Tiempo

Publicado por Juanjo Brizuela en

Cuando llega uno a los cincuenta y cuatro años, cuestiones que aún no te habías planteado llaman a la puerta con afán de protagonismo, con ganas de ponerse frente a ti, mirarte fijamente a la cara, a la espera de que les des a su vez algunas respuestas. Respuestas también por descubrir ya que jamás antes te habías siquiera llegado a plantear hacerte semejantes preguntas.

Conforme pasan los años parece que algunos aspectos vitales se colocan como capas superpuestas para llevártelas encima. Tiene sentido desde luego, creo, porque este desorden que te produce hace que te esfuerces una vez más para darles cabida, porque todo tiene cabida en la vida hasta la toxicidad, aunque trates de despojarte de ella cuanto antes.

Pensar en el «tiempo» es una de ellas. Si bien es cierto que el tiempo es inherente a nuestras maneras de vivir, en lo personal y profesional, reflexionar sobre él no te llega hasta que empiezas a ver en la línea de la vida un trayecto que por un extremo supera con mucho lo que parece que queda por el otro. Es la incertidumbre de lo que nos queda por vivir la que provoca este, digamos, cierto desasosiego y al mismo tiempo –perdón por la redundancia– la que nos tiende sus manos para que conversemos al menos internamente sobre ello. Hace pocos días, con un nuevo proyecto con un nuevo cliente, extendimos una hoja A3 en blanco sobre la mesa y tracé una línea temporal que ponía «inicio» pero no escribí «final», conscientemente. Conforme trabajamos de pie y con la hoja como espacio de conversación, fuimos colocando en la parte inferior, hitos pasados y por encima de la línea, lo que llegaron a significar en palabras del cliente. El ejercicio es interesante si la línea no tiene fin, es más te sugiero que acabe donde ya sea imposible seguir, es decir cuando acabe la hoja en cuestión. En un momento dado coincidimos en decirnos «mira que hemos hecho cosas», porque era verdad; poco después nos volvimos a mirar a los ojos y no hizo falta decir nada más: «sacamos otra hoja y seguimos adelante».

Lo bueno que tiene pensar en el tiempo es que nos permite valorar de la misma manera lo recorrido con lo que queda por recorrer, sin saber dónde estará el final. ¿Es lo mismo que a diferencia de l=s humanos? Hay marcas centenarias, desde luego, otras no sobreviven a sus primeros años de funcionamiento; la vocación es que duren en el tiempo, no así como nosotr=s, que tenemos un final aunque no podemos predecir cuándo será. Pero es bien cierto que en este equilibrio entre lo vivido y lo que queda por vivir, el tiempo es un eje esencial en nuestras reflexiones con las marcas.

A las marcas les pasa lo mismo. Necesitamos perspectiva sin duda, pero necesitamos más hitos que nos permitan reconocer que aportan nuevos significados al trayecto que iniciaron entonces y transitan en el presente. El pasado queda marcado, al futuro se tiene que llegar por las decisiones del presente. Perspectiva, experiencias, oportunidades y sueños, se suman a un hilo temporal que construyemos cada día.

Estoy a punto de acabar un libro que me ha hecho resonar este tema: «Tener tiempo – Ensayo de cronosofía» del filósofo Pascal Chabot. Entre las notas al margen y las frases subrayadas, muchas, hay una idea que he sentido especialmente interesante: entender la naturaleza del tiempo en cuatro dimensiones: el Destino, el Progreso, el Hipertiempo, el Plazo y la ocasión. No quiero extenderme en explicarlo, pero si lo pensáis con atención, cada dimensión tiene a su vez que ver con aspectos que suceden a las marcas:

  • Destino > propósito, la cultura de la marca
  • Progreso > construir el futuro de la marca, la visión y el camino para llegar a ella.
  • Hipertiempo > las multiplataformas de expresión de la marca, la inmediatez para ser memorable.
  • Plazo > los momentos concretos donde la marca debe llegar a estar, la Calidad del momento en vez de la Cantidad de momentos.

A las marcas no las podemos exigir prisas, no se pueden atosigar ni presionar; deben seguir su camino, que se asienten, hacer mejor dicho que se asienten en el tiempo, la templanza con las marcas es una virtud. Pero sí que hemos de construir marcas que sepan aprovechar oportunidades, marcas ágiles y marcas adaptables, marcas que formen parte de la vida de las personas, que entiendan cómo se comportan las personas y ver cómo pueden aportar en esa vida como un agente más, emocional, intangible y en la medida que sea posible, que puedan en un momento tangibilizarse para que unan lo racional con lo emocional para conseguir un vínculo más sólido, más estrecho, más potente. Y necesitamos marcas que piensen y reflexionen, que necesiten tiempo para verse a sí mismas, con capacidad autocrítica y con la exigencia de la sostenibilidad futura.

El tiempo exige reflexión y acción. Ambas son importantes. Historia y visión. Identidad y adaptación. Cultura y activación. Estrategia y táctica. Leía también en estos días en un post también sobre el tiempo (en realidad resonó tanto que entendí que tenía que escribir sobre ello) del compañero de Consultoría Artesana, Manel Muntada, esto:

Hayao Miyazaqui utilizaba la expresión japonesa  “ma” [vacío] para referirse a este tiempo y explicaba su significado aplaudiendo lentamente mientras decía: 

“El espacio entre cada palmada es ma. Si tienes acción sin parar, sin tiempo para respirar, no consigues más que un lío. Pero si haces una pausa, la tensión que creas va tomando una nueva dimensión”.

Este es el tiempo al que hay que invocar en nuestro día a día, un tiempo que, en realidad, ya nos pertenece y el único que podemos gobernar, sólo hemos de no olvidarnos de respirar.

Manel Muntada – Tiempo al tiempo.

Tiempo es lo que necesitamos en nuestras vidas. No tiempo pasado, ni la preocupación –excesiva– del tiempo que nos queda, sino tiempo para valorar lo que tenemos entre nuestras manos y nos ayuda a activar nuestro día y a construirnos la personalidad que nos hace ser relevantes, con un legado construyéndose, pero también por las oportunidades que están por llegar.

El tiempo, en las marcas, es esencial. Y no se tiene mucho en cuenta. Solo se presta atención al tiempo de la acción, de la activación, pero hay poco espacio para «Ma» y menos para entender el Destino de la marca, ese que nos guía para el Progreso.

He visto una foto mía de hace unos años, mientras hablaba con mi hijo sobre lo que puede hacer los próximos años cuando comience, puede, su etapa universitaria. El tiempo nos espera, a los dos. Y a ti también.


[ La foto es de Flickr – Creative Commons 2.0., de Omar Bárcena ]

Categorías: branding

2 commentarios

Julen · 17/04/2024 a las 08:35

Seguramente que «manejamos» el tiempo en función de nuestros ciclos vitales. Como persona, sé que tengo un final. En cambio, como marca no parece tan lógico. ¿Su destino es perpetuarse y pasar de generación en generación?

    Juanjo Brizuela · 18/04/2024 a las 09:26

    Sin duda, además tiempo es contexto. Lo tengo claro.
    Sí, como marca, probablemente de una manera ideal, el objetivo es que sea sostenible en el tiempo. No pasa en muchas ocasiones, solo las grandes lo son, por eso son «grandes», no por su tamaño sino por esa capacidad que han tenido en el tiempo de perpetuarse. Éste es el trabajo más duro y esto es lo que se llama Destino relacionado con Progreso (en el libro, al menos).

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