Feb 10 2010
Y qué más da, pero no da lo mismo

Mucho más que una moda, el mundo de las marcas-ciudad se está convirtiendo en un área con un destacado recorrido. Personalmente, me apasiona y más si cabe cuando uno une su trabajo en branding con su “responsabilidad” como ciudadano, y como he dicho en muchas ocasiones, “soy de Vitoria y vitoriano”, que parece lo mismo, pero no es lo mismo.
Hasta la Unión Europea se toma en serio este área del conocimiento y ha creado un grupo de trabajo encargado de profundizar en el concepto de “city branding”. De hecho, la semana pasada se celebró una jornada en Lyon sobre este tema. No quiere decir que por este evento ahora todo el mundo se ponga a trabajar en ello pero muestra a las claras que las ciudades han de tomar conciencia de la importancia de SU marca y considerarla como un activo estratégico a trabajar, gestionar y comunicar.
Algunas ciudades llevan ya mucho tiempo gestionando y dotando de recursos para tener una mayor proyección externa. Pero no sólo eso. Como buen trabajo de branding, la propia oferta de productos y servicios está alineada con su propia promesa. Mantener la coherencia entre lo que “cuento” y lo que “hago”. Espero que por fin se entienda que el branding no es sólo comunicación (que sí), sino que su ámbito de actuación es mucho mayor e incluye ¡¡por supuesto!! al producto/servicio.
En cambio es curioso que se produzcan ciertas situaciñones que vistas con distancia (y he sido cauto, lo prometo) provocan algo de “risa” y también “preocupación”. Vitoria-Gasteiz apostó hace unos años por trabajar su marca. Ya he hablado de ello suficientemente. Pero después de mucho trabajo, esfuerzo, estudios, diseños, eventos, discusiones, conversaciones, opiniones, etc… ahora resulta que a “alguien” se le ocurre que la asociación de Vitoria-Gasteiz ha de ser otra. Pocas explicaciones han dado, pero hemos pasado del “verde” al “amarillo”. Nada que ver para quien entiende de “psicología del color”, pero de decir “no me parece mal” a “cambiar una proyección” y sobre todo sin justificación alguna, provoca cierto mosqueo en el personal. Lo importante (reduciéndolo a lo simple) no es tanto el color sino LO QUE REPRESENTA Y SIGNIFICA. Y ésto sí que es más serio.
El branding no es una moda, ni siquiera es una ola porque “como el de enfrente ya está, pues yo también”. Quien así lo entienda, lo mejor que puede hacer es echarse a un lado. Dejen paso al trabajo riguroso, al razonamiento, a la gestión y a la paciencia para ir desarrollando una marca de forma coherente, diferente, relevante para los consumidores. Y si hablamos de ciudad, más aún. El ciudadano ha de sentirse “orgullos” de donde vive, porque es su casa pero también porque comprueba que el proyecto de su ciudad crece y avanza. Y sobre todo, porque hemos de sentirnos atractivos para el de fuera. Tema serio. No lo banalicemos.








