Querer aprender

Publicado por Juanjo Brizuela en

Soy de los que opinan que hay una parte de nuestra profesión que debería ser considerada como una obligación: enseñar y formar sobre nuestro oficio. Probablemente tú que estás leyendo este post, hayas o estés inmers= en esta “otra” parte de nuestro trabajo. En mi caso, y hace ya unos cuantos años, este periplo forma parte cada año de mi actividad y la verdad es que me hace sentir especialmente bien. Por dos motivos: me obliga a estar al día de lo que pasa y/o puede pasar en el futuro y, por otro lado, a estructurar ese conocimiento que he ido adquiriendo conforme pasa el tiempo y se acumulan experiencias vividas en proyectos reales y en las relaciones tanto con clientes como con mi red, con mis partners y colegas de profesión. En la formación hay mucha experiencia, muchos debates entre colegas de oficio, muchas preguntas compartidas y muchas lecturas de otras personas referentes.

Tampoco quiero ocultar una realidad: preparar materiales para la formación lleva su tiempo, bastante. No importa que tengas cierta continuidad en la formación, que utilices ideas, diapositivas, matrices y ejemplos utilizados en otros casos. Cada formación es única, independiente y propia básicamente porque cada grupo y cada persona es diferente a la anterior. Así que el ejercicio nunca comienza desde 0, más bien es cercano al 0, pero desde luego poco debería parecerse a la formación anterior. Hay que replantearse esquemas, ideas, actualizar datos y ejemplos, revisar propuestas e ideas, re-estructurar, re-ordenar y construir lo importante: el relato de lo que te gustaría que las personas se llevaran para su casa o para su próximo día en el trabajo.

Hace un par de meses me propusieron una formación para la Cruz Roja, en su sede de Vitoria-Gasteiz. El objetivo inicial era, según los primeros contacto que tuvimos, ayudar a personas que querían iniciar su proyecto empresarial (me parece que queda bastante mejor que eso de emprender) en dotarles de herramientas y conocimientos en digital para ello y también hablarles de marketing para que se pudieran lanzar al circo de los leones del mercado. Marketing, digital, marca por supuesto, productos y mercados, estrategias de lanzamiento, … eran temas conocidos por mi parte, no solo por la formación sino por mi día a día. “¿Oye, y qué perfil tienen? Hay de todo, pero lo que quieren es poner en marcha su proyecto”. No sé si fue la mejor respuesta pero desde luego no fue mi mejor pregunta.

Conforme pasaban los días y se acercaba la fecha de las sesiones me puse a ello: lo dicho, no comenzaba de 0 pero desde luego no iba a ser como otras veces:

  • Nuevos datos de uso de internet, de digital y redes, datos de social media, herramientas y plataformas que existen.
  • qué es lo imprescindible en los primeros momentos de creación de tu proyecto de empresa.
  • cuál es tu propuesta de valor.
  • cómo se traduce en tu marca, cómo crearla, desarrollarla y comunicarla.
  • qué perfiles de mercado nos interesan, quiénes son pero sobre todo cómo son.
  • construir tus narrativas de marca, tus argumentos de venta, tu propósito y tu por qué.
  • qué redes funcionan y cuáles no, comprobarlo, probarlo en directo.
  • ejercicios para aprender-haciendo, fijar indicadores, hacer un pre-test.

En mi cabeza, todo encajaba perfecto, algunas diapositivas, los ejercicios en los tableros de Miró, las dinámicas colectivas en Mentimeter, los videos y los textos de las campañas, Modelos de Negocios y el Brand Canvas… todo encajaba.

Tres personas apenas sabían expresarse en castellano, escribir casi imposible; otras tres tenían estudios básicos, la vida era su verdadero postgrado; dos más necesitaban trabajar, de lo que fuera, si era de lo suyo perfecto, si no, les daba igual, querían montar algo ya, situaciones personales complicadas, … En total 8 personas que acudieron de lunes a viernes todas las mañanas, salvo algún escarceo momentáneo por motivos de papeleo que siempre tienen que hacer y que tanto les preocupa, lógicamente. Te pediría por favor que volvieras a leer la primera frase de este párrafo. Gracias.

Todo lo preparado, todo aquello pensado para un determinado perfil (error por mi parte, claro está) se vino abajo para emerger otra manera de enfocar esta formación. Nos sentamos en semicírculo, junto a ell=s y solo lancé una pregunta:

¿De qué queréis que hablemos, sabiendo que queréis poner en marcha vuestro proyecto?.

No le llamaría improvisación, simplemente ponernos al nivel más exacto posible de la realidad. Mirar a los ojos de cada persona y tratar de conseguir que dijera lo que realmente quería fue el mejor ejercicio que hubo el primer día de clase: «cuéntanos qué te gustaría hacer, con qué sueñas… y hagámoslo junt=s».

Fue probablemente una de mis mejores experiencias formativas jamás vivida. La «bajada del púlpito» en el que a veces nos situamos cuando hablamos de formación fue de tal calibre que el reto no era enseñar, era ayudar y hacer pasito a pasito, de la mano y con SU verdadera inquietud. Donde no llegaba el lenguaje, donde no aparecían las frases por mucho que lo intentases, donde era complicado generar una ilusión en forma de proyecto, lo hacía el compromiso por querer saber un poco más. ¿De qué? Daba igual hablar de KPI’s, de FOMO, de PESO, de claims, de braninstorming, de business models, canvas y de cosas así. La mejor respuesta fue siempre la pregunta «¿y si?», y puedo decir que era el mejor indicador de que aquello funcionó.

Ese pasado viernes a eso de la 13.30h, cuando apenas quedaba media hora para acabar, las emociones llenaron la sala de formación. Los números de teléfono se pasaban de unos a otros, «te llamo, nos vemos y hablamos de qué podemos hacer junt=s», «conozco a no sé quién que te puede ayudar», «Juanjo, ¿podríamos quedar un día de estos?». No tengo ni idea si aprendieron algo, creo que sí, o eso dijeron. Pero yo sí que aprendí mucho más que lo que sabía aquel lunes a primera hora de la mañana.

Mi fabuloso equipo.
  • Que la vida es un continuo aprendizaje que empieza por las cosas más pequeñas, las más simples.
  • Que para hablar siempre es mejor escuchar, mucho. Más aún.
  • Que lo importante es querer aprender, y por tanto nuestra labor es indagar exactamente qué es eso que quieres aprender.
  • Que los púlpitos ya no existen, son meros objetos escultóricos decorativos y no aportan nada. Ni para el que se sube a él ni para quien escucha. Es silencio con ruido de fondo.
  • Que tenemos que pensar más en abrir una puerta al conocimiento del momento inmediatamente posterior a la formación y no querer trasladar decenas de conceptos e ideas imposibles de retener.
  • Que se aprende haciendo.
  • Que no sabemos de todo.
  • Que no demos por supuesto nada de nada.
  • Que nos equivocamos mucho.
  • Que las prioridades son otras.
  • Y que la gente es maravillosa.

Sé que este post camina entre lo personal y lo profesional, pero sé también que esta recién experiencia personal-profesional-formativa merecía la pena de que quedara reflejada no solo en mis recuerdos, sino en mis notas en este espacio. Y que la quería compartir. Si te sirve, estaría feliz.

Por cierto, mi familia se siente tremendamente orgullosa de colaborar mes a mes con Cruz Roja, MUY ORGULLOSA. Aluciné cada día con la cantidad de actividades que realizan en sus instalaciones, de la atención que dispensan, de esa sonrisa a cada persona, de esa mano tendida a resolver problemas. Solo puedo decir GRACIAS, GRACIAS Y MIL VECES GRACIAS.


2 commentarios

ardiluzu · 03/12/2022 a las 14:37

Extraordinaria experiencia y magistral post como siempre. La realidad siempre se impone. Un abrazo!

    Juanjo Brizuela · 05/12/2022 a las 18:45

    @Angelito: mil gracias por leerlo, de corazón. Sigo emocionado. Abrazo enorme

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