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Sep 25 2019

Comercio local como promotor de la marca ciudad

ICEBERG VISUAL CONSULTING

[Foto vía ICEBERG VISUAL CONSULTING]

Transitar un camino conocido te aporta seguridad y una pizca de extraconfianza. Sea por haberlo transitado durante muchas veces se convierte en un hábito que repetimos casi a ojos cerrados. Quizá por eso sea más necesario que nunca, reconociendo riesgos expresos y sabiendo que te puede deparar alguna que otra inesperada sorpresa, indagar por otro sendero para llegar quién sabe si al mismo lugar o no. Algo de esto me ocurrió recientemente cuando me propusieron dar una pequeña conferencia que uniera comercio local con marca-ciudad, dos ámbitos de trabajo en los que he tenido que profundizar en mi labor profesional con proyectos reales. El reto estaba en conseguir si la hipótesis e idea inicial que rondaba mi cabeza se cumplía y era capaz de mantener un discurso sólido y convincente.

El punto de partida que fuera la aguja y el hilo que cosiera ambos ámbitos era «el comercio local como promotor de la marca ciudad». Oímos con frecuencia que las ciudades son entes vivos en la medida que hay ambiente de calle, gente caminando entre sus calles peatonales (sí, he dicho bien, peatonales) y que el comercio, en su sentido más amplio, es un atractivo para que la experiencia en la ciudad sea satisfactoria. Mi hipótesis, además de este tópico real, era que se han de establecer interacciones en ambos sentidos:

  • Del comercio local a la marca ciudad; en cuanto a la vivencia activa en la ciudad y en cuanto a posibilidades de diferenciación, autenticidad y personalidad
  • De la marca ciudad hacia el comercio local; en cuanto a proyección de proyecto y visión de ciudad.

Una frase trató de ayudarme en la reflexión y en tratar de investigar sobre el CÓMO poder hacerlo posible:

«Hay que inventar proyectos de futuro que dialoguen con su identidad, con sus componentes de excelencia»

La frase es de Alfonso Vegara, rescatada hace bastantes años en el marco de un proyecto interesantísimo que balbuceó el concepto de Euskal Hiria. Tiene sus aspectos clave, para mí, en torno a cómo debe articularse una estrategia de #marcaciudad y apela además a lo que deberían ser las interacciones y relaciones con otros ámbitos de la misma, entre ellos, el propio comercio local como embajador y plataforma de dicha estrategia:

  • Proyectos de Futuro
  • Diálogo con la Identidad
  • Componentes de Excelencia

A menudo pasamos por alto sobre qué es aquello que puede llevarnos a la competitividad, a ser los escogidos entre una amalgama de opciones similares, pero sobre todo obviamos que para la competitividad uno de los factores clave es la diferenciación. Ojo, que si relacionamos diferenciación, el mero hecho de ser diferentes, con lo notorio, quizá confundamos los términos. Efectivamente tod=s sin excepción somos diferentes, es una obviedad, lo que ya no lo es tanto es que ese término diferenciador sea realmente competitivo o sea realmente atractivo para quien tenemos enfrente. Si revisamos por tanto los tres aspectos anteriores, la diferenciación debería estar realmente alineada con ellos: diferenciación como factor de sostenibilidad, diferenciación en diálogo con la identidad del propio territorio, en una permanente construcción de un relato identitario de ciudad y finalmente que esta diferenciación sea uno de esos componentes de excelencia de la propia ciudad.

El debate que se encendió durante la charla-ponencia fue interesante desde el hecho de reconocer individualmente si cada propuesta de comercio, allí presente o imaginada, se veía reconocida por estos tres factores. Siento también como evidencia que cada un= de nosotr=s cuando ponemos en marcha un proyecto lo hacemos (intentamos) para que responda a una necesidad no resuelta expresamente, aunque quizá no sea suficiente. Debemos ir más allá y es ahí donde la reflexión, en el ámbito del comercio, comenzó a ser más palpable: muchísima oferta similar, con poca capacidad de diferenciación, y en algunos casos poco alineada con lo que la propia ciudad trata de proyectar.

De este trabajo, duro, arduo, intenso y puedo aseguraros que ciertamente complejo pero interesantísimo al mismo tiempo, me quedo como conclusión dos aspectos más:

  • Apelamos al sentimiento de orgullo con suma facilidad y diría incluso con cierta desfachatez. Es fácil decir «hay que sentirse orgulloso de tu ciudad» cuando en cambio no hay los suficientes motivos para ello. El orgullo es un sentimiento fundamental para que, en este caso, cada ciudadano se puede convertir en clave en la prescripción y recomendación de los atributos de tu ciudad y también de aquellos «componentes de excelencia» que la hacen única, auténtica y ciertamente atractiva. Construir orgullo tiene además una parte esencial en todo ello: COMPROMISO. Es difícil tener orgullo en algo si tú no te sientes implicado ni siquiera comprometido con ese ámbito. Es muy difícil construir orgullo de ciudad en torno al comercio local si tus compras habituales no las realizas en tus tiendas de ciudad. Así que quizá deberíamos hacer primero más un ejercicio de autocrítica personal de nuestro comportamiento como «consumidor de nuestra ciudad», para poder concluir si  «estamos orgullosos» o no…de nuestro comercio y por tanto de nuestra ciudad.
  • Inspiración como elemento clave en ese diálogo entre identidad y futuro«Consigues inspirarme» es probablemente uno de los mayores halagos que podemos recibir. No es fácil alejarnos de las rutinas y de los hábitos para cruzar el umbral que te lleva a lo desconocido, a otro campo inexplorado, a aquello que pueda «transformar» nuestra realidad. Inspirar es un ejercicio necesario para dar forma a esa interacción entre identidad y experiencia. Y en el caso del comercio local lo es. ¿Comercios estándar inspiran… comercios estándar? ¿Comercios innovadores y diferentes inspiran… otros comercios innovadores y diferentes? ¿Atributos de ciudad INSPIRAN comercios alineados en esos atributos realmente diferentes e innovadores? Quizá aquí radique la gran clave que una el comercio local con la marca ciudad: en qué medida la ciudad inspira a sus proyectos de comercio local y a su vez que ese tejido comercial sea lo suficientemente inspirador para otros proyectos de comercio y transformarse a sí mismos y a la propia ciudad en una dirección común, diferenciadora y auténtica. Lo contrario sería que el comercio sea únicamente el porcentaje de ocupación de locales comerciales en el espacio de la ciudad.

En esta «casa», este blog, habréis leído diferentes frases referidas a la marca. Evoluciona con los años pero ahora mismo hay como dos grandes ejes sobre las que trato de construir este discurso de marca:

  1. Nuestro objetivo como creadores y gestores de marca es trabajar sobre la idea de «DEJAR MARCA». Y «dejar marca» es ni más ni menos que gestionar los recuerdos y la fidelidad, promover la prescripción y afianzar la lealtad hacia nuestra propuesta de valor.
  2. Y más recientemente, el éxito de una marca no se mide solamente por la mejora de su percepción sino por su capacidad de transformar un comportamiento, una actitud en la categoría que compite.

Es aquí, en ambos sentidos, donde la relación entre comercio local y marca-ciudad deben encontrar ese diálogo identitario y auténtico como plataforma competitiva entre territorios. El comercio local debe convertirse en una herramienta perfecta para ese recuerdo que una persona se lleve de una ciudad. Es una parte, dentro de otras muchas, de que la percepción y la experiencia en torno a una ciudad sea realmente atractiva y motivadora para «volver», que en definitiva es el objetivo final. Y al mismo tiempo que pueda ayudar a la transformación de esa ciudad, de sus ciudadanos y de sus comportamientos. Sólo de este eje puede asentarse eso del «orgullo de ciudad», de sentirte parte de y de convertirse en un activo embajador de la propia marca ciudad. Desde la transformación y la inspiración.

Fueron casi dos horas de exposición y de charla entre quienes asistieron. Enriquecedora e interesante. He de decir, que el equipo de Fomento de San Sebastián, está trabajando muy bien en la sensibilización y promoción del comercio local que, desde mi punto de vista, se nota cuando paseas por las calles de Donostia. Esta charla estaba encuadrada dentro del proyecto PUC! – Pop Up Commerce 2019 y solamente espero que a quienes asistieron les sirviera algunas de las ideas expuestas en dicha charla porque desde luego que a mí, me han ayudado a poder buscar argumentos de conexión entre dos campos apasionantes de futuro: el comercio local y en especial la marca-ciudad. Así que MIL GRACIAS por lanzarme el reto. Seguiremos en la brecha.

 

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Sep 05 2019

Tanto por aprender

«A Gabi, las maletas le traían al pairo». Así comienza el primer párrafo de mi último cuento del libro de notas que ha viajado conmigo en cada periodo de vacaciones durante estos últimos 5 años, que por fin puse su punto final. Intenso ejercicio e interesante, una especie de pretemporada personal antes de comenzar un nuevo ciclo en septiembre, porque los cursos comienzan en este noveno mes del año, en enero comienza un nuevo año.

Cada verano, algunos más relajados, otros ajetreados como éste, levantas el vuelo para tomar esas bocanadas de aire que necesitas para irlas expirando a lo largo del curso. Cada pequeño detalle se convierte, al menos en mi caso, en una pequeña pregunta, una puerta abierta a la inspiración y/o una reflexión sobre lo que haces, cómo lo haces y por qué haces lo que haces. Desde lo personal, aprovechando el relax y los tiempos apartados de la rutina del día a día, pero también desde lo profesional. No existe la palabra desconectar sino la de «conectar con otras cosas» (ya hablamos de ello alguna vez), que son las que producen eso que se llama serendipia y que vamos apuntando en cualquier soporte: el cuaderno de trabajo que también se viene de vacaciones, el móvil, en una servilleta de una terraza de un bar a la sombra, o en ese esbozo de libro lleno de garabatos, dibujos y mis relatos.

2019 camina sobre proyectos interesantes, en algunos casos hasta demasiado intensos, pero el aprendizaje en todos ellos está siendo el postgrado de mayor nivel que conozco: el día a día y su exigencia, la intensidad de cada decisión, la mirada directa al #VamosAIntentarlo, los aciertos y los errores y algún que otro fracaso. Así que este periodo de des-conexión ha venido de perlas para conectar precisamente con aquellos principios de nuestro trabajo. Es también verdad que otros contextos ayudan a que esto suceda: encontrarte en otros lugares, desconocidos, por descubrir, ayuda a que tus reflexiones e ideas naveguen sin pasar vergüenza.

Lo bueno de viajar «fuera-de» es que nuevas ciudades, pueblos o países ayudan a comprendernos mejor. Asumir otras costumbres, otras rutinas, comprobar cómo se comportan las personas lugareñas e incluso ver cómo se ordenan y estructuran estas ciudades, nos permite aprender y quizá también desaprender de lo que vivimos en nuestra ciudad habitual. Pensar y trabajar sobre #MarcaCiudad está en la lista de «to-Do» desde hace tiempo y en cada ciudad, o pueblo, florecen ese tipo de argumentos que leemos una vez tras otra y que nos emergen cuando nos enfrentamos a un nuevo reto sea del sector que fuere: ciudades orientadas a una visión estratégica y sectores tractores de la ciudad, equilibrio trabajo-vida personal y participación de la comunidad. Observar para poder comparar se torna en un ejercicio cada vez que descubres una nueva ciudad e incluso cuando repites en la misma después de unos años. Y te das cuenta de que en muchos casos, el ladrillo sigue «ganando» a las personas y que hay proyectos que más que dejar huella simplemente recondicionan la vida de la ciudad. Esta idea, que las personas ganen espacio en la ciudad, es la que me llevo para desarrollar en el futuro presente.

Hay pequeños proyectos que nacen de grandes pasiones que se convierten en auténticos referentes, muy especialistas pero al mismo tiempo, tienen tanta personalidad que impregnan, hacia dentro y hacia fuera, un áurea especial. Me ha pasado al conocer y visitar varios días seguidos El Náutico de San Vicente, un modesto y pequeño garito en primera línea de playa en la localidad de San Vicente do Mar, que en Agosto se convierte en un lugar de culto a la música y la cultura. Una ilusión convertida en visión, una persona que convence al entorno de la música a tocar y cantar ahí, una referencia para cada músico que acude, un lugar para la inspiración sin duda. Sí, en un recóndito lugar de Galizia, un proyecto camina entre los referentes nacionales llamando la atención de muchísima gente, como yo, por ver que sigue habiendo esperanza cuando te encuentras tanta pasión alrededor de algo tan bello, y personal, como la música. Me lo he llevado a muchas marcas y la gran mayoría sale perdiendo. Lo bueno de todo es que 5 visitas después y alguna que otra pregunta y conversación en ese mágico lugar, ha conseguido reconocer que seguimos teniendo camino que recorrer, muy diferente al convencional, y que esta decisión tomada es en la que creo. Por eso de El Náutico debemos aprender. La música por cierto, se ha convertido es una de mis fuentes vitales.

Los relatos, los textos, las frases. No descubro nada. Una historia bien contada es probablemente inolvidable. Quizá por eso el gusto por leer se ha convertido en una necesidad constante. Manuel Jabois, Santi Balmés, Santiago Lorenzo y Ursula K. Le Guin me han acompañado desde julio. Huyo del absurdo debate de si papel u otro entorno; lo importante es leer. «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído» sentenciaba Borges. Pero lo importante no es solo la historia contada, los relatos, el storytelling sino el territorio al que te lleva. No vale con tratar de que la forma y la belleza de las palabras unidas una tras otra, te atrape y no quieras escaparte de ellas, sino penetrar en un espacio en el que imaginas nuevas historias que crees, piensas y sueñas. Ese espacio, ese territorio imaginario que construyes, se convierte en el plácido colchón en el que se depositan los párrafos y los capítulos de cada libro. Pienso de nuevo en marcas, observo en ese preciso momento las que veo, busco y exploro en las referentes y en otras que me asaltan en las redes sociales, reviso a las que me enfrento cada semana y en muchos casos, no en todos, me cuesta reconocer territorios. Eso sí, sloganes, juegos de palabras, frases para cautivarte, relatos audiovisuales hay por todos lados; territorios que sitúen a la persona en él y que inspiren un futuro, pocas. Tenemos de nuevo trabajo por desarrollar. Apunto en mi FacileThings personal en el apartado de «Material de referencia», en mayúsculas: TERRITORIOS.

Abro la puerta de casa al llegar y me da pena que estos recuerdos, estos momentos en forma de ideas y reflexiones surjan en especial en agosto. Deshacemos las maletas y entre la ropa, me acuerdo de Gabi cuando me decía, sentados los dos en la terraza de su bareto de playa, «Juanjo, las maletas no llevan lo importante». Ahora entiendo su frase. Bendito Mar. Me das la vida.

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May 28 2019

F4Glory y marca ciudad Vitoria-Gasteiz

262 post después resucito uno de los primeros post de este blog: «Vitoria-Gasteiz, capital del basket europeo». Escribía en este mismo blog, entonces más personal, sobre la presentación de temporada de la también «joven» Euroliga en nuestra ciudad. 11 años después Vitoria-Gasteiz se ha convertido durante la semana pasada en un referente europeo y mundial del basket europeo y con ello un impresionante foco de atención de su #marcaciudad Vitoria-Gasteiz. Más allá de los 3 días de competición deportiva, en la retina de muchas personas, Vitoria-Gasteiz ha aparecido con una fuerza inusitada, algo inimaginable en aquel entonces: vista por más de 200 millones de espectadores, emitida en 193 países, ocupación hotelera del 98%, etc.

No voy a caer en la tentación de hablar del juego, colaboro en otros espacios para hacerlo. Eso sí dejadme decir que ha sido de una calidad maravillosa, de una intensidad con muchísimo músculo del ansia de ganar y sobre todo con la fiereza suficiente para que l=s espectadores y los jugadores disfrutásemos al mismo nivel de cada partido. En los 4 encuentros al menos un equipo ha superado los 90 puntos, y puedo aseguraros que defender, se ha defendido y mucho. ¡Que no me dejéis irme por las ramas del juego, he dicho!. Pues quiero hablar de marca ciudad, de atributos y relatos de marca, de eventos de deporte, de realidades, compromisos actuales y futuros deseables y alcanzables. Y quiero hablar de marca ciudad ahora que ya ha pasado la vorágine electoral de este último mes.

 

 

La lucha por la posición en el mercado es encarnecida en muchos sectores, en el de marcas ciudad y/o marcas territorio también. Cada ciudad, cada país, pelea por ocupar un espacio en el que quiere ser protagonista. Un espacio competitivo, diferencial, relevante y sobre todo transversal para la ciudad, hacia dentro y hacia fuera. Los territorios son espacios competitivos porque más allá de quien habite en ellos, las ciudades las hacen las personas y los proyectos que surgen de ellas e implican a todos los agentes que ahí se encuentren. No se puede entender una marca ciudad si no afecta a sus diferentes estamentos, como no podemos entender una marca «comercial», si no incide desde dentro y hacia fuera, y si va más allá de la mera comunicación para reconfigurar productos, servicios y comportamientos. Experiencias de marca complementarias que se suman una a una precisamente para construir un poso que perdure como valor competitivo de tu ciudad. Experiencias de marca que serán exitosas en la medida que la propia marca es potente y fuerte. Digamos por tanto que para ello hay que tener ciudades preparadas, diseñadas y empujadas hacia ese objetivo de la misma manera que hay ciudades que aún no están en la onda, aunque lo deseen.

A mi compañero y amigo Juanma Murua debería cederle este espacio para que lo protagonizara porque hemos hablado y hablamos mucho de estas cosas: unir deporte, ciudades, ciudadanos, marcas. Hablamos esta semana, al hilo de esta Final Four, de que hay ciudades que tienen claro que han de jugar un papel proactivo en esta línea pero no lo son tantas las que lo hacen como deben. Son ciudades que tienen claro su objetivo en la búsqueda de esa posición y a partir de ahí es cuando los eventos, los actos, sean en el campo que sean se convierten en herramientas para tratar de llegar a ese objetivo. Esto requiere de una indudable capacidad de reflexión, de una evaluación previa y sobre todo de tener claro aquellos recursos que dispones para lograr que ese espacio a alcanzar, se va llegando a él. En este mundo, en el del posicionamiento de las marcas ciudad, es donde mejor se comprende el verdadero valor de la «marca», porque afecta en tantos ámbitos que o se tienen una visión global, abierta, holística y sistémica de la marca o si no nos quedamos en la mera epidermis de una promesa cortoplacista y estrecha de miras.

Probablemente Vitoria-Gasteiz jamás se hubiera planteado de forma estratégica y planificada albergar una Final Four, si no fuera porque tiene una instalación adecuada para ello: el Buesa Arena. Ha sido más un «qué hago con ello», que un «necesitamos posicionarnos globalmente». Quizá ahora no importe tanto, pero se buscó y surgió una oportunidad y se aprovechó. Una infraestructura-tractor que ha «arrastrado» a la ciudad a una efeméride tan importante que ocupará un lugar de privilegio en el libro de la historia de la ciudad.

(foto via www.baskonia.com)

Vitoria-Gasteiz es una ciudad marca que entre sus atributos reconocidos está el «deporte», en su globalidad. Su apuesta política y de infraestructuras de interés público como los archiconocidos centros cívicos en sus barrios, y también la proliferación de deportistas y entidades deportivas de renombre, hacen que la ciudad adquiera un tinte deportivo. El baloncesto es uno de sus estandartes en los últimos años y éste ha sido el principal argumento para que la Euroliga confirmara a Vitoria-Gasteiz como sede del mayor evento de baloncesto internacional que existe al margen de la NBA. Entendámoslo una vez más: por la percepción de la ciudad, por la asociación al deporte y en concreto al baloncesto, Vitoria-Gasteiz ha sido candidata, no al revés.

El evento de la Final Four ha implicado mucho más que la celebración de 4 partidos, de un torneo de categorías inferiores extraordinario y diferentes espacios en la ciudad para trasladar la imagen de «baloncesto social» en una ciudad que ya respira baloncesto. La Final Four ha exigido una actuación transversal de toda la ciudad y sus agentes para poder ya no solo albergar, con las deficiencias de capacidad hotelera de la ciudad, sino sobre todo acoger y extender sus principales argumentos en una proyección que va más allá de la imagen televisiva y sobre todo en la experiencia vivida por quienes acudieron a nuestra ciudad durante toda la semana. Un enorme esfuerzo para que esta oportunidad no solo se vea premiada durante estos 4 días sino sobre todo, y siento que es así, un aprendizaje que ha venido para quedarse en el futuro de la ciudad. Un evento como la Final Four no debería ser un acto puntual sino sobre todo reconocer y aprender para mejorar de cara al futuro que para conseguir ese espacio simbólico en la mente de determinadas personas y públicos internacionales, hemos de estructurarnos de una manera bien diferente a lo que hemos venido haciendo hasta ahora.

Con mi compañero y amigo Miguel de Andrés he compartido reflexiones y proyectos en este sentido: no podemos centrarnos exclusivamente en mirar una efeméride así desde la comunicación en el «momento de-« sino sobre todo que se aproveche todo ello para generar riqueza, para desarrollar nuevos ámbitos que puedan tener un recorrido posterior más allá de la propia celebración del evento. Éste es el camino que recorren las grandes marcas con sus decisiones estratégicas: que desde la experiencia de marca y su repercusión comunicativa se pueda generar en el proceso un sentimiento y una capacidad de desarrollar nuevos espacios estratégicos que apuntalen estas percepciones inmediatas: lo que se viene a llamar «generar industria» alrededor de la percepción para que sea coherente, consistente y especialmente competitiva.

La Final Four ha colocado a Vitoria-Gasteiz en su auténtica realidad: somos una ciudad «pequeña» que quiere competir en un espacio de «grandes» ciudades. Y la dimensión es un factor a tener en cuenta pero lo es más la diferenciación y la relevancia estratégica de lo que aquí se realice. Eso sí, a diferencia de las grandes ciudades, en Vitoria-Gasteiz para conseguir este espacio competitivo a nivel internacional toda la ciudad ha de mirar en una única dirección, en todos los sectores y agentes que vivan en ella. No vale «quejarse» a posteriori ni esperar que las hordas de personas acudan a tu establecimiento porque esto en el siglo XXI ya no ocurre. Hay que ser proactivo, hay que «salir» a por las personas, hay que «pensar en grande» (aunque seas pequeño) y sobre todo hay que apostar y arriesgar, sabiendo especialmente que «las oportunidades hay que ir a buscarlas, no esperarlas».

(foto vía Radio Vitoria)

¿Y ahora qué? debería ser la pregunta. Primero, entiendo que la apuesta por la «posición» de mercado en Vitoria-Gasteiz en torno al mundo del deporte debe ser estratégica de verdad y no quedarse exclusivamente en la acción deportiva. Debemos ser capaces de reflexionar y poner en marcha una ciudad del deporte y sobre todo generar y alinear toda una «industria» que genere valor añadido a partir del deporte, que vaya más allá insisto, del mero evento deportivo. Y generar una industria requiere de una alineación del resto de sectores de la ciudad que miren hacia ello: gastronomía, hostelería, infraestructuras, educación, innovación, ocio, cultura, etc. Solo de esta manera nos ganaremos la «confianza» (uno de los valores más esenciales en el mundo de las marcas a día de hoy) y la «credibilidad» de aquellos agentes que quieren extender sus proyectos a nivel global y que Vitoria-Gasteiz sea EL referente para ello.

Vitoria-Gasteiz debe pensar qué tipo de públicos y mercados le interesa para proyectar su imagen. En este caso no es un problema de infraestructuras sí o infraestructuras no. Primero es saber muy bien a quién, cómo y para qué dirigirse y después decidir qué acciones, qué eventos y qué infraestructuras son necesarias para llevarlo a cabo. Hay 5 capas sobre las que construir después esta percepción y la experiencia de marca consecuente en ello (según Place Brand Observer):

  1. Singularidad
  2. Autenticidad
  3. Memorable
  4. Co-creación
  5. Place «making»

Y en todo ello, esta decisión ha de ser estratégica de manera que se convierta en transversal a todas las capas que generan, insisto, riqueza en el entorno para hacer de la ciudad mucho más competitiva. Hemos aprendido qué hacer para sacar adelante un evento. Lo que ahora se ha de hacer es poner en marcha las decisiones estratégicas adecuadas para que la ciudad pueda ocupar ese espacio internacional competitivo al que se quiera llegar.

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Abr 09 2019

Elecciones, marca-ciudad y votar

No he hecho la cuenta pero de aquí al 28 de abril y en especial al 27 de mayo quedan un montón de días en los que reviviremos unos cuantos debates, arsenales de mensajes con bala y metralla, montonazos de caramelos, globos, abanicos de merchandising, despiporre de fotos, videos, stories, llenos de sonrisas, hola’s al aire, apretones de manos, etc, ante la nueva llamada a las urnas, dos en concreto, que nuestra clase política ha tenido a bien convocarnos. Una de ellas, la municipal, ya era esperada y conocida; la otra, la nacional, ha aterrizado entre nosotros con «cierta sorpresa». Todas las citas electorales se marcan en rojo en nuestro calendario sin avisar aun sabiendo que se van a sentar a nuestra mesa durante un tiempo. Quien más quien menos, hemos aprendido a convivir con ello, con lo cual deberíamos tomarlo en consideración porque tiene su parte de importancia aunque a veces nos demuestren lo contrario.

No es este espacio el ideal para hacer apología de ideas, corrientes, posicionamientos de los partidos que quieran concurrir a estas elecciones sino tratar de mirar con las lentes de un ciudadano normal, como creo ser, y al mismo tiempo con la mirada de mi trabajo diario, la creación de vínculos entre personas y marcas, a través de ideas «culturales» que compartimos y las que nos lleven a interaccionar con la misma visión conjunta. No es novedad hablar de ello por estos lares porque es un asunto que me interesa, no sólo por lo que me implica en mi vida personal y profesional, sino por tratar de interpretar desde el branding y la comunicación lo que sucede en el marco de la política.

No deberíamos fijarnos únicamente en estos momentos que ahora comienzan como esa oportunidad que tienen los partidos de «fidelizar» a sus fieles seguidores y de «captar» a nuevos públicos, sino también como la evaluación del proceso y recorrido de cada uno de ellos de unos años atrás. Ambos adquieren un tinte fluorescente entre los discursos que aparecerán; unos, buscando debilitar en todo momento al contrario; otros, prometiendo y prometiendo de nuevo desde su particular punto de vista para atraer a quienes hacen de la duda, la incredulidad y el hartazgo sus motivos de fuga de su corriente habitual. Como toda batalla, la estrategia es capital para estar por encima del rival (ojo, el rival, no el enemigo como estamos asistiendo en estos últimos años en este país) e identificar cuál es el camino final fijado, el reto para conseguir obtener nuevos réditos.

Hay muchos aspectos que se valoran entre las diferentes opciones políticas. Sus puntos de vista acerca de los «grandes temas», los macro-problemas que nos afectan como personas aunque estén ahí a lo lejos, y también, aunque menos tratados, las soluciones concretas para los «pequeños temas», lo micro, que eso sí incide especialmente en nuestro día a día. Con ese porte de contradicción, parece que importa más las «grandes cuestiones» donde enroscar y enroscar al oponente como una serpiente pitón a sus víctimas, que lo que le afecta a cada persona, cada día, en su vida. Las elecciones en este sentido deberían tener este «matiz» que nos debería hacer pensar nuestro comportamiento como ciudadanos-electores, porque a menudo se mezclan campos y son los propios partidos quienes juegan a sabiendas en el terreno de esta confusión, de esta pobre simplificación, para oponerse al contrario y que su rival, o sus rivales, salgan especialmente dañados. El ámbito de «mercado» en este caso debería ser un argumento lo suficientemente relevante para que nuestra elección pueda orientarse en la correcta decisión. Pero son los grandes partidos, los que juegan en una capa superior y, me temo que intencionadamente, quieren reducir los ámbitos de decisión a algo demasiado simple: o conmigo o contra mí.

En quien ostenta el poder deberíamos medir si aquello que prometieron en su momento se ha cumplido o no, básicamente. Las promesas no son hojas de un frondoso árbol que se vuelan ante cualquier pequeño soplido de aire. No. Las promesas deben estar bien sujetas y ancladas a las raíces de cada ciudad, de cada territorio. Quizá este sea el mayor problema de la política: discursos vacíos, palabras huecas y altisonantes, discursos dirigidos más a la contradicción del otro que no a la propuesta de cada cual pero sobre todo la falta de coherencia entre «lo que dices» y «lo que haces«. Y no es únicamente el problema de la «clase» política sino también de nosotr=s, ciudadan=s, quienes más incoherentes somos a menudo en estas situaciones.

En términos de las marcas, suelo insistir con toda la vehemencia y buenos modales que puedo, que al mercado, a cada persona, es muy complicado «engañarle» hoy en día. Hay tanta información a nuestro alrededor que deberíamos tener ciertas nociones para aprender a tomar decisiones. Y si no, ahí están las marcas para «enseñarnos a comprar». El objetivo no es tanto decir lo que bueno que eres, lo simpático y esas tantas bondades y perfecciones, porque hay cientos de marcas desparramadas en los cementerios del olvido. El verdadero reto es tratar, como suelo explicar a menudo, «decir lo que eres, y ser lo que haces». Las marcas respetadas son aquellas que su coherencia y consistencia están fijadas en la cultura de la organización y comprendidas por sus mercados. Y éste debería ser un criterio que también como ciudadan=s deberíamos tener en consideración para evaluar nuestra próxima «decisión de compra electoral».

Pero aún hay más. No son muchos los casos pero sí que hay ejemplos donde podemos ver que algunas marcas han conseguido que la categoría en la que compiten cada día, aprende, se desarrolla y mejora con el tiempo. El mundo de las cervezas lo está consiguiendo, en la alimentación hay productos que también están avanzando mucho, el pan por ejemplo (que conozco bastante por cierto), en el mundo industrial en general comprende que más allá de cada producto especializado, hay una parte de sus marcas esenciales que se expresan en otros términos, el servicio y los entornos por ejemplo, para hacer que la propia categoría mejora, aumente la competitividad incluso con otras marcas pero sobre todo que sea la propia imagen de la categoría en general la que mejore. En términos de lo que estamos hablando en este post, esta analogía sería si tu pueblo, si tu ciudad, si tu territorio, si tu país ha mejorado su imagen pública en global. Hemos asistido a verdaderos ridículos en muchos casos, a encontronazos públicos expresos, a actuaciones que han llevado a degradar la [percepción] y la imagen de una territorio hasta límites irrespirables. Esto debería ser penalizable, por irresponsable pero sobre todo por no «hacer sentir» a sus ciudadan=s ese sentimiento de pertenencia, orgullo e identidad que muchas veces hacemos gala cuando visitamos otras ciudades y explicamos «de dónde venimos».

Esta parte de la responsabilidad de hacer mejorar la imagen de tu territorio, que la marca-ciudad mejora con el paso de tiempo, debería ser un motivo importante para poder añadir en nuestros criterios a la hora de tomar la decisión de elegir una u otra opción. Todo aquello que lleve o haya llevado a la crispación y negatividad debería ser penalizado, aquellos esfuerzos para mejorar esta percepción global e identitaria deberían premiarse pero sobre todo que todo ello entre dentro de esa palabra tan temida y tan necesaria como la de «cumplir lo que se promete». La marca-ciudad también debería entrar en juego en estos momentos. Veremos si se cumple o no.

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Oct 25 2017

Banderas

Ondear al son del viento tomando formas que se extienden y se encogen arriba y abajo, a un lado y a otro. Convertirte en forma de lágrima cuando el aire se toma un descanso y caer hasta decaer solo sujeta por el asta. Quien mira una bandera observa más su movimiento, se detiene ante un ejercicio que muestra vigor y dirección donde lo que menos importa son sus colores porque en definitiva todas las banderas son iguales aunque parezcan diferentes.

Quien ató por la esquina de un trozo de tela a un mástil sabía perfectamente que lo importante en ese momento era más ser observado que no únicamente ensalzar un simple paño por mucho que fuera grande o pequeño: ser observado. Y como nos gusta hacer a los humanos, darle la vuelta a las cosas, sentir que ese hecho manual se convierte en todo un símbolo que pretenda incitar a movilizarte, o rendirte, o reunirte, o simplemente salvarte.

Las banderas han sido símbolos de conquista …y derrota. Han significado en muchas ocasiones un final, una consecuencia después de una acción. La bandera da por finalizada una carrera. La bandera es el punto de referencia al que se ha llegado, es el aquí y a partir de ahora. La bandera es la acción y su consecuencia.

Hay para quienes las banderas se convierten en pura identificación y simple diferencia: aquí. El aquí frente al otro, a la diferencia, a lo de fuera. La bandera es la referencia de partida, deja de convertirse en el final para ser el inicio casi innegociable: “aquí somos así, a qué quieres que te gane”. La bandera establece unas reglas de juego que simplemente se cumplen porque sí. Si cambiamos las reglas de juego, la bandera no lo representa. La bandera es diferencia frente a.

También hay para quienes las banderas son el resultado de un proceso, posiblemente una ida y vuelta, un debate, un trabajo, un relato y una narrativa, o mejor dicho, varios relatos al mismo tiempo. La bandera se convierte más en un punto de encuentro donde la diferencia acaba por escaparse y brotan los puntos en común. A la bandera llegas, no te llevan.

A quienes trabajamos uniendo marcas con personas, solemos decir con frecuencia que las marcas han dejado de ser un “constructo” que únicamente “fija” frente al resto para convertirse con el tiempo en una serie de significados y contenidos que son compartidos a terceras personas con el objeto de describir una atractiva experiencia vivida para estas otras personas. En positivo por supuesto, y en negativo también. Una marca que se instala en un colectivo formando parte de sus comportamientos, de sus costumbres y hábitos, siendo una capa más de la cultura de esas personas dentro de esa sociedad.

En estas últimas semanas, después del verano, hemos estamos asistiendo, y permitidme la analogía, a una auténtica guerra de banderas, portadas por miles de personas, sin importar el género, la condición, la edad, las costumbres ni nada por el estilo. Si tú sacas tu bandera, yo la saco más grande y más alto. A quienes desde “fuera” hemos asistido a esta lucha simbólica (pero de una profundidad extraordinaria), hemos visto banderas y banderas que por mucho que se repitieran y se expresaran desde el pecho en el “honor” de lo que representaban, producían simplemente más ruido que certezas, más incomodidad que persuasión, más imposición que pertenencia, más chillos que debates. La lucha de banderas ha mostrado y está mostrando el discurso más epidérmico de una realidad más compleja, se ha tratado de simplificar lo complejo para sin debatir más allá se acabe la conversación con un “conmigo o contra mí”.

Como tengo por costumbre, observar, escuchar, leer y reflexionar, ha provocado que algunos puntos de vista se hayan visto alterados y a la vez reformulados. Uno de ellos ha sido repensar si las “marcas país” tienen sentido hoy más que nunca o si estamos ante una nueva etapa. Las “marcas país” están siendo enfocadas exclusivamente como atractivo hacia el exterior y sin el menor ápice de interés para el interior de cada país. Si fuéramos una empresa nos daríamos de bruces contra la pared por preocuparnos más por lo de fuera que por “nuestros empleados”, quienes al final son los depositores de los valores de marca en las relaciones “hacia fuera”; y el resultado de la coherencia del discurso comunicativo y la acción. ¿Dónde está el límite de las marcas país? ¿Tiene sentido hablar de marca país, en especial, hacia dentro? ¿Se hace algo en este sentido?

Uno de los rasgos más definitorios de nuestros tiempos actuales es que la movilidad entre países, viajar, nos pone en otro lugar lejano como si estuviera aquí al lado. En el mismo tiempo que viajas a Madrid en coche (3 horas y media), con un vuelo estás ya en el centro de Berlín. Ante esta realidad, ¿de qué sirve la marca-país? ¿cómo un mero atractivo turístico exclusivamente? El turismo ha acaparado una capa esencial de la imagen de los países pero hay tantas acepciones de turismo hacia fuera como territorios sientan que tienen un atractivo para una única persona. Así pues ni marca-país es sólo turismo, ni turismo construye solamente marca-país.

La clave de las marcas actualmente es que el hecho compartido con terceras personas sea lo que atraiga a otras personas; el “dejar marca” del que hemos hablado recientemente. Y en estas semanas pasadas, lo que ha dejado marca sobre nuestro país, sobre los territorios, es un KO’s tan absoluto que la percepción externa con total seguridad se ha visto más que dañada. Sin juzgar responsables ni apuntar con el dedo una causa esencial, el caso es que se evidencia de nuevo que formar-parte-de adquiere más sentido para una marca que no únicamente comunicar ciertas virtudes, a veces verdad, en otras, medias verdades.

Y es en este tiempo de observación te das cuenta que términos como banderas, patrias, identidades deberían dotarse de un nuevo sentido para que ciertamente ayuden a las personas a relacionarse más que a separarse, cada vez, con más distancia unas de las otras. Ojalá las marcas ayuden a acercarlas. Ojalá el branding bien entendido haga el trabajo que le corresponde.

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La foto de inicio es de Flickr, de Ted Eytan

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Ago 29 2016

El día después

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Han pasado ya unos cuantos días y, con toda probabilidad, la MEJOR MARCA del mundo, OLYMPIC, ha cerrado un nuevo capítulo en su larga historia con la celebración de los Juegos Olímpicos de Río 2016. 124 años después esta extraordinaria marca vuelve a copar un protagonismo que cada 4 años reluce y brilla como ninguna otra. Dicen que «unos 5.000 millones de personas vieron al menos una prueba o 30 minutos de transmisión de Rio 2016, según datos de la AFP» y se estima que ha habido «una inversión publicitaria en TV de unos 159 millones de dólares» (vía MERCA 2.0.).

Edición tras edición el producto es extraordinario y no falla. Las competiciones y cada un= de sus deportistas siguen siendo la expresión de marca que más brillo aporta a la marca Olympic. El deporte y sus deportistas siguen marcando la cita olímpica con rotulador rojo en sus calendarios y en sus retos. Para much=s de ell=s son 4 años de preparación dura, constante, exigente para un «momento» donde se refleja el trabajo realizado. A pesar de todo ello, y vistas muchas de las competiciones, la suma de medallas y diplomas, alegrías y lloros, sigo pensando que necesitamos redefinir tanto el éxito como el fracaso. La competición deportiva es tan exigente que creo que hemos de valorar más el hecho de llegar y ser capaz de competir que no únicamente alzar la alegría si obtienes el premio, de ahí la necesidad de esta redefinición. ¿Dónde está la frontera entre éxito y fracaso? ¿Valoramos más las nuevas medallas de Phelps o su esfuerzo por competir en cada prueba 4 juegos olímpicos después? ¿valoramos más el esfuerzo de Nadal día tras día, incluso el trabajo de Calderón,… las atletas que se tropezaron en plena prueba y que siguieron? ¿Qué es éxito? Es una lección de constancia, de esfuerzo y trabajo. Aquí valores deportivos y humanos se enfrentan al premio, reconstruyéndolo todo y relacionándolo de otra manera, desde mi punto de vista. El día después del «producto», es seguir apostando por él cada día. Un nuevo entrenamiento. Un nuevo objetivo. Una nueva competición. Definitivamente, el producto sigue siendo la «estrella» de la marca Olympics.

El día después de la «marca-ciudad-territorio» Río 2016 es ya más dudoso .Rio 2016 generó una enorme ilusión en el momento de ser elegida. La fuerza del entonces presidente Lula da Silva, las noticias de que Brasil encabezaba un crecimiento importante a nivel geo-político-económico mundial (BRIC) y que el continente americano del sur jamás albergó unos juegos olímpicos, hicieron que Rio de Janeiro y Brasil encabezaran una nueva etapa en el desarrollo de esta marca. 7 años de camino para preparar una nueva cita donde se juega mucho más que el deporte y sus deportistas…parece. Meses y semanas antes del encendido oficial, las dudas y recelos surgían sobre la ilusión. La capacidad de infraestructura por un lado pero en especial el valor «social» de regeneración, de transformación con el que muchas ciudades apuestan en semejantes eventos, situaban esta cita con una prudencia más presente que en otras ocasiones. El «miedo» social, la inseguridad, «tapar» la realidad al mundo y sobre todo esa cohesión social que se da en unas semanas entre ciudadan=s locales y todas las expediciones nacionales, corrían el riesgo más evidente. ¿Qué pasará ahora en Río? Quizá ésta sea una de las mayores dudas que generan estos proyectos. Posiblemente Barcelona’92 y Sydney’00 fueran de los pocos casos donde se produjo una transformación antes-durante-después de la celebración de los juegos olímpicos. Más allá de los edificios e infraestructuras, el reto es cómo continuar con el proceso más allá de la celebración de un evento. Esta cuestión debería afectarnos siempre que se enfoque un proyecto, sea cual sea su dimensión. En este caso, por la extraordinaria dimensión que aporta el concepto «olímpico» y su dimensión global, quien apuesta por presentarse como candidata tiene tras de sí una idea «global» de transformación. Río lo hizo así. Madrid quería que fuera así (quizá más desde una lógica geopolítica y económica) y posiblemente Tokyo lo haga. La duda está más en qué quedará en Río. De momento sólo he visto una marca, Nike, que apuesta por llevar el deporte «local» a una nueva dimensión. El legado no son las medallas ni los edificios. El legado es el futuro anclado sobre el recuerdo del trayecto.

El día después comienza también para Tokyo, próxima ciudad que albergará la edición de 2020. Un país y un continente, un mensaje diferente para el mundo, innovación, tecnología, otra cultura que se une a un mundo global donde, según ellos, diversidad es la palabra. Unir. Río 2016 trajo el debate de «lo verde» y la «sostenibilidad»… Tokyo suma una nueva intención: «Infinite Excitement«. Pero, ¿es ello lo que necesita la marca Olympic?.

El día después de la marca Olympic es reconocer cuál es el camino que ha de seguir de cara al futuro y sobre todo cuál es su propuesta de valor de cara al mundo. En Brasil apoyó el esfuerzo de la deportividad, aunque teñido de nieblas que tienen que ver con otra serie de comportamientos menos sociales y responsables. La pregunta que me surge además es…

¿Quién gestiona la marca Olympic y cómo la gestiona?

La responsabilidad aquí del COI es evidente porque resulta el «dueño» de la marca. Aunque la influencia de la gestión de la misma tanto de cada ciudad-país como de sus deportistas es evidente. La pregunta es qué significa por tanto Olympic:

  • ¿deporte? ¿esfuerzo? ¿valores? … la actitud deportiva tiene más que ver con cada día y no sólo por el espectáculo de cada prueba competitiva. Aquí lo esencial radica en que todos los deportes sean tratados de igual forma no sólo en las fechas de competición sino durante el resto del tiempo. Ahora pensemos en cuántos hemos visto competiciones como badminton, gimnasia, atletismo, deporte femenino durante el resto del año. Aquí es donde el COI y los comités nacionales deberán promover y actuar más en consecuencia, más planificación, más visión y sobre todo más trabajo colectivo. En España especialmente, con reducción de presupuesto, e incluso con dudas en muchas de las ayudas. Tarea importantísima.

 

  • ¿transformación a través del deporte? ¿competición o igualdad de condiciones para cualquier país? El deporte ayuda a valorar al contrario. No sólo en competiciones de equipo sino también individuales. El deporte además ayuda a acercar culturas y personas. Transformar una sociedad tiene cada vez menos que ver con infraestructuras y ladrillos y más con la relación entre personas. El deporte ayuda y debe de ser un eje transformador, más allá de los premios obtenidos en forma de medallas. Aquí, co-branding con marcas y con organismos deben actuar de otra manera, más responsable, más social y más transformadora.
  • ¿territorios-banderas y/o personas-culturas?. Son muchas las imágenes que se nos quedan grabadas en nuestras retinas pero la salida de cada país, de cada participante en la ceremonia de apertura es realmente emocionante. El ejemplo de este año en Río del «equipo de refugiados» tiene más importancia de lo que creemos y tengo la sensación de que ha quedado con poca presencia. ¿Necesitamos banderas para unir o para desunir? Aquí la responsabilidad de la marca Olympic debería de ser patente y firme.
  • ¿Inversión en futuro vs inversión en medallas? Tiene que ver con lo comentado anteriormente sobre éxito vs fracaso. hay casos y casos. Parece que la salud del deporte tiene que ver con el número de medallas y aunque no es exactamente así 100% se «vende» de esta manera. Y no. Quejas de deportistas, nivel de inversión recortado, deportes minoritarios con éxito patente, el deporte femenino… son muchos los campos que se debe abordar. El retorno no se debe medir por el número de medallas sino por el incremento de la actividad deportiva en un país, a todos los niveles. Y eso sí es inversión. En España se vio que la inversión previa a Barcelona’92 obtuvo su recompensa pero fue descendiendo paulatinamente. Australia sigue invirtiendo con la misma intensidad que en su día para preparar Sydney’00 y hoy es un país puntero deportivamente. El sistema se debe de redefinir pero no con el objetivo único de las medallas sino por comprender el deporte de otra manera. Aquí habría que seguir al pie de la letra uno de los valores de la marca Olympic: «Sport for all» aunque parece de momento que no será así, lamentablemente al menos en España.

El día después comienza cada día, nada más levantarte. Y ser fiel a la promesa que te has hecho previamente. El día después es además pensar en dar no sólo un paso más sino un nuevo paso. El día después es pensar cómo quieres que sea tu marca hoy…y mañana.

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La foto de inicio es de Flickr, de Simon Bleasdale

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Jul 13 2016

La ciudad como marca y no como espectáculo

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Nada como pasar unos días alejado de tu ciudad, unas cuantas lecturas sobre branding, un buen libro de ésos que te ayudan a conocer mejor la realidad e inmediatamente se producen las conexiones entre ideas. Digo lo de estar alejado de tu ciudad y encontrarte en otros lares porque es cuando más valoras la misma bien en sentido positivo o en sentido negativo. No es una cuestión de comparaciones sino sobre todo de tratar de reconocer aquello que crees que define a tu entorno más cercano.

El ejercicio viene una vez más de una lectura de un libro muy interesante. Una vez más vía Julen Iturbe, comencé la lectura de «La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico» del sociólogo y filósofo Gilles Lipovetsky y del crítico de cine y profesor universitario Jean Serroy. Un análisis de la realidad en la que vivimos, en ocasiones dura, en otras más que evidente, pero llena de sentido y de un certero análisis contemporáneo. Para quienes trabajamos sobre personas y las relaciones que se establecen entre éstas y las marcas, creo que es uno de esos libros que se deben leer en la actualidad.

Entre muchas de sus grandes perlas, una que hila el contenido del libro es el concepto de «mercado de la experiencia«, ése que según se cita en el libro

«…Según Pine y Gilmore, el mercado de la experiencia aparece como la nueva frontera del capitalismo, la cuarta era económica que ha sucedido a la de las materias primas, a la de los productos y a la de los servicios…» (pág. 53).

Arte, moda, publicidad, cine, diseño de productos, centros comerciales, deporte, reality-shows, sensacionalismo televisivo, exposiciones, videoclips, gastronomía, belleza, tatuaje, piercing… un enorme mundo artístico e híbrido que se mezcla y relaciona en un mundo efectivamente más estético y con mayor valor del espectáculo y la experiencia que la propia esencia en sí de cada una de esas expresiones.

A quienes nos dedicamos a la construcción y desarrollo de marcas, nos preocupa especialmente cómo construir relaciones entre una persona y una marca. Y mucho más cómo se producen estas relaciones entre las personas [ciudadan=s] y las ciudades. Con el paso del tiempo tengo más claro que un gestor de marca no es un gestor de soportes de comunicación sino un generador de relaciones pero sobre todo soy consciente de que las [buenas] marcas son aquellas que saben comportarse como son cada día y no tanto cuando se disfrazan y se engalanan.

Uno de los campos más interesantes que trabajar es el de las ciudades, territorios, países, etc. City branding, city marketing, place branding… se están convirtiendo de nuevo en terminología «de moda» para hacer de las ciudades los territorios, marcas, construir relatos sobre ellas que sean vendibles y atractivos. ((los subrayados son míos))

«El hombre del siglo XXI es un hombre de las ciudades. (…) Al mismo tiempo, la ciudad industrial del capitalismo productivo tiende a ceder el paso a la ciudad-ocio, la ciudad-compra cuyo modelo inaugural vino dado, en el siglo XIX, por los pasajes y los grandes almacenes». (pág. 264)

Las ciudades se están convirtiendo más en espacios comerciales. Quien más quien menos se puede sentir identificado con esta frase. Piensa en tu ciudad … ¿te ves reflejado? ¿las ves reflejada? … como tantas otras. ¿Percepción de «deja vù» en torno al concepto de las ciudades? Me temo que sí.

«…Es la expansión de la <ciudad de las franquicias> que llena el mundo de lugares comerciales y crea un universo urbano y arquitectónico influido por el mercado…». (pág. 265)

Vuelvo a recordar un concepto que reflexionamos por aquí hace tiempo de que «el reto de las marcas no es el de marcar sino el de dejar marca» y pienso, en referencia a las marca-ciudad, que se está «marcando» más que «dejar marca». Precisamente aquellas ciudades que tienen mejor marca son precisamente las que dejan marca, más allá del espectáculo de neón, colores, escenografía comercial, franquicias y espectáculo en el que se están convirtiendo muchas de ellas, como principales argumentos para posiblemente reconocer no una ciudad particular sino «algo que ya he visto en otro lado». Y creo debería preocuparnos. ¿Dónde queda la personalidad de cada ciudad? ¿Dónde radica esa «huella» que dejamos en las personas? ¿Para quién construimos y desarrollamos nuestras ciudades y nuestra marca-ciudad… ¿para el/la turista? ¿para sus ciudadan=s? Cito de nuevo textualmente:

«…En el contexto hipermoderno en el que existe una fuerte competencia entre ciudades por conseguir mayor atractivo, la dimensión estética se ha vuelto un factor clave para estimular el turismo, atraer a los inversores y a los organizadores de congresos, la nueva clase de los <manipuladores de símbolos>. La época es testigo de la aparición de una puesta en escena de la ciudad, del city marketing, ya que las ciudades se dedican a resaltar su identidad visual, su imagen y su comunicación para conquistar <parcelas de mercado>, por el mismo motivo que las marcas comerciales…». (pag. 267).

Me vais a disculpar pero me da cierto vértigo leer esto y sentirme un tanto reflejado, en mi ciudad y en muchas otras y me pregunto si en realidad ¿es esto hacer ciudad? ¿va de esto los proyectos de ciudad?. Creo que algo no estamos haciendo bien cuando hablamos de branding y menos aún cuando hablamos de ciudades.

«Ha surgido otra ciudad con otros valores, otra ciudad cuyas primeras manifestaciones veía Guy Burgel desde principios de los años noventa, evocando la aparición de una nueva cultura-ciudad: «Toda la civilización urbana es arrastrada por un impulso cultural que la lleva al consumo y la recreación […]. En todo el mundo la ciudad festiva está poniéndose ya por delante de la ciudad activa…». (pag. 268).

El espectáculo se apodera de las calles, el arte sale a la calle para «estetizar y festivizar el espacio urbano»… seducción, lúdico, festivo, estético… Quizá, y es una reflexión, nos estemos equivocando a la hora de pensar en las marca-ciudad, en que el city branding tiene que empezar desde otro punto de partida y no solamente desde el «yo también … (ponga usted aquí un museo moderno, un aeropuerto, un multiusos, una galería comercial, una festival de…) … tengo«. Branding no es únicamente «llamar la atención de…» sino precisamente ser leal a tu marca y sentir cierto orgullo de pertenencia a la misma. Con las ciudades ocurre igual.

Probablemente en este ruidoso mundo que vivimos, hay que gritar más alto que el de al lado para quien pase cerca de ti, se vuelva y te mire. En un ruido ensordecedor, buscamos la «notoriedad» y la visibilidad como principales argumentos de «venta». El célebre «citius, altius, fortius» llevado a su máxima expresión en las marcas… y en las ciudades. A costa precisamente de preguntarte POR QUÉ y PARA QUÉ. No importa. Vale más 5 minutos de televisión, una portada que posiblemente un reconocimiento de tu territorio. ¿Quién soy y cómo soy? debería ser la primera de las preguntas que deberían hacerse las ciudades. ¿Para quién y de qué manera? sería la siguiente. No todo vale por la ciudad. No todo vale para hacer una ciudad de la que sentirse orgulloso. No todo vale en las marcas.

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La foto de inicio es de Flickr, de Vanchett

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Ene 26 2016

Marcas que se adaptan a sus comunidades y ágoras

La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti.

Este párrafo es de Zygmunt Bauman, en una entrevista (sin desperdicio) publicada recientemente por El País. Una de esas personas que nos ayuda a comprender mejor la realidad actual. Como vivimos en el frenesí del día a día, de la inmediatez, de la estética formal y de las reacciones, necesitamos un poco de distancia para comprender lo que ocurre y ser conscientes de que la realidad no es sólo lo que parece sino lo que ocurre en cada instante y lo que nos mueve. Un sociólogo de 90 años clarividente y con el criterio afilado para hacernos que pensar. Al menos a mí, me hace qué pensar.

Desde hace tiempo venimos redefiniendo el término target porque, al menos para mí, se me queda pequeño, tal y como se concibió cuando se definieron los términos del marketing. Inicialmente, target hacía referencia a un público segmentado principalmente por criterios demográficos  y con variables condiciones socioeconómicas que los hacían casi-iguales. Piensa en uno y piensas en multitud. La masa… ese reconocible avispero y rebaño al mismo tiempo que se mueve vaya usted a saber por qué. Tratar a tod=s como iguales, como parecidos, sin reconocer dónde está lo que les hace particular y diferente a cada un=. Por eso y porque cada un= de nosotr=s tenemos motivaciones distintas, intereses distintos e incluso usos diferentes (y algunas razones más) es por lo que target no me sirve. Nada.

Entonces es cuando apareció el concepto comunidad: ese grupo de personas que les mueve un interés común, un objetivo común, una misma inquietud, un por qué y un para qué. Y esta palabra no entiende de sexos, de edades, de nivel adquisitivo ni de tu zona geográfica. Es un concepto abierto pero a la vez sintético y específico. Somos los surfers, somos los que nos gusta el iPhone, somos los que visten de colores, somos azules… somos.

Este concepto es interesante de comprender correctamente porque el reto no es saber a quién me he de dirigir sino cómo voy a captar la atención en un momento y en un contexto donde podemos llegar a ser relevantes, en una comunidad ya existente. El target es una diana y si fallas, repites, repites y repites. Es un spam que nos inunda nuestro día. La comunidad es ser relevante, ser pertinente, es justo ahora, es identificar esa necesidad, ese nexo en común, ponerse en la piel del otro y hacerte entender para que te tome en consideración. Somos nosotros y no son ellos. Bien diferente.

Hace unos días se celebró en mi ciudad, Vitoria-Gasteiz, un encuentro que quizá no sea absolutamente innovador en sí mismo: AGORA; «…un espacio para el debate, el intercambio de ideas y de retos para el futuro por la regeneración de Álava…». Como dicen en su propia web:

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Nov 17 2015

Crecer hacia dentro

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En esta vorágine empresarial y de crecimiento en muchos proyectos, crecer se ha convertido en esa palabra fetiche, esa palabra que moviliza y que quien más quien menos cuando la escucha le puede entrar cierto temblor. A quien dirige proyectos porque su reto es la sostenibilidad y viabilidad de su proyecto en el presente y futuro, y a quien recibe la palabra como todo un desafío que es mucho más que un reto. Crecer. Y volver a crecer.

Aprender de la sabia naturaleza es una obligación, y al igual que para que una planta crezca necesita de un entorno adecuado, no sólo agua sino también un terreno bien trabajado anteriormente, abono, sol, orientación y dedicación diaria… al igual que un bebé cuando nace necesita de cuidados, entorno tranquilo, dormir, alimentarse correctamente, hacer ejercicio, alimentarse… de esta manera los proyectos empresariales deberían tomar de la naturaleza estos comportamientos para adaptarlos a su realidad. Y no sólo agua.

Mientras trabajábamos sobre la promesa de marca con un cliente, escuché esta frase en un momento de la reunión: “… quizá debiéramos pensar que hemos de crecer hacia dentro…”. No es que fuera una bofetada de realidad sino que simplemente se está tan obsesionado con mirar hacia fuera y pensar hacia fuera, que nos olvidamos de que en realidad se debería estar bien preparado para poder abordarlo, desde dentro. No es lo mismo mirarhacia fuera porque sí sino que hay que observar y trabajar desde y hacia dentro, al mismo tiempo. Echar agua a una planta no quiere decir que crezca. O al menos no lo suficiente o con la adecuada vigorosidad. Sigue dando qué pensar.

Si volvemos a la definición de marca que hemos dado por aquí en más de una ocasión, si entendemos que marca es una “idea que conecta” hemos de comprender que la conexión se produce porque existen dos polos, uno que recibe y otro que da. Y quien DA, debe de hacerlo sabiendo que tiene las condiciones necesarias para dar. Si no, no se produce la conexión esperada y buscada. Volveríamos de nuevo a la descompensación de expectativas.

Tomemos por ejemplo un sector en el que estoy trabajando en este momento: la marca-territorio. Aunque sea un sector que da para más conversaciones en este blog, pensar en nuestra marca-territorio, bien sea ciudad, provincia, comunidad o país, … se sigue planteando como un aspecto meramente externo, de capacidad de atracción y de claro componente, en este caso, orientado desde y para el turismo. Son enfoques nacidos desde la captación, desde el poder de la atracción … pero en cambio sin explorar el poder del convencimiento y de la prescripción. Algo que ya hemos comentado aquí es que no hay mejor estrategia de captación que aquella que proviene desde la fidelización y desde la prescripción. La satisfacción se nos queda pequeña. La fidelización es otra cosa.

Pero quiero ir un poco más allá. Quien “siente” de verdad el poder de la conversación real, de las experiencias diarias es de quien está y radica en ese contexto cada día: en este caso, l=s ciudadan=s. He visto pocas acciones de marca-territorio que estén basadas en la las acciones del propio ciudadano. He visto pocas acciones pensadas hacia l=s ciudadan=s internos para auto-convencernos de que nuestro entorno tiene un valor que puede llegar a ser desconocido en muchos casos y que es preciso conocer y conectarse internamente…para poder ser transmitido HACIA FUERA.

Lo que hoy en día se valora especialmente por quien acude de “nuevo” a dicha marca es la recomendación y la interpretación desde la realidad de aspectos, lugares, iconos, experiencias de quien vive y siente cada día. Si esto es así, ¿por qué no se plantean las acciones primero desde dentro y hacia dentro de cada organización-proyecto-ciudad? Algunos estudios siguen demostrando que en las tomas de decisiones, sean cuales sea el sector que corresponda, la recomendación sigue siendo la que más peso toma en el momento de la verdad. Informarse, buscar, estar expuesto a impactos comunicativos ayuda en las diferentes fases del journey map, pero en realidad es la prescripción basada en la experiencia la que permite un vínculo y una reacción inmediata en el positivo proceso de compra.

Quizá sea cuestión de pensar más en qué sensaciones y qué ideas surgen tras las experiencias vividas y sentidas y en especial reconocer cuáles son aquellos momentos especiales que hacen posible que las decisiones se tornen en compra. Y teniendo en cuenta todo ello, generar espacios y filosofía de diálogo y conversaciones dentro de las organizaciones es mucho más eficaz y eficiente que únicamente basado en los puntos de contacto exterior.

Sigo pensando en ocasiones que es mucho más fácil cómodo dirigir la mirada hacia fuera porque es cuestión de seleccionar soportes y del presupuesto que tienes disponible. Sí, he dicho bien, cómodo. Porque siempre es más fácil después justificarse con «factores externos» (la creatividad, el tiempo, no tengo presupuesto suficiente, etc…) que no escuchar las verdaderas sensaciones y experiencias de la «gente de dentro» para adecuar mensaje-propuesta-experiencias vividas por quien presta el servicio, que resulta engorroso, complicado y es como bajar un peldaño en el escalafón jerárquico de la comunicación.

En un contexto lleno de productos nuevos, de tecnología, de accesibilidad y movilidad constante, toma peso cada vez más la atención y el servicio al cliente por nuestras personas. La capacidad de escucha y la capacidad de resolver y proponer situaciones se impone más que la atracción por la atracción. Pero es más trabajoso porque impone un trabajo continuo, una actitud de escucha interna que, parece, no se lleva por estos lares. Quizá sea el momento de mirar más hacia dentro para ver cómo prestamos el servicio que no únicamente el «envoltorio» del mismo. Quizá sea el momento de crecer hacia dentro para poder responder mejor hacia fuera.

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La foto de inicio es de Flickr, de La Galería de Arco Targente

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May 21 2015

De elecciones, ciudades y marcas.

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«… a la mayoría de personas alrededor del mundo no les importaría si el 73% de las marcas desapareciera mañana…»

Esta contundente frase aparece en un reciente estudio realizado por el grupo publicitario Havas. Tan lapidaria y tan terriblemente dura, que posiblemente nos haya hecho temblar a más de un=. Al menos a mí lo hizo. Me pregunté si eso sería cierto en los proyectos en los que estoy participando y me da qué pensar. Espero que no sea así.

A punto de terminar esta sufrida, convencional y cansina campaña electoral previa a las Elecciones Municipales del próximo domingo, uno tiene la tentación de unir esta frase con las marcas de partidos políticos y las marcas-ciudad, auténticas herederas de las consecuencias de uno u otro proyecto político. Posiblemente si esa pregunta del citado estudio, se las hiciéramos a l=s miles de ciudadan=s del país sobre la categoría de mercado «política» y sus productos «partidos políticos» y «candidat=s», la respuesta sería en muchos casos, me temo, que sí. ¿Verdad? «Me sobran 3 de cada 4 marcas políticas«. ¿Y por qué?

Visto lo visto, esta categoría de mercado (la política) está en sus momentos más bajos, en percepciones, en confianza y también justificado en hechos: corrupción, promesas que se vacían de contenido prácticamente a las semanas por su incumplimiento, demagogía, discursos dirigidos a promover el «miedo de la competencia», … Y lo que es peor es que esa categoría se ha convertido además en una commodity, en una especie de competencias sin diferenciación y casi casi, una categoría dominada por «marcas blancas». Existe una percepción generalizada de que «da igual de qué partido sean, que tod=s son iguales». Y esto lo hemos escuchado más de una vez.

En un mercado donde existe esta percepción de «commodity», la verdad es que el acto de compra (votar) se convierte en un hecho casi irrelevante y lo que es peor aún, en que la sensación posterior de «haber realizado una compra errónea» también es generalizada. Tanto en quien vota como quien, libremente, decide no ir a comprar. Perder. Y volver a perder.

La particularidad de unas elecciones locales, como las de esta semana, es especialmente llamativa porque la sensación de que estamos ante una decisión importante y no baladí (pienso que todas las elecciones son importantísimas, más allá de su extensión geográfica), especialmente porque estamos refiriéndonos a nuestro contexto más cercano y más inmediato: nuestro pueblo, nuestra ciudad. Es ahí donde tod=s percibimos que estas decisiones afectan más a nuestro día a día que unas elecciones más «lejanas». Es nuestra calle, nuestra gente, nuestras plazas, nuestras empresas, nuestras actividades. Es como «comprar» la comida de cada día, la que queremos dar a nuestr=s hij=s, donde ponemos todo el empeño en tratar de no cometer errores y que sea especialmente cuidadosa.

En unas elecciones mercados «locales», la consecuencia más importante es cómo afecta todo ello en la percepción de la marca-ciudad. Esa percepción de qué ideas nos vienen a la cabeza cuando citamos el nombre de nuestra ciudad y sobre todo esa sensación de que tu ciudad está siendo en estos precisos momentos de campaña, movida con virulencia, afectada por decisiones, discursos y promesas particulares y que llegada la calma del resultado (o el drama, vaya usted a saber) se pregunta con voz preocupante: ¿qué va a pasar conmigo a partir de ahora?.

Si algo me preocupa de todo este ruido ensordecedor que se ha producido en estas últimas semanas, es que después de la tormenta viene la calma, el silencio, las preguntas y el tiempo que pasa hasta que se toman las primeras decisiones. Si algo me preocupa con toda esta vorágine de promesas, es que algunas se cumplan y otras se queden guardadas en un cajón con llave. Si algo me preocupa es saber si la marca-ciudad tiene un proyecto a largo plazo, o como parece en muchos casos, está al amparo del cortoplacismo, las fotos en los medios y los discursos «empatados», donde da igual quién los pronuncie porque son indiferenciados.

Yo seré uno de esos que el domingo acudiré a este supermercado de las papeletas blancas y «no-sé-si-rosas-naranja-o-similar» a escoger una promesa de marca. Lo que no sé es si mi ciudad, en este caso mi querida Vitoria-Gasteiz, va a ganar con todo ello. Porque lo que sí tengo muy claro es que HOY tengo la percepción y la sensación (ojo, compartida por muuuuucha gente de la ciudad) de que mi ciudad está parada, atascada, sin rumbo y está necesitada de un proyecto que la defina, que le asiente su identidad y que sus ciudadan=s se sientan orgullos e identificados con ella. Hoy, esto no pasa. Y a pesar de todo seguimos queriendo nuestra ciudad aunque al final no sepamos ni qué decir de ella. Ése es un grave problema de marca y espero que esté quien esté lo consiga enderezar. Habrá que recuperar la confianza. Habrá que ver la botella medio-llena. Suerte.

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La foto de inicio es de Flickr, de Nukamari

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