos animados, innovadora, divertida, única… un relato que sumaba significados de rebeldía frente a lo tradicional, lo igual, el de siempre. Jugadores emblemáticos, camisetas-icono bien selecciones bien equipos de relevancia mundial como el Barça, hasta jugadores que no jugaban el mundial pero también participaban en él: Ibrahimovic. Nike avisaba: “Nos vamos a divertir. Vamos a por todas, Adidas”

Adidas, agazapada. En silencio pero con todo bien calculado. Más de 40 personas reunidas en las oficinas del equipo brasileño de fútbol, el Flamingo, frente a sus terminales de trabajo y frente a pantallas de televisión para visualizar cada partido. Trabajo agazapado de muchos meses atrás preparando la estrategia de cada selección, de cada jugador-emblema: “perdimos a Francia (icono tradicional de Adidas que fichó Nike hace un par de años), pero tenemos al mejor portero (Neuer-Alemania) y al mejor jugador (Messi-Argentina)”, y lo decimos porque sponsorizaremos incluso esos “otros” premios. El “risk” de Adidas era que por esa fiesta apareciera Nike de invitado. No ocurrió. Adidas arrasó.

“We want to be the most talked-about brand at World Cup,” says Tom Ramsden, brand marketing director for Adidas Football, who oversees communications across advertising, PR, social and retail. “We knew we were going to do something real-time, that isn’t completely brand new to us, but it is at this scale.” (via AdAge)

 

Dejad que l=s aficionad=s” hablen cuando quieran”, “démosles unas palabras para que las usen si quieren, ahora un #allin, ahora #nike, ahora #…”… el partido se jugaba en el campo y en las pantallas. En los descansos de los partidos, cuando la gente seguía refrescándose y comentaba los truños de partidos, un tweet patrocinado, un Vine de 6” con un gesto en primer plano, una Imagen en Instagram perfectamente editada, un grito de ánimo con el hastag de turno. El saber reconocer y hablar cuando nadie habla y callar cuando otros hablan. Pura conversación.

Nike va perdiendo “soldados en la batalla” teñida de verde hierba en redes de porterías asaltadas por el Brazuca, el balón de Adidas. Adiós Iniesta, adiós Ronaldo, … ¡salvadnos Brasil, Francia y Holanda!… que van cayendo día tras día. ¡Hola Alemania, hemos vuelto, hola Messi, Argentina ya está aquí de nuevo!. La Copa del Mundo se acabó en la semifinal cuando Adidas llegó en solitario a la final. El deporte y el negocio se unían. ¡hemos ganado!.

Como todo en la vida, más que pese a muchos, siempre se aprende. Las cosas no suceden por casualidad sino por estrategia, planificación y acción. Nike jugó en la liga en la que se encuentra más cómodo: el espectáculo y la afinidad de estilos. Pero fue tan mediático que la realidad fue tan cruel que la dejó de atender y tuvo que enfocar al “de siempre”: Adidas, a la que siempre ha estado y sigue estando… un poco más modernos y mejor planificado cada momento. Sus experiencias de marca se multiplicaron más allá de la televisión y el spot: el balón, el patrocinio global del torneo, los premios a los mejores jugadores, el ganador y “la estrella” que aunque brilló poco, pudo tener su momento, el video de la final y hasta el agradecimiento posterior. Allí estaba Adidas. Por eso, arrolló.

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La pelea no acaba aquí, retó Nike al día siguiente: “nos vemos en Río 2016”.  Adidas tardó poco tiempo en recordarle que ellos siguen siendo fútbol (y mucho más) y equipará “por un módico precio” a uno de los estandartes del fútbol Mundial, arrebatándolo precisamente a Nike: el Manchester United; y mantiene su patrocinio con el próximo Mundial de fútbol y posiblemente las próximas Olimpiadas. No tiene prisa.

Piensa ahora en tu marca. ¿Quién eres? ¿Cuándo eres? ¿Dónde estás? Bendito momento. ¡Vivan las marcas!.


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La foto de inicio es de Flickr, de A C Moraes

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Mar 05 2014

Patrocinio, lejos del marketing, más cerca de la gente

 

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Ahora que una de esas estrellas que tanto han brillado en la NBA, Lamar Odom, llega a Vitoria-Gasteiz, y con tanto revuelo generado alrededor de su llegada, y menos en su desarrollo diario como era de esperar, es un momento oportuno para repensar el tema del patrocinio, mecenazgo y esas cosas. Esas acciones que por un lado suponen un ingreso atípico en la capacidad financiera de las entidades y organizaciones que lo reciben y por el otro un apoyo cualitativo en forma de visibilidad y proyección de las marcas que interactúan conjuntamente. Y es que aquí también los tiempos cambian y de qué manera.

Tienes un billete de 5 euros en el bolsillo, debes elegir entre comprar pan, huevos, algo de verdura para cenar en casa, o bien invitar a un/a conocid= un café con un pintxo de tortilla o bien comprarte un lápiz porque se te ha acabado el que ya tenías y tienes que acabar el informe para dentro de 1 hora. El caso es que tienes que elegir a qué destinar ese recurso escaso: necesidad por un lado, detalle por otro, urgencia por otro… Si además de distribuir esos 5 euros entre diferentes posibilidades tienes, por si acaso, que dejar algo por lo que pueda pasar, el tema se complica.

Con esto de la crisis implantado en todos los niveles, tanto de consumo personal como empresarial, el recurso, escaso más que nunca, se ha destinado a lo esencial. Y con toda probabilidad, muchos de esos patrocinios en sus diferentes versiones han caído hasta prácticamente su desaparición. ¿Qué he hecho yo? puede suplicar el beneficiario… ¿qué he de hacer yo? reflexiona el patrocinador.

En épocas de “supuesta abundancia”, el patrocinio ha sido todo un afortunado, en especial el patrocinado. Se han movido cantidades económicas con facilidad, bajo un supuesto beneficio cualitativo cuando en realidad era meramente un beneficio medido en términos cuantitativos. Salvo algunas excepciones, vender calidad bajo criterios económicos ha sido valorado desde una óptica “alejada” a la eficacia y eficiencia de la acción y sí como una “pequeña recompensa” en términos de imagen. Ahora a toro pasado, es fácil opinar de ello pero en realidad, si la inversión hubiera merecido realmente la pena tanto económica como en términos de valores cualitativos, esta inversión se hubiera mantenido, quizá no al mismo nivel, pero no está siendo así. El deporte lo está sufriendo especialmente, flotando en un mar donde antes se nadaba en la abundancia y en las supuestas excelentes gestiones. La cultura, también. Desgraciadamente.

Entendamos el patrocinio como un intercambio de valores y comportamientos: tú me das visibilidad y a cambio yo pago una cantidad de dinero por ello. En realidad, no se diferencia mucho de la publicidad tradicional: me das segundos de televisión, módulos de prensa o segundos de radio a cambio de dinero. A más visibilidad, entendida como repetición y repetición y repetición, más valor económico. Objetivamente, es simple recuerdo y recuerdo, recuerdo de un nombre de una marca y nada más. Simplificándolo mucho es como gritar a cada paso que das para ver si “alguien te está escuchando“. ¿Seguro que esto ha sido interesante para muchas marcas? ¿Hoy lo sigue siendo? Me temo que no.

Estoy cada día más convencido de que este tipo de acciones desde la comunicación y el marketing, así como en otros ámbitos, deberían tener claro una idea: cuando se acabe la relación, ¿qué queda de todo ello? Cuando acabo un proyecto, me gustaría no solamente encontrar una solución a la necesidad sino sobre todo poder inocular una manera de hacer, una metodología de trabajo y sobre todo una actitud abierta y positiva no tanto hacia el resultado final como al proceso conjunto de trabajo que nos ha llevado. Y que ese camino permita seguir caminando en la dirección creada y en las formas empleadas. Mirándolo de este lado, entiendo que hoy muchísimos patrocinios se estructuran únicamente en la visibilidad y no tanto en la construcción conjunta de actitudes y comportamientos, de forma que vaya más hacia el campo de generar más valor añadido y no tanto, mero relleno de centímetros cuadrados.

Dos marcas se unen por varios motivos:

  • porque comparten determinados significados que refuerzan su posicionamiento en el mercado
  • porque una de ellas accede a un mercado que por sus características de cualquier tipo (geográfico, sociodemográfico, servicios añadidos, etc) le interesa para seguir desarrollándose o
    para entrar en dicho espacio
  • porque de la simbiosis de ambas marcas pueden surgir nuevas oportunidades que individualmente no sean capaces de lograr
  • porque comparten y les unen un mismo tipo de perfil de público al cual quieren llegar ganando cuota de cliente.

En un patrocinio, es importante definir muy bien cuáles de estos motivos son los que nos unen y qué proyecto conjunto se construye para lograr los objetivos planteados. Está claro que en este sentido, hablamos de un patrocinio con alto valor cualitatitvo mucho más allá que meramente cuantitativo. Si entendemos un patrocinio únicamente desde el aspecto cuantitativo posiblemente nunca se entenderán estos motivos que unen a las marcas.

BBVA tiene en su mirada internacional y global una de sus características esenciales como proyecto corporativo. No es casualidad que la NBA represente el MEJOR compañero de viaje posible, por su trascendencia global y por su total implantación norteamericana. Posiblemente TURKISH AIRLINES quiera conectar su proyecto hacia un entorno más occidental y europeo, pero sobre todo global. Unirse a la EUROLIGA le permite acceder a este campo europeo pero sobre todo a una marca con una clara vocación global, de ahí su posterior unión con Messi y Bryant. No hace falta irnos tan lejos, a nivel local también suceden cosas. Iván Fernández, atleta vitoriano y su relación con organizaciones locales para unir proyectos comunes y mi cercana K35 con su relación con Alex Txikón y sus proyectos #nosgustanlosretos

Posiblemente estemos viviendo también un replanteamiento de los patrocinios, un replanteamiento en el que quizá lo importante no sea tanto la “mancha” sino la capacidad de crear juntos actividades, acciones, desarrollos que comuniquen en sí mismo. Acciones que logren eso de que “… las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas…” como dijo Woody Allen. Construir juntos y ser partícipes de ese éxito. Y no tanto el pensar quién sale el 1º en la foto, el “empujarse” el uno al otro por el “minuto de gloria”, etc.

Quizá debamos alejarnos de temas meramente económicos, de manchas, vallas y publicidad. Quizá debamos tomarnos más en serio que no es simplemente un beneficio fiscal y sí más un beneficio corporativo y un beneficio social. Comportamientos, actitudes, valores, acciones conjuntas, co-branding… deberían de ser las palabras que debamos emplear más cuando nos refiramos al “nuevo patrocinio”. Quizá debamos dejar de hablar de marketing en el patrocinio y hacerlo en su lugar del beneficio en y para las personas, donde uno más uno no son dos, es más.

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La foto de inicio es de Flickr, de Jimmy Alvarez

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Sep 10 2013

Empecemos de nuevo

Si nos tuviéramos que quedar con un gesto tras la decisión del COI de elegir a Tokyo como la próxima sede de los Juegos Olímpicos 2020 fue la cara de sorpresa de much=s niñ=s, en especial cuando escucharon que Madrid quedaba eliminada en la primera votación. Mis hijos me preguntaron ¿…y por qué no han elegido a Madrid…? He necesitado varios días para agrupar una serie de ideas aunque la respuesta inmediata fue tópica:

… en deporte, a veces se gana y a veces se pierde. Seguramente piensen que había una opción mejor que Madrid y por eso se han decidido por Tokyo…

Es verdad que mi apuesta expresa era Tokyo. Seguramente de las 3 opciones, era la menos mala, como traté de explicar. Por cuestiones geopolíticas, por inversión económica, por el auge de los países asiáticos y seguramente por algunas razones más desconocidas. Las personas cuando estamos ante el ejercicio de votar simplemente hacemos eso: votar. Y no damos explicaciones post-voto porque posiblemente no tenga sentido decir el por qué, ya que para votar, previamente se han explorado todas las variables, se han informado, han contrastado, etc. Lo que sí que me llama la atención es que nos sorprendamos del batacazo de Madrid, porque nadie, nadie (salvo algunas casas de apuestas) pensaba-mos que fuera eliminada en la primera votación.

Lo cierto es que hay todo un arsenal de post-comentarios, artículos de opinión, que valoran esta derrota. Lo que más me interesa ahora es tratar de darle una vuelta a todo ello y descubrir nuevas lecciones que hayamos aprendido (yo, al menos sí) en estos días. Merece la pena hacer un humilde ejercicio de tenerlas claras, para no caer en errores, o al menos mitigarlos:

  • “Action speaks louder than words”: Es una frase que he utilizado por aquí en numerosas ocasiones. La leí en un documento de Zeus Jones y llegó dentro, muy dentro. Haz cosas, deja de prometer porque los mensajes desaparecen pero las acciones no. Las acciones son siempre consecuencia de un objetivo, hay intencionalidad, recorre un camino que, unido a un mensaje coherente, da sentido total. Dos duras preguntas sobre los casos de dopaje, en este caso, en los que la respuesta sigue siendo una promesa (words) pero en cambio las acciones realizadas desde entonces han sido mínimas, lentas y llenas de sospecha. Seguramente sigamos pensando en eso de construir mensajes coherentes en nuestras organizaciones pero lo que cala de verdad, lo que compromete y lo que demuestra tu intención es lo que hagas (o no-hagas).
  • Aprender a decir NO: En estrategia más que decidir qué camino seguir, lo realmente importante es saber a qué eres capaz de renunciar. Roma llevaba tiempo trabajando en presentarse de nuevo a unos Juegos Olímpicos pero la cordura de sus dirigentes, declinaron hacerlo por no ser “capaces de asumir el compromiso de ofrecer garantía financiera, necesaria para organizar los Juegos Olímpicos”, según su primer ministro, Mario Monti. Independientemente del acierto o no, parece que con esta decisión, seguramente muy dura para mucha gente, radicó el éxito de su posible nuevo reto: recuperar el país y (quizá) apuntalar mejor una mejor candidatura para futuras ocasiones (¿2024?). Si miramos hacia nuestros propios actos personales y profesionales, seguramente miremos con mejores ojos aquellas decisiones que fueron en esta línea, en renunciar a algo, que no a aceptar cualquier ofrecimiento que llegara. No es fácil predecir el éxito pero sí que es fácil comprender las consecuencias de una decisión aceptada sin revisar todas las condiciones. Decía P.Drucker “… la planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras sino en el futuro de las decisiones presentes…” Más claro, imposible.
  • Dimensionar correctamente: la clave del éxito en muchas ocasiones radica en situar lo más cerca posible las expectativas generadas con las acciones a poner en marcha. Muchos proyectos se destrozan porque se han generado tales expectativas a las que es imposible llegar dadas las circunstancias reales. O bien consumidores-ciudadan=s-país-organizaciones tienen otras necesidades en ese momento, o bien la visión está demasiado alejada. Los objetivos tienen éxito en la medida que son SMART: eSpecíficos, Medibles, Acordados, Realistas, acotados en el Tiempo. En la actualidad, la mirada del país y la mirada de mucha gente estaba en otras prioridades, más específicas y realistas, más actuales. De ahí que la distancia entre el propio proyecto olímpico de Madrid y el apoyo obtenido era grande, a pesar de lo que se dijera para mitigar, seguramente, el amplio apoyo social de otras candidaturas.
  • Son relaciones, no contactos: así se titulaba un anterior post donde quería expresar que más allá de un mero número, debemos construir relaciones constantemente, profundizar en las necesidades, expectativas y experiencias del “otro”, para responder a ello. No dudo del trabajo de relaciones institucionales realizado, seguramente muchos kilómetros recorridos, muchas reuniones explicando el proyecto, muchas llamadas, mucho pasillo. Pero un contacto puede aceptar una propuesta, pero una relación se compromete, y mucho más allá que un simple voto. Un/a amigo/a está siempre, en especial cuando más se necesita. Si todo va bien, no hace acto de presencia. Pero si las cosas no van bien, es el/la primero/a en aparecer. Construir relaciones requiere transparencia, confianza, empatía. Requiere escuchar para aprender, cambiar y mejorar. Que la diferencia entre la elección de Copenhague en 2009 y Buenos Aires en 2013, sea de 6 votos menos, dice mucho del tipo de gestión realizada. Y pudo ser peor.
  • Una marca es un TODO: no me cansaré de repetir y repetir hasta la saciedad, que cuando hablamos de branding no hablamos de logos. Nadie duda de que sean importantes. Tampoco hablamos de una simple historia bien contada. Creo que es momento de dejar de hablar de storytelling para hablar de storydoing. Una marca son experiencias reales, propias y/o contadas. Pero sobre todo es una relación que se crea entre una propuesta de valor y unas expectativas determinadas. Esta percepción se construye o se va minimizando con el paso del tiempo. El contexto no era el ideal para Madrid, pero la sensación es que poco se hizo para o bien modificar (y explicar mejor) la propuesta de valor o bien modificar esas expectativas. Madrid no es una buena marca hoy. Le falta credibilidad. Por mucho que nos empeñemos en disfrazarlo de unos buenos videos, una buena presencia física. Si detrás de una “emoción” no hay un buen “producto”, poco se puede hacer.

  • Ciudades “sociales”, no infraestructuras: las ciudades existen porque hay gente en ellas. Existen pueblos abandonados y derruidos, donde no hay personas. Y como no hay personas, no hay pueblo. Así que a pesar de que en este caso, al COI le guste inaugurar y estrenar edificios nuevos, lo importante es la gente que está y estará detrás de esas infraestructuras. ¿Qué legado dejan las infraestructuras? ¿Hay seguridad de que habrá actividad después de unas Olimpiadas? Si fuera parte del equipo de branding de los Juegos Olímpicos, a mí personalmente esto me preocuparía mucho. Creo que efectivamente la infraestructura dota de identidad a una ciudad pero sobre todo a la actividad que se generará en ella, posteriormente. Si haces un puente precioso, pero no pasa ni una persona por él, no sirve. Creo que el design thinking ayuda mucho en estas definiciones de ciudad. Deberíamos probarlo.
  • Credibilidad y consistencia frente a repetición y ambigüedad: Aléjemonos de aquel “una mentira contada 1.000 veces se convierte en verdad”. En muchas ocasiones se peca de excesiva ilusión en los mensajes que en nada se parecen a la realidad vivida. Y lo que es peor, no ser claro, no dar un paso al frente ante cualquier duda. Tokyo fue ejemplar en este sentido. Su primera frase de la presentación hizo referencia a la tragedia de Fukushima. Y el propio primer ministro japonés salió al frente en la respuesta a las preguntas de los delegados del COI.

Obvio hablar de nuestra presentación, que me pareció emocionante pero le faltaba lo más importante, una mejor gestión de la realidad, un futuro hacia el olimpismo más expreso; paso por alto las anécdotas del inglés de nuestros representantes, ni siquiera de los vacíos discursos políticos, vacíos de contenido, fuera de contexto, ni me voy a detener en la absurdas rabietas post-decisión dignas de unas perdedores en potencia y sin el más mínimo sentido de autocrítica. Me quedo también con la lección aprendida precisamente de dos deportistas: el Príncipe Felipe y Pau Gasol. Que aceptan la derrota, dan todo lo que tienen en SU momento y sólo piden mirar para delante. Sólo espero que si el deporte es esencial para un país, lo siga siendo a pesar de no tener que usar unas cuantas toneladas de ladrillo y cemento. Sólo espero que aprendamos de esto para cualquier aspecto de nuestra vida. Que bastante camino queda por recorrer aún y eso sólo se podrá hacer si hacemos las cosas de otra manera. ¿Regeneración? Posiblemente.

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La foto es de Flickr, de maduixaaaaa

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Sep 05 2013

Ser la menos mala

Tiene que ser la bomba eso de que tu ciudad sea elegida para albergar un gran evento (que no es lo mismo que un evento grande). Tiene que ser apasionante estar trabajando durante tanto tiempo para desarrollar un proyecto que convenza y emocione a mucha gente. Primero a tu propio equipo a través de una visión, mucha ilusión y liderazgo, y en extensión a tu propio entorno. Y segundo, convencer no al resto del mundo-mundial, sino a l=s que tienen el “privilegio” de otorgarte su beneplácito en forma de voto. Porque no nos engañemos, en este caso se trabaja para que una persona te vote, no para que una sociedad te premie. Pero tiene que ser muy frustrante saber también que quizá no te voten por tus bondades sino porque de las opciones existentes eres la menos mala.

Quienes me conocéis, sabéis que el tema de las marcas-territorio me apasiona personal y profesionalmente. No hay mejor ejemplo para comprobar QUÉ ES UNA MARCA. Traspasa claramente la frontera de las campañas de publicidad, del sobrevalorado logotipo y de las promociones. Una marca se construye a través de diferentes percepciones y experiencias que una persona tiene con una propuesta de valor. Y en un territorio-ciudad-país, ésta se manifiesta en muchos ámbitos: ciudadanos, fiestas, movilidad en la ciudad, oferta turística, calidad del tejido empresarial, educación, infraestructuras… todo en una ciudad es significativo. Todo constituye la marca-ciudad.

Este sábado, tras cuatro años desde la última vez en Copenhague, se decide la futura sede de los Juegos Olímpicos de 2020. A diferencia de 2009, mi sensación es que no ha habido tanto ruido como entonces. Madrid hizo un esfuerzo titánico en recursos (tiempos, personas y dinero), se la jugó totalmente, competía contra una gran apuesta de futuro como Río de Janeiro (la finalmente ganadora). Quizá entonces se empezaba a barruntar la necesidad de un gran evento que pudiera relanzar la imagen de una ciudad  (y un país) que (parecía) podía comenzar a caer, pero la ilusión, el futuro y el trabajo “silencioso” de la candidatura brasileña hizo que ésta se llevara la palma.

No sin muchas dudas, no sin un alto peaje de desgaste, Madrid vuelve a la carga esta vez. Aprovechando parte del trabajo hecho anteriormente, actualizando algunas de sus infraestructuras y puntos fuertes, pero con la sensación de que el resto de candidaturas no son tan potentes como en la elección anterior. Y es que ahora parece que es una oportunidad única, no por tus fortalezas sino por las debilidades del resto y porque quizá, efectivamente, eres la menos mala.

No sé si os ocurrirá en ocasiones pero he llegado a pensar que en determinados ámbitos, el nivel es tan pobre, tan bajo, que cualquiera puede “resaltar” por encima de la media. No prosperes, no enseñes demasiado, no abras demasiadas ideas porque así siempre es más fácil destacar del resto. Un poco de “barniz” es suficiente para parecer más que ser. Creo que nuestra propia ética y honestidad profesional (si existe) debería impedir que esto no fuera así pero… ¡es tan cómodo! Nivel bajo, nivel básico. Que gane el menos malo.

Contra esta idea apelamos a la responsabilidad de elevar el nivel de l=s receptores-usuari=s precisamente para que su criterio sea exigente con sus propias marcas al mismo tiempo que a ell=s mism=s. No es complicar nada, es simplemente evolucionar en tus decisiones para así ir creciendo (sin darle la mínima importancia al ritmo de ese crecimiento) de manera conjunta: productor=s y consumidor=s. No es preciso ser expert=s en nada pero sí que tengamos el criterio suficiente para mantener una postura crítica y saber diferenciar para saber decidir. No me parece mal ejercicio.

El caso es que con las marcas-territorio nos volvemos tremendamente pasivos. Nos convertimos en ciudadanía-pasotista que simplemente nos importa “lo mío” sin más, sin exigir ni evolución, ni nuevas cosas, ni nuevas ideas, ni mejoras cualitativas. No busco crecer porque sí, sino simplemente optimizar, mejorar, tener más calidad y si eso va en beneficio mío/nuestro mejor que mejor. ¿No?

Esta reflexión viene porque al hilo de la elección de la sede olímpica 2020, me parece triste que para que una ciudad evolucione, que para que un país mejore su imagen externa, ni que decir que para que la ciudadanía se ilusione con algo, sea necesario albergar unos grandes eventos con grandes fastos. Me pregunto al mismo tiempo ¿qué has hecho ayer y qué estás haciendo hoy para que tu ciudad mejore y sea más atractiva?. Me da que la respuesta será “vuelva usted mañana“.

Proyectos en cajón, proyectos individuales y sin consenso, proyectos galardonados que tienen de vida ¡zas! lo que el galardón te ofrece en tu año de gloria. Proyectos de maquillaje, sin fondo, ni apoyo masivo, aprovechando un poco de allí un poco de allá. Suficiente. “Total, ya nos conocen y si apelamos a un nivel bajo, es suficiente para sobresalir“.

Por eso dos reflexiones más:

  • Es tu responsabilidad como marca hacer crecer lo que significas y puedes significar para alguien. No basta con buscar una relación a corto. Hoy como ciudadan=s-usuari=s-consumidores buscamos más en una marca, buscamos más en un proyecto. Las relaciones han están cambiando tanto que pisar el suelo es importante pero también ser conscientes de que podemos subir una montaña. No es sólo un problema de cantidad sino es también un problema de calidad. Por responsabilidad.
  • Una ciudad representa un conjunto de tangibles e intangibles alineados, coherentes y consistentes, que tienen sentido en la medida en que la ciudadanía los pone en relación. Una ciudad respira y está viva porque en ella suceden cosas que surgen EN la ciudad DÍA TRAS DÍA. Una ciudad quiere proyectarse para sumar actitudes que hagan cada día más importantes esos tangibles que acoge. Si todo esto se va consiguiendo, una ciudad se va proyectando más y más, mejorando su entorno, mejorando las oportunidades y planteándose retos continuamente. Recomiendo este artículo de McKinsey.

Dicho esto, sueño con qué tipo de proyecto debería pensar (“pon aquí el nombre de tu ciudad“) para ser transformada, ser una ciudad (marca) mejor sin necesidad de unos Juegos Olímpicos, o una cultural-green-design capital, o algo parecido.

Volviendo al tema inicial. Las tres candidatas, Madrid, Tokyo y Estambul tienen muchas más sombras que luces. En cada una de ellas, surge un “marrón” difícil de solventar: crisis económica, crisis nuclear, crisis social respectivamente. El COI tiene una responsabilidad alta en su decisión que no sé muy bien en qué se basará. Se la ha jugado con la apuesta de Rio 2016 y no sé si querrá una nueva apuesta arriesgada (y necesaria) como Estambul, o una apuesta por la innovación total, el apoyo social y los valores de Tokyo o la seguridad (hoy) de una candidatura Madrid que aprovecha trabajo presente, pivota su candidatura sobre la implicación del príncipe Felipe y la imagen de Gasol y Messi (entre otr=s) y se la juega en 30 minutos de presentación cuidada y controlada como nunca ha ocurrido. Aún así (hace 4 años no me equivoqué) mi pronóstico para este sábado es:

1º Tokyo

2º Madrid

3º Estambul

 

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May 03 2012

Dar forma a la idea

Sí. Lo reconozco una vez más. Deporte y gestión me siguen gustando mucho. Me explico. Tras la noticia de la salida de Pep Guardiola del Barça el pasado viernes, me quedo con que más que perder a Guardiola creo sinceramente que hemos ganado una forma de hacer y de ser. Independientemente del hecho futbolístico (que no controlo pero si leéis a Marti Perarnau aprenderéis cada día, como yo) me siguió sigue sorprendiendo lo que se leía lee entre líneas. Eso que quizá no lo percibes pero si te abstraes del contexto puedes poner en práctica día sí, día también.

Hubo una palabra que resaltó sobre todas: La IDEA. Sí. La bendita IDEA. Guardiola estuvo bien pero Zubizarreta estuvo brillante. Explicó perfectamente lo que supone la gestión de los valores, del talento, de la filosofía y estilo y una gestión de los recursos a disposición de forma clara y, para mí, PERFECTA.

… Decía nuestro presidente que Pep ha hecho grandes los valores del Barça. Yo diría que Pep ha hecho que los valores sean acciones. Porque los valores son nombres y palabras que están por ahí, las acciones, los hechos, la realidad, el día a día, la disciplina, el trabajo, todo eso nos lo ha dado. Seguramente eso se acabe convirtiendo (ojalá) en un carácter ése que nos sostenía el martes…

… a partir de ahí, nosotros trabajamos con el perfil, la idea que nosotros tenemos. En muchas conversaciones, Pep nos decía que lo importante es la idea, lo importante es el juego, el principio de lo que nosotros nos hace diferentes. El juego y las características de con quién desarrollamos este juego, con gente de la casa, de nuestro perfil, de nuestra idea, de implicación, de una forma de ser…

… buscamos el carácter, el estilo, la forma de jugar, los valores, las acciones…la personalidad, la tranquilidad, el compromiso con el club, conocer el club desde dentro, desde su grandeza y problemática, los pasillos complejos…

… ¿por qué esta elección? porque representa todo eso: el juego, la idea, la preparación, el análisis… no es que se invierta mucho en la preparación de los partidos sino que le pone horas hasta las de dormir para eso… necesitamos esa implicación… preparación, calificación, compromiso, capacidad de poderlo hacer, personalidad para poderlo llevar adelante

…siempre hemos dicho que cuando necesitamos un jugador miraremos hacia abajo. Miremos en casa, qué tenemos en casa.

… Es fácil…al final es lo más sencillo, tiene su riesgo como todo en la vida pero nos abrocharemos los cinturones y seguro que disfrutaremos de nuevo…

…No es que hubiera prisa para tomar la decisión pero sí era bueno que el modelo, el sistema tenga esta continuidad.

No sé si lo he dicho: la IDEA. Miremos hacia nosotr=s mism=s en nuestras organizaciones. ¿Qué sujeta el proyecto? ¿Sobre qué se asienta? ¿Realmente lo hacemos mirando a nuestros valores y a ser consecuentes y coherentes con ellos? ¿hacemos que nuestros valores se pongan en acción?.

Es curioso que el mundo del deporte ha aprendido del mundo de la gestión pero lo es más que hoy es el mundo del deporte el que muchas veces nos enseña formas y maneras de gestionar y de trabajar en nuestras organizaciones. La idea. ¿Dónde he oído esa palabra? ¿He oído esa palabra? Hay gente que lo tiene muy claro, que tiene una visión en la que fijarse y sobre la que gira el resto de la organización y de los recursos, cada día, en la máxima exigencia y al máximo nivel. ¿Estamos seguros?

Era mi pequeño homenaje no ya a la persona, la cual sí que creo que pasará a una parte pequeñisima de la historia del fútbol, sino sobre todo a un modelo y a unas palabras que me parecen esenciales en el día de hoy: Idea, modelo, filosofía, formas de hacer, valores, la “casa”…

Gracias Pep.

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La foto es de Flickr, de JJay

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Actualización: Lunes 7 de mayo

Tres videos que vuelven a mostrar que las formas marcan y apalancan las ideas. Se me nota demasiado, sí… pero creo que la lección es TAN grande:

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