Inolvidar
Ni la IA ni FundeuRAE me dieron la respuesta que esperaba: Inolvidar es una palabra que no existe; sí en cambio su adjetivo: inolvidable. Se me truncó una ilusión que tenía –¡habemus palabra!– pero no así lo que su adjetivo significaba: que merece la pena ser recordado. Así que en este mundo que habito de ser un «don-nadie» no creo que la RAE me confirme que pueda ser una palabra nueva a incorporar al diccionario. En el «mío» existirá y después de este pasado 2025 más aún.
El año pasado por estos lares hablé de Esperar, palabra que me inspiraba para lo que llegaría, de lo que me infundía y deseaba para mi/s vida/s. Un espacio/tiempo que necesitaba recuperar para darle sentido a todo lo que hacía. Sigo creyendo en ella y en muchos aspectos de este «pasado» 2025 ha jugado de titular en mi día a día. También es cierto, y lo digo ya, que «me ha hecho daño» en muchos casos. Quizá fuera por no entender bien lo que suponía en realidad, o la parte de mí que debía ser más consciente de lo «esperado» precisamente en ese espacio/tiempo, lo que me exigía y obligaba, y por tanto lo que afectaba a la «otra parte», ese queso del sandwich que son las relaciones. En cualquier caso es una enseñanza importante y por supuesto no renuncio a ella, faltaría más, sino que hay que ver más caras de su prisma, que las tiene y bastantes.
La vida son recuerdos. Lo tengo muy claro. Todo aquello que nos queda es lo que en realidad somos y deseamos ser. Esos recuerdos forjan nuestra personalidad y nos empujan a actuar de determinada manera si queremos que sean así: recuerdos. En mis proyectos lo insisto con mis clientes: cómo queremos ser recordados. A partir de ahí vayamos a construir cada día para que así sea. Si no lo conseguimos, tenemos un problema a remediar. Piensa en algo que se te haya quedado grabado en la memoria de este 2025. Si no tienes nada, quizá no haya valido tanto la pena el año. Si aparece algo, alguien, es que ha sido significativo. Recuerdos significativos es una expresión muy potente. Entenderás también que pueden ser positivos y negativos, claro está. Es la vida misma, así que contemos con ello.
Afortunadamente habito en proyectos que forjan recuerdos. Nos cuesta trabajar, cierto, en muchos casos y empujo a l=s profesionales personas con quienes comparto visiones y maneras de hacer a que pensemos mucho en ello. Un recuerdo no es únicamente una foto fija que está y ahí se queda, es un contexto que «rodea» a todo aquello que nos sucedió al respecto en aquel entonces. Una persona, personas, una vivencia, unas sensaciones, una conversación, silencios, un momento concreto, un espacio, unos preparativos y un después. El recuerdo es dinámico, poliédrico, con muchos aspectos que todos dan sentido a que se haya convertido en algo significativo para cada persona. Un recuerdo moviliza el futuro porque aun siendo consciente de que jamás volverá a ser exactamente igual es cierto que puede abrir un camino de nuevas experiencias que se suman a las ya existentes dotándoles además de nuevas capas de realidad que tratan de ser también significativas. Un encuentro de amig=s, un restaurante, un viaje, un paseo íntimo, una confesión, un uso concreto de un producto/servicio, un sentido,… todo ello sigue sumando en nuestras vidas y hace que nos ayude a comprendernos y a ocupar una parte esencial de las vidas. Todo ello hace que inolvidar adquiera un sentido por fin, y se convierta en una acción real y madura y no solo un mero adjetivo.
Así que de cara a este 2026 quiero que inolvidar sea protagonista, que nos obligue a hacer todo lo que sea posible, dejando también sitio a lo imprevisto, a la inspiración, al detalle que nos falta, al mimo y la caricia necesaria para que cualquier momento nuestro, cualquier momento de nuestras marcas, pasen a esa historia memorable que construimos cada día.
Una vez más, gracias por estar aquí y «ahí», en este blog, que quiero y necesito que esté un poco más presente, que sea más inolvidable.
Gracias por INOLVIDAR. Hacerlo (bien) nos hará ser un poco mejores. Sed felices.
¡FELIZ 2026!
La foto es de Flickr, de Bill Dreitlein