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Jul 18 2013

Si no se pone en práctica, no es formación

Cuando veo a mis dos hijos estudiar me vienen a la memoria recuerdos de mis tiempos de estudiante y lógicamente, las diferencias se agolpan entre dichos recuerdos. Por metodología, número de alumn=s por clase, forma de evaluar, conocimientos adquiridos y la forma en que se adquieren. Sí, diferencias. Es lógico ya que los tiempos evolucionan y con él la educación, siendo un aspecto esencial en la vida de las personas, ha de adaptarse a estos tiempos.

Ya he comentado en más de una ocasión que me gusta mucho el ámbito formativo. Ser protagonista activo y ser capaz de enseñar (si se me permite el término aunque quizá sea un poco «presuntuoso») lo que uno experimenta, prueba, hace y lee para posible beneficio futuro de quien recibe. Me permite estar «vivo» y sobre todo me permite dedicarle un esfuerzo importante a estructurar el conocimiento y los ejemplos que lo ilustran. Es un continuo proceso de leer-aprender-poner en práctica-analizar-aprender-poner en práctica-estructurar-leer… Con mi humilde capacidad de análisis para saber si algo es meramente relevante o si simplemente es una mera rutina práctica, repetida en el tiempo sabiendo que funciona.

Pero el mundo actual del conocimiento es realmente novedoso. Primero porque a golpe de un click accedemos a espacios donde se comparten nuevas ideas, nuevos conocimientos y nuevas experiencias. Hoy ejemplos como Coursera ponen en jaque a gran parte del sistema tradicional de formación. Hoy los propios blogs de much=s profesionales en diferentes ramas, son verdaderos espacios de sabiduría. Hoy píldoras de conocimiento, como los webimars de reconocidas organizaciones, suponen un cambio radical en la forma primero en que accedemos al conocimiento y segundo, en la forma de consumirlo. ¿Dónde quedan los llamados «templos de la sabiduría», como algunas instituciones universitarias, por ejemplo? Campo para la reflexión.

Recientemente tras un curso de «formación», llegamos a la conclusión de que si no surte efectos inmediatos, es decir, que si al día siguiente no me pongo a poner en práctica eso que he aprendido aprehendido, no sirve de nada. Estamos ante dos capas de conocimiento:

  • una, general, que me permite tener conocimientos básicos, en especial criterio y capacidad crítica
  • otra, práctica, que me permite estar en permanente actualización y en permanente actividad para poner en práctica eso que me han contado.

Mi reflexión pasa por saber si eso se llama formación, como tradicionalmente lo entendemos o en cambio si la formación ya no es lo que era. Quizá el cambio radique en que hemos dejado de poner el foco en el mero hecho de la formación en sí y estamos pasando a poner definitivamente el foco en la persona y en su realidad diaria de conocimiento expreso y centrado en un área determinada.

Comentaba recientemente con Fernando de la Rosa, una de las alma mater del proyecto FOXIZE, que el éxito radica en el conocimiento concreto, dirigido a una actividad concreta, con el tiempo suficiente para dar pocas ideas pero bien fijadas. En FOXIZE se apuesta en concreto por (curiosamente) clases presenciales de 3 horas, donde metodología y práctica están íntimamente ligados, con un claro componente práctico pero a su vez sustentado en una base de conocimiento mezcla de teoría y práctica diaria por parte de quien imparte la clase, basada en su experiencia profesional diaria. Curiosamente, una de las cosas que se valora también es esa necesidad de tener a alguien de tutor/a que durante un tiempo extra, pueda resolver esa puntualización personal que alguien tiene, esa duda concreta a resolver o ese matiz que necesita de más profundidad. Miremos ahora a cómo aprendimos en el pasado y a cómo aprenden nuestr=s hij=s hoy: conocimiento, trabajo en equipo y tutorías. Creo que en FOXIZE las cosas van saliendo bien precisamente por este cambio de enfoque.

Mi experiencia personal en este campo va en esta línea: sí que hay que dedicarle un tiempo a enfocar el punto de vista, la creencia sobre algo que dominas (en mi caso temas relacionados con branding, digital, nuevos soportes de comunicación, nuevos casos de utilización de soportes transmedia…) pero sobre todo, en cómo irlo implementando paso a paso. Y en especial desde el bis a bis, resolver esas dudas «individuales» que alguien tiene par profundizar en un tema concreto. Tengo muy buen recuerdo de las tutorías tanto en ESDEN, en Enpresagintza y en el Curso de Empresa Abierta de hace unos meses. «Quiero hacer esto, tengo este problema, ¿cómo lo puedo enfocar?».

Deberíamos redefinir el término «magistral» entre otras cosas porque no sé si se refiere a alguien que sienta cátedra (no tengo el criterio suficiente para valorar algo de esa forma), a alguien que sorprende con un argumento novedoso o a alguien que te aporta esa idea que vas a poner en práctica al día siguiente. De la misma manera que deberíamos reflexionar sobre el formato de las clases presenciales o al menos en cómo de-construir un conocimiento para que éste se adquiera de forma clara, ¿con monólogos o desde la práctica? Deberíamos quizá también replantear si las horas es un criterio clave para adquirir un conocimiento concreto, si necesitamos «X» números de horas fijas. Esto me suena a esos proyectos que los contabilizas por horas empleadas cuando quizá das con la solución en unos días menos ya que desde el diagnóstico de la necesidad hasta la solución aportada y puesta en práctica, ha ido todo perfectamente orientado. Sí que me queda claro que en la medida que alguien aprehende algo, si le sirve, es capaz de profundizar en esos campos relacionados para lograr aún más pericia y más discurso. Es como el que aprende a jugar al tenis, primero con una raqueta sencilla, devolviendo cada pelota que le lanza el monitor y cada vez poniendo un reto más: en carrera lateral, subiendo a la red, de un lado de otro…… ¿así deberíamos de enfocar la nueva formación?

El caso es que hay modelos y modelos, está claro. La pregunta es si para mi actividad diaria, la formación tal y como la entendemos hoy, nos sirve. Tengo mis dudas. Hay modelos que me encajan más. Y no es el tradicional, precisamente. Luego además nos llevamos la «grata sorpresa» (permitidme la ironía) que empresas «venden» formación a talentos-por-construir, parece que desde la práctica y el renombre, pero que genera tremendas dudas en el personal. El modelo planteado por SCPF Academy. No sé si es pasión por formar, necesidad de tener un ingreso extra, recuperar un terreno perdido en el mercado o es una jugada maestra. Hay demasiado revuelo como para pensar que es una jugada maestra, creo.

El caso es que tod=s de alguna manera necesitamos conocer más, necesitamos en especial probar y hacer más que únicamente saber, porque precisamente haciendo, sabemos. Necesitamos, como dice Asier Gallastegi

En esta red las personas escribimos en blogs. Lo hacemos para entendernos, para saber lo que estamos aprendiendo, para contrastarlo con otras maneras de mirar, crecer como profesionales, mejorar lo que ofrecemos a las personas y organizaciones con las que trabajamos,…

Pero sobre todo necesitamos hacerlo de otra manera. Y aquí la formación tiene mucho que aprender para ella misma y sobre todo para el beneficio de las personas.

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La foto de inicio es de Flickr, de Lisby1

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